La brújula del camaleón

El blog de Lua Soleil – cultura, viajes, fotografía, cine y literatura

Las pingüineras y el pingüino de Humboldt 13 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Camino a las pingüineras – 14 de septiembre 2008

De haber viajado por mi cuenta, habría investigado más La Serena, pero al estar dentro de un viaje organizado, tuve que comerme la curiosidad y montarme en el bus, rumbo a Punta de Choros. Entonces no lo sabía, pero un choro, es un mejillón. Así que el lugar queda con un nombre bastante divertido: «punta de mejillones».

El camino para llegar allí es muy bonito. Todo un valle verde con montañas altas, donde pastan los guanacos* y crecen los cactus. Esto último me sorprendió mucho porque uno siempre suele asociar los cactus con el desierto y, sin embargo, los hay que crecen el valles verdes y fértiles como los chilenos. Había flores de color blanco y lila, el cielo estaba nublado, dándole un aspecto más íntimo, como de cuento, al gran valle, y los cactus crecían con sus formas graciosas.

Este tipo de vegetación (valles verdes mezclados con cactus) se da así dentro de una zona por lo demás semidesértica porque la corriente fría de Humboldt (en el océano) entra en contacto con la tibieza del continente y crea una neblina denominada «camanchaca», que sube y cubre las montañas y el valle. Esta neblina proporciona a la tierra la humedad necesaria para que las plantas no necesiten lluvia para crecer. De esta forma se crea un microclima que da lugar a un hábitat peculiar.

Valle

Valle hacia Punta de Choros, IV Región, CHILE

Guanacos pastando

Guanacos pastando

Nos montamos de nuevo en la buseta para seguir avanzando por el camino de tierra y piedras hasta llegar al mar y allí tomamos un bote rumbo a la Reserva del Pingüino de Humboldt. El precio para entrar a la reserva es de 1.600 $ chilenos – 2 € – 2,6 US$. Y el precio del viaje en bote es de 6.000 pesos/persona – 7,6 € – 9,7 US$.

Bien, pues con todo listo y el salvavidas atado al cuerpo nos subimos a una lancha camino de las pingüineras (y loberas). Si uno ya tenía frío en tierra, seco y parado, imaginaos yendo a velocidad, por el mar, con el viento helándote las orejas y el agua salada salpicándote a cada rato. En el trayecto confieso que lo pasamos realmente mal en cuanto a la temperatura, así que recomiendo visitar este lugar, no en verano, porque cuando sale el sol hace mucho calor , pero sí en primavera o, si vais en invierno como yo, en un día soleado. Lo vereis todo mucho mejor si no tenéis que esconderos debajo de una capucha para soportar las frías temperatura.

Me parece que el paseo hasta Isla Choros, sobre la que caminan cientos de pingüinillos de Humboldt y rechonchos lobos marinos, dura unos 15/20 minutos. Pero una vez allí, haga frío o calor, todo ha merecido la pena.

 

Leones marinos

Leones marinos descansando en Isla Choros, Chile, dentro de la Reserva Nacional del Pingüino de Humboldt

 Los leones marinos, con sus pieles oscuras, te miran perezosamente desde las alturas, pensando quizá qué diantres haces metiendo las narices en su hábitat o qué hace una curiosa isla flotante (tu bote) llena de especímenes sin aletas dando tumbos por allí. Más allá,  los pingüinos te observan de reojo con esa graciosa mirada de resabios con la que suelen ir castigando a los demás mortales.

 humboldt por belgianchocolate.

Pingüino de Humboldt, foto de belgianchocolate (flickr)

 En la reserva también hay cormoranes y gaviotas, aparte de delfines nariz de botella (los cuales no vi aunque dicen que suelen aparecer).

Loco (Concholepas concholepas)

Loco (Concholepas concholepas)

Después de dar la vuelta a Isla Choros y también a Isla Gaviota, nuestra lancha paró en Isla Damas, la única en la que se puede desembarcar. Es una isla bonita, de arena muy blanca y llena de enormes conchas de loco. Los locos son unos moluscos carnívoros (devoran otros moluscos) cuya concha blanca o grisácea tiene el tamaño de una mano. Lo malo es que hacía mucho frío y de esa manera no se podía disfrutar de la playa. Una excursión de este tipo merece un día soleado.

En Isla Damas comimos y caminamos un rato entre rocas y arena antes de volver al bote.

 

Boat Ride to Isla Damas por palegoldenrod.

Isla Damas (foto de palegoldenrod, Flickr)

El agua, como se puede ver, es de un precioso color turquesa oscuro, más azul en las zonas más profundas. El viento es frío porque procede de la corriente de Humboldt, que viene del Pacífico y el sol calienta mucho, cuando aparece, porque en esta zona la capa de ozono está muy deteriorada. Por eso recomiendo llevar protector solar en un día muy despejado. Uno se quema con facilidad en esta zona porque el sol es mucho más dañino.

 Bueno, ¡nos vemos recorriendo Chile en la siguiente crónica!

 

 *(El guanaco es un camélido de la familia de la llama y de la alpaca, con la diferencia de que no es doméstico, sino salvaje).

 

¿Recorremos Chile? 1 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – «Nos vamos» – 13 de septiembre de 2008

Hasta ahora os he hablado de Santiago de Chile y de la forma de ser de los chilenos, y me propongo seguir haciéndolo, pero creo que es hora de que salgamos un rato de la capital.

¿Os apetece dar un paseo? Me propongo mostraros Chile y sus maravillas. Desde lo más al norte que he llegado hasta lo más al sur.

¿Os subís a mi mochila? Pues agarraos porque nos vamos.

Nuestro viaje comienza el septiembre pasado, a bordo de un microbús (o buseta) blanco.  Mis amigos y yo nos habíamos propuesto viajar al norte y conocer el desierto más seco del planeta, el desierto de Atacama, durante las Fiestas Patrias chilenas. En nuestro recorrido visitaríamos 3 de las 15 regiones en que se divide el país: la IV Región de Coquimbo, la III Región de Atacama y la II Región de Antofagasta.

Empezamos subiendo hasta la IV Región. Íbamos rumbo a un pueblito llamado Pichidangui, cuyo nombre en mapudungún significa «balsa pequeña».

 

Pichidangui

Costa de Pichidangui con el pueblo al fondo

Pichidangui es un pueblito costero muy, muy pequeño, sin demasiado atractivo de no ser por su curiosa iglesia empotrada en la roca de la costa y por una inesperada playa en la que se pueden dar paseos a caballo.

El día que llegamos, la iglesia estaba cerrada, pero a través de una ventanita rectangular pude espiar y ver el interior.Estaba toda hecha de madera y el altar estaba repleto de plantas. La encontré muy exótica.

Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

Interior de la Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

  Allí comimos, en un pequeño restarurante junto a la costa. Allí uno podía pedir mariscos de la zona o las típicas empanadas chilenas. Yo me decanté por estas últimas y pedí una de marisco mientras que mis amigos optaron por unas cazuelas de almejas y otros bivalvos.

Como digo, pocas cosas más había para ver en Pichidangui: unas cuantas artesanías y una playa, eso sí, muy bonita, donde la arena hacía reflejos dorados. A parte de eso, hay pocas casas, poca gente, un único y diminuto súper mercado (si es que se le puede llamar así) y dos bares.  Aunque en las vacaciones tengo entendido que llega gente a veranear, me pareció un sitio curioso pero no muy entretenido. Una tarde estuvo bien.

Playa de Pichidangui

Playa de Pichidangui

 

Mirando al horizonte

Yo sobre las rocas de la costa de Pichidangui

Después de eso, volvimos a meternos en la buseta,  lo cual agradecimos ya que el viento de la costa empezaba a ser cada vez más frío y seguimos rumbo a La Serena.

La Serena es la capital de la IV Región de Coquimbo. Llegamos allí de noche y sólo la vi entonces, ya que por la mañana temprano salimos de viaje otra vez, pero su arquitectura antigua me pareció muy bonita, con sus iglesias de piedra. Esa parte, a esas horas, es bastante silenciosa, pero según uno se va acercando al puerto va encontrando restaurantes, bullicio y mucha actividad nocturna.

Mapa de la IV Región de Coquimbo

Mapa de la IV Región de Coquimbo

La Serena es un destino de vacaciones en los meses de verano (enero y febrero) para los chilenos, que llegan atraídos por el encanto de esta capital, sus playas y sus alrededores.

Yo viajaba con una agencia, pero los viajeros independientes podéis encontrar hostales muy baratos (7.ooo $ chilenos/ noche = 8,8 € = 11$). En Internet se encuentran muy fácilmente buscando «hostales» y la ciudad en la que quieres hacer noche.

En cuanto a las agencias, también las hay buenas y baratas en Santiago, que ofrecen viajes asequibles desde la capital (al norte y al sur) para jóvenes y no tan jóvenes mochileros.

Nos vemos en la siguiente crónica, recorriendo Chile.

 

 
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