La brújula del camaleón

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Navidad en Inglaterra – La Tradición del Incienso y el por qué de las cosas 30 de diciembre de 2016

Este año he viajado hasta el mismísimo Avalon, la actual Glastonbury (Inglaterra), para descubrir los misterios que aún guarda, para unirme a las celebraciones del Solsticio de invierno, descubrir antiguas tradiciones y vivir unas “Navidades” diferentes.

En mi primer día me he apuntado a hacer incienso con las sacerdotisas que aún viven en la “isla”. Sí, es cierto, las sacerdotisas de Avalon se extinguieron hace muchos siglos, si es que algún día existieron tal y como las retratan en las leyendas artúricas, pero a día de hoy en Glastonbury existe una floreciente comunidad pagana que se ha propuesto revivir estas costumbres y creencias. Y yo, como curiosa que soy, no podía dejar de investigar y vivir esta experiencia.

Making incense

Una de las tradiciones más antiguas de estas fechas del año, no sólo en Europa, sino también en otros continentes, es la de la purificación mediante el aire o el humo. Se consideran instrumentos de purificación del aire tanto la voz, como la música, el sonido de campanillas, panderetas, flautas y el humo del incienso. En esta época del año en muchas tradiciones, incluida la cristiana, se cantan canciones, las campanillas tienen un lugar especial en villancicos y como adorno, y hasta hace muy poco en todas las casas había un fuego en el que se quemaba leña. Y todo esto lo hacemos aunque no tengamos ni idea del simbolismo de estas cosas ni por qué colgamos campanillas en el árbol… o por qué ponemos el árbol siquiera. Hay tantas cosas que hacemos sin saber qué significan ni por qué las hacemos que yo soy esa persona que siempre se pregunta por qué… y he hallado algunas respuestas.

En muchos países, cristianos o no, se da la costumbre de quemar incienso para purificar la casa y a sus habitantes antes del año nuevo. Se abren las ventanas que han estado cerradas ya unos meses y se purifican las energías estancadas, así como las de los ancestros que, se cree, pueden haber venido a visitarnos con la llegada del otoño (en fiestas que conocemos como Halloween, Todos los Santos o el Día de los Muertos). Ahora se honra a esos ancestros que han venido a visitar y cuya presencia hemos sentido más cercana en una época en la que la muerte está a la orden del día: con las hojas amarilleando y cayendo para morir en el suelo de la ciudad o del bosque.

Making incense

El invierno es la muerte en sí misma y el humo es sinónimo de encender un fuego, como la pira funeraria que libera el alma del mundo físico en muchas tradiciones. En este caso el humo purifica el cuerpo y eleva el espíritu. Y ya que cada año la naturaleza muere de manera natural o simbólica, nosotros hacemos lo mismo (nos demos cuenta o no) y sentimos, muchos, la necesidad de limpiar y renovarnos en estas fechas para empezar con buen pie el año, la siguiente temporada de renacimiento, la siguiente primavera y verano.

Una amiga de Alemania me contó hace poco que en Baviera, de donde ella es originaria, llaman a esta época del año “Rauhnächte” o lo que es lo mismo: “Noches de humo“. Para ellos actualmente estas noches marcan los 12 días después de Navidad. Un granjero bávaro le comentó a mi amiga que su abuelo todavía limpiaba la casa y los establos de las malas energías con humo porque se creía que las energías estancadas podían hacer enfermar a los animales y la familia. Aunque hoy en día nos parezcan supersticiones, a día de hoy se sigue utilizando el humo y en especial, el del incienso, para muchas cosas: por ejemplo, como aromaterapia. Y todos abrimos las ventanas para ventilar, que entre el aire limpio y se vayan los aires viciados.

En cuanto a limpieza, en Japón también tienen la tradición de limpiar y ordenar la casa antes del año nuevo para empezar con buen pie la nueva etapa. En la América de los nativos se fabrican pequeños fardos o manojos con hierbas que luego se queman para limpiar, purificar y sanar.

Making incense

Dicho esto, no intento convencer a nadie de que utilice todas estas cosas de manera espiritual ni religiosa, sólo intento comprender de dónde vienen nuestras y otras tradiciones y por qué a día de hoy utilizamos ciertas cosas y no otras para celebrar esta época del año. Necesito saber por qué se utilizan cascabeles y campanillas o sonajeros en los villancicos navideños, qué significado tienen y por qué se utiliza eso y no otra cosa. No quiero ser un borrego que acepta las cosas simplemente porque “son tradición”. Si son tradición, lo serán por algo, porque esas cosas y no otras tenían un significado para nuestros ancestros que otras no tenían.

¿Por qué llevamos un pino (real o no) a casa? Era la forma de recordar que seguía existiendo la vida en mitad del invierno donde el resto de plantas morían pero el pino seguía estando verde.

¿Por qué colgamos manzanas de mentira en un pino? Por que son un símbolo que aparece en muchas religiones como un fruto sagrado, símbolo del saber y de la abundancia, una abundancia que era necesaria recordar en los rigores del invierno.

¿Por qué se canta tanto y se usan la voz y las campanillas? En muchas tradiciones el sonido, y en especial el de las campanas, purifica el aire y a las personas.

¿Y por qué se prepara o usa incienso en muchos países? Éste siempre ha estado presente durante siglos en muchas religiones y en el invierno la gente se quedaba más en casa con las provisiones que habían recogido durante el resto del año, es lógico por ello que la elaboración de alimentos y materiales se realizara en otoño o invierno, ese era el trabajo de esta época.

¿Y por qué se limpia la casa o a la gente en tantas tradiciones? Porque sea cual sea la espiritualidad o creencia de la zona, antes del renacimiento (o de la resurrección) hay una purificación: la tierra se limpia de hierbas y se remueve y refresca antes de sembrar otra vez; el alma va al purgatorio antes de ir al cielo en el cristianismo; el alma debe prepararse para volver a nacer en aquellas zonas en las que se cree en la reencarnación.

Y para los que sean más “terrenales”, hay que hacer sitio a lo nuevo para que pueda llegar, para que se inicie un nuevo ciclo hay que limpiar lo viejo y tirar lo que ya no sirve. Todos tenemos un momento en el año en el que queremos limpiar nuestra casa o nuestra vida a fondo para volver a empezar y éste suele ser el tiempo en el que la naturaleza hace lo mismo: deshacerse de las hojas para quedarse desnudos y reverdecer con el nuevo año (es decir, en otoño y en invierno).

Y todo esto, sean cuales sean nuestras creencias o aunque no tengamos ninguna, creo que son cosas que todos deberíamos saber. Las tradiciones tienen una simbología, siempre, y desconocerla despoja de todo sentido las cosas que hacemos. Igual podríamos poner un pino o un abeto que una palmera en nuestra casa y sería igual si no le damos el significado que tiene. Pero no es lo mismo y creo que está bien saber por qué.

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Si queréis ver el vlog de mi experiencia en Inglaterra y mi primer día haciendo incienso tenéis el vídeo aquí:

 

Cuaderno de viaje: Y por fin… Santiago de Chile 9 de noviembre de 2008

Filed under: Chile,viajes — Marga Lua Soleil @ 18:37
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Santiago con la cordillera al fondo

Santiago con la cordillera al fondo

EL PRINCIPIO – 21 de julio de 2008

Llegué a Santiago de Chile con los nervios y la incertidumbre que da el emprender algo nuevo, sobre todo una aventura. Y ésta iba a ser mi aventura más larga hasta la fecha. Me esperaban 6 meses en Chile. Seis meses de estudio, de aprendizaje, de diversión, de amistad y de viajes. Meses en los que no tenía la menor idea de lo que me iba a pasar, o de lo que me iba a encontrar, pero que tenía la impresión de que iban a ser increíbles. Aunque aún nada había comenzado…  Ante mí se abría el excitante mar de lo desconocido.

Iba repitiéndome a mí misma mientras dábamos una vuelta en el aire para aterrizar en el aeropuerto Arturo Merino Benítez: “Sólo un beso. Sólo un beso. Sólo un beso…” Los chilenos y los americanos (hispanohablantes) en general sólo dan un beso como saludo. A no ser que quisiera quedarme con la cara en el aire y la boca de piñón, en definitiva, con aspecto de boba, mientras esperaba tozudamente otro beso que no se produciría, debería recordarlo bien. No quería sentirme como una tonta mientras la mamá de mi amiga me miraba pensando “¿A ésta qué le pasa? ¿Por qué sigue ahí mirando al horizonte con esa expresión de angustia y los morros fruncidos?”

Pero yo iba pensando sólo en la amiga que iba a venir a recogerme y en su madre. No me esperaba que, al bajar del avión, mi compañera de asiento fuera a querer despedirse con un beso. Y como ambas veníamos de España, aunque ella era americana, me colé, lo hice a la española… ¡Y me quedé volando con cara de besugo y con mi 2º beso frustrado! AHHH!!!

Bueno, menos mal que ella se dio la vuelta y se fue… Pero en ese momento me convencí de que sólo la práctica lograría que me acostumbrara a esa forma tan corta de saludar. Sólo esperaba que fuera pronto. Con toda mi fuerza de voluntad , porque, ¡aviso!, ¡es difícil no volver de nuevo la cara después del primer beso cuando uno está tan habituado!, logré saludar correctamente a mi amiga y a su madre y salí airosa del apuro.

Primera prueba superada. Pero ahí fuera estaba el helado Santiago con sus cumbres nevadas, aguardando como un gigante de hielo para intentar asustarme. ¿Lo conseguiría?

 

 
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