La brújula del camaleón

El blog de Lua Soleil – cultura, viajes, fotografía, cine y literatura

Navidad en Inglaterra – La Tradición del Incienso y el por qué de las cosas 30 de diciembre de 2016

Este año he viajado hasta el mismísimo Avalon, la actual Glastonbury (Inglaterra), para descubrir los misterios que aún guarda, para unirme a las celebraciones del Solsticio de invierno, descubrir antiguas tradiciones y vivir unas «Navidades» diferentes.

En mi primer día me he apuntado a hacer incienso con las sacerdotisas que aún viven en la «isla». Sí, es cierto, las sacerdotisas de Avalon se extinguieron hace muchos siglos, si es que algún día existieron tal y como las retratan en las leyendas artúricas, pero a día de hoy en Glastonbury existe una floreciente comunidad pagana que se ha propuesto revivir estas costumbres y creencias. Y yo, como curiosa que soy, no podía dejar de investigar y vivir esta experiencia.

Making incense

Una de las tradiciones más antiguas de estas fechas del año, no sólo en Europa, sino también en otros continentes, es la de la purificación mediante el aire o el humo. Se consideran instrumentos de purificación del aire tanto la voz, como la música, el sonido de campanillas, panderetas, flautas y el humo del incienso. En esta época del año en muchas tradiciones, incluida la cristiana, se cantan canciones, las campanillas tienen un lugar especial en villancicos y como adorno, y hasta hace muy poco en todas las casas había un fuego en el que se quemaba leña. Y todo esto lo hacemos aunque no tengamos ni idea del simbolismo de estas cosas ni por qué colgamos campanillas en el árbol… o por qué ponemos el árbol siquiera. Hay tantas cosas que hacemos sin saber qué significan ni por qué las hacemos que yo soy esa persona que siempre se pregunta por qué… y he hallado algunas respuestas.

En muchos países, cristianos o no, se da la costumbre de quemar incienso para purificar la casa y a sus habitantes antes del año nuevo. Se abren las ventanas que han estado cerradas ya unos meses y se purifican las energías estancadas, así como las de los ancestros que, se cree, pueden haber venido a visitarnos con la llegada del otoño (en fiestas que conocemos como Halloween, Todos los Santos o el Día de los Muertos). Ahora se honra a esos ancestros que han venido a visitar y cuya presencia hemos sentido más cercana en una época en la que la muerte está a la orden del día: con las hojas amarilleando y cayendo para morir en el suelo de la ciudad o del bosque.

Making incense

El invierno es la muerte en sí misma y el humo es sinónimo de encender un fuego, como la pira funeraria que libera el alma del mundo físico en muchas tradiciones. En este caso el humo purifica el cuerpo y eleva el espíritu. Y ya que cada año la naturaleza muere de manera natural o simbólica, nosotros hacemos lo mismo (nos demos cuenta o no) y sentimos, muchos, la necesidad de limpiar y renovarnos en estas fechas para empezar con buen pie el año, la siguiente temporada de renacimiento, la siguiente primavera y verano.

Una amiga de Alemania me contó hace poco que en Baviera, de donde ella es originaria, llaman a esta época del año «Rauhnächte» o lo que es lo mismo: «Noches de humo«. Para ellos actualmente estas noches marcan los 12 días después de Navidad. Un granjero bávaro le comentó a mi amiga que su abuelo todavía limpiaba la casa y los establos de las malas energías con humo porque se creía que las energías estancadas podían hacer enfermar a los animales y la familia. Aunque hoy en día nos parezcan supersticiones, a día de hoy se sigue utilizando el humo y en especial, el del incienso, para muchas cosas: por ejemplo, como aromaterapia. Y todos abrimos las ventanas para ventilar, que entre el aire limpio y se vayan los aires viciados.

En cuanto a limpieza, en Japón también tienen la tradición de limpiar y ordenar la casa antes del año nuevo para empezar con buen pie la nueva etapa. En la América de los nativos se fabrican pequeños fardos o manojos con hierbas que luego se queman para limpiar, purificar y sanar.

Making incense

Dicho esto, no intento convencer a nadie de que utilice todas estas cosas de manera espiritual ni religiosa, sólo intento comprender de dónde vienen nuestras y otras tradiciones y por qué a día de hoy utilizamos ciertas cosas y no otras para celebrar esta época del año. Necesito saber por qué se utilizan cascabeles y campanillas o sonajeros en los villancicos navideños, qué significado tienen y por qué se utiliza eso y no otra cosa. No quiero ser un borrego que acepta las cosas simplemente porque «son tradición». Si son tradición, lo serán por algo, porque esas cosas y no otras tenían un significado para nuestros ancestros que otras no tenían.

¿Por qué llevamos un pino (real o no) a casa? Era la forma de recordar que seguía existiendo la vida en mitad del invierno donde el resto de plantas morían pero el pino seguía estando verde.

¿Por qué colgamos manzanas de mentira en un pino? Por que son un símbolo que aparece en muchas religiones como un fruto sagrado, símbolo del saber y de la abundancia, una abundancia que era necesaria recordar en los rigores del invierno.

¿Por qué se canta tanto y se usan la voz y las campanillas? En muchas tradiciones el sonido, y en especial el de las campanas, purifica el aire y a las personas.

¿Y por qué se prepara o usa incienso en muchos países? Éste siempre ha estado presente durante siglos en muchas religiones y en el invierno la gente se quedaba más en casa con las provisiones que habían recogido durante el resto del año, es lógico por ello que la elaboración de alimentos y materiales se realizara en otoño o invierno, ese era el trabajo de esta época.

¿Y por qué se limpia la casa o a la gente en tantas tradiciones? Porque sea cual sea la espiritualidad o creencia de la zona, antes del renacimiento (o de la resurrección) hay una purificación: la tierra se limpia de hierbas y se remueve y refresca antes de sembrar otra vez; el alma va al purgatorio antes de ir al cielo en el cristianismo; el alma debe prepararse para volver a nacer en aquellas zonas en las que se cree en la reencarnación.

Y para los que sean más «terrenales», hay que hacer sitio a lo nuevo para que pueda llegar, para que se inicie un nuevo ciclo hay que limpiar lo viejo y tirar lo que ya no sirve. Todos tenemos un momento en el año en el que queremos limpiar nuestra casa o nuestra vida a fondo para volver a empezar y éste suele ser el tiempo en el que la naturaleza hace lo mismo: deshacerse de las hojas para quedarse desnudos y reverdecer con el nuevo año (es decir, en otoño y en invierno).

Y todo esto, sean cuales sean nuestras creencias o aunque no tengamos ninguna, creo que son cosas que todos deberíamos saber. Las tradiciones tienen una simbología, siempre, y desconocerla despoja de todo sentido las cosas que hacemos. Igual podríamos poner un pino o un abeto que una palmera en nuestra casa y sería igual si no le damos el significado que tiene. Pero no es lo mismo y creo que está bien saber por qué.

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Si queréis ver el vlog de mi experiencia en Inglaterra y mi primer día haciendo incienso tenéis el vídeo aquí:

 

¡A la playa! – Salinas de San Pedro del Pinatar y Mar Menor 10 de mayo de 2016

Nos vamos a las Salinas de San Pedro del Pinatar, donde el agua cambia de color del verde al rosa, y al Mar Menor, en Murcia, donde el agua parece una piscina.

Dale al play y visita conmigo el parque natural de las salinas, con sus dunas y sus playas vírgenes y ven a recorrer la Costa Cálida.

Si te gusta, ¡no te olvides de darle a like! Así sabré qué tipo de viajes y actividades os gustan más y me dará ánimos para seguir con los Travel Vlogs. Si lo compartes, también me ayudaría mucho 🙂

Ah, y si quieres enterarte de cuándo subo vídeo, suscríbete 🙂 Los jueves por la tarde habrá uno por regla general.

¡Espero que os guste!

 

 

 

El Santuario de la Fuensanta – Murcia 16 de mayo de 2015

El Santuario de la Fuensanta, a las afueras de Murcia, es un lugar precioso y muy tranquilo, desde el que se pueden tener vistas preciosas de la ciudad y del valle en el que se encuentra la capital de la Región. Recomendadísimo para todos los que quieran alejarse del ajetreo de la ciudad y disfrutar de la montaña, de la luz y del paisaje.

Jump!!

Toma mi mano // Hold my hand

Sin título

Fuensanta's Sanctuary, Murcia (Spain) // Santuario de la Fuensanta, Murcia (España)

 

Bando de la Huerta 2015 – Murcia 7 de abril de 2015

El Bando de la Huerta es más que una tradición en Murcia. Es una pasión, algo que se lleva en el alma. Se celebra cada año el martes siguiente a la Semana Santa y forma parte de las llamadas Fiestas de Primavera de la ciudad.

Ese día los murcianos salen a la calle vestidos con su traje típico y se pasean por las calles, comen en barracas las recetas típicas de la huerta y ven el Bando, un desfile en el que se pasean las peñas huertanas mostrando los oficios típicos de la Región, en el que se reparten verduras, hortalizas y embutidos autóctonos desde camiones y en el que vemos a las Reinas de la Huerta y a todas sus damas preciosamente engalanadas con sus trajes de lujo.

Aunque no sea fiesta en otras regiones, es una escapada que merece la pena. Y si puedes quedarte el resto de la semana para ver los desfiles de los «sardineros», plan completo. Pero de eso hablaremos en otro post.
Bando de la Huerta 2015

¿Quieres ver todas las fotos? En mi blog de fotografía están todas.


¿Cuándo? Todos los años, el martes siguiente a la Semana Santa.

¿Dónde? Murcia capital.

 

El Jardín Botánico, un oasis en la capital de Europa – Bruselas 2 de abril de 2014

Bruselas es una ciudad con un centro histórico precioso y muchos museos por visitar, pero si tienes la suerte de tener un día soleado y te apetece salir del circuito turístico sin alejarte de la ciudad, visitar los jardines de la capital es una buena opción. Uno de ellos es el Jardín Botánico (Metro Botanique/Kruidtuin).

Jardin Botanique, Brussels

Atardecer invernal en el Jardín Botánico

El Jardín Botánico se encuentra al norte de la almendra central bruselense, a 10/15 minutos andando o en metro desde el centro de la ciudad.
La entrada es gratuita y es lo bastante grande como para pasear por él un par de horas relajadamente. Los bruselenses llevan su comida al parque los días de sol y se les puede ver haciendo pequeños pícnic o sentados en los bancos de madera comiendo sándwiches. ¡Anímate a hacer lo mismo!

Además, ¿qué hay para ver? En primavera es especialmente agradable puesto que florecen los árboles y todo se llena de colorido. Si hace calor, la zona del estanque de estilo inglés es muy recomendable, donde, además, podremos disfrutar de la vista del edificio principal del Jardín Botánico, de estilo barroco con esculturas y muchas cristaleras.

Este edificio fue un centro importante de investigación botánica, pero actualmente es un centro de exposiciones dedicado a la comunidad francófona de Bruselas, donde podremos ver muestras de fotografía o conciertos. Puedes consultar la agenda cultural aquí.

Además, si nos da hambre y no hemos traído el almuerzo, el edificio también alberga el restaurante y bar Café Bota, donde poder comer tranquilamente o, incluso, ir a tomarnos unas copas y a bailar los fines de semana. El precio es un poco elevado dado el lugar, aunque no demasiado y merece la pena. La carta ofrece bastante comida italiana y las meriendas también pueden ser muy agradables con café de calidad (cosa difícil de encontrar en Bruselas) y brownies para acompañar.

Jardin Botanique, Brussels

                          El edificio principal en una tarde de primavera

Spring in Brussels

                            En primavera, el Jardín Botánico se llena de flores.

Spring is here

     Flores blancas, rojas, rosas y de todo tipo en el Jardín Botánico de Bruselas

Pronto os hablaré de otros jardines de Bruselas. Espero que de momento disfrutéis del Botánico y que me contéis cómo lo habéis pasado al visitarlo. Saludos.


Información práctica:

Localización: El Jardín Botánico de Bruselas se encuentra en la Rue Royale 236.
No confundir con el Jardín Botánico de Meise, el cual se encuentra a las afueras de la ciudad y a unos 45/50 min en metro desde el centro.
Para llegar al Jardín Botánico se puede tomar el metro hasta Botanique/Kruidtuin, líneas 2 ó 6, los tranvías 92, 93 ó 94 y los autobuses 38, 58 ó 61.
– En cuanto al horario, hay que tener en cuenta que cierra pronto, entre las 17h y las 18h según sea invierno o verano.
Entrada gratuita al jardín. Las exposiciones del edificio principal pueden ser o no de pago.
Acceso para minusválidos: Sí. Para más información picha aquí.
– Muy recomendable para los amantes de la fotografía y para los que les gusta relajarse sobre el césped (en primavera o verano).

 

El Camino hacia Santiago 5 – Palencia, Santander, Comillas… y una noche toledana 30 de agosto de 2012

On the train

MG (detrás), Miguel y yo. Los tres ruteros de viaje




01/agosto/2012 – El albergue juvenil de Palencia es enorme y muy cómodo. Tiene habitaciones dobles no divididas por sexos, duchas individuales para los vergonzosos, Internet, salas para realizar actividades, un comedor enorme donde desayunamos de fábula y hasta un gimnasio. El precio: 8.50€ para menores de 30 años. Nos quedamos alucinados de que una ciudad tan pequeña tuviera un albergue tan grande y equipado. Y, además, sólo lo estábamos ocupando 4 huéspedes: nosotros tres y otra chica. Aunque, según nos contaron, la semana anterior había estado lleno. Quién sabe.


Después de la noche en blanco, el día anterior nos habíamos acostado prontísimo, tras una ducha relajante que nos bajó la tensión y nos hizo notar más el cansancio. Dormimos como benditos pero nos despertamos pronto para llegar a ese primer autobús que nos llevaría por fin a Santander. Pero como nada nos podía salir según lo previsto, el taxi que tenía que venir a recogernos para llevarnos a la estación llegó y se fue sin nosotros al no vernos en la puerta. Al taxista ni se le ocurrió llamar o entrar a ver cómo estábamos esperándolo en la recepción. Así que, perdimos el autobús… y, otra vez, el siguiente transporte era a las 18.45h, como el día anterior, puesto que era jueves y, como decía en el anterior post, el de las 15h sólo pasaba los fines de semana. ¿Sería posible? ¿Otra vez estancados en Palencia? Nos estaba gustando mucho pero… no podíamos quedarnos eternamente. Entre otras cosas porque teníamos que encontrarnos con unos amigos en el norte un día después. Y, además, estaba el tema del dinero: no teníamos mucho y, gastar tanto en una misma ciudad que, además, ya habíamos visto durante dos días…


Nos planteamos dos cosas: 1. Pasar otro día y otra noche en Palencia para, al día siguiente, coger el autobús de primera hora que acabábamos de perder. 2. Irnos en tren. Al final ganó el tren. Era más caro que el bus, sí, pero si nos quedábamos íbamos a gastar mucho más de lo que costaba el billete, así que nos fuimos. Eso sí, a las 15.30h, Palencia no nos dejó irnos más pronto.


On the train

Adiós, Palencia. Ahora, a Santander.

Y así, pasamos unas tres horas dormitando a ratos y observando cómo el paisaje iba cambiando del dorado seco de los campos castellanos al verde húmedo de las montañas cántabras.


Landscape from the train

Los primeros valles

 


Landscape from the train

Los puentes para transitar las montañas del norte

Y, por fin, llegamos a Santander después de tanto problema de horarios, trenes, taxis y buses.


Mochileros

Posando con todas las mochilas en Santander




Aunque, como llegamos a las 19h a la capital de Cantabria, no hubo tiempo de hacer turismo. Yo estaba segura de que tardaríamos más de una hora en ir y volver (mochilas y su peso incluidos) si queríamos ver el Palacio de la Magdalena. Por lo que, no sin cierto pesar, lo descartamos y nos tomamos un café esperando el autobús para Comillas.

Se nos hizo de noche por el camino y, al final, tampoco hubo tiempo de buscar alojamiento. Pero la noche en blanco de Palencia nos había demostrado que podíamos pasar una noche al raso bastante bien, con lo que decidimos hacer lo mismo. El único inconveniente: aún no nos habíamos enterado de que estábamos en Cantabria.


Sobrellano Palace, Comillas (Cantabria, Spain)

El palacio de Sobrellano, la antigua «casa» de veraneo del marqués de Comillas




Caminamos desde el Palacio de Sobrellano (donde bajamos del bus,ya en Comillas), hasta la playa, atravesando el pueblo. La plaza aún estaba animada, había gente cenando, pero nosotros acabábamos de hacerlo, nada más llegar en una hamburguesería cercana al palacio. Pasamos junto a la iglesia, mirando al pasar la torre con su reloj y el antiguo ayuntamiento, que está justo al lado.


Torre de la iglesia de Comillas

La torre de la iglesia de Comillas




Anduvimos sobre los adoquines de la antigua villa pesquera, convertida en el transcurso del siglo XIX en una villa de veraneo para la aristocracia, tras en nombramiento del primer Marqués de Comillas, Antonio López y López. Subimos hacia la parte alta, dejando atrás los bares donde había algunos grupos de jóvenes de fiesta y descendimos de nuevo para llegar a la playa. Allí hay un jardincito donde teníamos pensado sentarnos a pasar una noche de cartas o, si nos daba sueño, hacer vivac unas horas.


Adoquines

Los adoquines de las calles de Comillas




A pesar de la insistencia de MG, no pude llegar a sacar las cartas. Por alguna razón había estado muy activa en el tren mientras ellos dormían y, ahora, claro, la que tenía sueño era yo. De todas formas, Miguel tampoco se opuso demasiado. En el fondo todos estábamos aún cansados de la noche de Palencia que habíamos pasado sin dormir (el cuerpo tarda en recuperarse y más aún si estás de viaje). Por lo que decidimos dormir un poco.


Lo malo era q empezaba a hacer frío como para echarse sin más contra una mochila sin taparse y, además, había empezado a caer un calabobos que, a lo tonto, nos podía dar problemas. Con lo que buscamos la zona donde las ramas de los árboles eran más espesas y, como vimos que el césped estaba húmedo, pusimos una gran sábana de aluminio, la cual sacó MG para sorpresa de todos. Cuando digo que ella es la mami del grupo, es por algo, pues, aparte de eso, sacó también varias fundas impermeables para nuestras mochilas y una capa de agua, que extendimos sobre los sacos de dormir. Ya que habíamos empezado a acomodarnos, pues lo hicimos por completo.


La cosa quedó así: sobre el aluminio, pusimos los sacos, en ellos, nos acurrucamos, echamos dos capas de agua por encima (la mía también) por si la lluvia arreciaba y a la cabeza colocamos todas las mochilas, cubiertas por bolsas y fundas impermeables. Quedó de foto. La pena es q no hubiera mucha luz como para hacer una.


Por si acaso, también habíamos previsto que hubiera algún sitio cerca en el que poder refugiarnos si llovía mucho. Enfrente teníamos una especia de merendero que podía venirnos muy bien, con su mesa techada.


El tiempo que dormí, lo hice intranquila. Ya cuando habíamos terminado de montar todo había comenzado el chispeo a ser más fuerte pero, al cabo de un rato, el árbol comenzó a calar y yo notaba entre sueños cómo las gotas me iban mojando la cara, manteniéndome en un duermevela constante. No pude dormir a gusto y menos mal, porque, si no, no sé quién habría avisado a mis dos queridos ceporros de que el chispeo estaba a punto de convertirse en lluvia de verdad y dejarnos pasados por agua. Los desperté justo a tiempo de poner a salvo todas nuestras cosas. Bueno, a Miguel, porque MG cuando duerme no hay quien la mueva, ella habría seguido durmiendo aún con un chaparrón cayéndole encima.


Medio dormidos, congelados y preocupados por nuestros sacos (lo más imprescindible de nuestro equipaje) nos metimos bajo aquel merendero sin hacer ruido, ya que había casas justo al lado. Además, a Miguel le habían picado los mosquitos y le estaban saliendo los bultos típicos en las manos. Yo tuve suerte en eso, cosa rara, y MG…, bueno, ella no había dado lugar siquiera a ello puesto que había estado completamente metida en su saco. No sé cómo pudo seguir respirando todo ese rato. Yo, lo que hacía era temblar de frío.



Cantabria nos acababa de demostrar dónde estábamos.



Mosquitos en la noche

Miguel poniéndose amoníaco en las picaduras de los mosquitos, mientras esperábamos a que parase la lluvia




Comprobamos que nuestras cosas estaban bien y, un poco gruñones por el sueño (creo que apenas dormimos 2 horas), empezamos a debatir qué hacer o dónde meternos. Era una pena porque otros años MG y yo habíamos pasado noches enteras hablando en la playa de Comillas y nunca había caído ni una gota. Pero el norte es el norte y nunca se sabe. Aunque sea verano, puestos a hacer frío y llover, este es el lugar.


Decidimos guardar todo y, cuando escampara un poco, volver rápidamente al pueblo antes de que lloviese de nuevo y colocarnos bajo alguno de los soportales. En realidad, sólo había dos opciones: bajo el antiguo ayuntamiento (donde habíamos visto a chicos haciendo botellón y había basura por el suelo) y bajo el nuevo. Está claro que fuimos al nuevo.


Nos pusimos en una esquina, lejos de la puerta pero pegados a la calle. Ya no tuvimos lluvia, pero entonces empezaron a pasar gritando un montón de niñatos borrachos que volvían de una discoteca de las afueras. Yo, desde luego, no pude dormir. Mis queridos ceporrines, un poco más que yo, aunque no sé cómo.


Cuando llegó la mañana a Comillas yo estaba toda agarrotada de haber estado encogida por el frío y cabreada con los niñatos. Por suerte, ni los barrenderos ni los funcionarios del ayuntamiento que pasaron por allí nos dijeron nada…aunque si no acampas y sólo te acuestas no tienen nada que decirte, pero lo agradecí. Cuando ya no pude más, di un empujón a cada uno de mis compañeros y les pedí que nos fuéramos a buscar un bar donde despojarme del frío. Un chocolate caliente era justo lo que me pedía el cuerpo y Miguel se ofreció amablemente a ir a ver si alguna de las churrerías estaba ya abierta. A MG, de nuevo enfundada en su saco, no había quien la moviera, así que me dediqué a zarandearla y a recoger mientras Miguel volvía.


Una de las churrerías estaba abierta. Genial. Al final la pobre MG se levantó como una valiente, enfurruñada por el sueño aunque animada por la perspectiva del chocolate y terminó de recoger conmigo de modo que por fin pudo terminar esa noche toledana.


Pero ahora ya sabíamos dónde estábamos… O lo empezábamos a saber.



Waking up in Comillas

MG recogiendo su saco medio adormilada, tras la noche toledana




LEE  LA  AVENTURA  DESDE  EL  PRINCIPIO:

Capítulo 1 – Un comienzo accidentado

Capítulo 2 – Carretera, manta y… Cagaditas

Capítulo 3 (Primera parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (I)

Capítulo 3 (Segunda parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (II)

Capítulo 4 – Palencia la bella no quiere dejarnos marchar

Capítulo 4 (Parte 2) – Anexo de fotos, Palencia

O SIGUE LEYENDO:

Capítulo 5 (Parte 2) – Anexo de fotos de Santander

Capítulo 6 (Parte 1) – Comillas dulce y amarga

 

Al otro lado de los Andes 21 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE  – La chilena que hay en mí

Descubrí un lugar llamado La Bolsa, el cual me ofrecía cama por 40 pesos argentinos (unos 10 euros) y tenía pinta de ser un lugar bastante divertido, mejor que los otros albergues a los que entré a mirar. Era una casa pequeña, toda de madera, con una cocina común llena de utensilios y un saloncito con tele por cable muy agradable. Me acomodaron en un dormitorio común con cuatro camas dispuestas en literas y después salí para el registro.

«Bueno, veamos… ¿Nombre?… ¿Apeshidos?… ¿País? Chile, ¿no?» ¡¿QUÉ?! Me eché a reír y le dije a la chica: «¡No, no, España, soy española!» Ella me miró un poco sorprendida. «¿De veras? Mirá vos. No sé por qué pensé que eras chilena… Como que te oí alguna palabra… ¿o fue el asento? Qué se sho, algo fue que me hizo pensar…»

Me reí mucho con esta anécdota. Mira que yo pensé que era capaz de controlarlo… pero parece ser que no… El acento chileno se ha apoderado de mí como un germen divertido. Primero me lo pasaba bien dejando que éste invadiera mi charla (a decir verdad, aún lo paso bien) a ratos, mientras hablaba con mis amigos chilenos o extranjeros, riéndome de que ellos también imitaran mis palabras y mi cadencia española. ¡Pero ahora va a resultar que le di la mano al acento y él se tomó el brazo entero!

En realidad no sé en qué medida me he fundido con mi actual casa chilena porque nunca he tenido un acento fortísimo o «españolísimo» como dicen por aquí para referirse a nuestro castellano. Siempre me han dicho, incluso con mi acento más puro, recién salida de mi casa, que no tengo mucho acento de española. Y siempre doy la misma explicación. Quizá sea porque soy un híbrido. Mis padres son de Madrid, así que mi forma de hablar es bastante correcta sobre todo en cuanto a pronunciación, pero no tengo la fuerte cadencia que muestran en las películas porque me crié en el sur, y en el sur nuestro idioma se canta… Así que obviamente no hablo como ellos esperarían (un acentazo fuerte, casi de mala leche y lleno de palabrotas), como las chicas que ven en la tele.

Entonces, ¿qué acento tengo? En este momento uno bien divertido. Chileno, español, mexicano, argentino… Y, bueno, mientras sea correcto ¿qué más dará si es, en definitiva, español?

 

Hacia Argentina 20 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Cruzando los Andes

Por esas casualidades de la vida, de repente resurgió la maldad intrínseca de las cosas y tuve varias desgracias en una semana: mi tía se puso enferma y no pude viajar a Brasil como tenía planeado, se me rompió el ordenador y me caducó la visa.  Todo un panorama…

Incomunicada con el resto del mundo, anclada en Santiago, pero a la vez obligada a marcharme porque si no el Estado iba a echarme de una patada en el trasero, agarré una bolsa con lo básico y decidí de sopetón pirarme a la Argentina. (De ahí q haya dejado de escribir las crónicas del otro viaje de sopetón).

Así de fácil son a veces las cosas, ¿no? Hasta me vinieron bien las contrariedades. Tenía dudas entre ir a Mendoza, casi en línea recta desde Santiago o bajar hasta Bariloche, en la Patagonia. Y con todo el sentido, pensé que Mendoza siempre estaría lo suficientemente cerca como para visitarla un fin de semana, pero Bariloche no. Otro factor fue el calor. Estaba más que harta del de Santiago y sabía que sólo en Bariloche podría descansar de él.

Salí a las 11 de la noche, el 16, y al llegar a la terminal pedí un billete a Valdivia. Quería pasar un día por la capital de la Región de los Ríos para no hacer todo el viaje de una a Bariloche. ¿Sorpresa? No quedaban pasajes… «¿Y a Osorno?» pregunté (Osorno está muy al sur, casi en línea recta con Bariloche). Tampoco… «Bueno, ¿y a Temuco?» (Mucho más al norte, pero sólo a 4 horas de Valdivia). Lo único que sabí aes que ya no me volvía a casa. Y ¡sí! Encontré billete a Temuco, pasé la noche dormitando en el bus y llegué a las 8 a.m a Temuco. Esperé una hora y salí hacia Valdivia.

Por 9 euros (11 US$) pasé la noche en un albergue y quise encontrar  un pasaje a Bariloche para el día siguiente. Pero me dijeron que estaba todo agotado y que era muy difícil encontrar, ¡¡que había turistas que habían tenido que quedarse una semana en Valdivia porque no habían encontrado billetes antes!! No me conformé con la idea y me fui para la terminal.

Allí me dijeron casi en confidencia que quedaban muy pocos lugares pero que había un bus que salía desde Osorno, no había director desde Valdivia. ¡Bueno! Áhora sólo tenía que irme a Osorno al día siguente, esperar allí dos horas y después atravesar los Andes. ¡Magnífico! Sólo esperaba que no me detuvieran en la frontera por llegar con el visado medio caduco…

Día 19 – Por fin iba a salir de Chile. A decir verdad me estaba aburriendo en Valdivia yo sola, a pesar de que es un ciudad que me gusta mucho, y además me estaba poniendo nerviosa porque tenía que salir cuanto antes… Pero ya estaba en ruta. Iban a ser casi 6 horas pensé que no muy divertidas… pero el camino me encantó. El paso de la frontera es más que un trámite, más que algo inevitable, es un espectáculo. Los Andes se presentan antes tus ojos en todo su esplendor, con bosques verdes y altos riscos.

En la forntera chilena hacía frío, bajamos, me sellaron el pasaporte y listo. En 48 horas, si quería, podría volver a entrar sin problema. Uuufff… Genial. Pasamos al lado argentino, hacía más frío aún, pero después vi unos paisajes de quitar el hipo. Lagos, montañas, bosque… En este lado el cielo no estaba tan nublado… y pronto hizo hasta sol… Y así hasta que llegué a Bariloche, por fin, entre las 8 y media y las 9 pm. Buscando albergue…

Frontera andina Chile/Argentina
Frontera andina Chile/Argentina
 

Las pingüineras y el pingüino de Humboldt 13 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Camino a las pingüineras – 14 de septiembre 2008

De haber viajado por mi cuenta, habría investigado más La Serena, pero al estar dentro de un viaje organizado, tuve que comerme la curiosidad y montarme en el bus, rumbo a Punta de Choros. Entonces no lo sabía, pero un choro, es un mejillón. Así que el lugar queda con un nombre bastante divertido: «punta de mejillones».

El camino para llegar allí es muy bonito. Todo un valle verde con montañas altas, donde pastan los guanacos* y crecen los cactus. Esto último me sorprendió mucho porque uno siempre suele asociar los cactus con el desierto y, sin embargo, los hay que crecen el valles verdes y fértiles como los chilenos. Había flores de color blanco y lila, el cielo estaba nublado, dándole un aspecto más íntimo, como de cuento, al gran valle, y los cactus crecían con sus formas graciosas.

Este tipo de vegetación (valles verdes mezclados con cactus) se da así dentro de una zona por lo demás semidesértica porque la corriente fría de Humboldt (en el océano) entra en contacto con la tibieza del continente y crea una neblina denominada «camanchaca», que sube y cubre las montañas y el valle. Esta neblina proporciona a la tierra la humedad necesaria para que las plantas no necesiten lluvia para crecer. De esta forma se crea un microclima que da lugar a un hábitat peculiar.

Valle

Valle hacia Punta de Choros, IV Región, CHILE

Guanacos pastando

Guanacos pastando

Nos montamos de nuevo en la buseta para seguir avanzando por el camino de tierra y piedras hasta llegar al mar y allí tomamos un bote rumbo a la Reserva del Pingüino de Humboldt. El precio para entrar a la reserva es de 1.600 $ chilenos – 2 € – 2,6 US$. Y el precio del viaje en bote es de 6.000 pesos/persona – 7,6 € – 9,7 US$.

Bien, pues con todo listo y el salvavidas atado al cuerpo nos subimos a una lancha camino de las pingüineras (y loberas). Si uno ya tenía frío en tierra, seco y parado, imaginaos yendo a velocidad, por el mar, con el viento helándote las orejas y el agua salada salpicándote a cada rato. En el trayecto confieso que lo pasamos realmente mal en cuanto a la temperatura, así que recomiendo visitar este lugar, no en verano, porque cuando sale el sol hace mucho calor , pero sí en primavera o, si vais en invierno como yo, en un día soleado. Lo vereis todo mucho mejor si no tenéis que esconderos debajo de una capucha para soportar las frías temperatura.

Me parece que el paseo hasta Isla Choros, sobre la que caminan cientos de pingüinillos de Humboldt y rechonchos lobos marinos, dura unos 15/20 minutos. Pero una vez allí, haga frío o calor, todo ha merecido la pena.

 

Leones marinos

Leones marinos descansando en Isla Choros, Chile, dentro de la Reserva Nacional del Pingüino de Humboldt

 Los leones marinos, con sus pieles oscuras, te miran perezosamente desde las alturas, pensando quizá qué diantres haces metiendo las narices en su hábitat o qué hace una curiosa isla flotante (tu bote) llena de especímenes sin aletas dando tumbos por allí. Más allá,  los pingüinos te observan de reojo con esa graciosa mirada de resabios con la que suelen ir castigando a los demás mortales.

 humboldt por belgianchocolate.

Pingüino de Humboldt, foto de belgianchocolate (flickr)

 En la reserva también hay cormoranes y gaviotas, aparte de delfines nariz de botella (los cuales no vi aunque dicen que suelen aparecer).

Loco (Concholepas concholepas)

Loco (Concholepas concholepas)

Después de dar la vuelta a Isla Choros y también a Isla Gaviota, nuestra lancha paró en Isla Damas, la única en la que se puede desembarcar. Es una isla bonita, de arena muy blanca y llena de enormes conchas de loco. Los locos son unos moluscos carnívoros (devoran otros moluscos) cuya concha blanca o grisácea tiene el tamaño de una mano. Lo malo es que hacía mucho frío y de esa manera no se podía disfrutar de la playa. Una excursión de este tipo merece un día soleado.

En Isla Damas comimos y caminamos un rato entre rocas y arena antes de volver al bote.

 

Boat Ride to Isla Damas por palegoldenrod.

Isla Damas (foto de palegoldenrod, Flickr)

El agua, como se puede ver, es de un precioso color turquesa oscuro, más azul en las zonas más profundas. El viento es frío porque procede de la corriente de Humboldt, que viene del Pacífico y el sol calienta mucho, cuando aparece, porque en esta zona la capa de ozono está muy deteriorada. Por eso recomiendo llevar protector solar en un día muy despejado. Uno se quema con facilidad en esta zona porque el sol es mucho más dañino.

 Bueno, ¡nos vemos recorriendo Chile en la siguiente crónica!

 

 *(El guanaco es un camélido de la familia de la llama y de la alpaca, con la diferencia de que no es doméstico, sino salvaje).

 

¿Recorremos Chile? 1 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – «Nos vamos» – 13 de septiembre de 2008

Hasta ahora os he hablado de Santiago de Chile y de la forma de ser de los chilenos, y me propongo seguir haciéndolo, pero creo que es hora de que salgamos un rato de la capital.

¿Os apetece dar un paseo? Me propongo mostraros Chile y sus maravillas. Desde lo más al norte que he llegado hasta lo más al sur.

¿Os subís a mi mochila? Pues agarraos porque nos vamos.

Nuestro viaje comienza el septiembre pasado, a bordo de un microbús (o buseta) blanco.  Mis amigos y yo nos habíamos propuesto viajar al norte y conocer el desierto más seco del planeta, el desierto de Atacama, durante las Fiestas Patrias chilenas. En nuestro recorrido visitaríamos 3 de las 15 regiones en que se divide el país: la IV Región de Coquimbo, la III Región de Atacama y la II Región de Antofagasta.

Empezamos subiendo hasta la IV Región. Íbamos rumbo a un pueblito llamado Pichidangui, cuyo nombre en mapudungún significa «balsa pequeña».

 

Pichidangui

Costa de Pichidangui con el pueblo al fondo

Pichidangui es un pueblito costero muy, muy pequeño, sin demasiado atractivo de no ser por su curiosa iglesia empotrada en la roca de la costa y por una inesperada playa en la que se pueden dar paseos a caballo.

El día que llegamos, la iglesia estaba cerrada, pero a través de una ventanita rectangular pude espiar y ver el interior.Estaba toda hecha de madera y el altar estaba repleto de plantas. La encontré muy exótica.

Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

Interior de la Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

  Allí comimos, en un pequeño restarurante junto a la costa. Allí uno podía pedir mariscos de la zona o las típicas empanadas chilenas. Yo me decanté por estas últimas y pedí una de marisco mientras que mis amigos optaron por unas cazuelas de almejas y otros bivalvos.

Como digo, pocas cosas más había para ver en Pichidangui: unas cuantas artesanías y una playa, eso sí, muy bonita, donde la arena hacía reflejos dorados. A parte de eso, hay pocas casas, poca gente, un único y diminuto súper mercado (si es que se le puede llamar así) y dos bares.  Aunque en las vacaciones tengo entendido que llega gente a veranear, me pareció un sitio curioso pero no muy entretenido. Una tarde estuvo bien.

Playa de Pichidangui

Playa de Pichidangui

 

Mirando al horizonte

Yo sobre las rocas de la costa de Pichidangui

Después de eso, volvimos a meternos en la buseta,  lo cual agradecimos ya que el viento de la costa empezaba a ser cada vez más frío y seguimos rumbo a La Serena.

La Serena es la capital de la IV Región de Coquimbo. Llegamos allí de noche y sólo la vi entonces, ya que por la mañana temprano salimos de viaje otra vez, pero su arquitectura antigua me pareció muy bonita, con sus iglesias de piedra. Esa parte, a esas horas, es bastante silenciosa, pero según uno se va acercando al puerto va encontrando restaurantes, bullicio y mucha actividad nocturna.

Mapa de la IV Región de Coquimbo

Mapa de la IV Región de Coquimbo

La Serena es un destino de vacaciones en los meses de verano (enero y febrero) para los chilenos, que llegan atraídos por el encanto de esta capital, sus playas y sus alrededores.

Yo viajaba con una agencia, pero los viajeros independientes podéis encontrar hostales muy baratos (7.ooo $ chilenos/ noche = 8,8 € = 11$). En Internet se encuentran muy fácilmente buscando «hostales» y la ciudad en la que quieres hacer noche.

En cuanto a las agencias, también las hay buenas y baratas en Santiago, que ofrecen viajes asequibles desde la capital (al norte y al sur) para jóvenes y no tan jóvenes mochileros.

Nos vemos en la siguiente crónica, recorriendo Chile.

 

 
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