La brújula del camaleón

El blog de Lua Soleil – cultura, viajes, fotografía, cine y literatura

El mercado de La Vega Central 19 de abril de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Las “Barbies” y su “Ken”

¿Un kilo de manzanas por 200 pesos (0,26 €)? ¿Tres kilos de naranjas por 300 (0,38 €)? Con estos precios no es de extrañar que casi nos lleváramos la

Foto de veganstraightedge, bajo licencia de creative commons

Foto de veganstraightedge, bajo licencia de creative commons

feria entera (como llaman aquí en Chile a los mercados de frutas y verduras). Volvimos hasta con una sandía redondota y grande, que va estar riquísima cuando le haya dado tiempo a madurar.

En el mercado de la Vega Central (Santiago), había de todo: porotos (judías/frijoles), ajís (chiles), zapallos (calabazas), zapallos italianos (calabacines), zanahorias, huevos, uvas, duraznos (melocotones)… Sí, qué cantidad de nombres distintos, ¿verdad? Aquí uno nunca sabe qué pedir porque, diga lo que diga, seguro que se llama de otra forma. Menos las lentejas o los garbanzos… las patatas son papas, los guisantes son arvejas, las tortillas no son de huevo sino de harina  y el aguacate se llama palta. El pimiento es pimentón, los albaricoques son damascos (si, como si vinieran de Siria) y la remolacha, betarraga.

Para morirse de hambre, vaya. Por lo menos las dos primeras semanas. Luego te avispas.

Al principio era como un juego, un reto, eso de ir al supermercado. Me miraban raro cuando preguntaba por la lombarda, porque aquí se llama repollo morado, o por los puerros, porque en Chile los llaman porrones. Era como si me hubiera ido a otro planeta. Pero me resultaba muy divertido, así que me los aprendí enseguida.

fot de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons

foto de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons

 Sin embargo, a lo que no me acostumbro es a la picardía de los hombres chilenos. No hay lugar en que no te miren o piropeen de forma notoria. No escandalosa, como los Argentinos, pero hablarte, te hablan, cosa que en España sólo es común si una pasa cerca de una obra.

Aunque hay piropos y piropos. En estos 9 meses que llevo en Chile he oído de todo, desde las ordinarieces más absolutas que le dijeron a una amiga, hasta lo más chistoso. En este último grupo se cataloga lo que nos ocurrió ayer a mi amiga y a mí.

Lo cierto es que me daba algo de “nervio” ir al mercado. Iba con un amigo chileno (al que, por cierto, llamamos Pícaro) y una amiga medio chilena medio “gringa” (de EEUU), y cuando salimos por la boca de metro de Patronato, el Pícaro se encogió y soltó un “ihhh” aspirado. “¿Qué pasa?” Le preguntamos. Y nos miró con una sonrisa de excusa: “Oh… Ustedes me dijeron que les incomodaban los piropos… ¡Y yo las he traido al sitio donde más las van a piropear de todo Chile!” Me mordí el labio inferior, pero me reí, y mi amiga también. El pobre Pícaro se había tomado demasiado en serio nuestro temor. Es un caballero. Y es que, aunque nos diera “cosa”, como se suele decir, eso no iba a impedir que dos chicas extranjeras y medio rubias dieran un paseo por un mercado típico… Aunque eso nos costara alguna que otra mirada indiscreta.

“Si quieren volvemos a casa”, nos ofreció nuestro amigo. “No, no. Si no pasa nada. Tú sólo ve con nostras y ya está. Si hay algún problema, nos agarras de la mano”. Porque es así, los chilenos son muy machistas, y para que te dejen de “molestar” tiene que haber un hombre al lado que te marque como “suya”, bien tomándote de la mano, bien abrazándote de un costado. Eso deja claro al resto de machos que esa “mina* está ocupada”.

 En fin, de esta guisa caminamos hacia el mercado, el cual se abría enorme delante de nosotros. Dentro había mucha gente, entre la que nos escurrimos, vigilando siempre nuestros bolsos (por si acaso). Los tenderos gritaban los precios y nombres de sus verduras y los gatos trepaban a los puestos y se sentaban sobre las frutas. El mercado está lleno de gatos. Los vegetales se apilan en cajas de madera y se venden al peso a precios ridículos. Mirando alrededor vi que a la Vega Central va todo tipo de gente, tanto de “clase alta” como baja. Sin embargo, me di cuenta de que llamábamos un poco la atención cuando me separé la primera vez de mi grupo. De repente vi cómo los ojos de cuatro tenderos diferentes me observaban de manera extraña e insistente, así que rápidamente volví al lado de  mis compañeros. En España nadie me observa, así que no estoy acostumbrada para nada.

Sin embargo, lo más gracioso de la  mañana fue el piropo de un tendero en concreto (la picardía chilena de la que hablaba). Casi nos íbamos del mercado y sólo estábamos pasando por delante de los últimos puestos por si queríamos algo más. Como había mucha gente y la mayoría llevaba carritos, tuvimos que caminar en fila de a uno, y el Pícaro, nuestro amigo, como un caballero, nos dejó pasar delante a mi amiga y a mí. ¿Qué ocurrió? Nos vieron a las dos supuestamente solas y de repente oímos: “¡¿Y esas dos Barbies a dónde van sin su Ken?!” Nos giramos y vimos a un tendero gordo y sonriente agitar sus manos desde detrás de sus canastos con frutas:  “¡Acá está su Ken! ¡Acá está su Ken!”, gritó señalándose a sí mismo.

Nos fuimos del mercado riéndonos y agarradas a nuestro Pícaro. Otra vez será, pero, sintiéndolo mucho… esta vez nosotras ya traíamos un “Ken”.

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*(mina = mujer, chica, en Chile y Argentina)

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Santiago “hot” 25 de marzo de 2009

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CUADERNO DE VIAJE – MINIREPORTAJE – Artículos eróticos en Santiago de Chile.

Los Sex Shops: ¿populares en Chile o no? ¿Son los chilenos muy modositos en este sentido y no van? ¿Van más los hombres que las mujeres? ¿Qué podemos comprar allí? En la brújula del camaleón dimos un paseo para enterarnos –

Anillos, vibradores, películas y muñecas hinchables para todos los gustos y bolsillos esperan en las tiendas eróticas de Santiago. Un placer culpable para muchos, es para otros algo normal y tan cotidiano como ir a comprar el pan.

foto de rageforst, bajo licencia cc

foto de rageforst, bajo licencia cc

Tatiana Martínez (41) es la copropietaria de un sex shop cercano al Cerro Santa Lucía, en la comuna de Santiago Centro. Sentada muy correctamente detrás de un mostrador azul chillón, rodeada de DVDs con títulos sobre “Historias anales y cachondas” o de “Ángeles Depravadas”, pasa tranquilamente las páginas de Las Ultimas Noticias* mientras espera a que lleguen los primeros clientes del día. Cuando levanta la mirada, sus ojos oscuros delineados de azul se centran en nosotros entre las dos cortinas de cabello castaño que caen a ambos lados de su cara. Sin ningún problema accede a hablar con nosotros. “Mi marido y yo tenemos la tienda desde que salió la ley que nos lo permitía, hace nueve años, que fue cuando se retiró la censura”. Desde entonces, el negocio marcha bien. La dueña nos confiesa que tiene bastante clientela, aunque todavía pesa sobre la sociedad chilena el pensamiento de que “esto es algo sucio o para gente enferma… cuando no lo es. No hay depravación, yo veo a gente súper normal entrar acá”.

El mito callejero afirma que son los hombres los que más acuden a este tipo de locales, pero la señora Martínez disiente: Ahora no. Hace nueve años, cuando abrimos, sí. Pero ahora no. Ahora las mujeres la llevan**. Ellas se atreven a venir, entran con total normalidad y, cuando van en pareja, le dicen directamente a su pololo lo que quieren. Son muchas. Entran todo el rato, solas, con sus amigas…Y todavía hay más mujeres comprando por Internet, a través de nuestro servicio web, que te lleva el producto a casa en una hora. Sobre todo señoras de barrios altos”. Quién lo diría.

Sin embargo, aunque hombres y mujeres acuden casi por igual a los sex shops, aún hay cierto reparo a la hora de pedir los productos. “Siempre está lo típico de que nadie compra para sí mismo. Siempre compran porque se lo han encargado, porque es para un amigo… Pero por eso tenemos todo expuesto, porque la gente quiere hacer su trámite lo más rápido posible y marcharse. Además no tenemos vitrinas, porque ley lo dice y porque la gente se siente más cómo sin ser vista desde fuera”. Tatiana se sonríe y nos mira con picardía: “También ha habido actores o gente pública, que nos ha pedido que les abramos la tienda en un domingo sólo para ellos, para comprar en privado. Y obviamente no lo vamos a hacer si sólo van a gastar 20 lucas***…A parte, hay cosas que me sorprenden, porque hay hombres, actores, que se ven regios, varoniles… ¡y luego llegan y se llevan películas de travestis!”

En su tienda, Tatiana vende, videos, juguetes eróticos, bromas para las despedidas de solteros y hasta juegos de mesa. Las películas porno (todas originales) tienen una gran acogida entre el público santiaguino. Tatiana las vende en ofertas de tres por $ 19.900 (unos 25 € ). “Tenemos de todo: películas de gays, de lesbianas, de gordas, de viejas, de travestis, de orientales… Lo que no tenemos es pedofilia ni zoofilia… Aunque hay gente que, de repente, llega preguntando por ellas, ¿ah?”

Los videos, según la dueña, interesan más a los hombres. Las mujeres prefieren los juguetes. “Lo que más se vende”, cuenta el ayudante de Tatiana, un tipo moreno y de ojos tristones, de unos 30 años, mirando hacia una pared cubierta de penes falsos de los más extraños colores, “son los vibradores y los anillos con vibración”. Y asiente.”Los vibradores los piden más que los consoladores. La diferencia es que los primeros van a pilas y los segundos son manuales, los maneja uno mismo”. También hay una diferencia de precio. Mientras que los consoladores están en los $ 17.000 (unos 22 €), los vibradores cuestan alrededor de los $ 25.000 (unos 33 €). Los hay azules, rosados, color carne, de pura silicona o que imitan la piel humana. El otro producto estrella son los anillos, los cuales “se colocan en la base del pene y ayudan a mantener la erección y a controlar la eyaculación. Además, los que vienen con vibrador, a parte estimulan también el clítoris y el ano de la mujer”. En cuanto a la comodidad de este aparato, el dependiente nos contó que a la larga puede no ser muy cómodo para el hombre, pero sirve como juguete al menos durante un rato. El precio no es muy alto: unos 7.000 pesos (9 €).

Anillos para doble penetración, prótesis de pene para lesbianas u hombres con disfunciones, bombas de vacío para alargar el pene o engrosar la vulva (aparatos que el ayudante de la tienda nos aseguró que funcionan), bolitas para la dilatación y estimulación anal, e incluso packs de disfraces y juguetitos para cada festividad o estación (como Navidad o San Valentín), todo vale a la hora de pasar un buen rato en la cama. Al final, los chilenos parecen no tener tanto miedo a este mundo como pensábamos en un principio, pero ¿y tú? ¿Te atreves a probar?

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* Las Últimas Noticias es un periódico chileno que pertenece a la misma editorial que El Mercurio, el periódico más importante de Chile junto con La Tercera (su opositor), pero que, a diferencia de estos, en lugar de entregar información “seria” se dedica a la prensa amarilla y a la farándula.

**(la llevan – Cuando alguien la lleva, significa más o menos que es lo máximo. Es un elogio a alguien por lo que hace porque se cree que su actitud es la mejor, la más sobresaliente. P.ej. en una conversación: –A Javier lo contrataron nada más salir de la universidad. Y no me extraña, porque era buenísimo en su trabajo. – Sí, es que ese tipo la lleva).

*** (20 mil pesos chilenos, es decir, unos 26 €).

 

Las pingüineras y el pingüino de Humboldt 13 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Camino a las pingüineras – 14 de septiembre 2008

De haber viajado por mi cuenta, habría investigado más La Serena, pero al estar dentro de un viaje organizado, tuve que comerme la curiosidad y montarme en el bus, rumbo a Punta de Choros. Entonces no lo sabía, pero un choro, es un mejillón. Así que el lugar queda con un nombre bastante divertido: “punta de mejillones”.

El camino para llegar allí es muy bonito. Todo un valle verde con montañas altas, donde pastan los guanacos* y crecen los cactus. Esto último me sorprendió mucho porque uno siempre suele asociar los cactus con el desierto y, sin embargo, los hay que crecen el valles verdes y fértiles como los chilenos. Había flores de color blanco y lila, el cielo estaba nublado, dándole un aspecto más íntimo, como de cuento, al gran valle, y los cactus crecían con sus formas graciosas.

Este tipo de vegetación (valles verdes mezclados con cactus) se da así dentro de una zona por lo demás semidesértica porque la corriente fría de Humboldt (en el océano) entra en contacto con la tibieza del continente y crea una neblina denominada “camanchaca”, que sube y cubre las montañas y el valle. Esta neblina proporciona a la tierra la humedad necesaria para que las plantas no necesiten lluvia para crecer. De esta forma se crea un microclima que da lugar a un hábitat peculiar.

Valle

Valle hacia Punta de Choros, IV Región, CHILE

Guanacos pastando

Guanacos pastando

Nos montamos de nuevo en la buseta para seguir avanzando por el camino de tierra y piedras hasta llegar al mar y allí tomamos un bote rumbo a la Reserva del Pingüino de Humboldt. El precio para entrar a la reserva es de 1.600 $ chilenos – 2 € – 2,6 US$. Y el precio del viaje en bote es de 6.000 pesos/persona – 7,6 € – 9,7 US$.

Bien, pues con todo listo y el salvavidas atado al cuerpo nos subimos a una lancha camino de las pingüineras (y loberas). Si uno ya tenía frío en tierra, seco y parado, imaginaos yendo a velocidad, por el mar, con el viento helándote las orejas y el agua salada salpicándote a cada rato. En el trayecto confieso que lo pasamos realmente mal en cuanto a la temperatura, así que recomiendo visitar este lugar, no en verano, porque cuando sale el sol hace mucho calor , pero sí en primavera o, si vais en invierno como yo, en un día soleado. Lo vereis todo mucho mejor si no tenéis que esconderos debajo de una capucha para soportar las frías temperatura.

Me parece que el paseo hasta Isla Choros, sobre la que caminan cientos de pingüinillos de Humboldt y rechonchos lobos marinos, dura unos 15/20 minutos. Pero una vez allí, haga frío o calor, todo ha merecido la pena.

 

Leones marinos

Leones marinos descansando en Isla Choros, Chile, dentro de la Reserva Nacional del Pingüino de Humboldt

 Los leones marinos, con sus pieles oscuras, te miran perezosamente desde las alturas, pensando quizá qué diantres haces metiendo las narices en su hábitat o qué hace una curiosa isla flotante (tu bote) llena de especímenes sin aletas dando tumbos por allí. Más allá,  los pingüinos te observan de reojo con esa graciosa mirada de resabios con la que suelen ir castigando a los demás mortales.

 humboldt por belgianchocolate.

Pingüino de Humboldt, foto de belgianchocolate (flickr)

 En la reserva también hay cormoranes y gaviotas, aparte de delfines nariz de botella (los cuales no vi aunque dicen que suelen aparecer).

Loco (Concholepas concholepas)

Loco (Concholepas concholepas)

Después de dar la vuelta a Isla Choros y también a Isla Gaviota, nuestra lancha paró en Isla Damas, la única en la que se puede desembarcar. Es una isla bonita, de arena muy blanca y llena de enormes conchas de loco. Los locos son unos moluscos carnívoros (devoran otros moluscos) cuya concha blanca o grisácea tiene el tamaño de una mano. Lo malo es que hacía mucho frío y de esa manera no se podía disfrutar de la playa. Una excursión de este tipo merece un día soleado.

En Isla Damas comimos y caminamos un rato entre rocas y arena antes de volver al bote.

 

Boat Ride to Isla Damas por palegoldenrod.

Isla Damas (foto de palegoldenrod, Flickr)

El agua, como se puede ver, es de un precioso color turquesa oscuro, más azul en las zonas más profundas. El viento es frío porque procede de la corriente de Humboldt, que viene del Pacífico y el sol calienta mucho, cuando aparece, porque en esta zona la capa de ozono está muy deteriorada. Por eso recomiendo llevar protector solar en un día muy despejado. Uno se quema con facilidad en esta zona porque el sol es mucho más dañino.

 Bueno, ¡nos vemos recorriendo Chile en la siguiente crónica!

 

 *(El guanaco es un camélido de la familia de la llama y de la alpaca, con la diferencia de que no es doméstico, sino salvaje).

 

¿Recorremos Chile? 1 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – “Nos vamos” – 13 de septiembre de 2008

Hasta ahora os he hablado de Santiago de Chile y de la forma de ser de los chilenos, y me propongo seguir haciéndolo, pero creo que es hora de que salgamos un rato de la capital.

¿Os apetece dar un paseo? Me propongo mostraros Chile y sus maravillas. Desde lo más al norte que he llegado hasta lo más al sur.

¿Os subís a mi mochila? Pues agarraos porque nos vamos.

Nuestro viaje comienza el septiembre pasado, a bordo de un microbús (o buseta) blanco.  Mis amigos y yo nos habíamos propuesto viajar al norte y conocer el desierto más seco del planeta, el desierto de Atacama, durante las Fiestas Patrias chilenas. En nuestro recorrido visitaríamos 3 de las 15 regiones en que se divide el país: la IV Región de Coquimbo, la III Región de Atacama y la II Región de Antofagasta.

Empezamos subiendo hasta la IV Región. Íbamos rumbo a un pueblito llamado Pichidangui, cuyo nombre en mapudungún significa “balsa pequeña”.

 

Pichidangui

Costa de Pichidangui con el pueblo al fondo

Pichidangui es un pueblito costero muy, muy pequeño, sin demasiado atractivo de no ser por su curiosa iglesia empotrada en la roca de la costa y por una inesperada playa en la que se pueden dar paseos a caballo.

El día que llegamos, la iglesia estaba cerrada, pero a través de una ventanita rectangular pude espiar y ver el interior.Estaba toda hecha de madera y el altar estaba repleto de plantas. La encontré muy exótica.

Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

Interior de la Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

  Allí comimos, en un pequeño restarurante junto a la costa. Allí uno podía pedir mariscos de la zona o las típicas empanadas chilenas. Yo me decanté por estas últimas y pedí una de marisco mientras que mis amigos optaron por unas cazuelas de almejas y otros bivalvos.

Como digo, pocas cosas más había para ver en Pichidangui: unas cuantas artesanías y una playa, eso sí, muy bonita, donde la arena hacía reflejos dorados. A parte de eso, hay pocas casas, poca gente, un único y diminuto súper mercado (si es que se le puede llamar así) y dos bares.  Aunque en las vacaciones tengo entendido que llega gente a veranear, me pareció un sitio curioso pero no muy entretenido. Una tarde estuvo bien.

Playa de Pichidangui

Playa de Pichidangui

 

Mirando al horizonte

Yo sobre las rocas de la costa de Pichidangui

Después de eso, volvimos a meternos en la buseta,  lo cual agradecimos ya que el viento de la costa empezaba a ser cada vez más frío y seguimos rumbo a La Serena.

La Serena es la capital de la IV Región de Coquimbo. Llegamos allí de noche y sólo la vi entonces, ya que por la mañana temprano salimos de viaje otra vez, pero su arquitectura antigua me pareció muy bonita, con sus iglesias de piedra. Esa parte, a esas horas, es bastante silenciosa, pero según uno se va acercando al puerto va encontrando restaurantes, bullicio y mucha actividad nocturna.

Mapa de la IV Región de Coquimbo

Mapa de la IV Región de Coquimbo

La Serena es un destino de vacaciones en los meses de verano (enero y febrero) para los chilenos, que llegan atraídos por el encanto de esta capital, sus playas y sus alrededores.

Yo viajaba con una agencia, pero los viajeros independientes podéis encontrar hostales muy baratos (7.ooo $ chilenos/ noche = 8,8 € = 11$). En Internet se encuentran muy fácilmente buscando “hostales” y la ciudad en la que quieres hacer noche.

En cuanto a las agencias, también las hay buenas y baratas en Santiago, que ofrecen viajes asequibles desde la capital (al norte y al sur) para jóvenes y no tan jóvenes mochileros.

Nos vemos en la siguiente crónica, recorriendo Chile.

 

Cuaderno de viaje – Reportaje – Un Semestre Inolvidable 15 de noviembre de 2008

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Una mexicana y una francesa nos cuentan su experiencia como estudiantes de intercambio en nuestro país

– Un reportaje de Margarita Ruiz Temprano –
Ly Sia Tho en su viaje al sur de Chile a las Torres del Paine

Ly Sia Tho en su viaje al sur de Chile a las Torres del Paine

Brenda vive en una habitación pequeña pero acogedora en una residencia de estudiantes de la comuna de Providencia (Santiago). Las paredes color crema de su cuarto están decoradas con algunas fotos de carteles antiguos de Coca Cola, de esos tipo años cincuenta. También hay una hoja crujiente y seca del ya pasado invierno santiaguino y un póster de una sensual Marlilyn Monroe que hace ojitos a quien la observa. Brenda ha convertido una botella de pisco Fuegos en un alargado florero que ahora contiene un hermoso girasol dorado. Otra botella la tiene llena de brillantina y lentejuelas que nadan en el agua cuando giras el recipiente. Divertida y concentrada, esta mexicana de cabello corto y liso como una tabla, deja a un lado sus conversaciones de messenger para servirse una enorme taza de cereales con leche. “Acabo de volver en un viaje de 5 días a la Patagonia y estoy cansadísima”, cuenta, aún ilusionada. “Fue magnífico. Hubo mal tiempo, pero fue fenomenal. En las Torres del Paine, los paisajes te dejan sin habla, y los pingüinos son tan hermosos… Todo eso te deja sin palabras”.

Brenda de León es una de los muchos alumnos extranjeros de intercambio que cada año llegan a Chile cambio que cada año llegan a Chile para estudiar en nuestras universidades durante un semestre. Pero

de julio (2008) a enero (2009)

Nombre: Brenda de León Becerra / País: México / Edad: 20 / Carrera: Procesos Educativos / Universidad: Católica / Estadía: de julio (2008) a enero (2009)

no es la única. Ly Sia Tho, una francesa de ascendencia asiática, de pícaros ojos rasgados y larga cabellera negra, cambió su Francia natal por un semestre en Chile. “Quise venir aquí porque en Francia siempre me dijeron que Chile era un lugar muy agradable y que la gente era muy cariñosa”, confiesa, arrastrando las erres, como buena gala. “Y también me gustaba el hecho de que hubiera multitud de paisajes diferentes en un mismo país”.

Ly Sia: “Quise venir a Chile porque en

Francia siempre me dijeronque era un

lugar muy agradable y que la gente

era muy cariñosa”

Algunos de esos paisajes ya los han visitado. Brenda, enumera con orgullo todos los lugares de Chile en los que ha estado: “He viajado a La Serena, Pucón, Arica, Viña del Mar, Puerto Natales y Punta Arenas.

de julio (2008) a enero (2009)

Nombre: Ly Sia Tho / País: Francia / Edad: 19 / Carrera: Comercio Exterior / Universidad: Instituto Esucomex / Estadía: de julio (2008) a enero (2009)

He tenido la gran oportunidad de viajar mucho. Pero me ocurre una cosa contradictoria y es que por un lado quiero ‘comerme América del Sur a mordidas’ y por el otro lado tengo la universidad… Obviamente yo vine aquí a rendir, pero estar en otro país, con otras costumbres… distrae demasiado. Vine pensando en viajar y en estudiar… sobre todo en estudiar mucho e incluirme en las actividades de la universidad, como hago en México, pero luego la tentación de visitar y descubrir el país ha sido demasiado grande. Estudio, pero no tanto como solía porque me merece más la pena conocer Chile.”

“Los chilenos viajan poco por su propio país”, opina Ly Sia. “Cada vez que les decimos que nos acompañen nos dicen que no. Nunca quieren. Y no lo comprendo, ¡porque tienen un país muy bonito! Todos deberían conocerlo”. Ly Sia sonríe bajo las dos grandes mariposas de tela roja que adornan la pared de su habitación mientras recuerda todo lo que ha visto aquí: “Ya he estado en la Patagonia para ver los glaciares…¡El fin del Mundo! …Y los pingüinos”, termina, justo antes de echarse a reír. “Todo esto es tan diferente de Santiago… Y a una distancia de tan sólo 3 horas en avión. ¡Increíble! Quería ver los glaciares porque en Francia soñaba con el Mont Blanc pero… ¡no es nada en comparación a esto!”, bromea. “Y también me fascina el desierto del norte. Así que ahora quiero ir allí… ¡cuando tenga dinero!”, ríe, divertida. “También he ido a Viña del Mar y es un buen sitio para visitar porque es como una postal: un lugar idílico. Y es

un sitio donde se puede ir con amigos y pasarlo muy bien… Ir a la playa…, al casino”. Su sonrisa se torna pícara de nuevo y se carcajea una vez más.                                                             

Ly Sia: “Los chilenos viajan

poco por su propio país

y no lo comprendo ¡porque

tienen un país muy bonito!

Todos deberían conocerlo

Sin embargo, ambas chicas viven y estudian en Santiago, la capital de la que los chilenos se quejan todo el tiempo, la ciudad que critican de ruidosa y de sucia entre otras cosas. Pero, ¿qué opinan ellas? Brenda gira la cabeza y pone los labios en forma de u mientras piensa: “Cuando llegué a Santiago creía que iba a encontrar un Chile más típico, en el que se notara más su cultura. Pensaba que la vería en la vida normal de la gente, no sólo en sus Fiestas Patrias. Creí que encontraría gente vestida de mapuche… o, por lo Menos, pensé que hallaría sin esfuerzo  restaurantes de comida típica. No toparme con estas cosas fue un poco decepcionante, pero paseé mucho por la ciudad, para conocerla, y fui al Museo de Bellas Artes, al Cerro Santa Lucía, a La Moneda… Y todo me encantó. Aunque no puedas ver la cultura en la calle, los lugares específicos están muy buenos. Todo está súper arreglado y además es barato. Hay buenas exposiciones, con buenos temas. Y Santiago en sí me ha parecido muy, muy limpio y con una educación vial excelente. Hay respeto por los carabineros, mientras que en México se los pasan por el arco del triunfo“. Ly Sia, por su parte, opina algo parecido: “Para mí, Santiago no es la parte más interesante de Chile, porque no hay muchas cosas típicas. Por eso me interesaba mucho ir al sur, porque ahí es donde está lo más típicamente chileno. Pero me gusta porque las calles son muy limpias, los edificios tienen un modelo casi estadounidense, moderno, y la gente es muy simpática. Para mí, Santiago es una buena ciudad para vivir en ella. No para visitarla, pero sí para vivir”. “Creí que los chilenos serían más familiares”, comenta Brenda, “como en México, donde la familia se junta los domingos y pasa el día reunida. Sin embargo, aquí la gente

Brenda: “Creo que los chilenos

no son muy fieles. Aunque los

que yo he conocido son ¡hermosos!”

es más independiente. Además, los  hombres chilenos… Bueno, siento que no son muy fieles, que sólo quieren una noche contigo y ya…” Entonces, esta mexicana de ojos redondos y avispados se sonríe de oreja a oreja: “Aunque, por lo menos los que yo he conocido, son ¡hermosos!… Qué hombres…” Y al decir esto se queda mirando a través de la ventana con cara de felicidad. “A los chilenos les gustan las rubias y de piel muy blanca… eso les parece muy sensual”, sonríe Ly Sia, acerca de su idea de los hombres de nuestro país. La opinión de Brenda no es muy distinta en ese sentido: “Acá les pones piel blanca y pelo rubio y, ¡bueno!, te tratan mejor que a Madonna… Pero ese vocabulario…” La mexicana no puede dejar de sonreírse al hablar de este tema: “Si yo, que hablo español, a veces no los entiendo, imagínate los extranjeros… Tienen un vocabulario tan raro… Yo clasificaría Chile como uno de los peores países para aprender español…

Ly Sia: Santiago no es lo más

interesante de Chile. Pero es

una buena ciudad para vivir”

Su vocabulario agarra de todos los lugares de habla hispana, pero ellos lo colocan y lo usan a su manera.Hablan súper rápido y con un montón de palabras suyas que nadie más entiende fuera de aquí. Es gracioso. Incluso, no me gusta cómo se ven las mujeres hablando chileno pero  me gusta cómo les queda el acento a los hombres. Eso sí, ¡me tienen  que repetir las cosas como dos veces porque no los entiendo!”

Ly Sia: “Vine a perfeccionar

mi español, creyendo que

así sería más fácil, ¡y me

tuve que encontrar con

‘¿cachai?’ y ‘weona’ !

Para la atípica francesa de ojos rasgados, nuestro acento también es un tema curioso: “Es que los chilenos hablan muy rápido y antes no los entendía. Además, me estancaba con las palabras como “¿cachai?” o “weona” , que nunca las había oído. En clase de español no las enseñan. Así que ha sido muy divertido. Estudio español desde hace casi 6 años, pero como no era muy buena en ello decidir venir a perfeccionar, creyendo que así sería más fácil, ¡y me tuve que encontrar con “cachai ” y “weona“!”, termina Ly Sia, riendo.

Sin embargo, la francesa tiene muy claro que, a pesar de las dificultades que ha podido encontrar con nuestra particular forma de usar el idioma, volvería a Chile: “Estoy segura de que voy a regresar a Chile un día. Tengo que hacerlo. Tengo que ver el norte y… también está el pisco. ¡Viva el pisco!”, ríe. “Oh, no… Creo que voy a llorar cuando regrese a Francia porque allí no hay… Y ya me es imposible vivir sin él. Una vez lo pruebas ya no lo puedes dejar. ¡Va a ser horrible!”

Brenda, por su parte, también tiene claro lo que este semestre de intercambio a supuesto para ella: “Mi estancia acá ha sido inolvidable. Es más de lo que yo pude haber pedido. Cómo me he relacionado con todos… Cómo me tratan las personas de acá… Es estupendo. Esto lo voy a recordar toda la vida. No cambiaría esta experiencia por nada”.

Brenda de León en un paseo por barrio Yungay, Santiago

Brenda de León en un paseo por barrio Yungay, Santiago

Ly Sia en su habitación, en la residencia en la que vive

Ly Sia en su habitación, en la residencia en la que vive

 

Cuaderno de viaje – Tomando contacto 10 de noviembre de 2008

Filed under: Chile,Chilenadas,Cuaderno de viaje,Culturas,viajes — Marga Lua Soleil @ 00:29
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LOS COLECTIVOS -julio 2008

Después de varios años de conocer a gente de Latinoamérica yo tenía bastante claro que un colectivo era un autobús… Lo que no sabía es que los chilenos pensaban de otra manera y que iban a seguir sorprendiéndome con cada paso que diera.

Bien, me enteré de la gran diferencia entre mi idea de colectivo y la de los chilenos cuando la amiga en casa de la cual me estaba quedando hasta encontrar casa propia me dijo que tomaríamos uno para llegar hasta la estación de metro más cercana (ella vivía en la precordillera. Para que nos entendamos, muy lejos del centro de Santiago, en lo que podríamos denominar un barrio residencial alto. Por eso el camino hacia Santiago centro era muy largo). Íbamos caminando frente a la imponente cordillera repleta de nieve cuando veo torcer la esquina a un taxi negro con un cartelito sobre el techo. Mi amiga levantó la mano y yo le pregunté: “¿Es que vamos a ir en taxi? Pensé que íbamos a coger un colectivo”. Ella se giró y me miró, muy seria: “Claro, ése es el colectivo…” “¿Éseee??”

¿¿EIN??? E fin, si ella lo decía, era mejor no discutir. Otra cosa quizá no, pero los chilenos siempre tienen razón…  Así que me subí medio confundida, medio curiosa y

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

me quedé callada, pensando. Entonces, ¿los chilenos llamaban colectivos a los taxis?? A lo mejor era porque como los usaba mucha gente pues no eran “privados”, sino colectivos, por esa razón (je,je, que  ilusa). Mi amiga, entretanto, abrió su bolso y pagó directamente al conductor… Me extrañó. En España, en los taxis se paga cuando has llegado a tu destino, nunca antes… Entre otras cosas porque no sabes lo que va a marcar el taxímetro. Pero aquí no parecía haberlo. Saqué otra conclusión errónea. Quizá aquí no se usaban los taxímetros (luego descubrí que poco, pero sí se usan). Pero cuando ya por fin logré darle cierta coherencia a las cosas fue cuando vi que otra persona, en la acera, elevaba la mano. Mi reacción fue creer que el coche iba a pasar de largo… ¡pero se paró! ¡Y la mujer entró al coche y se sentó en el asiento de delante! Pero eso no fue todo. Un trecho más tarde, una mujer con una niña se subió también y se apretujó junto a mi amiga en el asiento de detrás, sentando a la niña en sus rodillas. A mí aquello me recordaba a los anuncios de Malibú (sí, los del famoso “me estás estresaaaandooo”) no por lo pintoresco, pero sí por lo achuchados que íbamos todos. Lo encontré bastante cómico.

Otra cualidad de los chilenos es que se ofenden con mucha facilidad. Así que cuando salí del “colectivo” y, un poco alucinada, le empecé a preguntar cosas a mi amiga, tuve la sensación de que se enfadó (por mi alucine). Le comenté que yo antes pensaba que un colectivo era un bus y me respondió justo después: “No, po. Son como los taxis, sólo que pueden usarlo cuatro personas distintas. Y siguen un recorrido establedido, como los buses. Y según lo lejos que quede la parada a la que quieres ir, hay un precio”. “Qué curioso”. “¿Por qué?” Es que yo no sabía eso”. “¿Nunca te habías subido a un colectivo?” Otra cualidad más de los chilenos, creen que lo que hay en Chile existe en todas partes. “Pues no.., respondí “En España los taxis no se comparten”. “Es que no es un taxi, es un colectivo”. ¿Estaba mosqueada? “Ya…” “Así que en España no hay colectivos? “No”. “En mi opinión son mucho mejores que los taxis porque no contaminan tanto y llevan a mucha más gente”. Cuarta característica chilena: todo lo que se hace en Chile es un ejemplo para la humanidad, ya sea para bien o para mal. Chile es un modelo a seguir o a evitar en cualquier tema que se trate. En fin, también, si pusieran buses, estos contaminarían menos que los colectivos y llevarían a más del doble de gente… ¿Para qué ponerse a justificar algo si nadie lo ha criticado? Bueno, es algo que muchos chilenos suelen hacer. Uno pregunta por qué se hace tal cosa en Chile, por simple curiosidad, y ellos empiezan a justificarse, como si fuera vergonzoso que las cosas se hicieran así… Es extraño porque, igual que tienen un gran orgullo de su país, por otro lado también se lamentan de él. Los españoles siempre se lamentan y ya está, ja,ja. Cero admiración. (Salvo que se trate de españoles en el extranjero. Entonces, en general, nos exaltamos. Paradojas de la vida…)

Ah, aquí está la causa de mi confusión:

colectivo a la argentina

colectivo a la argentina

colectivo a la chilena

colectivo a la chilena

P.D. Por si alguien pudiera sentirse ofendido, quiero aclarar que no son críticas lo que hago acerca de Chile. A mí casi todas sus cualidades me sorprenden, me hacen gracia y mantienen vivo mi amor por este país. Espero que quienes lean esto lo entiendan igual que yo. ¡Saludos!

 

Cuaderno de viaje: El dilema 9 de noviembre de 2008

Filed under: Chile,Chilenadas,Cuaderno de viaje,viajes — Marga Lua Soleil @ 21:55
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LA PRIMERA CHILENADA – julio 2008

Una de las primeras cosas que hice al llegar a Santiago fue ir al supermercado. Con el tiempo, me he ido acostumbrando y me he dado cuenta de que soy capaz de nombrar una por una todas (o casi todas) las cadenas de supermercados que hay por aquí, pero por aquel entonces (un entonces no muy lejano aunque así lo parezca) no tenía ni idea de qué tiendas habría ni qué encontraría en ellas. La madre de mi amiga chilena me dijo que una de las cosas que más le gustaban de viajar a otros sitios era entrar en los supermercados y ver qué marcas existían allí y en su país no, o qué productos había que en Chile no.
Realmente, nunca he viajado para mirar lo que hay en los supermercados, pero reconocí que sí tenía cierta gracia. Fue la primera vez que me topé con Soprole (marca de lácteos archiconocida y tipiquísima por estos lares) y Colun (más de lo mismo), sin saber que serían unas de mis más fieles compañeras hasta hoy (y lo que me queda).

Pero , ¿algo que me llamara realmente la atención? La cantidad de botes de manjar (dulce de leche a la

Productos de Soprole

Productos de Soprole

chilena) que había junto a las mantequillas (en España nunca veo el dulce de leche en las estanterías comunes. Está más escondido. Y, si lo veo, sólo hay una marca o dos bastante exquisitas y caras). Aquí la filosofía es distinta: manjar para regalar al mundo. En cajas enormes y por pocos pesos. A engordar se ha dicho (porque además es riquísimo :3).
También me fijé en los vinos. Al venir de un país vinícola, estoy acostumbrada a que la mayoría de las botellas pongan “Rioja” o “Jerez”, y aquí todos los vinos eran chilenos. Pero, ¡cómo no! Si Chile es vinícola también y sus vinos son de las cosas que más los enorgullecen. Y empecé a leer con interés los curiosos nombres de las botellas: Concha y Toro, Casillero del Diablo… uuuuhhh…

Pero lo que me mató de risa fue lo siguiente. Al llegar a la parte de las bebidas*, mi amiga empezó a buscar. “A ver… Coca Cola Zero, Coca Cola Zero…” Y yo: “Pero si la tienes delante…” Me mira y me dice: “No, es que esas no nos sirven”. “¿Por qué?”, pregunté yo. “Es que no son desechables”
-Segundos de intensa actividad cerebral por mi parte- “¿Cómo que no son desechables?” (No encontré nada en mi memoria que me recordara algo parecido en un supermercado español). “Pues que ésas no se pueden botar”** Yo esbocé media sonrisa: “¿Cómo que no? Abres la basura y las tiras”. Mi amiga me miró como si hablara con un extraterrestre: “No, no, ésas hay que devolverlas” “¿A dónde?” “¡A la tienda, po!”***

Anuncio de Coca Cola

Anuncio de Coca Cola

“Para que las vuelvan a usar”. “Sí po”. “Qué asco… ¿¿Y si uno bebe a morro??”, respondí yo bromeando. Mi amiga meneó la cabeza: “¿Es que en tu país no hay eso?” “¿El qué?” “Botellas desechables y retornables, po”. -Momentos de incredulidad- “Eh, ¿qué? A ver, a ver, ¿repite eso?” Y mi amiga: “Botellas desechables y retornables” “Ah… Pues no. ¿Y en qué se diferencian unas de otras?” “Con las desechables tú compras la botella y con las retornables no” “O sea, que te llevas la Coca Cola gratis” xD “¡No, po!”, respondió mi amiga, “Gratis, no. Tú pagai la bebida y una parte del envase y luego te devuelven la plata cuando regresas la botella” – Yo cada vez más confundida-: “A ver, a ver… O sea, ¿que si tú devuelves la botella a la tienda te devuelven el dinero? Otra vez te sale gratis” Todo me lo estaba tomando a broma, pero, en serio, ¡es que me parecía muy absurdo! Con lo fácil que es hacer todas las botellas iguales, o sea, poco contaminantes, por si a la gente le da por tirarlas, que no sea tan malo el impacto. Mi amiga con la mirada en el techo: “¡No, no!” Bueno, nos llevó un rato entendernos. Y el resumen de todo es que por la desechable pagas todo el dinero (900 pesos por ejemplo) y te la llevas y cuando la acabas la tiras. Por la retornable pagas todo (los 900) pero cuando devuleves la botella te devuelven 200 pesos (así que en realidad pagas 700). “¿¿Y para qué todo ese rollo???”, pregunté yo con una sonrisa justo después. “Pues para que la gente recicle”, me contestó mi amiga. Ahí comprendí que en Chile no se separan basuras. Por lo menos, no como algo más o menos normal. Para nosotros todas las botellas son iguales, y si tienes conciencia acológica, las reciclas y, sino, desgraciadamente las tiras a la basura.

Aunque yo tenía más dudas “Pero si las dos botellas son iguales…” “No, po, mira: la retornable es más dura que la desechable”, me responde mientras las aprieta para que yo haga lo mismo. -Segundos en los que intento doblegar alguna de las botellas a la presión de mis dedos y en los que nada ocurre- “Pa´mí que son iguales, ¿eh?” “Que no, que no, que ésta es más dura. Tócala” -La toco- “Pero, en serio, ¡que yo la siento igual!” “Que no, que ésta es un poquito más dura que la otra” “Pues será muy, muy poquito…” “Pero es distinta” Y ahí sí que ya me dio la risa floja. Tanto lío para luego hacer dos botellas que son iguales… salvo que una es un pelín más dura que la otra. Qué ganas de complicarse la vida. En fin, comprendo que para ellos quizá funcione bien todo este sistema, pero no deja de ser una manera de comerse la cabeza…

Como diría Obélix: “¡Están locos estos chilenos!” ;]

*En Chile se les llama “bebidas” única y exclusivamente a los refrescos. Nada de agua. El agua no es una bebida aunque se beba. (Chilenadas ;D)
**Para quien no entienda: En América “botar” es “tirar (a la basura)”
***AH! Ya salió el famoso “po”. Palabra insustituible, sin la cual la mayoría de los chilenos no podría vivir ;] y que completa casi todas las frases pronunciadas en este país. “Po” = “pues”, para quien no sepa chilensis.

 

 
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