La brújula del camaleón

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El Camino hacia Santiago 6 – Comillas dulce y amarga (II) 9 de septiembre de 2012

Freedom

A esta foto me gusta llamarla “Freedom!” (¡Libertad!) Está tomada en un mirador de Comillas, el año anterior, cuando aún soñábamos con hacer el Camino.

Cuando nos levantamos de nuestra sagrada “siesta” comillana en aquella bendita habitación que daba al mar y que nos salvó la vida, era por la tarde y los amigos a los que esperábamos ya habían llegado. Vinieron al hotel, reservaron para la noche y nos fuimos a dar un paseo.

Fue una tarde de descanso, de reencuentros y de disfrutar de Comillas. Aún no nos habíamos convertido en verdaderos peregrinos, pero estábamos juntos y, de momento, eso era lo importante, lo demás, iría llegando.

Éste es el Mirador de Santa Lucía, en Comillas

Casa medio abandonada, Comillas

El Capricho de Gaudí, Comillas

El Duque, una de las casas más famosas de Comillas, Cantabria

Comillas, Cantabria, Spain

Para frikis de “El señor de los anillos” hay una calle en Comillas que “va camino Moria” 🙂

Comillas, Cantabria, Spain

Panorámica de Comillas con el monumento al Marqués de Comillas al fondo (la columna de la izquierda) y la playa a la derecha

Playa de Comillas, Cantabria, Spain

Playa de Comillas

Comillas, Cantabria, Spain

Una de las casas de los antiguos indianos de Comillas

Comillas, Cantabria, Spain

Los comillanos dicen que esta puerta fue diseñada por Gaudí

Escalera de piedra por una ladera de Comillas, Cantabria

Comillas, Cantabria, Spain

Balcones de las casas típicas cántabras, en Comillas.

El Palacio de Sobrellano, residencia de verano del Marqués de Comillas hasta los años 80. ¡Os recomiendo las visitas guiadas por el interior!

Para los que os gusten los monumentos, os recomiendo ir al Cementerio de Comillas, modernista y muy bonito, con panteones familiares y esculturas de ángeles (entrada gratuita) y entrar al Palacio de Sobrellano, al Capricho de Gaudí y a la Universidad Pontificia, sede actual de la Fundación Comillas.

El Palacio ofrece sólo visitas guiadas. La entrada normal cuesta 3€ (para mayores de 12 años), la tarifa de niños es de 1.50€ (de 4 a 12 años, inclusive) y es gratis para pequeños de 0 a 3 años (ambos inclusive). Si además quieres ver la Capilla-Panteón cuesta el doble, menos para los bebés que sigue siendo gratis, pero no merece tanto la pena como el palacio. Los horarios de las visitas guiadas son: M-D: de 9:30 a 13:30 (cierran a las 14.30) y de 15:30 a 18:30 la última visita (cierran a las 19.30). Cerrado todos los lunes no festivos.

El Capricho de Gaudí ofrece visitas libres, sin guía, tanto por los jardines como por una parte del interior del edificio por un precio de 5€ para los adultos y de 2,50 para los niños de 7 a 14 años. Los niños menores de 6 años (inclusive) entran gratis. Horario: Abierto todos los días de 10:30 a 21:00h (la última entrada es a las 20:30h).

Por último, la Universidad Pontificia también es un monumento que vale la pena visitar por el interior. Para éste recomiendo encarecidamente MADRUGAR. Todo el que va coincide en que, si no vas a primera hora, hay siempre demasiada gente. Las visitas siempre son guiadas y el horario es: L-S, a las 10h, 11h, 12h y 13h, 17h, 18h, 19h y 20h. Los domingos hay las mismas visitas pero sólo hasta las 13h. El precio de la entrada es de 3,50 € para los adultos, y gratis para los niños menores de 12 años. OJO si quieres entrar al recinto con tu coche hay un suplemento de 2€.

Espero que, si vais, os guste Comillas tanto como a mí (a pesar del recibimiento que nos dio)

LEE  LA  AVENTURA  DESDE  EL  PRINCIPIO:

Capítulo 1 – Un comienzo accidentado

Capítulo 2 – Carretera, manta y… Cagaditas

Capítulo 3 (Primera parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (I)

Capítulo 3 (Segunda parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (II)

Capítulo 4 (Parte 1) – Palencia la bella no quiere dejarnos marchar

Capítulo 4 (Parte 2) – Anexo de fotos, Palencia

Capítulo 5 (Parte 1) – Palencia, Santander, Comillas… y una noche toledana

Capítulo 5 (Parte 2) – Anexo de fotos de Santander

Capítulo 6 (Parte 1) – Comillas dulce y amarga (I)

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El Camino hacia Santiago 6 – Comillas dulce y amarga (I) 2 de septiembre de 2012

Playa de Comillas
La playa de Comillas el día que amanecimos allí tras la noche toledana

02/agosto/2012La noche que pasamos en Comillas nada más llegar al Camino de la Costa nos dejó molidos. Cuando llegamos a la primera churrería que abrió, a eso de las 7.30 de la mañana, estábamos temblando de frío, con sueño y un poco cabreados. Sobre todo MG, que es a la que más le afectan este tipo de desbarajustes. No volvimos a ser personas hasta que nos pusieron un chocolate delante a cada uno y una bandeja de churros recién hechos, crujientes y calentitos. Aquello fue como resucitar.
Después, aunque seguíamos cansados y la noche de lluvia nos había tratado tan mal, algo más reconfortados por el chocolate nos dirigimos hacia la iglesia del pueblo para ver si podíamos hablar con el cura. Esto era porque, como muchas otras personas, habíamos oído el rumor de que en cualquier iglesia del Camino podían darte la credencial del peregrino, cuando no es verdad. Es una leyenda urbana y un bulo total. Pero aún no lo sabíamos, así que allá que fuimos.

Comillas, Cantabria, España
Comillas nublado y lluvioso, con la iglesia a la izquierda

La iglesia estaba todavía cerrada y el suelo de la entrada, frío y húmedo, pero nos sentamos ahí a esperar con nuestras mochilas. MG empezaba a estar un poco harta, quería dormir y lo quería ya (como digo, no es su culpa, es que le afecta sobremanera el no dormir) y tuvimos que razonar con ella que, seguramente, si nos dieran la credencial, podríamos ir aunque fuera a ducharnos al albergue de peregrinos de Comillas o incluso estar allí a las 12 para cuando abrieran y dormir. Ella se conformó con esa idea, aunque en ese momento me dio la sensación de que abría estado dispuesta a lo que fuera por una cama; de hecho dijo que no le importaba ir a cualquier hotel y pagar una habitación. El problema era que Miguel y yo teníamos mucho menos dinero ahorrado y no podíamos empezar el Camino gastando así. Por eso, mientras hubiera una opción más asequible, debíamos buscarla. Además, las credenciales eran imprescindibles y, de eso sí que MG era totalmente consciente, cuanto antes las tuviéramos, mejor.
Nos pusimos a jugar una partida de cartas para no dormirnos y, a la hora creo recordar, apareció una señora bastante mayor que nos dijo que qué hacíamos ahí y que nos retirásemos de la puerta porque tenía que abrir la iglesia. Tenía bastantes malas pulgas, pero le preguntamos por el cura. Nos dijo que ella era la que abría siempre la iglesia y preparaba todo y que el sacerdote llegaba más tarde, como si eso fuera lo más normal y estuviéramos haciendo preguntas un poco tontas. La misa era a las 10 y el cura llegaba un cuarto de hora antes, así que podíamos esperar y hablar con él después de la misa.

Credencial del peregrino
Detalle de la credencial de peregrino

Mis opiniones en cuanto a todo esto se vieron intensificadas por el malestar del momento. Pensé en la señora que se levantaba seguramente a las 7 para abrir la iglesia a las 8 y en el cura que llegaba a las 9.45 y me dije que, lo mirase por donde lo mirase, esto era injusto. Si uno es cura es para hacer todo lo que implica, ¿no? Lo cual seguramente incluye abrir tu iglesia y ocuparte de ella, pero eso de que una señora, seguramente por fe y sin cobrar, lo haga todo por ti… No sé, yo es que eso de las feligresas que hacen todo por el cura nunca lo he entendido. Para mí es aprovecharse. Porque, entonces, ¿ellos qué hacen? ¿Van a mesa puesta y dan la misa nada más? En fin. De todas formas sólo fue la primera decepción que nos dio la Iglesia en este Camino (a mi pesar, pues qué más quisiéramos todos que todo fuera perfecto, ¿no? Y más cuando estás en el Camino).
Señoras a parte, me empezó a preocupar MG. Todo esto suponía que no iríamos pronto al albergue ni a ningún lado y comenzó a ponerse nerviosa. Miguel la tranquilizó diciéndole que en cuanto viera al cura iría a preguntarle para ver si podía atendernos antes de la misa, así no esperaríamos tanto.

Nos acomodamos bajo los soportales del antiguo ayuntamiento, haciendo caso a la señora que nos había dicho que nos moviéramos, y seguimos jugando hasta que pasó por allí el sacerdote. Miguel se apresuró a entrar en la iglesia y salió al rato con malas noticias. Como comentaba un poco antes en este mismo post, no es verdad que se puedan hacer las credenciales en cualquier iglesia del Camino. Aunque tampoco era verdad lo que nos dijo el cura, a pesar de que nos lo creímos porque no teníamos otra fuente de información en ese momento: según él, sólo se podía pedir la credencial en la propia parroquia, en la ciudad en la que uno reside, porque en teoría el sacerdote que te la daba tenía que conocerte bien, ya que estaban intentando rebajar el número de peregrinos en el Camino puesto que iba demasiada gente, etc. Pues…MG, era belga y no iba a volver a Lieja para que le hicieran el carnet, digo yo; sobre todo, cuando a ella en su ciudad le habían dicho lo mismo, que en España y en el Camino, lo podía sacar sin problemas.
Al final, resultó que la credencial se podía obtener en el Camino, pero sólo en albergues que pertenecieran a la Asociación de Amigos del Camino de Santiago (de lo cual hablaremos en otro post, puesto que nos enteramos más tarde).

Comillas, Cantabria, España
Señal junto al albergue de peregrinos de Comillas.

En ese momento, pensábamos que nos habíamos quedado sin posibilidad de peregrinar y, un tanto enfadados por la noticia, empezamos a pensar otras opciones. Era un gran contratiempo eso de no poder tener las credenciales. ¿Ibamos a poder hacer el Camino? Y se nos ocurrió una solución que, en teoría, es válida: comprar unos cuadernos en los que acumular los sellos. En la práctica, eso de que te los den por válidos es otra cosa, pero en los derechos del peregrino está escrito que, a efectos de uso, es igual que llevar una credencial y como tal debe ser aceptada. Bueno, ya veríamos qué pasaba.
Nos dirijimos de nuevo a la churrería para tener al menos un sello en nuestros cuadernos y, con eso hecho, anduvimos hacia el albergue. Estaba cerrado a cal y canto y lloviznaba. Hasta las 4pm no abría (eran las 11:30h) y no podíamos esperar, sobre todo porque ese día llegaban dos amigos a encontrarse con nosotros y nuestro plan era dormir antes de que llegaran para poder pasar bien el tiempo con ellos y no muertos de sueño y medio enfadados. La última opción, la del hotel, volvió a surgir. MG estaba harta y dijo que todo le daba el igual, el precio, el lugar, pero que necesitaba dormir y haría lo que fuera. Ya no quería esperar más, estaba muy cansada.
Pues nada, puestos a pagar, los llevé a un hotel muy bonito, que está al borde del mar. Por preguntar el precio no iba a pasar nada. Nos dijeron 75€ los tres. No era lo mejor para nuestra economía, pero la verdad es que el sitio lo valía y al final no era tan caro para lo que era, un hotel en primera línea de playa. Así que, allá que entramos.
Las sábanas blancas y crujientes nos estaban esperando, al igual que la impresionante vista del mar. Allí abajo los surfistas eran los únicos que ocupaban la playa helada bajo el cielo gris plomizo. Qué pena que no hiciera sol para bañarnos después de dormir.

 

MG se duchó y eso pretendíamos también Miguel y yo pero, para cuando ella salió, nosotros ya estábamos fritos…Un descanso, por fin.

 

Continuará…

Playa de Comillas
Los surfistas en la playa de Comillas.

SIGUE LEYENDO:

Capítulo 6 – Comillas dulce y amarga (II)

O LEE  LA  AVENTURA  DESDE  EL  PRINCIPIO:

Capítulo 1 – Un comienzo accidentado

Capítulo 2 – Carretera, manta y… Cagaditas

Capítulo 3 (Parte 1) – Hacia Palencia, una noche movidita (I)

Capítulo 3 (Parte 2) – Hacia Palencia, una noche movidita (II)

Capítulo 4 (Parte 1) – Palencia la bella no quiere dejarnos marchar

Capítulo 4 (Parte 2) – Anexo de fotos, Palencia

Capítulo 5 (Parte 1) – Palencia, Santander, Comillas… y una noche toledana

Capítulo 5 (Parte 2) – Anexo de fotos de Santander

 

El Camino hacia Santiago 5 (2) – Anexo de fotos de Santander 1 de septiembre de 2012

(LEE LA 1a PARTE DE LA CRÓNICA DEDICADA A NUESTRO VIAJE DESDE PALENCIA A COMILLAS, PASANDO POR SANTANDER)



Lo cierto es que la crónica anterior no hace justicia a la ciudad de Santander en lo relativo a las fotos. Como no pudimos ver mucho, os he dejado sin una visión de lo bonita que es, así que he buscado las imágenes que tengo de otros años para que la veais.



Disfrutad 🙂


Santander, Cantabria (Spain)



Santander, Cantabria (España)



Santander, Cantabria (Spain)



Santander, Cantabria (Spain)



Santander, Cantabria (Spain)


LEE  LA  AVENTURA  DESDE  EL  PRINCIPIO:

Capítulo 1 – Un comienzo accidentado

Capítulo 2 – Carretera, manta y… Cagaditas

Capítulo 3 (Primera parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (I)

Capítulo 3 (Segunda parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (II)

Capítulo 4 (Parte 1) – Palencia la bella no quiere dejarnos marchar

Capítulo 4 (Parte 2) – Anexo de fotos, Palencia

Capítulo 5 (Parte 1) – Palencia, Santander, Comillas… y una noche toledana

O SIGUE LEYENDO:

Capítulo 6 (Parte 1) – Comillas dulce y amarga

 

El Camino hacia Santiago 5 – Palencia, Santander, Comillas… y una noche toledana 30 de agosto de 2012

On the train

MG (detrás), Miguel y yo. Los tres ruteros de viaje




01/agosto/2012 – El albergue juvenil de Palencia es enorme y muy cómodo. Tiene habitaciones dobles no divididas por sexos, duchas individuales para los vergonzosos, Internet, salas para realizar actividades, un comedor enorme donde desayunamos de fábula y hasta un gimnasio. El precio: 8.50€ para menores de 30 años. Nos quedamos alucinados de que una ciudad tan pequeña tuviera un albergue tan grande y equipado. Y, además, sólo lo estábamos ocupando 4 huéspedes: nosotros tres y otra chica. Aunque, según nos contaron, la semana anterior había estado lleno. Quién sabe.


Después de la noche en blanco, el día anterior nos habíamos acostado prontísimo, tras una ducha relajante que nos bajó la tensión y nos hizo notar más el cansancio. Dormimos como benditos pero nos despertamos pronto para llegar a ese primer autobús que nos llevaría por fin a Santander. Pero como nada nos podía salir según lo previsto, el taxi que tenía que venir a recogernos para llevarnos a la estación llegó y se fue sin nosotros al no vernos en la puerta. Al taxista ni se le ocurrió llamar o entrar a ver cómo estábamos esperándolo en la recepción. Así que, perdimos el autobús… y, otra vez, el siguiente transporte era a las 18.45h, como el día anterior, puesto que era jueves y, como decía en el anterior post, el de las 15h sólo pasaba los fines de semana. ¿Sería posible? ¿Otra vez estancados en Palencia? Nos estaba gustando mucho pero… no podíamos quedarnos eternamente. Entre otras cosas porque teníamos que encontrarnos con unos amigos en el norte un día después. Y, además, estaba el tema del dinero: no teníamos mucho y, gastar tanto en una misma ciudad que, además, ya habíamos visto durante dos días…


Nos planteamos dos cosas: 1. Pasar otro día y otra noche en Palencia para, al día siguiente, coger el autobús de primera hora que acabábamos de perder. 2. Irnos en tren. Al final ganó el tren. Era más caro que el bus, sí, pero si nos quedábamos íbamos a gastar mucho más de lo que costaba el billete, así que nos fuimos. Eso sí, a las 15.30h, Palencia no nos dejó irnos más pronto.


On the train

Adiós, Palencia. Ahora, a Santander.

Y así, pasamos unas tres horas dormitando a ratos y observando cómo el paisaje iba cambiando del dorado seco de los campos castellanos al verde húmedo de las montañas cántabras.


Landscape from the train

Los primeros valles

 


Landscape from the train

Los puentes para transitar las montañas del norte

Y, por fin, llegamos a Santander después de tanto problema de horarios, trenes, taxis y buses.


Mochileros

Posando con todas las mochilas en Santander




Aunque, como llegamos a las 19h a la capital de Cantabria, no hubo tiempo de hacer turismo. Yo estaba segura de que tardaríamos más de una hora en ir y volver (mochilas y su peso incluidos) si queríamos ver el Palacio de la Magdalena. Por lo que, no sin cierto pesar, lo descartamos y nos tomamos un café esperando el autobús para Comillas.

Se nos hizo de noche por el camino y, al final, tampoco hubo tiempo de buscar alojamiento. Pero la noche en blanco de Palencia nos había demostrado que podíamos pasar una noche al raso bastante bien, con lo que decidimos hacer lo mismo. El único inconveniente: aún no nos habíamos enterado de que estábamos en Cantabria.


Sobrellano Palace, Comillas (Cantabria, Spain)

El palacio de Sobrellano, la antigua “casa” de veraneo del marqués de Comillas




Caminamos desde el Palacio de Sobrellano (donde bajamos del bus,ya en Comillas), hasta la playa, atravesando el pueblo. La plaza aún estaba animada, había gente cenando, pero nosotros acabábamos de hacerlo, nada más llegar en una hamburguesería cercana al palacio. Pasamos junto a la iglesia, mirando al pasar la torre con su reloj y el antiguo ayuntamiento, que está justo al lado.


Torre de la iglesia de Comillas

La torre de la iglesia de Comillas




Anduvimos sobre los adoquines de la antigua villa pesquera, convertida en el transcurso del siglo XIX en una villa de veraneo para la aristocracia, tras en nombramiento del primer Marqués de Comillas, Antonio López y López. Subimos hacia la parte alta, dejando atrás los bares donde había algunos grupos de jóvenes de fiesta y descendimos de nuevo para llegar a la playa. Allí hay un jardincito donde teníamos pensado sentarnos a pasar una noche de cartas o, si nos daba sueño, hacer vivac unas horas.


Adoquines

Los adoquines de las calles de Comillas




A pesar de la insistencia de MG, no pude llegar a sacar las cartas. Por alguna razón había estado muy activa en el tren mientras ellos dormían y, ahora, claro, la que tenía sueño era yo. De todas formas, Miguel tampoco se opuso demasiado. En el fondo todos estábamos aún cansados de la noche de Palencia que habíamos pasado sin dormir (el cuerpo tarda en recuperarse y más aún si estás de viaje). Por lo que decidimos dormir un poco.


Lo malo era q empezaba a hacer frío como para echarse sin más contra una mochila sin taparse y, además, había empezado a caer un calabobos que, a lo tonto, nos podía dar problemas. Con lo que buscamos la zona donde las ramas de los árboles eran más espesas y, como vimos que el césped estaba húmedo, pusimos una gran sábana de aluminio, la cual sacó MG para sorpresa de todos. Cuando digo que ella es la mami del grupo, es por algo, pues, aparte de eso, sacó también varias fundas impermeables para nuestras mochilas y una capa de agua, que extendimos sobre los sacos de dormir. Ya que habíamos empezado a acomodarnos, pues lo hicimos por completo.


La cosa quedó así: sobre el aluminio, pusimos los sacos, en ellos, nos acurrucamos, echamos dos capas de agua por encima (la mía también) por si la lluvia arreciaba y a la cabeza colocamos todas las mochilas, cubiertas por bolsas y fundas impermeables. Quedó de foto. La pena es q no hubiera mucha luz como para hacer una.


Por si acaso, también habíamos previsto que hubiera algún sitio cerca en el que poder refugiarnos si llovía mucho. Enfrente teníamos una especia de merendero que podía venirnos muy bien, con su mesa techada.


El tiempo que dormí, lo hice intranquila. Ya cuando habíamos terminado de montar todo había comenzado el chispeo a ser más fuerte pero, al cabo de un rato, el árbol comenzó a calar y yo notaba entre sueños cómo las gotas me iban mojando la cara, manteniéndome en un duermevela constante. No pude dormir a gusto y menos mal, porque, si no, no sé quién habría avisado a mis dos queridos ceporros de que el chispeo estaba a punto de convertirse en lluvia de verdad y dejarnos pasados por agua. Los desperté justo a tiempo de poner a salvo todas nuestras cosas. Bueno, a Miguel, porque MG cuando duerme no hay quien la mueva, ella habría seguido durmiendo aún con un chaparrón cayéndole encima.


Medio dormidos, congelados y preocupados por nuestros sacos (lo más imprescindible de nuestro equipaje) nos metimos bajo aquel merendero sin hacer ruido, ya que había casas justo al lado. Además, a Miguel le habían picado los mosquitos y le estaban saliendo los bultos típicos en las manos. Yo tuve suerte en eso, cosa rara, y MG…, bueno, ella no había dado lugar siquiera a ello puesto que había estado completamente metida en su saco. No sé cómo pudo seguir respirando todo ese rato. Yo, lo que hacía era temblar de frío.



Cantabria nos acababa de demostrar dónde estábamos.



Mosquitos en la noche

Miguel poniéndose amoníaco en las picaduras de los mosquitos, mientras esperábamos a que parase la lluvia




Comprobamos que nuestras cosas estaban bien y, un poco gruñones por el sueño (creo que apenas dormimos 2 horas), empezamos a debatir qué hacer o dónde meternos. Era una pena porque otros años MG y yo habíamos pasado noches enteras hablando en la playa de Comillas y nunca había caído ni una gota. Pero el norte es el norte y nunca se sabe. Aunque sea verano, puestos a hacer frío y llover, este es el lugar.


Decidimos guardar todo y, cuando escampara un poco, volver rápidamente al pueblo antes de que lloviese de nuevo y colocarnos bajo alguno de los soportales. En realidad, sólo había dos opciones: bajo el antiguo ayuntamiento (donde habíamos visto a chicos haciendo botellón y había basura por el suelo) y bajo el nuevo. Está claro que fuimos al nuevo.


Nos pusimos en una esquina, lejos de la puerta pero pegados a la calle. Ya no tuvimos lluvia, pero entonces empezaron a pasar gritando un montón de niñatos borrachos que volvían de una discoteca de las afueras. Yo, desde luego, no pude dormir. Mis queridos ceporrines, un poco más que yo, aunque no sé cómo.


Cuando llegó la mañana a Comillas yo estaba toda agarrotada de haber estado encogida por el frío y cabreada con los niñatos. Por suerte, ni los barrenderos ni los funcionarios del ayuntamiento que pasaron por allí nos dijeron nada…aunque si no acampas y sólo te acuestas no tienen nada que decirte, pero lo agradecí. Cuando ya no pude más, di un empujón a cada uno de mis compañeros y les pedí que nos fuéramos a buscar un bar donde despojarme del frío. Un chocolate caliente era justo lo que me pedía el cuerpo y Miguel se ofreció amablemente a ir a ver si alguna de las churrerías estaba ya abierta. A MG, de nuevo enfundada en su saco, no había quien la moviera, así que me dediqué a zarandearla y a recoger mientras Miguel volvía.


Una de las churrerías estaba abierta. Genial. Al final la pobre MG se levantó como una valiente, enfurruñada por el sueño aunque animada por la perspectiva del chocolate y terminó de recoger conmigo de modo que por fin pudo terminar esa noche toledana.


Pero ahora ya sabíamos dónde estábamos… O lo empezábamos a saber.



Waking up in Comillas

MG recogiendo su saco medio adormilada, tras la noche toledana




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Capítulo 1 – Un comienzo accidentado

Capítulo 2 – Carretera, manta y… Cagaditas

Capítulo 3 (Primera parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (I)

Capítulo 3 (Segunda parte) – Hacia Palencia, una noche movidita (II)

Capítulo 4 – Palencia la bella no quiere dejarnos marchar

Capítulo 4 (Parte 2) – Anexo de fotos, Palencia

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Capítulo 5 (Parte 2) – Anexo de fotos de Santander

Capítulo 6 (Parte 1) – Comillas dulce y amarga

 

Incendio en Comillas, Cantabria 16 de agosto de 2010

Filed under: General — Marga Lua Soleil @ 13:41
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Al día siguiente  del incendio en Comillas (domingo 15 de agosto 2010), EL MUNDO CANTABRIA publica la crónica de este suceso, que titula así:
“Un incendio en una vivienda de Comillas se cobra cuatro heridos” y subtitula: “El inmueble pertenece a una misma familia, en la que dos hermanos tienen rencillas por una herencia, y la investigación no descarta que el fuego fuera intencionado”.

Según cuenta: aún sigue sin conocerse “el punto exacto del inmueble en el que se originó el fuego” […] pero “la Guardia Civil estudia la posibilidad de que el incendio fuera intencionado”.

“Todo el edificio pertenece a la misma familia, compuesta por varios hermanos y cuya madre falleció hace año y medio. Varios vecinos recordaban ayer (14/06/2010) las desavenencias entre dos de ellos, que vivían en el inmueble, y que habían discutido por una posible herencia.
Muestra del malestar eran los carteles colocados en la ventana de una de las viviendas y que habían resistido a las llamas”: <<Te saqué de la cárcel y tú me lo pagas robándome. Devuélveme lo que es mío, choriza>>.” Los vecinos recordaban que incluso uno de los hermanos, J.C.G.R., había amenazado con <<quemarlo todo>> en más de una ocasión.
De ahí, que muchos de los vecinos ya hubieran hecho ayer sus cábalas y relacionaran el suceso con que se hubiera visto a este hermano hasta altas horas de la noche en un pub de la zona”.

Además, dice que: “Cinco inquilinos tuvieron que ser desalojados del inmueble, de los cuales tres fueron trasladados al hospital de Valdecilla, en Santander, por inhalación de humos. Uno de ellos, J.C.G.R., era el que se encontraba en estado más grave ya que tenía los dos pulmones transplantados.”
Además, “un bombero de Torrelavega tuvo que ser atendido y trasladado al hospital de Sierrallana al caerse de la escalera extensible mientras realizaba las tareas de extinción. Fue dado de alta a lo largo de la misma mañana.”
“La llamada de aviso se produjo a las 8.32 horas y aunque en un principio acudió una dotación […] tuvo que reforzarse con otra más y dos de Torrelavega por la gravedad del siniestro. El fuego tardó tres horas en ser sofocado”.

Hasta aquí por ahora.

 

 
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