La brújula del camaleón

El blog de Lua Soleil – cultura, viajes, fotografía, cine y literatura

¡A la playa! – Salinas de San Pedro del Pinatar y Mar Menor 10 de mayo de 2016

Nos vamos a las Salinas de San Pedro del Pinatar, donde el agua cambia de color del verde al rosa, y al Mar Menor, en Murcia, donde el agua parece una piscina.

Dale al play y visita conmigo el parque natural de las salinas, con sus dunas y sus playas vírgenes y ven a recorrer la Costa Cálida.

Si te gusta, ¡no te olvides de darle a like! Así sabré qué tipo de viajes y actividades os gustan más y me dará ánimos para seguir con los Travel Vlogs. Si lo compartes, también me ayudaría mucho 🙂

Ah, y si quieres enterarte de cuándo subo vídeo, suscríbete 🙂 Los jueves por la tarde habrá uno por regla general.

¡Espero que os guste!

 

 

 

Crónicas de Bruselas – Dulces por todas partes 5 de marzo de 2014

Mucha gente sabe que Bélgica es el país del chocolate. Lo que a lo mejor no saben es hasta qué punto lo dulce tiene relevancia aquí. En este pequeño país del centro de Europa existe una cultura a lo dulce muy fuerte. En algunas cosas veo paralelismos con España, por ejemplo, hay cosas que no se ven en otros países europeos y que sí vemos aquí, es el caso de las tiendas de golosinas. Nos parecen muy comunes a los españoles pero no lo son tanto fuera de nuestro país y aquí, sorprendentemente, las hay. Pero esta cultura de lo dulce va más allá y, por ejemplo, el centro de Bruselas está lleno de chocolaterías y tiendas de galletas o merengues siempre elaborados con formas preciosas. Si queréis ver más fotos no tenéis más que pinchar aquí para ver mi blog de fotografía.

 

Sweet little sheep made of chocolate

Borreguito de chocolate

Debo señalar que para los españoles, una chocolatería es una cafetería a la que se va a tomar chocolate a la taza, caliente y espeso, junto con churros o alguna que otra cosa dulce de pastelería (¿el Latinoamérica se le da el mismo sentido? Espero vuestra respuesta 😀 ). En Bélgica no, una chocolatería es una tienda en la que se vende chocolate y son espectaculares. Algunas tiendas parecen verdaderas joyerías con bombones colocados en cajas con cintas y telas, como si fueran preciosos relojes o colgantes. Otras, elaboran formas de animales de diferentes colores que cambian según la estación del año y la festividad más cercana que se esté celebrando (por ejemplo, corazones para San Valentín, huevos de pascua para la Semana Santa, etc.).

También en estas tiendas, se pueden ver bloques de chocolate pichados en una cuchara de madera. Mucha gente no entiende para qué sirve esto, pues bien, los belgas los utilizan para hacer el «verdadero chocolate» que ellos toman. No es como el español y tampoco es una especie de Nesquick (cosa que se estila mucho en el resto de Europa), no, lo hacen sumergiendo dicho bloque en leche caliente y removiendo para que, aquél, una vez derretido, se mezcle con lo demás y poder bebérselo. A muchos extranjeros les parece un método dudoso, puesto que el chocolate no siempre se derrite o se mezcla bien si la leche no está muy caliente, pero así es como ellos lo hacen. A mí, personalmente, me gusta comerme el chocolate mientras se derrite. Sé que no es la manera en la que se debe hacer pero me parece lo más divertido de preparar el chocolate así.

¿Y vosotros? ¿Cómo tomáis el chocolate en vuestros países? ¡Espero vuestros comentarios! Ciao!


 

¿Queréis encontrar estas chocolaterías en Bruselas?
Tenéis una calle llena de ellas justo en el centro de la ciudad, al salir de la Grand Place.
La calle se llama Rue au Beurre.
Bon appétit!

 

Crónicas de Bruselas – Saint Josse ten Noode 3 de marzo de 2014

Saint-Josse-ten-Noode es un barrio de Bruselas que se encuentra al este de la capital y tan sólo a unos 15 minutos del centro. Es una «comuna», que dicen por aquí, un poco sucia en apariencia pero con ese «sabor a pueblo» dentro de una capital. Se encuentra pegada a la zona que la gente llama popularmente «barrio europeo», a pesar de que ese territorio no existe como tal  para la administración sino que es sólo el nombre por el que lo reconoce la gente, y no muy lejos de Matongué, el barrio que ocupan muchos emigrantes africanos. Por lo tanto, la diversidad es grande en Saint Josse: hay emigrantes marroquíes, turcos, de distintas partes de áfrica, españoles, como nosotros y belgas, por supuesto, a parte de otros. Lo más llamativo es que esta diversidad se puede ver reflejada en los graffitis que cubren, casi de forma espontánea, varias paredes y persianas metálicas de algunas tiendas de la calle de Lovaina. Me encantó, sobre todo, uno dedicado a Compay Segundo. Los distintos graffitis tienen como tema la música y la diversidad y algunos cubren fachadas enteras. Si queréis ver todas las fotos de los graffitis y de Saint Josse, podéis hacerlo aquí.

Ésta es la iglesia de Saint- Josse (abajo) y está en la plaza donde se desarrolla la vida de este barrio. En la plaza ponen el mercado de verduras y de otras cosas como jabones y champús, zapatos, etc., en ella hay una escuela y al rededor hay bares, restaurantes  y cafeterías.

 

Saint-Josse-ten-Noode, Brussels

 

En frente de esta iglesia se encuentra la famosa «friterie» de Saint Josse. Según he leído, este puesto de patatas fritas llevaba abierto desde los años 30 y quisieron cerrarlo cuando el último dueño murió, pero la gente del barrio hizo un llamamiento para que siguiera abierto y ahora lo regenta una señora ecuatoriana que tiene enamorados a los vecinos de la zona por su buen hacer. Y las patatas están buenísimas. La gente va por la tarde o los fines de semana y lo que hacen es comprar grandes paquetes para llevárselos a casa para comer o cenar con su familia. Esto a mí me parece curioso y  el colmo de lo belga. En el caso de España compraríamos otro tipo de cosas, como un pollo asado para la comida o algún tipo de dulce de pastelería para la merienda (si tenéis otras costumbres, ¡comentad!). En Bélgica, lo tradicional son las patatas fritas y hay tiendas y puestos que únicamente venden eso y con bastante éxito.

Así pues, en definitiva  Saint Josse parece un barrio un poco dejado en cuanto a restauración y limpieza de sus edificios y calles, pero es interesante por su multiculturalidad, su arte callejero y sus lugares históricos y, por qué no, también deliciosos, como la «friterie».

Espero que os haya gustado este paseo por Saint-Josse, nuestro barrio y una de las «comunas» exteriores de Bruselas. Seguiremos explorando esta ciudad y sus secretos, ¡estad atentos!

 


¿Queréis encontrar este barrio de Bruselas para verlo y/o probar las patatas de la «friterie»?

No tenéis más que buscar en el mapa la Place de Saint Josse, al este de la «almendra» central de la ciudad.
Para llegar allí no hace falta coger el metro, desde el centro son unos 15 minutos andando,
pero para los que no sepan muy bien cómo llegar y quieran tomarlo,  la estación final es MADOU (líneas 2 y 6) y, al salir fuera, hay que bajar andando por la calle Louvain (o Leuven, escrito en neerlandés) hasta encontrar la iglesia de la fotografía.
¡Si probáis las patatas de la «friterie», no os olvidéis de contármelo!
🙂

 

Recorriendo Bariloche – Argentina 26 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – «Como una gamba…»

Cuando salí a dar una vuelta por Bariloche me di cuenta de que la ciudad era bastante más grande de lo que pensaba. Hacía un frío que pelaba, y eso que estábamos en verano, pero era por la cordillera de los Andes y por que a estas lalitudes del globo, pensé en ese momento, no se podía pedir otra cosa. El viento es una cosa mala al parecer en ese lugar. En la Patagonia los árboles están todos inclinados hacia un lado por este hecho, y hay zonas en las que no pueden crecer plantas demasiado altas, por el viento también.

«¿Y de dónde viene este viento?», le pregunté yo, curiosa, a una de las guías que tuve durante una excursión. Y resulta que viene del océano. «¡Pero si está la cordillera! ¡Y mide más de 2000 metros!», exclamé. Pero ella me hizo ver que yo había venido desde Chile por un camino, ¿no?, el cual es un camino para nosotros y para el viento también, una abertura en la cordillera… Eso me impresionó.

Al menos, en Bariloche no llovía tanto como en los lugares que hay a la misma altura, pero en Chile. La cordillera sí frenaba eso en estas fechas. Por esa razón tuve dos semanas de mucho sol. Y aquí el sol, cuando pega, pega de verdad. A esas alturas, quema muchísimo y si, encima, la capa de ozono está hecha un asco… pues los efectos son peores todavía.

Conocí a una chica israelí en el albergue y con ella y con otra chica holandesa nos fuimos a la playa (en realidad la playa de Bariloche es de piedras y da a un lago, el Nahuel-Huapi, que es enorme. Tiene unos 530 Km de superficie y llega a los 438 de profundidad máxima). Y allí me puse inocentemente al sol… Una hora después estaba roja. ¡Y eso que me puse crema unas 7 veces!

Pero fue divertido. Acostarse blanca como un vampiro y levantarse roja como una gamba no deja de tener su gracia. Al menos soy de esas personas a la que no le duele mucho cuando se queman.

Así que recordad, no porque haga frío significa que no queme el sol. ¡Mucha protección y a disfrutar del verano!

 

Al otro lado de los Andes 21 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE  – La chilena que hay en mí

Descubrí un lugar llamado La Bolsa, el cual me ofrecía cama por 40 pesos argentinos (unos 10 euros) y tenía pinta de ser un lugar bastante divertido, mejor que los otros albergues a los que entré a mirar. Era una casa pequeña, toda de madera, con una cocina común llena de utensilios y un saloncito con tele por cable muy agradable. Me acomodaron en un dormitorio común con cuatro camas dispuestas en literas y después salí para el registro.

«Bueno, veamos… ¿Nombre?… ¿Apeshidos?… ¿País? Chile, ¿no?» ¡¿QUÉ?! Me eché a reír y le dije a la chica: «¡No, no, España, soy española!» Ella me miró un poco sorprendida. «¿De veras? Mirá vos. No sé por qué pensé que eras chilena… Como que te oí alguna palabra… ¿o fue el asento? Qué se sho, algo fue que me hizo pensar…»

Me reí mucho con esta anécdota. Mira que yo pensé que era capaz de controlarlo… pero parece ser que no… El acento chileno se ha apoderado de mí como un germen divertido. Primero me lo pasaba bien dejando que éste invadiera mi charla (a decir verdad, aún lo paso bien) a ratos, mientras hablaba con mis amigos chilenos o extranjeros, riéndome de que ellos también imitaran mis palabras y mi cadencia española. ¡Pero ahora va a resultar que le di la mano al acento y él se tomó el brazo entero!

En realidad no sé en qué medida me he fundido con mi actual casa chilena porque nunca he tenido un acento fortísimo o «españolísimo» como dicen por aquí para referirse a nuestro castellano. Siempre me han dicho, incluso con mi acento más puro, recién salida de mi casa, que no tengo mucho acento de española. Y siempre doy la misma explicación. Quizá sea porque soy un híbrido. Mis padres son de Madrid, así que mi forma de hablar es bastante correcta sobre todo en cuanto a pronunciación, pero no tengo la fuerte cadencia que muestran en las películas porque me crié en el sur, y en el sur nuestro idioma se canta… Así que obviamente no hablo como ellos esperarían (un acentazo fuerte, casi de mala leche y lleno de palabrotas), como las chicas que ven en la tele.

Entonces, ¿qué acento tengo? En este momento uno bien divertido. Chileno, español, mexicano, argentino… Y, bueno, mientras sea correcto ¿qué más dará si es, en definitiva, español?

 

Hacia Argentina 20 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Cruzando los Andes

Por esas casualidades de la vida, de repente resurgió la maldad intrínseca de las cosas y tuve varias desgracias en una semana: mi tía se puso enferma y no pude viajar a Brasil como tenía planeado, se me rompió el ordenador y me caducó la visa.  Todo un panorama…

Incomunicada con el resto del mundo, anclada en Santiago, pero a la vez obligada a marcharme porque si no el Estado iba a echarme de una patada en el trasero, agarré una bolsa con lo básico y decidí de sopetón pirarme a la Argentina. (De ahí q haya dejado de escribir las crónicas del otro viaje de sopetón).

Así de fácil son a veces las cosas, ¿no? Hasta me vinieron bien las contrariedades. Tenía dudas entre ir a Mendoza, casi en línea recta desde Santiago o bajar hasta Bariloche, en la Patagonia. Y con todo el sentido, pensé que Mendoza siempre estaría lo suficientemente cerca como para visitarla un fin de semana, pero Bariloche no. Otro factor fue el calor. Estaba más que harta del de Santiago y sabía que sólo en Bariloche podría descansar de él.

Salí a las 11 de la noche, el 16, y al llegar a la terminal pedí un billete a Valdivia. Quería pasar un día por la capital de la Región de los Ríos para no hacer todo el viaje de una a Bariloche. ¿Sorpresa? No quedaban pasajes… «¿Y a Osorno?» pregunté (Osorno está muy al sur, casi en línea recta con Bariloche). Tampoco… «Bueno, ¿y a Temuco?» (Mucho más al norte, pero sólo a 4 horas de Valdivia). Lo único que sabí aes que ya no me volvía a casa. Y ¡sí! Encontré billete a Temuco, pasé la noche dormitando en el bus y llegué a las 8 a.m a Temuco. Esperé una hora y salí hacia Valdivia.

Por 9 euros (11 US$) pasé la noche en un albergue y quise encontrar  un pasaje a Bariloche para el día siguiente. Pero me dijeron que estaba todo agotado y que era muy difícil encontrar, ¡¡que había turistas que habían tenido que quedarse una semana en Valdivia porque no habían encontrado billetes antes!! No me conformé con la idea y me fui para la terminal.

Allí me dijeron casi en confidencia que quedaban muy pocos lugares pero que había un bus que salía desde Osorno, no había director desde Valdivia. ¡Bueno! Áhora sólo tenía que irme a Osorno al día siguente, esperar allí dos horas y después atravesar los Andes. ¡Magnífico! Sólo esperaba que no me detuvieran en la frontera por llegar con el visado medio caduco…

Día 19 – Por fin iba a salir de Chile. A decir verdad me estaba aburriendo en Valdivia yo sola, a pesar de que es un ciudad que me gusta mucho, y además me estaba poniendo nerviosa porque tenía que salir cuanto antes… Pero ya estaba en ruta. Iban a ser casi 6 horas pensé que no muy divertidas… pero el camino me encantó. El paso de la frontera es más que un trámite, más que algo inevitable, es un espectáculo. Los Andes se presentan antes tus ojos en todo su esplendor, con bosques verdes y altos riscos.

En la forntera chilena hacía frío, bajamos, me sellaron el pasaporte y listo. En 48 horas, si quería, podría volver a entrar sin problema. Uuufff… Genial. Pasamos al lado argentino, hacía más frío aún, pero después vi unos paisajes de quitar el hipo. Lagos, montañas, bosque… En este lado el cielo no estaba tan nublado… y pronto hizo hasta sol… Y así hasta que llegué a Bariloche, por fin, entre las 8 y media y las 9 pm. Buscando albergue…

Frontera andina Chile/Argentina
Frontera andina Chile/Argentina
 

Las pingüineras y el pingüino de Humboldt 13 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Camino a las pingüineras – 14 de septiembre 2008

De haber viajado por mi cuenta, habría investigado más La Serena, pero al estar dentro de un viaje organizado, tuve que comerme la curiosidad y montarme en el bus, rumbo a Punta de Choros. Entonces no lo sabía, pero un choro, es un mejillón. Así que el lugar queda con un nombre bastante divertido: «punta de mejillones».

El camino para llegar allí es muy bonito. Todo un valle verde con montañas altas, donde pastan los guanacos* y crecen los cactus. Esto último me sorprendió mucho porque uno siempre suele asociar los cactus con el desierto y, sin embargo, los hay que crecen el valles verdes y fértiles como los chilenos. Había flores de color blanco y lila, el cielo estaba nublado, dándole un aspecto más íntimo, como de cuento, al gran valle, y los cactus crecían con sus formas graciosas.

Este tipo de vegetación (valles verdes mezclados con cactus) se da así dentro de una zona por lo demás semidesértica porque la corriente fría de Humboldt (en el océano) entra en contacto con la tibieza del continente y crea una neblina denominada «camanchaca», que sube y cubre las montañas y el valle. Esta neblina proporciona a la tierra la humedad necesaria para que las plantas no necesiten lluvia para crecer. De esta forma se crea un microclima que da lugar a un hábitat peculiar.

Valle

Valle hacia Punta de Choros, IV Región, CHILE

Guanacos pastando

Guanacos pastando

Nos montamos de nuevo en la buseta para seguir avanzando por el camino de tierra y piedras hasta llegar al mar y allí tomamos un bote rumbo a la Reserva del Pingüino de Humboldt. El precio para entrar a la reserva es de 1.600 $ chilenos – 2 € – 2,6 US$. Y el precio del viaje en bote es de 6.000 pesos/persona – 7,6 € – 9,7 US$.

Bien, pues con todo listo y el salvavidas atado al cuerpo nos subimos a una lancha camino de las pingüineras (y loberas). Si uno ya tenía frío en tierra, seco y parado, imaginaos yendo a velocidad, por el mar, con el viento helándote las orejas y el agua salada salpicándote a cada rato. En el trayecto confieso que lo pasamos realmente mal en cuanto a la temperatura, así que recomiendo visitar este lugar, no en verano, porque cuando sale el sol hace mucho calor , pero sí en primavera o, si vais en invierno como yo, en un día soleado. Lo vereis todo mucho mejor si no tenéis que esconderos debajo de una capucha para soportar las frías temperatura.

Me parece que el paseo hasta Isla Choros, sobre la que caminan cientos de pingüinillos de Humboldt y rechonchos lobos marinos, dura unos 15/20 minutos. Pero una vez allí, haga frío o calor, todo ha merecido la pena.

 

Leones marinos

Leones marinos descansando en Isla Choros, Chile, dentro de la Reserva Nacional del Pingüino de Humboldt

 Los leones marinos, con sus pieles oscuras, te miran perezosamente desde las alturas, pensando quizá qué diantres haces metiendo las narices en su hábitat o qué hace una curiosa isla flotante (tu bote) llena de especímenes sin aletas dando tumbos por allí. Más allá,  los pingüinos te observan de reojo con esa graciosa mirada de resabios con la que suelen ir castigando a los demás mortales.

 humboldt por belgianchocolate.

Pingüino de Humboldt, foto de belgianchocolate (flickr)

 En la reserva también hay cormoranes y gaviotas, aparte de delfines nariz de botella (los cuales no vi aunque dicen que suelen aparecer).

Loco (Concholepas concholepas)

Loco (Concholepas concholepas)

Después de dar la vuelta a Isla Choros y también a Isla Gaviota, nuestra lancha paró en Isla Damas, la única en la que se puede desembarcar. Es una isla bonita, de arena muy blanca y llena de enormes conchas de loco. Los locos son unos moluscos carnívoros (devoran otros moluscos) cuya concha blanca o grisácea tiene el tamaño de una mano. Lo malo es que hacía mucho frío y de esa manera no se podía disfrutar de la playa. Una excursión de este tipo merece un día soleado.

En Isla Damas comimos y caminamos un rato entre rocas y arena antes de volver al bote.

 

Boat Ride to Isla Damas por palegoldenrod.

Isla Damas (foto de palegoldenrod, Flickr)

El agua, como se puede ver, es de un precioso color turquesa oscuro, más azul en las zonas más profundas. El viento es frío porque procede de la corriente de Humboldt, que viene del Pacífico y el sol calienta mucho, cuando aparece, porque en esta zona la capa de ozono está muy deteriorada. Por eso recomiendo llevar protector solar en un día muy despejado. Uno se quema con facilidad en esta zona porque el sol es mucho más dañino.

 Bueno, ¡nos vemos recorriendo Chile en la siguiente crónica!

 

 *(El guanaco es un camélido de la familia de la llama y de la alpaca, con la diferencia de que no es doméstico, sino salvaje).

 

¿Recorremos Chile? 1 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – «Nos vamos» – 13 de septiembre de 2008

Hasta ahora os he hablado de Santiago de Chile y de la forma de ser de los chilenos, y me propongo seguir haciéndolo, pero creo que es hora de que salgamos un rato de la capital.

¿Os apetece dar un paseo? Me propongo mostraros Chile y sus maravillas. Desde lo más al norte que he llegado hasta lo más al sur.

¿Os subís a mi mochila? Pues agarraos porque nos vamos.

Nuestro viaje comienza el septiembre pasado, a bordo de un microbús (o buseta) blanco.  Mis amigos y yo nos habíamos propuesto viajar al norte y conocer el desierto más seco del planeta, el desierto de Atacama, durante las Fiestas Patrias chilenas. En nuestro recorrido visitaríamos 3 de las 15 regiones en que se divide el país: la IV Región de Coquimbo, la III Región de Atacama y la II Región de Antofagasta.

Empezamos subiendo hasta la IV Región. Íbamos rumbo a un pueblito llamado Pichidangui, cuyo nombre en mapudungún significa «balsa pequeña».

 

Pichidangui

Costa de Pichidangui con el pueblo al fondo

Pichidangui es un pueblito costero muy, muy pequeño, sin demasiado atractivo de no ser por su curiosa iglesia empotrada en la roca de la costa y por una inesperada playa en la que se pueden dar paseos a caballo.

El día que llegamos, la iglesia estaba cerrada, pero a través de una ventanita rectangular pude espiar y ver el interior.Estaba toda hecha de madera y el altar estaba repleto de plantas. La encontré muy exótica.

Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

Interior de la Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

  Allí comimos, en un pequeño restarurante junto a la costa. Allí uno podía pedir mariscos de la zona o las típicas empanadas chilenas. Yo me decanté por estas últimas y pedí una de marisco mientras que mis amigos optaron por unas cazuelas de almejas y otros bivalvos.

Como digo, pocas cosas más había para ver en Pichidangui: unas cuantas artesanías y una playa, eso sí, muy bonita, donde la arena hacía reflejos dorados. A parte de eso, hay pocas casas, poca gente, un único y diminuto súper mercado (si es que se le puede llamar así) y dos bares.  Aunque en las vacaciones tengo entendido que llega gente a veranear, me pareció un sitio curioso pero no muy entretenido. Una tarde estuvo bien.

Playa de Pichidangui

Playa de Pichidangui

 

Mirando al horizonte

Yo sobre las rocas de la costa de Pichidangui

Después de eso, volvimos a meternos en la buseta,  lo cual agradecimos ya que el viento de la costa empezaba a ser cada vez más frío y seguimos rumbo a La Serena.

La Serena es la capital de la IV Región de Coquimbo. Llegamos allí de noche y sólo la vi entonces, ya que por la mañana temprano salimos de viaje otra vez, pero su arquitectura antigua me pareció muy bonita, con sus iglesias de piedra. Esa parte, a esas horas, es bastante silenciosa, pero según uno se va acercando al puerto va encontrando restaurantes, bullicio y mucha actividad nocturna.

Mapa de la IV Región de Coquimbo

Mapa de la IV Región de Coquimbo

La Serena es un destino de vacaciones en los meses de verano (enero y febrero) para los chilenos, que llegan atraídos por el encanto de esta capital, sus playas y sus alrededores.

Yo viajaba con una agencia, pero los viajeros independientes podéis encontrar hostales muy baratos (7.ooo $ chilenos/ noche = 8,8 € = 11$). En Internet se encuentran muy fácilmente buscando «hostales» y la ciudad en la que quieres hacer noche.

En cuanto a las agencias, también las hay buenas y baratas en Santiago, que ofrecen viajes asequibles desde la capital (al norte y al sur) para jóvenes y no tan jóvenes mochileros.

Nos vemos en la siguiente crónica, recorriendo Chile.

 

Cuaderno de viaje – Tomando contacto 10 de noviembre de 2008

LOS COLECTIVOS -julio 2008

Después de varios años de conocer a gente de Latinoamérica yo tenía bastante claro que un colectivo era un autobús… Lo que no sabía es que los chilenos pensaban de otra manera y que iban a seguir sorprendiéndome con cada paso que diera.

Bien, me enteré de la gran diferencia entre mi idea de colectivo y la de los chilenos cuando la amiga en casa de la cual me estaba quedando hasta encontrar casa propia me dijo que tomaríamos uno para llegar hasta la estación de metro más cercana (ella vivía en la precordillera. Para que nos entendamos, muy lejos del centro de Santiago, en lo que podríamos denominar un barrio residencial alto. Por eso el camino hacia Santiago centro era muy largo). Íbamos caminando frente a la imponente cordillera repleta de nieve cuando veo torcer la esquina a un taxi negro con un cartelito sobre el techo. Mi amiga levantó la mano y yo le pregunté: «¿Es que vamos a ir en taxi? Pensé que íbamos a coger un colectivo». Ella se giró y me miró, muy seria: «Claro, ése es el colectivo…» «¿Éseee??»

¿¿EIN??? E fin, si ella lo decía, era mejor no discutir. Otra cosa quizá no, pero los chilenos siempre tienen razón…  Así que me subí medio confundida, medio curiosa y

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

me quedé callada, pensando. Entonces, ¿los chilenos llamaban colectivos a los taxis?? A lo mejor era porque como los usaba mucha gente pues no eran «privados», sino colectivos, por esa razón (je,je, que  ilusa). Mi amiga, entretanto, abrió su bolso y pagó directamente al conductor… Me extrañó. En España, en los taxis se paga cuando has llegado a tu destino, nunca antes… Entre otras cosas porque no sabes lo que va a marcar el taxímetro. Pero aquí no parecía haberlo. Saqué otra conclusión errónea. Quizá aquí no se usaban los taxímetros (luego descubrí que poco, pero sí se usan). Pero cuando ya por fin logré darle cierta coherencia a las cosas fue cuando vi que otra persona, en la acera, elevaba la mano. Mi reacción fue creer que el coche iba a pasar de largo… ¡pero se paró! ¡Y la mujer entró al coche y se sentó en el asiento de delante! Pero eso no fue todo. Un trecho más tarde, una mujer con una niña se subió también y se apretujó junto a mi amiga en el asiento de detrás, sentando a la niña en sus rodillas. A mí aquello me recordaba a los anuncios de Malibú (sí, los del famoso «me estás estresaaaandooo») no por lo pintoresco, pero sí por lo achuchados que íbamos todos. Lo encontré bastante cómico.

Otra cualidad de los chilenos es que se ofenden con mucha facilidad. Así que cuando salí del «colectivo» y, un poco alucinada, le empecé a preguntar cosas a mi amiga, tuve la sensación de que se enfadó (por mi alucine). Le comenté que yo antes pensaba que un colectivo era un bus y me respondió justo después: «No, po. Son como los taxis, sólo que pueden usarlo cuatro personas distintas. Y siguen un recorrido establedido, como los buses. Y según lo lejos que quede la parada a la que quieres ir, hay un precio». «Qué curioso». «¿Por qué?» «Es que yo no sabía eso». «¿Nunca te habías subido a un colectivo?» Otra cualidad más de los chilenos, creen que lo que hay en Chile existe en todas partes. «Pues no.., respondí «En España los taxis no se comparten». «Es que no es un taxi, es un colectivo». ¿Estaba mosqueada? «Ya…» «Así que en España no hay colectivos? «No». «En mi opinión son mucho mejores que los taxis porque no contaminan tanto y llevan a mucha más gente». Cuarta característica chilena: todo lo que se hace en Chile es un ejemplo para la humanidad, ya sea para bien o para mal. Chile es un modelo a seguir o a evitar en cualquier tema que se trate. En fin, también, si pusieran buses, estos contaminarían menos que los colectivos y llevarían a más del doble de gente… ¿Para qué ponerse a justificar algo si nadie lo ha criticado? Bueno, es algo que muchos chilenos suelen hacer. Uno pregunta por qué se hace tal cosa en Chile, por simple curiosidad, y ellos empiezan a justificarse, como si fuera vergonzoso que las cosas se hicieran así… Es extraño porque, igual que tienen un gran orgullo de su país, por otro lado también se lamentan de él. Los españoles siempre se lamentan y ya está, ja,ja. Cero admiración. (Salvo que se trate de españoles en el extranjero. Entonces, en general, nos exaltamos. Paradojas de la vida…)

Ah, aquí está la causa de mi confusión:

colectivo a la argentina

colectivo a la argentina

colectivo a la chilena

colectivo a la chilena

P.D. Por si alguien pudiera sentirse ofendido, quiero aclarar que no son críticas lo que hago acerca de Chile. A mí casi todas sus cualidades me sorprenden, me hacen gracia y mantienen vivo mi amor por este país. Espero que quienes lean esto lo entiendan igual que yo. ¡Saludos!

 

Cuaderno de viaje: El dilema 9 de noviembre de 2008

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LA PRIMERA CHILENADA – julio 2008

Una de las primeras cosas que hice al llegar a Santiago fue ir al supermercado. Con el tiempo, me he ido acostumbrando y me he dado cuenta de que soy capaz de nombrar una por una todas (o casi todas) las cadenas de supermercados que hay por aquí, pero por aquel entonces (un entonces no muy lejano aunque así lo parezca) no tenía ni idea de qué tiendas habría ni qué encontraría en ellas. La madre de mi amiga chilena me dijo que una de las cosas que más le gustaban de viajar a otros sitios era entrar en los supermercados y ver qué marcas existían allí y en su país no, o qué productos había que en Chile no.
Realmente, nunca he viajado para mirar lo que hay en los supermercados, pero reconocí que sí tenía cierta gracia. Fue la primera vez que me topé con Soprole (marca de lácteos archiconocida y tipiquísima por estos lares) y Colun (más de lo mismo), sin saber que serían unas de mis más fieles compañeras hasta hoy (y lo que me queda).

Pero , ¿algo que me llamara realmente la atención? La cantidad de botes de manjar (dulce de leche a la

Productos de Soprole

Productos de Soprole

chilena) que había junto a las mantequillas (en España nunca veo el dulce de leche en las estanterías comunes. Está más escondido. Y, si lo veo, sólo hay una marca o dos bastante exquisitas y caras). Aquí la filosofía es distinta: manjar para regalar al mundo. En cajas enormes y por pocos pesos. A engordar se ha dicho (porque además es riquísimo :3).
También me fijé en los vinos. Al venir de un país vinícola, estoy acostumbrada a que la mayoría de las botellas pongan «Rioja» o «Jerez», y aquí todos los vinos eran chilenos. Pero, ¡cómo no! Si Chile es vinícola también y sus vinos son de las cosas que más los enorgullecen. Y empecé a leer con interés los curiosos nombres de las botellas: Concha y Toro, Casillero del Diablo… uuuuhhh…

Pero lo que me mató de risa fue lo siguiente. Al llegar a la parte de las bebidas*, mi amiga empezó a buscar. «A ver… Coca Cola Zero, Coca Cola Zero…» Y yo: «Pero si la tienes delante…» Me mira y me dice: «No, es que esas no nos sirven». «¿Por qué?», pregunté yo. «Es que no son desechables»
-Segundos de intensa actividad cerebral por mi parte- «¿Cómo que no son desechables?» (No encontré nada en mi memoria que me recordara algo parecido en un supermercado español). «Pues que ésas no se pueden botar»** Yo esbocé media sonrisa: «¿Cómo que no? Abres la basura y las tiras». Mi amiga me miró como si hablara con un extraterrestre: «No, no, ésas hay que devolverlas» «¿A dónde?» «¡A la tienda, po!»***

Anuncio de Coca Cola

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«Para que las vuelvan a usar». «Sí po». «Qué asco… ¿¿Y si uno bebe a morro??», respondí yo bromeando. Mi amiga meneó la cabeza: «¿Es que en tu país no hay eso?» «¿El qué?» «Botellas desechables y retornables, po». -Momentos de incredulidad- «Eh, ¿qué? A ver, a ver, ¿repite eso?» Y mi amiga: «Botellas desechables y retornables» «Ah… Pues no. ¿Y en qué se diferencian unas de otras?» «Con las desechables tú compras la botella y con las retornables no» «O sea, que te llevas la Coca Cola gratis» xD «¡No, po!», respondió mi amiga, «Gratis, no. Tú pagai la bebida y una parte del envase y luego te devuelven la plata cuando regresas la botella» – Yo cada vez más confundida-: «A ver, a ver… O sea, ¿que si tú devuelves la botella a la tienda te devuelven el dinero? Otra vez te sale gratis» Todo me lo estaba tomando a broma, pero, en serio, ¡es que me parecía muy absurdo! Con lo fácil que es hacer todas las botellas iguales, o sea, poco contaminantes, por si a la gente le da por tirarlas, que no sea tan malo el impacto. Mi amiga con la mirada en el techo: «¡No, no!» Bueno, nos llevó un rato entendernos. Y el resumen de todo es que por la desechable pagas todo el dinero (900 pesos por ejemplo) y te la llevas y cuando la acabas la tiras. Por la retornable pagas todo (los 900) pero cuando devuleves la botella te devuelven 200 pesos (así que en realidad pagas 700). «¿¿Y para qué todo ese rollo???», pregunté yo con una sonrisa justo después. «Pues para que la gente recicle», me contestó mi amiga. Ahí comprendí que en Chile no se separan basuras. Por lo menos, no como algo más o menos normal. Para nosotros todas las botellas son iguales, y si tienes conciencia acológica, las reciclas y, sino, desgraciadamente las tiras a la basura.

Aunque yo tenía más dudas «Pero si las dos botellas son iguales…» «No, po, mira: la retornable es más dura que la desechable», me responde mientras las aprieta para que yo haga lo mismo. -Segundos en los que intento doblegar alguna de las botellas a la presión de mis dedos y en los que nada ocurre- «Pa´mí que son iguales, ¿eh?» «Que no, que no, que ésta es más dura. Tócala» -La toco- «Pero, en serio, ¡que yo la siento igual!» «Que no, que ésta es un poquito más dura que la otra» «Pues será muy, muy poquito…» «Pero es distinta» Y ahí sí que ya me dio la risa floja. Tanto lío para luego hacer dos botellas que son iguales… salvo que una es un pelín más dura que la otra. Qué ganas de complicarse la vida. En fin, comprendo que para ellos quizá funcione bien todo este sistema, pero no deja de ser una manera de comerse la cabeza…

Como diría Obélix: «¡Están locos estos chilenos!» ;]

*En Chile se les llama «bebidas» única y exclusivamente a los refrescos. Nada de agua. El agua no es una bebida aunque se beba. (Chilenadas ;D)
**Para quien no entienda: En América «botar» es «tirar (a la basura)»
***AH! Ya salió el famoso «po». Palabra insustituible, sin la cual la mayoría de los chilenos no podría vivir ;] y que completa casi todas las frases pronunciadas en este país. «Po» = «pues», para quien no sepa chilensis.

 

 
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