La brújula del camaleón

El blog de Lua Soleil – cultura, viajes, fotografía, cine y literatura

Celebra Halloween a lo irlandés 21 de octubre de 2011

Filed under: Culturas,España,Irlanda — Marga Lua Soleil @ 20:34
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Hummm… Halloween se acerca y aún no se me había ocurrido nada que hacer. ¡Hasta que he encontrado una idea bastante divertida! ¿Por qué no probamos a celebrarlo en un pub irlandés?

Por si hay alguno que aún no lo sabe, esta fiesta es originaria de Irlanda. Y, ¿qué mejor que celebrarla como se merece, aunque no estemos en la propia isla?

Resulta que me he enterado de que los pubs oficiales de la cerveza Guinness se han puesto de acuerdo y, si te presentas en uno de ellos la noche del 31 de octubre disfrazado, entras en el sorteo de tres viajes a Brujas (¿a dónde  podía ser si no, tratándose de la noche de los espíritus y de la brujería?). ¡Qué bien!

Así que ahora me apetece vivir un Halloween a lo Irish. ¿Y a vosotros? Y además se puede optar a un premio. Yo ya estoy eligiendo el bar. Si quieres tú también, pues busca el pub que te quede más cercano y… ¡a disfrutar!

Halloween Pumpkins

Foto de lobo235, cc en flickr

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La luz y el calor de España en París 13 de junio de 2011

« Luz y Calor » es una revista en español pero hecha en París por españoles y descendientes de emigrantes españoles en Francia para todos los amantes de España. La revista es bimensual y, desde 1993, muestra las diferentes visiones de nuestro país a todos los franceses y a la comunidad hispana.
Juan José Bujidos, nacido en León (España) hace 51 años, es el presidente de la asociación Espamedia, la cual edita « Luz y calor ». Para él « luz » significa la luz que da la información y el calor « calor » se refiere al calor de la comunidad española.
Hemos hablado con él acerca de su revista y su asociación y aquí está lo que nos ha contado.

Portada de "Luz y Calor"

Portada de "Luz y Calor"

 – ¿Cómo surgió la idea de dirigir “Luz y calor”?

Juan José Bujidos: La idea de crear la revista se remonta a 1993 cuando varios amigos españoles se dieron cuenta de que casi todas las comunidades extranjeras o minorías lingüístiscas tenían sus revistas, radios e incluso canales de televisión y la comunidad de habla española, nada o casi nada.
La aventura de la revista empezo con escasos medios, con un equipo muy reducido de personas. Era más una suma de buenas voluntades que de verdaderos profesionales de la prensa, pero poco a poco se fueron agregando periodistas profesionales que, de manera voluntaria, aportaron su contribución.

– ¿Cuál es la idea principal de la revista?

JJB: La idea y la finalidad de la revista son comentar la vida de un español o, más bien, de un hispanohablante que vive en París, una región o bien en Francia y contar cuál es su realidad y su visión de la vida cultural, laboral y asociativa en este país, con esa doble pertenencia (es decir: ser español o de origen español o bien francés interesado por la cultura y el idioma castellano, pero al mismo tiempo estar totalmente integrado en la sociedad francesa).

– ¿Qué temas españoles os gusta tratar generalmente en la revista?

JJB: « Luz y Calor » es una revista generalista, socio-cultural, básicamente abierta a temas : culturales, asociativos, deportivos y laborales. Pero también trata de: cine, literatura, música, gastronomía, exposiciones de artes plásticas, hechos de sociedad, ecología o turismo.
Las empresas y el mundo laboral tienen su espacio permanente y la vida asociativa es un tema axial y esencial. También son muy importantes los temas cívicos y políticos propios al colectivo o a la colonia española, pero son tratados sin posturas ideológicas o sentido de parcialidad. Intentamos ser lo más objectivos posible.

– ¿En qué lugares se puede conseguir la revista?

JJB: La revista es distribuida por dos canales :
1. Por suscripción.
2. De manera gratuita en lugares tan diferentes y diversos como instituciones : la Embajada, los consulados, Institutos Cervantes, colegios, bibliotecas, Cámara de Comercio, bancos, tiendas de productos españoles, restaurantes y bares de tapas, ciertas librerías, asociaciones de todo tipo vinculadas con la cultura española en su sentido amplio, lo que significa que esta lista no esta cerrada, al contario y según las oportunidades tambien se puede encontrar la revista en otros recintos como : salas de conciertos, ferias profesionales, escuelas de danza, aeropuertos, empresas, agencias de viajes …

– En cuanto a Espamedia, la asociación que edita vuestra revista: ¿Cuándo, por qué y para qué la creasteis?

JJB: Vio la luz a finales de 1993 con la intención de volver a informar a la colonia después de que hubieran desaparecido (cuando se restableció la democracia en España) las pocas revistas editadas por los exiliados o los partidos políticos prohibidos en los años 60 y 70. Nuestra línea fue la de constatar que un idioma y una cultura tan importantes como la nuestra ya no tenían en este país, un soporte de información con una periodicidad establecida y costante.

– ¿Con qué instituciones españolas colaboráis (o cuáles colaboran con vosotros)?

JJB: El Ministerio de Trabajo e Inmigración español nos aporta una ayuda material gracias a una subvención pero por regla general todas las instituciones como la Embajada o el Instituto Cervantes nos informan de sus actividades y nos envían notas de prensa e informaciones de interés para nuestros lectores.

– En Espamedia, ¿realizáis actividades? ¿Me podrías explicar cuáles son, qué se hace en ellas y cómo se puede asistir ?

JJB: Espamedia sólo se dedica principalmente en publicar cada dos meses, la revista « Luz y Calor». Son 6 números por año. Tenemos en proyecto reactivar nuestro sitio de Internet :
Saveur d’Espagne.com (Sabor de España.com) y tambien publicar de nuevo nuestra guia de bolsillo («Le Guide des ressources culturelles espagnoles en France ») sobre todo lo que se refiere a España en Francia en el plano institucional, cultural, asociativo, económico y laboral. El tema de formación para jóvenes periodistas también será reactivado próximamente.

 

Cuaderno de viaje – Reportaje – Un Semestre Inolvidable 15 de noviembre de 2008

Filed under: Chile,Culturas,Reportajes,viajes — Marga Lua Soleil @ 01:09
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Una mexicana y una francesa nos cuentan su experiencia como estudiantes de intercambio en nuestro país

– Un reportaje de Margarita Ruiz Temprano –
Ly Sia Tho en su viaje al sur de Chile a las Torres del Paine

Ly Sia Tho en su viaje al sur de Chile a las Torres del Paine

Brenda vive en una habitación pequeña pero acogedora en una residencia de estudiantes de la comuna de Providencia (Santiago). Las paredes color crema de su cuarto están decoradas con algunas fotos de carteles antiguos de Coca Cola, de esos tipo años cincuenta. También hay una hoja crujiente y seca del ya pasado invierno santiaguino y un póster de una sensual Marlilyn Monroe que hace ojitos a quien la observa. Brenda ha convertido una botella de pisco Fuegos en un alargado florero que ahora contiene un hermoso girasol dorado. Otra botella la tiene llena de brillantina y lentejuelas que nadan en el agua cuando giras el recipiente. Divertida y concentrada, esta mexicana de cabello corto y liso como una tabla, deja a un lado sus conversaciones de messenger para servirse una enorme taza de cereales con leche. “Acabo de volver en un viaje de 5 días a la Patagonia y estoy cansadísima”, cuenta, aún ilusionada. “Fue magnífico. Hubo mal tiempo, pero fue fenomenal. En las Torres del Paine, los paisajes te dejan sin habla, y los pingüinos son tan hermosos… Todo eso te deja sin palabras”.

Brenda de León es una de los muchos alumnos extranjeros de intercambio que cada año llegan a Chile cambio que cada año llegan a Chile para estudiar en nuestras universidades durante un semestre. Pero

de julio (2008) a enero (2009)

Nombre: Brenda de León Becerra / País: México / Edad: 20 / Carrera: Procesos Educativos / Universidad: Católica / Estadía: de julio (2008) a enero (2009)

no es la única. Ly Sia Tho, una francesa de ascendencia asiática, de pícaros ojos rasgados y larga cabellera negra, cambió su Francia natal por un semestre en Chile. “Quise venir aquí porque en Francia siempre me dijeron que Chile era un lugar muy agradable y que la gente era muy cariñosa”, confiesa, arrastrando las erres, como buena gala. “Y también me gustaba el hecho de que hubiera multitud de paisajes diferentes en un mismo país”.

Ly Sia: “Quise venir a Chile porque en

Francia siempre me dijeronque era un

lugar muy agradable y que la gente

era muy cariñosa”

Algunos de esos paisajes ya los han visitado. Brenda, enumera con orgullo todos los lugares de Chile en los que ha estado: “He viajado a La Serena, Pucón, Arica, Viña del Mar, Puerto Natales y Punta Arenas.

de julio (2008) a enero (2009)

Nombre: Ly Sia Tho / País: Francia / Edad: 19 / Carrera: Comercio Exterior / Universidad: Instituto Esucomex / Estadía: de julio (2008) a enero (2009)

He tenido la gran oportunidad de viajar mucho. Pero me ocurre una cosa contradictoria y es que por un lado quiero ‘comerme América del Sur a mordidas’ y por el otro lado tengo la universidad… Obviamente yo vine aquí a rendir, pero estar en otro país, con otras costumbres… distrae demasiado. Vine pensando en viajar y en estudiar… sobre todo en estudiar mucho e incluirme en las actividades de la universidad, como hago en México, pero luego la tentación de visitar y descubrir el país ha sido demasiado grande. Estudio, pero no tanto como solía porque me merece más la pena conocer Chile.”

“Los chilenos viajan poco por su propio país”, opina Ly Sia. “Cada vez que les decimos que nos acompañen nos dicen que no. Nunca quieren. Y no lo comprendo, ¡porque tienen un país muy bonito! Todos deberían conocerlo”. Ly Sia sonríe bajo las dos grandes mariposas de tela roja que adornan la pared de su habitación mientras recuerda todo lo que ha visto aquí: “Ya he estado en la Patagonia para ver los glaciares…¡El fin del Mundo! …Y los pingüinos”, termina, justo antes de echarse a reír. “Todo esto es tan diferente de Santiago… Y a una distancia de tan sólo 3 horas en avión. ¡Increíble! Quería ver los glaciares porque en Francia soñaba con el Mont Blanc pero… ¡no es nada en comparación a esto!”, bromea. “Y también me fascina el desierto del norte. Así que ahora quiero ir allí… ¡cuando tenga dinero!”, ríe, divertida. “También he ido a Viña del Mar y es un buen sitio para visitar porque es como una postal: un lugar idílico. Y es

un sitio donde se puede ir con amigos y pasarlo muy bien… Ir a la playa…, al casino”. Su sonrisa se torna pícara de nuevo y se carcajea una vez más.                                                             

Ly Sia: “Los chilenos viajan

poco por su propio país

y no lo comprendo ¡porque

tienen un país muy bonito!

Todos deberían conocerlo

Sin embargo, ambas chicas viven y estudian en Santiago, la capital de la que los chilenos se quejan todo el tiempo, la ciudad que critican de ruidosa y de sucia entre otras cosas. Pero, ¿qué opinan ellas? Brenda gira la cabeza y pone los labios en forma de u mientras piensa: “Cuando llegué a Santiago creía que iba a encontrar un Chile más típico, en el que se notara más su cultura. Pensaba que la vería en la vida normal de la gente, no sólo en sus Fiestas Patrias. Creí que encontraría gente vestida de mapuche… o, por lo Menos, pensé que hallaría sin esfuerzo  restaurantes de comida típica. No toparme con estas cosas fue un poco decepcionante, pero paseé mucho por la ciudad, para conocerla, y fui al Museo de Bellas Artes, al Cerro Santa Lucía, a La Moneda… Y todo me encantó. Aunque no puedas ver la cultura en la calle, los lugares específicos están muy buenos. Todo está súper arreglado y además es barato. Hay buenas exposiciones, con buenos temas. Y Santiago en sí me ha parecido muy, muy limpio y con una educación vial excelente. Hay respeto por los carabineros, mientras que en México se los pasan por el arco del triunfo“. Ly Sia, por su parte, opina algo parecido: “Para mí, Santiago no es la parte más interesante de Chile, porque no hay muchas cosas típicas. Por eso me interesaba mucho ir al sur, porque ahí es donde está lo más típicamente chileno. Pero me gusta porque las calles son muy limpias, los edificios tienen un modelo casi estadounidense, moderno, y la gente es muy simpática. Para mí, Santiago es una buena ciudad para vivir en ella. No para visitarla, pero sí para vivir”. “Creí que los chilenos serían más familiares”, comenta Brenda, “como en México, donde la familia se junta los domingos y pasa el día reunida. Sin embargo, aquí la gente

Brenda: “Creo que los chilenos

no son muy fieles. Aunque los

que yo he conocido son ¡hermosos!”

es más independiente. Además, los  hombres chilenos… Bueno, siento que no son muy fieles, que sólo quieren una noche contigo y ya…” Entonces, esta mexicana de ojos redondos y avispados se sonríe de oreja a oreja: “Aunque, por lo menos los que yo he conocido, son ¡hermosos!… Qué hombres…” Y al decir esto se queda mirando a través de la ventana con cara de felicidad. “A los chilenos les gustan las rubias y de piel muy blanca… eso les parece muy sensual”, sonríe Ly Sia, acerca de su idea de los hombres de nuestro país. La opinión de Brenda no es muy distinta en ese sentido: “Acá les pones piel blanca y pelo rubio y, ¡bueno!, te tratan mejor que a Madonna… Pero ese vocabulario…” La mexicana no puede dejar de sonreírse al hablar de este tema: “Si yo, que hablo español, a veces no los entiendo, imagínate los extranjeros… Tienen un vocabulario tan raro… Yo clasificaría Chile como uno de los peores países para aprender español…

Ly Sia: Santiago no es lo más

interesante de Chile. Pero es

una buena ciudad para vivir”

Su vocabulario agarra de todos los lugares de habla hispana, pero ellos lo colocan y lo usan a su manera.Hablan súper rápido y con un montón de palabras suyas que nadie más entiende fuera de aquí. Es gracioso. Incluso, no me gusta cómo se ven las mujeres hablando chileno pero  me gusta cómo les queda el acento a los hombres. Eso sí, ¡me tienen  que repetir las cosas como dos veces porque no los entiendo!”

Ly Sia: “Vine a perfeccionar

mi español, creyendo que

así sería más fácil, ¡y me

tuve que encontrar con

‘¿cachai?’ y ‘weona’ !

Para la atípica francesa de ojos rasgados, nuestro acento también es un tema curioso: “Es que los chilenos hablan muy rápido y antes no los entendía. Además, me estancaba con las palabras como “¿cachai?” o “weona” , que nunca las había oído. En clase de español no las enseñan. Así que ha sido muy divertido. Estudio español desde hace casi 6 años, pero como no era muy buena en ello decidir venir a perfeccionar, creyendo que así sería más fácil, ¡y me tuve que encontrar con “cachai ” y “weona“!”, termina Ly Sia, riendo.

Sin embargo, la francesa tiene muy claro que, a pesar de las dificultades que ha podido encontrar con nuestra particular forma de usar el idioma, volvería a Chile: “Estoy segura de que voy a regresar a Chile un día. Tengo que hacerlo. Tengo que ver el norte y… también está el pisco. ¡Viva el pisco!”, ríe. “Oh, no… Creo que voy a llorar cuando regrese a Francia porque allí no hay… Y ya me es imposible vivir sin él. Una vez lo pruebas ya no lo puedes dejar. ¡Va a ser horrible!”

Brenda, por su parte, también tiene claro lo que este semestre de intercambio a supuesto para ella: “Mi estancia acá ha sido inolvidable. Es más de lo que yo pude haber pedido. Cómo me he relacionado con todos… Cómo me tratan las personas de acá… Es estupendo. Esto lo voy a recordar toda la vida. No cambiaría esta experiencia por nada”.

Brenda de León en un paseo por barrio Yungay, Santiago

Brenda de León en un paseo por barrio Yungay, Santiago

Ly Sia en su habitación, en la residencia en la que vive

Ly Sia en su habitación, en la residencia en la que vive

 

Cuaderno de viaje – Tomando contacto 10 de noviembre de 2008

Filed under: Chile,Chilenadas,Cuaderno de viaje,Culturas,viajes — Marga Lua Soleil @ 00:29
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LOS COLECTIVOS -julio 2008

Después de varios años de conocer a gente de Latinoamérica yo tenía bastante claro que un colectivo era un autobús… Lo que no sabía es que los chilenos pensaban de otra manera y que iban a seguir sorprendiéndome con cada paso que diera.

Bien, me enteré de la gran diferencia entre mi idea de colectivo y la de los chilenos cuando la amiga en casa de la cual me estaba quedando hasta encontrar casa propia me dijo que tomaríamos uno para llegar hasta la estación de metro más cercana (ella vivía en la precordillera. Para que nos entendamos, muy lejos del centro de Santiago, en lo que podríamos denominar un barrio residencial alto. Por eso el camino hacia Santiago centro era muy largo). Íbamos caminando frente a la imponente cordillera repleta de nieve cuando veo torcer la esquina a un taxi negro con un cartelito sobre el techo. Mi amiga levantó la mano y yo le pregunté: “¿Es que vamos a ir en taxi? Pensé que íbamos a coger un colectivo”. Ella se giró y me miró, muy seria: “Claro, ése es el colectivo…” “¿Éseee??”

¿¿EIN??? E fin, si ella lo decía, era mejor no discutir. Otra cosa quizá no, pero los chilenos siempre tienen razón…  Así que me subí medio confundida, medio curiosa y

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

me quedé callada, pensando. Entonces, ¿los chilenos llamaban colectivos a los taxis?? A lo mejor era porque como los usaba mucha gente pues no eran “privados”, sino colectivos, por esa razón (je,je, que  ilusa). Mi amiga, entretanto, abrió su bolso y pagó directamente al conductor… Me extrañó. En España, en los taxis se paga cuando has llegado a tu destino, nunca antes… Entre otras cosas porque no sabes lo que va a marcar el taxímetro. Pero aquí no parecía haberlo. Saqué otra conclusión errónea. Quizá aquí no se usaban los taxímetros (luego descubrí que poco, pero sí se usan). Pero cuando ya por fin logré darle cierta coherencia a las cosas fue cuando vi que otra persona, en la acera, elevaba la mano. Mi reacción fue creer que el coche iba a pasar de largo… ¡pero se paró! ¡Y la mujer entró al coche y se sentó en el asiento de delante! Pero eso no fue todo. Un trecho más tarde, una mujer con una niña se subió también y se apretujó junto a mi amiga en el asiento de detrás, sentando a la niña en sus rodillas. A mí aquello me recordaba a los anuncios de Malibú (sí, los del famoso “me estás estresaaaandooo”) no por lo pintoresco, pero sí por lo achuchados que íbamos todos. Lo encontré bastante cómico.

Otra cualidad de los chilenos es que se ofenden con mucha facilidad. Así que cuando salí del “colectivo” y, un poco alucinada, le empecé a preguntar cosas a mi amiga, tuve la sensación de que se enfadó (por mi alucine). Le comenté que yo antes pensaba que un colectivo era un bus y me respondió justo después: “No, po. Son como los taxis, sólo que pueden usarlo cuatro personas distintas. Y siguen un recorrido establedido, como los buses. Y según lo lejos que quede la parada a la que quieres ir, hay un precio”. “Qué curioso”. “¿Por qué?” Es que yo no sabía eso”. “¿Nunca te habías subido a un colectivo?” Otra cualidad más de los chilenos, creen que lo que hay en Chile existe en todas partes. “Pues no.., respondí “En España los taxis no se comparten”. “Es que no es un taxi, es un colectivo”. ¿Estaba mosqueada? “Ya…” “Así que en España no hay colectivos? “No”. “En mi opinión son mucho mejores que los taxis porque no contaminan tanto y llevan a mucha más gente”. Cuarta característica chilena: todo lo que se hace en Chile es un ejemplo para la humanidad, ya sea para bien o para mal. Chile es un modelo a seguir o a evitar en cualquier tema que se trate. En fin, también, si pusieran buses, estos contaminarían menos que los colectivos y llevarían a más del doble de gente… ¿Para qué ponerse a justificar algo si nadie lo ha criticado? Bueno, es algo que muchos chilenos suelen hacer. Uno pregunta por qué se hace tal cosa en Chile, por simple curiosidad, y ellos empiezan a justificarse, como si fuera vergonzoso que las cosas se hicieran así… Es extraño porque, igual que tienen un gran orgullo de su país, por otro lado también se lamentan de él. Los españoles siempre se lamentan y ya está, ja,ja. Cero admiración. (Salvo que se trate de españoles en el extranjero. Entonces, en general, nos exaltamos. Paradojas de la vida…)

Ah, aquí está la causa de mi confusión:

colectivo a la argentina

colectivo a la argentina

colectivo a la chilena

colectivo a la chilena

P.D. Por si alguien pudiera sentirse ofendido, quiero aclarar que no son críticas lo que hago acerca de Chile. A mí casi todas sus cualidades me sorprenden, me hacen gracia y mantienen vivo mi amor por este país. Espero que quienes lean esto lo entiendan igual que yo. ¡Saludos!

 

Cuaderno de viaje: Los chilenos no respiran 9 de noviembre de 2008

Filed under: Chile,Chilenadas,Culturas,viajes — Marga Lua Soleil @ 19:49
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ESA DIVERTIDA FORMA DE HABLAR – 21 de julio de 2008

Al salir del aeropuerto con un frío que pelaba (¡y yo que venía de los 40 ºC del verano de mi tierra!), yo no podía dejar de mirar por la ventana el cielo gris y la cordillera, que se adivinaba al fondo. Era enorme, mucho más de lo que la recordaba (de mi anterior viaje a Perú).

Mientras, mi amiga y su madre iban preguntándome cosas acerca de mis planes y de la universidad. Era la primera vez en mucho tiempo que escuchaba hablar a dos chilenas en directo y empecé a parpadear mientras me echaba cada vez más para adelante. Lo que cualquier persona no chilena y sin experiencia en el tema habría captado ahí habría sido un chorro de palabras sin espacios y un montón de galimatías que mejor denominaremos “chilenismos”. ¡Era increíble! ¡¡Cómo podía una persona hablar tan rápido!! “Es como si no respiraran”, se me pasó por la cabeza. Me sonreí al recordar que ésta era una de las mayores características de este acento que amé desde que lo escuché por primera vez. Además, estaban todos esos chilenismos, palabros sin los cuales este país no sería ni la mitad de divertido.

Pero nos queda tiempo para descubrirlos. Son tantos y tan variados que no os vais a aburrir.

Más tarde me preguntarían mis compañeros de la universidad: “¿Es que hablamos rápido?” Nooo, sólamente os falta respirar un poco, pero nada más… Je.

Y para que tengáis una muestra de cómo se habla por aquí, este anuncio de Super 8, en el que no se entiende ni jota (a menos que seas chileno, claro ;D) Si alguien lo descifra entero, ¡que lo haga saber!

¡Suerte!

– Hay cosas que sólo entienden los chilenos (comercial de Súper8) –

 

Con la mochila al hombro me voy a… Costa Rica 21 de febrero de 2008

Mapa de costa rica

Mapa de Costa Rica, cc Reservasdecoches.com en Flickr

Esta vez, las agujas del destino me han llevado de vuelta a mi querida América y, en concreto, a Costa Rica.

Realmente uno nunca sabe dónde estará en uno o dos años, pero cuando aquél grupo de compañeros elegimos, allá en el Uruguay (en 2005), Costa Rica como sede para encontrarnos de nuevo en América, supe que no podría faltar. Y me vi allí. Me vi compartiendo suelo (la mejor cama) una vez más con mis colegas de aventuras, pateándome la geografía con mi mochila a la espalda, compartiendo por unas semanas la vida cotidiana de las gentes de otras tierras.

El 26 de diciembre, hace escasamente dos meses, mi mochila y yo aterrizamos en el aeropuerto de San José de Costa Rica, donde la temperatura era amable y el paisaje te llenaba el corazón de vida. En ese momento tuve la certeza de que mis días allí serían inolvidables. Las montañas, de un verde intenso, rodeaban el hermoso valle que llega hasta los volcanes Poás e Irazú, dos monumentos naturales que, como buenos aventureros, nos atrevimos a remontar.

Pero eso vino más tarde. En ese momento en concreto, nuestros fantásticos anfitriones nos esperaban a la salida del aeropuerto. Se trataba de los miembros de Kabékwak (o lo que es lo mismo, la asociación costarricense de expedicionarios de Ruta Quetzal), entre los que se encontraban nuestros “jefes”: el siempre ocupado y trabajador Arturo y la diligente Anouk y también la que sería monitora de mi grupo: Paloma, también conocida como “la monitora de pelo rojo”, pues ése era el eléctrico color que lucía su cabello. Ellos anotaron a los que habíamos llegado y nos montaron en un taxi que, por un dólar cada uno, nos llevaría a los 9 que hicimos grupo hasta el sitio que habían preparado para que los aventureros pasáramos la primera noche.

En el primer intento, el taxista nos llevó a un centro de beneficencia en el que salió un propio a preguntarnos a qué se debía la visita. En fin, tras las risas por la equivocación (pues, evidentemente, aquél no era nuestro sitio), pusimos rumbo al club deportivo en el que encontraríamos una cómoda pista de césped artificial para dormir. Fue allí donde pude reencontrarme con viejos amigos y donde conocí a uno de esos personajes entrañables que nunca olvidaré: Gabi, una argentina dulce y dicharachera que al principio se resistió a dejar que la grabara con mi cámara pero que poco después corría a ponerse delante del objetivo para contarme, con su acento acaramelado, todo lo que veían sus ojos. Como ella misma dijo una vez, esa niña era “puro amor“, a pesar de que, como siempre le recordaba la voz de su conciencia (es decir, Saris, una muchacha peruana de ojos chocolate y una gran amiga), nunca supiera dónde nos encontrábamos.

Realmente no sé si dentro de unos años adivinaré a dónde fui o no, porque la primera vez que me dijo a cámara por dónde andábamos soltó que aquello era “El Salvador de Costa Rica“… Momento en el cual todos nos quedamos en blanco, dándole vueltas al asunto con extrañeza, hasta que ella misma dio el grito de alarma: “¡¡Noooo, dije El Salvador!! ¡¡Dije El Salvador!!

Tengo buenos recuerdos de aquel día. Era el segundo que pasábamos ya en el país y nos fuimos a patear los alrededores en San Antonio de Belén, en el cantón de Belén de la provincia de Heredia.

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(Mis amigos Manu y Gabi conmigo en Heredia, haciendo un fingido autostop)

San Antonio de Belén era un pueblo pequeño pero con bastante tráfico, un lugar de casas bajas y con una iglesia de color rosa palo. Fue el primer lugar donde tuve contacto con el gran pueblo tico (costarricense). Hablamos con los viejos a la puerta de la iglesia, cuatro hombres de piel morena y cuarteada que nos preguntaron de dónde éramos, nos dieron la bienvenida y nos explicaron un poco cómo era la vida allí: Costa Rica, un país tranquilo y pacífico, sin ejército, al que cruzan muchos emigrantes nicaraguenses para trabajar en épocas de cosecha. También fue el lugar en el que compré dos adaptadores, pues al llegar al país pude comprobar que mis enchufes europeos no podrían meter sus patas redondas en los tomacorrientes ticos, que son para patas planas y un voltaje de 120V.

No nos costó mucho encontrar la tienda adecuada porque, como allí todo el mundo se conocía, podías perfectamente entrar a una tienda de fruta y preguntar allí, que ellos te enviaban al sitio preciso y además te decían que dijeras a los tenderos del otro lado que ibas de su parte. Así conseguí mis nuevos enchufes que harían que mis aparatos eléctricos se cargaran a velocidad de hormiga pero, al menos, vivieran. 😉

Ese día todavía faltaba por llegar la mitad de los ruteros que constituiría, junto con los que ya estábamos, el V Encuentro Latinoamericano de Ruteros (si aún no sabes qué es la Ruta Quetzal, puedes informarte aquí). La espera se hizo larga pero pronto quedó completa la que sería nuestra familia en los 15 días siguientes, una familia compuesta por miembros de 32 países diferentes.

Nos mudamos de alojamiento a un polideportivo dependiente de la Universidad Metodista en San Pedro Montes de Oca, un cantón de la provincia de San José, al este de la capital. De aquel sitio recuerdo el frío que pasaba por las noches, ya que en el techo había una rendija que dejaba pasar tanto la luz como el viento nocturno (lleno de humedad), y las gélidas, gélidas duchas cuya agua te cortaba la respiración. Aún oigo los gritos de Gabi cuando el primer chorro le cayó justo en la coronilla. Lo gracioso fue que la chica que se había duchado antes que ella había estado gritando igual y ella había estado fuera diciéndole con una sonrisa y cara despreocupada “pero ¿por qué gritás? No hase falta que grités, ¿no ves que todo es psicológico? Tu mente te está engañando, no está tan fría… Es todo psicológico.” Así que todas le dijimos a Gabi lo mismo minutos más tarde muertas de risa, aunque creo que temblaba tanto que ni nos escuchó la broma.

Bueno, y con esto y un bizcocho (un tres leches para ser exactos)os dejo hasta la siguiente crónica tica.

Besiticos, aventureros.

Tres Leches. From Animal.

 

Ruta Quetzal – El Amazonas (Tercera Parte) 25 de diciembre de 2007

Filed under: Culturas,Ruta Quetzal,viajes — Marga Lua Soleil @ 17:55
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El cuarto día de Ruta nos levantaron a las 4 de la mañana. Era aún de noche y nada parecía moverse al otro lado de las ventanas del barco… aunque sabíamos que la selva bullía de vida a nuestro alrededor…
Nos bajamos de la embarcación junto con nuestras mochilas, mirando hacia la espesura con inquietud y curiosidad, pisando el barro de la selva con cierta incertidumbre y con bastante

ilusión. En las dos horas que estuvimos esperando, vimos amanecer en el Amazonas y también hubo tiempo de que nos cayera un cálido chaparrón… La única vez, creo, que usé la capa de agua en la Ruta (por suerte).

María (de Madrid), y yo con la capa de agua en la selva.

Fue a eso de las 6 cuando vimos aparecer unas curiosas barcas, los peque-peques, en teoría llamados así por el ruido que hace su motor: “peque-peque-peque-peque…”
Para algunos, el viaje en peque-peque, fue lo más aburrido de la Ruta, o lo más desagradable (pues hubo gente que se mareó y vomitó durante el trayecto). Yo lo pasé genial en esas 14 horas, que se me pasaron volando.

El amanecer en el Amazonas, con los peque-peques aparcados en las orillas.

La travesía comenzó por aquellos pequeños afluentes del Amazonas, serpenteantes, donde tan pronto el lecho del río puede medir varios metros como tan sólo unos pocos. En esos momentos, dependíamos totalmente de la pericia de nuestros conductores para no encallar. De hecho, a mitad de camino uno de los peque-peques quedó varado a un lado del río y los que lo ocupaban tuvieron que esperar durante varias horas a que otros los rescataran. Así, otro peque-peque tuvo que llevar al doble de la gente que podía portar y en alguna ocasión estuvo a punto de volcar… Pero Jaime (Belmonte) sigue vivo, así que eso no ocurrió, xD.

En aquella fantástica travesía por el río más caudaloso del mundo pudimos maravillarnos con la belleza de esta selva tan increíble, ese pulmón del mundo. Vimos y oímos llover a nuestro alrededor, a indígenas pescando y observamos libélulas, garzas y monos que nos aullaron desde lejos.

Lluvia.

Peque-peque.

Ale, mi amiga de Guatemala, y yo en el peque-peque, bebiendo de las famosas bolsas de agua.

Fue una jornada increíble en la que tuvimos la oportunidad de conectar al máximo con la naturaleza y de conocernos los unos a los otros. De hecho, aquel día conocí a algunos de mis mejores amigos.

Nos rondaba algún que otro mosquito y el calor, pegajoso, se veía aumentado por los salvavidas que teníamos obligación de llevar, cuando pasó Jesús Luna (jefe de campamento de la expedición) en una lancha más rápida diciéndonos por su megáfono: “Policía de Pacaya Samiria, ¿tienen los pasaportes y los papeles en regla?” Al principio, antes de verle, creímos que la cosa iba en serio y nos quedamos sin habla porque no llevábamos encima ninguna documentación, pero luego lo vimos y nos echamos a reír.

A la hora de comer, los peque-peques se aparcaron a un lado del río y pudimos bajar a tierra a un claro rodeado de selva. El sitio estaba bastante embarrado, pero pudimos comer y escuchar una conferencia sobre las pirañas y los delfines rosados del Amazonas. Estos últimos, cuando los vimos, nos sorprendieron a todos mucho. Eran hermosos. Pero después de oír las palabras de los biólogos que nos acompañaban acerca de las pirañas todavía hubo quien navegó en nuestras barquitas con la mano metida en el agua como si estuviera en un paraíso idílico de película… Yo siempre pienso que es un milagro que nadie saliera de allí con una mano menos…

Fiesta en el Peque-peque.

 

En el camino de vuelta, muchos grupos se aburrían dentro de sus peque-peques, pero nosotros organizamos una fiesta de padre y muy señor mío y cada vez que pasábamos a otra barca le cantábamos el himno de la Ruta o el famoso “Acelera, acelera…para ser conductor de primera…” y “Adiós con el corazón…” =] . El resto del tiempo lo pasamos bailando y cantando… y también contando historias de miedo de nuestros respectivos países de origen cuando nos envolvió la noche y no nos podíamos ver (si encendíamos la luz, acudían los mosquitos).

Y así, a la hora de la cena, divisamos las luces de nuestros barcos y nos subimos a ellos para comer… ¡pollo con arroz!

Fue un día y una experiencia inolvidable.

De esta manera, chicos, llega a su fin la historia de hoy… ¿Continuará la expedición por la Amazonía? ¿Y el viaje entero por Perú?


 

 
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