La brújula del camaleón

El blog de Lua Soleil – cultura, viajes, fotografía, cine y literatura

El mercado de La Vega Central 19 de abril de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Las «Barbies» y su «Ken»

¿Un kilo de manzanas por 200 pesos (0,26 €)? ¿Tres kilos de naranjas por 300 (0,38 €)? Con estos precios no es de extrañar que casi nos lleváramos la

Foto de veganstraightedge, bajo licencia de creative commons

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feria entera (como llaman aquí en Chile a los mercados de frutas y verduras). Volvimos hasta con una sandía redondota y grande, que va estar riquísima cuando le haya dado tiempo a madurar.

En el mercado de la Vega Central (Santiago), había de todo: porotos (judías/frijoles), ajís (chiles), zapallos (calabazas), zapallos italianos (calabacines), zanahorias, huevos, uvas, duraznos (melocotones)… Sí, qué cantidad de nombres distintos, ¿verdad? Aquí uno nunca sabe qué pedir porque, diga lo que diga, seguro que se llama de otra forma. Menos las lentejas o los garbanzos… las patatas son papas, los guisantes son arvejas, las tortillas no son de huevo sino de harina  y el aguacate se llama palta. El pimiento es pimentón, los albaricoques son damascos (si, como si vinieran de Siria) y la remolacha, betarraga.

Para morirse de hambre, vaya. Por lo menos las dos primeras semanas. Luego te avispas.

Al principio era como un juego, un reto, eso de ir al supermercado. Me miraban raro cuando preguntaba por la lombarda, porque aquí se llama repollo morado, o por los puerros, porque en Chile los llaman porrones. Era como si me hubiera ido a otro planeta. Pero me resultaba muy divertido, así que me los aprendí enseguida.

fot de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons

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 Sin embargo, a lo que no me acostumbro es a la picardía de los hombres chilenos. No hay lugar en que no te miren o piropeen de forma notoria. No escandalosa, como los Argentinos, pero hablarte, te hablan, cosa que en España sólo es común si una pasa cerca de una obra.

Aunque hay piropos y piropos. En estos 9 meses que llevo en Chile he oído de todo, desde las ordinarieces más absolutas que le dijeron a una amiga, hasta lo más chistoso. En este último grupo se cataloga lo que nos ocurrió ayer a mi amiga y a mí.

Lo cierto es que me daba algo de «nervio» ir al mercado. Iba con un amigo chileno (al que, por cierto, llamamos Pícaro) y una amiga medio chilena medio «gringa» (de EEUU), y cuando salimos por la boca de metro de Patronato, el Pícaro se encogió y soltó un «ihhh» aspirado. «¿Qué pasa?» Le preguntamos. Y nos miró con una sonrisa de excusa: «Oh… Ustedes me dijeron que les incomodaban los piropos… ¡Y yo las he traido al sitio donde más las van a piropear de todo Chile!» Me mordí el labio inferior, pero me reí, y mi amiga también. El pobre Pícaro se había tomado demasiado en serio nuestro temor. Es un caballero. Y es que, aunque nos diera «cosa», como se suele decir, eso no iba a impedir que dos chicas extranjeras y medio rubias dieran un paseo por un mercado típico… Aunque eso nos costara alguna que otra mirada indiscreta.

«Si quieren volvemos a casa», nos ofreció nuestro amigo. «No, no. Si no pasa nada. Tú sólo ve con nostras y ya está. Si hay algún problema, nos agarras de la mano». Porque es así, los chilenos son muy machistas, y para que te dejen de «molestar» tiene que haber un hombre al lado que te marque como «suya», bien tomándote de la mano, bien abrazándote de un costado. Eso deja claro al resto de machos que esa «mina* está ocupada».

 En fin, de esta guisa caminamos hacia el mercado, el cual se abría enorme delante de nosotros. Dentro había mucha gente, entre la que nos escurrimos, vigilando siempre nuestros bolsos (por si acaso). Los tenderos gritaban los precios y nombres de sus verduras y los gatos trepaban a los puestos y se sentaban sobre las frutas. El mercado está lleno de gatos. Los vegetales se apilan en cajas de madera y se venden al peso a precios ridículos. Mirando alrededor vi que a la Vega Central va todo tipo de gente, tanto de «clase alta» como baja. Sin embargo, me di cuenta de que llamábamos un poco la atención cuando me separé la primera vez de mi grupo. De repente vi cómo los ojos de cuatro tenderos diferentes me observaban de manera extraña e insistente, así que rápidamente volví al lado de  mis compañeros. En España nadie me observa, así que no estoy acostumbrada para nada.

Sin embargo, lo más gracioso de la  mañana fue el piropo de un tendero en concreto (la picardía chilena de la que hablaba). Casi nos íbamos del mercado y sólo estábamos pasando por delante de los últimos puestos por si queríamos algo más. Como había mucha gente y la mayoría llevaba carritos, tuvimos que caminar en fila de a uno, y el Pícaro, nuestro amigo, como un caballero, nos dejó pasar delante a mi amiga y a mí. ¿Qué ocurrió? Nos vieron a las dos supuestamente solas y de repente oímos: «¡¿Y esas dos Barbies a dónde van sin su Ken?!» Nos giramos y vimos a un tendero gordo y sonriente agitar sus manos desde detrás de sus canastos con frutas:  «¡Acá está su Ken! ¡Acá está su Ken!», gritó señalándose a sí mismo.

Nos fuimos del mercado riéndonos y agarradas a nuestro Pícaro. Otra vez será, pero, sintiéndolo mucho… esta vez nosotras ya traíamos un «Ken».

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*(mina = mujer, chica, en Chile y Argentina)

 

Santiago «hot» 25 de marzo de 2009

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CUADERNO DE VIAJE – MINIREPORTAJE – Artículos eróticos en Santiago de Chile.

Los Sex Shops: ¿populares en Chile o no? ¿Son los chilenos muy modositos en este sentido y no van? ¿Van más los hombres que las mujeres? ¿Qué podemos comprar allí? En la brújula del camaleón dimos un paseo para enterarnos –

Anillos, vibradores, películas y muñecas hinchables para todos los gustos y bolsillos esperan en las tiendas eróticas de Santiago. Un placer culpable para muchos, es para otros algo normal y tan cotidiano como ir a comprar el pan.

foto de rageforst, bajo licencia cc

foto de rageforst, bajo licencia cc

Tatiana Martínez (41) es la copropietaria de un sex shop cercano al Cerro Santa Lucía, en la comuna de Santiago Centro. Sentada muy correctamente detrás de un mostrador azul chillón, rodeada de DVDs con títulos sobre “Historias anales y cachondas” o de “Ángeles Depravadas”, pasa tranquilamente las páginas de Las Ultimas Noticias* mientras espera a que lleguen los primeros clientes del día. Cuando levanta la mirada, sus ojos oscuros delineados de azul se centran en nosotros entre las dos cortinas de cabello castaño que caen a ambos lados de su cara. Sin ningún problema accede a hablar con nosotros. “Mi marido y yo tenemos la tienda desde que salió la ley que nos lo permitía, hace nueve años, que fue cuando se retiró la censura”. Desde entonces, el negocio marcha bien. La dueña nos confiesa que tiene bastante clientela, aunque todavía pesa sobre la sociedad chilena el pensamiento de que “esto es algo sucio o para gente enferma… cuando no lo es. No hay depravación, yo veo a gente súper normal entrar acá”.

El mito callejero afirma que son los hombres los que más acuden a este tipo de locales, pero la señora Martínez disiente: Ahora no. Hace nueve años, cuando abrimos, sí. Pero ahora no. Ahora las mujeres la llevan**. Ellas se atreven a venir, entran con total normalidad y, cuando van en pareja, le dicen directamente a su pololo lo que quieren. Son muchas. Entran todo el rato, solas, con sus amigas…Y todavía hay más mujeres comprando por Internet, a través de nuestro servicio web, que te lleva el producto a casa en una hora. Sobre todo señoras de barrios altos”. Quién lo diría.

Sin embargo, aunque hombres y mujeres acuden casi por igual a los sex shops, aún hay cierto reparo a la hora de pedir los productos. “Siempre está lo típico de que nadie compra para sí mismo. Siempre compran porque se lo han encargado, porque es para un amigo… Pero por eso tenemos todo expuesto, porque la gente quiere hacer su trámite lo más rápido posible y marcharse. Además no tenemos vitrinas, porque ley lo dice y porque la gente se siente más cómo sin ser vista desde fuera”. Tatiana se sonríe y nos mira con picardía: “También ha habido actores o gente pública, que nos ha pedido que les abramos la tienda en un domingo sólo para ellos, para comprar en privado. Y obviamente no lo vamos a hacer si sólo van a gastar 20 lucas***…A parte, hay cosas que me sorprenden, porque hay hombres, actores, que se ven regios, varoniles… ¡y luego llegan y se llevan películas de travestis!”

En su tienda, Tatiana vende, videos, juguetes eróticos, bromas para las despedidas de solteros y hasta juegos de mesa. Las películas porno (todas originales) tienen una gran acogida entre el público santiaguino. Tatiana las vende en ofertas de tres por $ 19.900 (unos 25 € ). “Tenemos de todo: películas de gays, de lesbianas, de gordas, de viejas, de travestis, de orientales… Lo que no tenemos es pedofilia ni zoofilia… Aunque hay gente que, de repente, llega preguntando por ellas, ¿ah?”

Los videos, según la dueña, interesan más a los hombres. Las mujeres prefieren los juguetes. “Lo que más se vende”, cuenta el ayudante de Tatiana, un tipo moreno y de ojos tristones, de unos 30 años, mirando hacia una pared cubierta de penes falsos de los más extraños colores, “son los vibradores y los anillos con vibración”. Y asiente.”Los vibradores los piden más que los consoladores. La diferencia es que los primeros van a pilas y los segundos son manuales, los maneja uno mismo”. También hay una diferencia de precio. Mientras que los consoladores están en los $ 17.000 (unos 22 €), los vibradores cuestan alrededor de los $ 25.000 (unos 33 €). Los hay azules, rosados, color carne, de pura silicona o que imitan la piel humana. El otro producto estrella son los anillos, los cuales “se colocan en la base del pene y ayudan a mantener la erección y a controlar la eyaculación. Además, los que vienen con vibrador, a parte estimulan también el clítoris y el ano de la mujer”. En cuanto a la comodidad de este aparato, el dependiente nos contó que a la larga puede no ser muy cómodo para el hombre, pero sirve como juguete al menos durante un rato. El precio no es muy alto: unos 7.000 pesos (9 €).

Anillos para doble penetración, prótesis de pene para lesbianas u hombres con disfunciones, bombas de vacío para alargar el pene o engrosar la vulva (aparatos que el ayudante de la tienda nos aseguró que funcionan), bolitas para la dilatación y estimulación anal, e incluso packs de disfraces y juguetitos para cada festividad o estación (como Navidad o San Valentín), todo vale a la hora de pasar un buen rato en la cama. Al final, los chilenos parecen no tener tanto miedo a este mundo como pensábamos en un principio, pero ¿y tú? ¿Te atreves a probar?

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* Las Últimas Noticias es un periódico chileno que pertenece a la misma editorial que El Mercurio, el periódico más importante de Chile junto con La Tercera (su opositor), pero que, a diferencia de estos, en lugar de entregar información “seria” se dedica a la prensa amarilla y a la farándula.

**(la llevan – Cuando alguien la lleva, significa más o menos que es lo máximo. Es un elogio a alguien por lo que hace porque se cree que su actitud es la mejor, la más sobresaliente. P.ej. en una conversación: –A Javier lo contrataron nada más salir de la universidad. Y no me extraña, porque era buenísimo en su trabajo. – Sí, es que ese tipo la lleva).

*** (20 mil pesos chilenos, es decir, unos 26 €).

 

 
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