La brújula del camaleón

El blog de Lua Soleil – cultura, viajes, fotografía, cine y literatura

Navidad en Inglaterra – La Tradición del Incienso y el por qué de las cosas 30 de diciembre de 2016

Este año he viajado hasta el mismísimo Avalon, la actual Glastonbury (Inglaterra), para descubrir los misterios que aún guarda, para unirme a las celebraciones del Solsticio de invierno, descubrir antiguas tradiciones y vivir unas “Navidades” diferentes.

En mi primer día me he apuntado a hacer incienso con las sacerdotisas que aún viven en la “isla”. Sí, es cierto, las sacerdotisas de Avalon se extinguieron hace muchos siglos, si es que algún día existieron tal y como las retratan en las leyendas artúricas, pero a día de hoy en Glastonbury existe una floreciente comunidad pagana que se ha propuesto revivir estas costumbres y creencias. Y yo, como curiosa que soy, no podía dejar de investigar y vivir esta experiencia.

Making incense

Una de las tradiciones más antiguas de estas fechas del año, no sólo en Europa, sino también en otros continentes, es la de la purificación mediante el aire o el humo. Se consideran instrumentos de purificación del aire tanto la voz, como la música, el sonido de campanillas, panderetas, flautas y el humo del incienso. En esta época del año en muchas tradiciones, incluida la cristiana, se cantan canciones, las campanillas tienen un lugar especial en villancicos y como adorno, y hasta hace muy poco en todas las casas había un fuego en el que se quemaba leña. Y todo esto lo hacemos aunque no tengamos ni idea del simbolismo de estas cosas ni por qué colgamos campanillas en el árbol… o por qué ponemos el árbol siquiera. Hay tantas cosas que hacemos sin saber qué significan ni por qué las hacemos que yo soy esa persona que siempre se pregunta por qué… y he hallado algunas respuestas.

En muchos países, cristianos o no, se da la costumbre de quemar incienso para purificar la casa y a sus habitantes antes del año nuevo. Se abren las ventanas que han estado cerradas ya unos meses y se purifican las energías estancadas, así como las de los ancestros que, se cree, pueden haber venido a visitarnos con la llegada del otoño (en fiestas que conocemos como Halloween, Todos los Santos o el Día de los Muertos). Ahora se honra a esos ancestros que han venido a visitar y cuya presencia hemos sentido más cercana en una época en la que la muerte está a la orden del día: con las hojas amarilleando y cayendo para morir en el suelo de la ciudad o del bosque.

Making incense

El invierno es la muerte en sí misma y el humo es sinónimo de encender un fuego, como la pira funeraria que libera el alma del mundo físico en muchas tradiciones. En este caso el humo purifica el cuerpo y eleva el espíritu. Y ya que cada año la naturaleza muere de manera natural o simbólica, nosotros hacemos lo mismo (nos demos cuenta o no) y sentimos, muchos, la necesidad de limpiar y renovarnos en estas fechas para empezar con buen pie el año, la siguiente temporada de renacimiento, la siguiente primavera y verano.

Una amiga de Alemania me contó hace poco que en Baviera, de donde ella es originaria, llaman a esta época del año “Rauhnächte” o lo que es lo mismo: “Noches de humo“. Para ellos actualmente estas noches marcan los 12 días después de Navidad. Un granjero bávaro le comentó a mi amiga que su abuelo todavía limpiaba la casa y los establos de las malas energías con humo porque se creía que las energías estancadas podían hacer enfermar a los animales y la familia. Aunque hoy en día nos parezcan supersticiones, a día de hoy se sigue utilizando el humo y en especial, el del incienso, para muchas cosas: por ejemplo, como aromaterapia. Y todos abrimos las ventanas para ventilar, que entre el aire limpio y se vayan los aires viciados.

En cuanto a limpieza, en Japón también tienen la tradición de limpiar y ordenar la casa antes del año nuevo para empezar con buen pie la nueva etapa. En la América de los nativos se fabrican pequeños fardos o manojos con hierbas que luego se queman para limpiar, purificar y sanar.

Making incense

Dicho esto, no intento convencer a nadie de que utilice todas estas cosas de manera espiritual ni religiosa, sólo intento comprender de dónde vienen nuestras y otras tradiciones y por qué a día de hoy utilizamos ciertas cosas y no otras para celebrar esta época del año. Necesito saber por qué se utilizan cascabeles y campanillas o sonajeros en los villancicos navideños, qué significado tienen y por qué se utiliza eso y no otra cosa. No quiero ser un borrego que acepta las cosas simplemente porque “son tradición”. Si son tradición, lo serán por algo, porque esas cosas y no otras tenían un significado para nuestros ancestros que otras no tenían.

¿Por qué llevamos un pino (real o no) a casa? Era la forma de recordar que seguía existiendo la vida en mitad del invierno donde el resto de plantas morían pero el pino seguía estando verde.

¿Por qué colgamos manzanas de mentira en un pino? Por que son un símbolo que aparece en muchas religiones como un fruto sagrado, símbolo del saber y de la abundancia, una abundancia que era necesaria recordar en los rigores del invierno.

¿Por qué se canta tanto y se usan la voz y las campanillas? En muchas tradiciones el sonido, y en especial el de las campanas, purifica el aire y a las personas.

¿Y por qué se prepara o usa incienso en muchos países? Éste siempre ha estado presente durante siglos en muchas religiones y en el invierno la gente se quedaba más en casa con las provisiones que habían recogido durante el resto del año, es lógico por ello que la elaboración de alimentos y materiales se realizara en otoño o invierno, ese era el trabajo de esta época.

¿Y por qué se limpia la casa o a la gente en tantas tradiciones? Porque sea cual sea la espiritualidad o creencia de la zona, antes del renacimiento (o de la resurrección) hay una purificación: la tierra se limpia de hierbas y se remueve y refresca antes de sembrar otra vez; el alma va al purgatorio antes de ir al cielo en el cristianismo; el alma debe prepararse para volver a nacer en aquellas zonas en las que se cree en la reencarnación.

Y para los que sean más “terrenales”, hay que hacer sitio a lo nuevo para que pueda llegar, para que se inicie un nuevo ciclo hay que limpiar lo viejo y tirar lo que ya no sirve. Todos tenemos un momento en el año en el que queremos limpiar nuestra casa o nuestra vida a fondo para volver a empezar y éste suele ser el tiempo en el que la naturaleza hace lo mismo: deshacerse de las hojas para quedarse desnudos y reverdecer con el nuevo año (es decir, en otoño y en invierno).

Y todo esto, sean cuales sean nuestras creencias o aunque no tengamos ninguna, creo que son cosas que todos deberíamos saber. Las tradiciones tienen una simbología, siempre, y desconocerla despoja de todo sentido las cosas que hacemos. Igual podríamos poner un pino o un abeto que una palmera en nuestra casa y sería igual si no le damos el significado que tiene. Pero no es lo mismo y creo que está bien saber por qué.

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Si queréis ver el vlog de mi experiencia en Inglaterra y mi primer día haciendo incienso tenéis el vídeo aquí:

 

¡A la playa! – Salinas de San Pedro del Pinatar y Mar Menor 10 de mayo de 2016

Nos vamos a las Salinas de San Pedro del Pinatar, donde el agua cambia de color del verde al rosa, y al Mar Menor, en Murcia, donde el agua parece una piscina.

Dale al play y visita conmigo el parque natural de las salinas, con sus dunas y sus playas vírgenes y ven a recorrer la Costa Cálida.

Si te gusta, ¡no te olvides de darle a like! Así sabré qué tipo de viajes y actividades os gustan más y me dará ánimos para seguir con los Travel Vlogs. Si lo compartes, también me ayudaría mucho 🙂

Ah, y si quieres enterarte de cuándo subo vídeo, suscríbete 🙂 Los jueves por la tarde habrá uno por regla general.

¡Espero que os guste!

 

 

 

El Santuario de la Fuensanta – Murcia 16 de mayo de 2015

El Santuario de la Fuensanta, a las afueras de Murcia, es un lugar precioso y muy tranquilo, desde el que se pueden tener vistas preciosas de la ciudad y del valle en el que se encuentra la capital de la Región. Recomendadísimo para todos los que quieran alejarse del ajetreo de la ciudad y disfrutar de la montaña, de la luz y del paisaje.

Jump!!

Toma mi mano // Hold my hand

Sin título

Fuensanta's Sanctuary, Murcia (Spain) // Santuario de la Fuensanta, Murcia (España)

 

Bando de la Huerta 2015 – Murcia 7 de abril de 2015

El Bando de la Huerta es más que una tradición en Murcia. Es una pasión, algo que se lleva en el alma. Se celebra cada año el martes siguiente a la Semana Santa y forma parte de las llamadas Fiestas de Primavera de la ciudad.

Ese día los murcianos salen a la calle vestidos con su traje típico y se pasean por las calles, comen en barracas las recetas típicas de la huerta y ven el Bando, un desfile en el que se pasean las peñas huertanas mostrando los oficios típicos de la Región, en el que se reparten verduras, hortalizas y embutidos autóctonos desde camiones y en el que vemos a las Reinas de la Huerta y a todas sus damas preciosamente engalanadas con sus trajes de lujo.

Aunque no sea fiesta en otras regiones, es una escapada que merece la pena. Y si puedes quedarte el resto de la semana para ver los desfiles de los “sardineros”, plan completo. Pero de eso hablaremos en otro post.
Bando de la Huerta 2015

¿Quieres ver todas las fotos? En mi blog de fotografía están todas.


¿Cuándo? Todos los años, el martes siguiente a la Semana Santa.

¿Dónde? Murcia capital.

 

El Jardín Botánico, un oasis en la capital de Europa – Bruselas 2 de abril de 2014

Bruselas es una ciudad con un centro histórico precioso y muchos museos por visitar, pero si tienes la suerte de tener un día soleado y te apetece salir del circuito turístico sin alejarte de la ciudad, visitar los jardines de la capital es una buena opción. Uno de ellos es el Jardín Botánico (Metro Botanique/Kruidtuin).

Jardin Botanique, Brussels

Atardecer invernal en el Jardín Botánico

El Jardín Botánico se encuentra al norte de la almendra central bruselense, a 10/15 minutos andando o en metro desde el centro de la ciudad.
La entrada es gratuita y es lo bastante grande como para pasear por él un par de horas relajadamente. Los bruselenses llevan su comida al parque los días de sol y se les puede ver haciendo pequeños pícnic o sentados en los bancos de madera comiendo sándwiches. ¡Anímate a hacer lo mismo!

Además, ¿qué hay para ver? En primavera es especialmente agradable puesto que florecen los árboles y todo se llena de colorido. Si hace calor, la zona del estanque de estilo inglés es muy recomendable, donde, además, podremos disfrutar de la vista del edificio principal del Jardín Botánico, de estilo barroco con esculturas y muchas cristaleras.

Este edificio fue un centro importante de investigación botánica, pero actualmente es un centro de exposiciones dedicado a la comunidad francófona de Bruselas, donde podremos ver muestras de fotografía o conciertos. Puedes consultar la agenda cultural aquí.

Además, si nos da hambre y no hemos traído el almuerzo, el edificio también alberga el restaurante y bar Café Bota, donde poder comer tranquilamente o, incluso, ir a tomarnos unas copas y a bailar los fines de semana. El precio es un poco elevado dado el lugar, aunque no demasiado y merece la pena. La carta ofrece bastante comida italiana y las meriendas también pueden ser muy agradables con café de calidad (cosa difícil de encontrar en Bruselas) y brownies para acompañar.

Jardin Botanique, Brussels

                          El edificio principal en una tarde de primavera

Spring in Brussels

                            En primavera, el Jardín Botánico se llena de flores.

Spring is here

     Flores blancas, rojas, rosas y de todo tipo en el Jardín Botánico de Bruselas

Pronto os hablaré de otros jardines de Bruselas. Espero que de momento disfrutéis del Botánico y que me contéis cómo lo habéis pasado al visitarlo. Saludos.


Información práctica:

Localización: El Jardín Botánico de Bruselas se encuentra en la Rue Royale 236.
No confundir con el Jardín Botánico de Meise, el cual se encuentra a las afueras de la ciudad y a unos 45/50 min en metro desde el centro.
Para llegar al Jardín Botánico se puede tomar el metro hasta Botanique/Kruidtuin, líneas 2 ó 6, los tranvías 92, 93 ó 94 y los autobuses 38, 58 ó 61.
– En cuanto al horario, hay que tener en cuenta que cierra pronto, entre las 17h y las 18h según sea invierno o verano.
Entrada gratuita al jardín. Las exposiciones del edificio principal pueden ser o no de pago.
Acceso para minusválidos: Sí. Para más información picha aquí.
– Muy recomendable para los amantes de la fotografía y para los que les gusta relajarse sobre el césped (en primavera o verano).

 

El Camino hacia Santiago 5 – Palencia, Santander, Comillas… y una noche toledana 30 de agosto de 2012

On the train

MG (detrás), Miguel y yo. Los tres ruteros de viaje




01/agosto/2012 – El albergue juvenil de Palencia es enorme y muy cómodo. Tiene habitaciones dobles no divididas por sexos, duchas individuales para los vergonzosos, Internet, salas para realizar actividades, un comedor enorme donde desayunamos de fábula y hasta un gimnasio. El precio: 8.50€ para menores de 30 años. Nos quedamos alucinados de que una ciudad tan pequeña tuviera un albergue tan grande y equipado. Y, además, sólo lo estábamos ocupando 4 huéspedes: nosotros tres y otra chica. Aunque, según nos contaron, la semana anterior había estado lleno. Quién sabe.


Después de la noche en blanco, el día anterior nos habíamos acostado prontísimo, tras una ducha relajante que nos bajó la tensión y nos hizo notar más el cansancio. Dormimos como benditos pero nos despertamos pronto para llegar a ese primer autobús que nos llevaría por fin a Santander. Pero como nada nos podía salir según lo previsto, el taxi que tenía que venir a recogernos para llevarnos a la estación llegó y se fue sin nosotros al no vernos en la puerta. Al taxista ni se le ocurrió llamar o entrar a ver cómo estábamos esperándolo en la recepción. Así que, perdimos el autobús… y, otra vez, el siguiente transporte era a las 18.45h, como el día anterior, puesto que era jueves y, como decía en el anterior post, el de las 15h sólo pasaba los fines de semana. ¿Sería posible? ¿Otra vez estancados en Palencia? Nos estaba gustando mucho pero… no podíamos quedarnos eternamente. Entre otras cosas porque teníamos que encontrarnos con unos amigos en el norte un día después. Y, además, estaba el tema del dinero: no teníamos mucho y, gastar tanto en una misma ciudad que, además, ya habíamos visto durante dos días…


Nos planteamos dos cosas: 1. Pasar otro día y otra noche en Palencia para, al día siguiente, coger el autobús de primera hora que acabábamos de perder. 2. Irnos en tren. Al final ganó el tren. Era más caro que el bus, sí, pero si nos quedábamos íbamos a gastar mucho más de lo que costaba el billete, así que nos fuimos. Eso sí, a las 15.30h, Palencia no nos dejó irnos más pronto.


On the train

Adiós, Palencia. Ahora, a Santander.

Y así, pasamos unas tres horas dormitando a ratos y observando cómo el paisaje iba cambiando del dorado seco de los campos castellanos al verde húmedo de las montañas cántabras.


Landscape from the train

Los primeros valles

 


Landscape from the train

Los puentes para transitar las montañas del norte

Y, por fin, llegamos a Santander después de tanto problema de horarios, trenes, taxis y buses.


Mochileros

Posando con todas las mochilas en Santander




Aunque, como llegamos a las 19h a la capital de Cantabria, no hubo tiempo de hacer turismo. Yo estaba segura de que tardaríamos más de una hora en ir y volver (mochilas y su peso incluidos) si queríamos ver el Palacio de la Magdalena. Por lo que, no sin cierto pesar, lo descartamos y nos tomamos un café esperando el autobús para Comillas.

Se nos hizo de noche por el camino y, al final, tampoco hubo tiempo de buscar alojamiento. Pero la noche en blanco de Palencia nos había demostrado que podíamos pasar una noche al raso bastante bien, con lo que decidimos hacer lo mismo. El único inconveniente: aún no nos habíamos enterado de que estábamos en Cantabria.


Sobrellano Palace, Comillas (Cantabria, Spain)

El palacio de Sobrellano, la antigua “casa” de veraneo del marqués de Comillas




Caminamos desde el Palacio de Sobrellano (donde bajamos del bus,ya en Comillas), hasta la playa, atravesando el pueblo. La plaza aún estaba animada, había gente cenando, pero nosotros acabábamos de hacerlo, nada más llegar en una hamburguesería cercana al palacio. Pasamos junto a la iglesia, mirando al pasar la torre con su reloj y el antiguo ayuntamiento, que está justo al lado.


Torre de la iglesia de Comillas

La torre de la iglesia de Comillas




Anduvimos sobre los adoquines de la antigua villa pesquera, convertida en el transcurso del siglo XIX en una villa de veraneo para la aristocracia, tras en nombramiento del primer Marqués de Comillas, Antonio López y López. Subimos hacia la parte alta, dejando atrás los bares donde había algunos grupos de jóvenes de fiesta y descendimos de nuevo para llegar a la playa. Allí hay un jardincito donde teníamos pensado sentarnos a pasar una noche de cartas o, si nos daba sueño, hacer vivac unas horas.


Adoquines

Los adoquines de las calles de Comillas




A pesar de la insistencia de MG, no pude llegar a sacar las cartas. Por alguna razón había estado muy activa en el tren mientras ellos dormían y, ahora, claro, la que tenía sueño era yo. De todas formas, Miguel tampoco se opuso demasiado. En el fondo todos estábamos aún cansados de la noche de Palencia que habíamos pasado sin dormir (el cuerpo tarda en recuperarse y más aún si estás de viaje). Por lo que decidimos dormir un poco.


Lo malo era q empezaba a hacer frío como para echarse sin más contra una mochila sin taparse y, además, había empezado a caer un calabobos que, a lo tonto, nos podía dar problemas. Con lo que buscamos la zona donde las ramas de los árboles eran más espesas y, como vimos que el césped estaba húmedo, pusimos una gran sábana de aluminio, la cual sacó MG para sorpresa de todos. Cuando digo que ella es la mami del grupo, es por algo, pues, aparte de eso, sacó también varias fundas impermeables para nuestras mochilas y una capa de agua, que extendimos sobre los sacos de dormir. Ya que habíamos empezado a acomodarnos, pues lo hicimos por completo.


La cosa quedó así: sobre el aluminio, pusimos los sacos, en ellos, nos acurrucamos, echamos dos capas de agua por encima (la mía también) por si la lluvia arreciaba y a la cabeza colocamos todas las mochilas, cubiertas por bolsas y fundas impermeables. Quedó de foto. La pena es q no hubiera mucha luz como para hacer una.


Por si acaso, también habíamos previsto que hubiera algún sitio cerca en el que poder refugiarnos si llovía mucho. Enfrente teníamos una especia de merendero que podía venirnos muy bien, con su mesa techada.


El tiempo que dormí, lo hice intranquila. Ya cuando habíamos terminado de montar todo había comenzado el chispeo a ser más fuerte pero, al cabo de un rato, el árbol comenzó a calar y yo notaba entre sueños cómo las gotas me iban mojando la cara, manteniéndome en un duermevela constante. No pude dormir a gusto y menos mal, porque, si no, no sé quién habría avisado a mis dos queridos ceporros de que el chispeo estaba a punto de convertirse en lluvia de verdad y dejarnos pasados por agua. Los desperté justo a tiempo de poner a salvo todas nuestras cosas. Bueno, a Miguel, porque MG cuando duerme no hay quien la mueva, ella habría seguido durmiendo aún con un chaparrón cayéndole encima.


Medio dormidos, congelados y preocupados por nuestros sacos (lo más imprescindible de nuestro equipaje) nos metimos bajo aquel merendero sin hacer ruido, ya que había casas justo al lado. Además, a Miguel le habían picado los mosquitos y le estaban saliendo los bultos típicos en las manos. Yo tuve suerte en eso, cosa rara, y MG…, bueno, ella no había dado lugar siquiera a ello puesto que había estado completamente metida en su saco. No sé cómo pudo seguir respirando todo ese rato. Yo, lo que hacía era temblar de frío.



Cantabria nos acababa de demostrar dónde estábamos.



Mosquitos en la noche

Miguel poniéndose amoníaco en las picaduras de los mosquitos, mientras esperábamos a que parase la lluvia




Comprobamos que nuestras cosas estaban bien y, un poco gruñones por el sueño (creo que apenas dormimos 2 horas), empezamos a debatir qué hacer o dónde meternos. Era una pena porque otros años MG y yo habíamos pasado noches enteras hablando en la playa de Comillas y nunca había caído ni una gota. Pero el norte es el norte y nunca se sabe. Aunque sea verano, puestos a hacer frío y llover, este es el lugar.


Decidimos guardar todo y, cuando escampara un poco, volver rápidamente al pueblo antes de que lloviese de nuevo y colocarnos bajo alguno de los soportales. En realidad, sólo había dos opciones: bajo el antiguo ayuntamiento (donde habíamos visto a chicos haciendo botellón y había basura por el suelo) y bajo el nuevo. Está claro que fuimos al nuevo.


Nos pusimos en una esquina, lejos de la puerta pero pegados a la calle. Ya no tuvimos lluvia, pero entonces empezaron a pasar gritando un montón de niñatos borrachos que volvían de una discoteca de las afueras. Yo, desde luego, no pude dormir. Mis queridos ceporrines, un poco más que yo, aunque no sé cómo.


Cuando llegó la mañana a Comillas yo estaba toda agarrotada de haber estado encogida por el frío y cabreada con los niñatos. Por suerte, ni los barrenderos ni los funcionarios del ayuntamiento que pasaron por allí nos dijeron nada…aunque si no acampas y sólo te acuestas no tienen nada que decirte, pero lo agradecí. Cuando ya no pude más, di un empujón a cada uno de mis compañeros y les pedí que nos fuéramos a buscar un bar donde despojarme del frío. Un chocolate caliente era justo lo que me pedía el cuerpo y Miguel se ofreció amablemente a ir a ver si alguna de las churrerías estaba ya abierta. A MG, de nuevo enfundada en su saco, no había quien la moviera, así que me dediqué a zarandearla y a recoger mientras Miguel volvía.


Una de las churrerías estaba abierta. Genial. Al final la pobre MG se levantó como una valiente, enfurruñada por el sueño aunque animada por la perspectiva del chocolate y terminó de recoger conmigo de modo que por fin pudo terminar esa noche toledana.


Pero ahora ya sabíamos dónde estábamos… O lo empezábamos a saber.



Waking up in Comillas

MG recogiendo su saco medio adormilada, tras la noche toledana




LEE  LA  AVENTURA  DESDE  EL  PRINCIPIO:

Capítulo 1 – Un comienzo accidentado

Capítulo 2 – Carretera, manta y… Cagaditas

Capítulo 3 (Primera parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (I)

Capítulo 3 (Segunda parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (II)

Capítulo 4 – Palencia la bella no quiere dejarnos marchar

Capítulo 4 (Parte 2) – Anexo de fotos, Palencia

O SIGUE LEYENDO:

Capítulo 5 (Parte 2) – Anexo de fotos de Santander

Capítulo 6 (Parte 1) – Comillas dulce y amarga

 

Al otro lado de los Andes 21 de febrero de 2009

Filed under: Crónicas,Cuaderno de viaje,viajes — Marga Lua Soleil @ 18:49
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CUADERNO DE VIAJE  – La chilena que hay en mí

Descubrí un lugar llamado La Bolsa, el cual me ofrecía cama por 40 pesos argentinos (unos 10 euros) y tenía pinta de ser un lugar bastante divertido, mejor que los otros albergues a los que entré a mirar. Era una casa pequeña, toda de madera, con una cocina común llena de utensilios y un saloncito con tele por cable muy agradable. Me acomodaron en un dormitorio común con cuatro camas dispuestas en literas y después salí para el registro.

“Bueno, veamos… ¿Nombre?… ¿Apeshidos?… ¿País? Chile, ¿no?” ¡¿QUÉ?! Me eché a reír y le dije a la chica: “¡No, no, España, soy española!” Ella me miró un poco sorprendida. “¿De veras? Mirá vos. No sé por qué pensé que eras chilena… Como que te oí alguna palabra… ¿o fue el asento? Qué se sho, algo fue que me hizo pensar…”

Me reí mucho con esta anécdota. Mira que yo pensé que era capaz de controlarlo… pero parece ser que no… El acento chileno se ha apoderado de mí como un germen divertido. Primero me lo pasaba bien dejando que éste invadiera mi charla (a decir verdad, aún lo paso bien) a ratos, mientras hablaba con mis amigos chilenos o extranjeros, riéndome de que ellos también imitaran mis palabras y mi cadencia española. ¡Pero ahora va a resultar que le di la mano al acento y él se tomó el brazo entero!

En realidad no sé en qué medida me he fundido con mi actual casa chilena porque nunca he tenido un acento fortísimo o “españolísimo” como dicen por aquí para referirse a nuestro castellano. Siempre me han dicho, incluso con mi acento más puro, recién salida de mi casa, que no tengo mucho acento de española. Y siempre doy la misma explicación. Quizá sea porque soy un híbrido. Mis padres son de Madrid, así que mi forma de hablar es bastante correcta sobre todo en cuanto a pronunciación, pero no tengo la fuerte cadencia que muestran en las películas porque me crié en el sur, y en el sur nuestro idioma se canta… Así que obviamente no hablo como ellos esperarían (un acentazo fuerte, casi de mala leche y lleno de palabrotas), como las chicas que ven en la tele.

Entonces, ¿qué acento tengo? En este momento uno bien divertido. Chileno, español, mexicano, argentino… Y, bueno, mientras sea correcto ¿qué más dará si es, en definitiva, español?

 

 
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