La brújula del camaleón

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Luna Nueva – El crepúsculo de la libertad 18 de noviembre de 2009

Filed under: Comentarios*Cine* — Marga Lua Soleil @ 19:11
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Una cola enorme, kilos de palomitas rechinando y crujiendo en los dientes de ciento y tantas jovencitas (y no tan jovencitas) murcianas…

Sí, ayer acompañé a una amiga a ver la nueva de Crepúsculo: Luna Nueva… Con un poco de escepticismo tras la cursilada de la primera película y con el estómago ya  hecho a tanto empacho de amor culpable (porque no hay momento en la saga Crepúsculo en el que uno de los dos de la parejita no se esté disculpando por una cosa o por otra). Pero hay que ver primero para opinar, ¿no?.

En general la película no está mal, es fiel al libro y de mejor calidad que la primera, en mi opinión. Los personajes son mucho más cercanos al espectador, aunque no niego que en eso el personaje de Jacob tiene mucho que ver. El actor que lo interpreta, Taylor Lautner, ha resultado ser, a parte de otro mazas fornido (esta chica no puede relacionarse con tíos normales), un chico que transmite muy bien en cámara. Mientras que la inexpresiva Kristen Stewart cada día me parece más sosa (cuando su personaje no es “tan” languido en realidad) (cursi sí, pero eso es otra cosa). En esta saga no acierta en su actuación.

Pero entrando en materia dura… No niego que la saga Crepúsculo constituye una historia entretenida, no una gran lectura, pero algo suficientemente ameno como pasar el rato (no en vano es un fenómeno de masas), pero aún así hay muchas cosas que me han hecho torcer la boca de disgusto en más de una ocasión mientras leía Crepúsculo, Luna Nueva, etc. (en muchas ocasiones en verdad). (Pero hay que leer para conocer…).

 

Me extraña que a nadie le llame la atención la cantidad de valores anticuados, posesivos y sexistas que nos están haciendo tragar con embudo Stephenie Meyer y sus vampiros relamidos. La relación de los protagonistas tiene todo el perfil de una relación enfermiza en la que una persona hace sombra a la otra. Vale, la historia tiene gancho por aquello del amor prohibido y el morbo de la sangre… Pero, ¿por qué nadie se para a analizar un poco a los personajes principales?

Para empezar está Bella, una chica a la que todo el mundo a su alrededor considera una inútil y desvalida doncella. ¿Reconocemos la imagen? Totalmente medieval: la de la típica damisela en apuros que necesita un hombre que, como dice textualmente Edward, la mantenga “a salvo de sí misma” y de los grandes peligros del mundo, como son los vampiros, las motos, los bordillos de las aceras, las piedras del campo, el propio suelo… En pocas palabras, la tratan como si fuera estúpida. Y lo peor es que ella se deja.

Pero a ver, ningún hombre ni niguna otra persona es tan fabulosa como para que la vida de su pareja se reduzca a nada para estar con ella. Edward será muy maravilloso, escultural y perfecto pero, en cuanto él aparece, esta chica deja de tener vida propia. Toda su vida es Edward. la gente de su alrededor le da igual y podría prescindir hasta de sus padres si él se lo pidiera. De hecho, para estar con él tiene que morir y dejar toda su vida y lo que hay en ella de lado para siempre. ¿Hay renuncia mayor? ¿Hay una posesividad mayor que ésta? Pensémoslo… Estar con Edward significa no ser nadie… Nadie más que la señora de Cullen. Y me tenéis que perdonar pero creía que las mujeres ya habíamos superado esto hace al menos un siglo.

 

Edward es el perfil de chico posesivo y controlador. Su paternalismo, de verdad, me da náuseas. Resulta que en Luna Nueva decide (él solito) que él es malo para Bella (cosa que debería decidir ella, no él) y se va y la deja tirada… ¡Bueno, qué perfecto caso de Maquiavelo! Sí, sí, “el fin justifica los medios”  Y aquí el fin es el bien de Bella, ¿no? Pues entonces no le importa hacerle la puñeta yéndose con tal de llegar al fin que él decide que es correcto (o sea, que Bella esté a salvo y que haga una vida normal, bla, bla). Pero, ¿alguien tiene en cuenta en algún momento qué es lo que quiere Bella? El chico hace lo que se le antoja con ella y encima ella siempre estará ahí para aguantarlo: que decide que se va, pues se va, que decide que vuelve, ¡ah!, pues vuelve, si total, Bella no se queja, siempre lo entiende todo. 

Pero es que si, en teoría, Edward quiere lo mejor para Bella, que la deje hacer lo que quiera con su vida, y que no se comporte como su padre. “No hagas esto”, “no saltes”, “Para”, “no puedes valerte por ti misma”… Con razón la chica que estaba a mi lado en el cine dijo: “¡Pero bueno! Es que este chico no le deja hacer nada!”. Exacto. Bella hace lo que él quiere y no hace lo que él no quiere (él decide que tiene que ir al baile, pues ella va; a ella le da fobia el matrimonio, da igual porque Edward se saldrá con la suya… Es así).

Y luego, resulta que Edward, El Perfecto, decide sin consultar a nadie que a parte de irsa va a desaparecer y que sea como si nunca hubiera existido. Y la deja sin fotos y sin los regalos que le hizo. Pero, ¿quién es este chico para decidir que la deja sin recuerdos? Irse es cosa de él, pero los recuerdos son de ella.

Pero lo peor es que Bella está tan enamorada… o más bien, tan obsesionada que traga con todo, porque, claro, Edward es tan perfecto que él tiene la razón… Ella es la patosa, la inútil, la poca cosa, la que no es merecedora de que ÉL se haya fijado en una niña tan poco atractiva como ella se cree. En serio, es preocupante… Este perfil coincide con el de las mujeres que, muchas veces sin darse cuenta, caen en manos de chicos absorbentes y posesivos que las cohiben y las reducen hasta que se encuentran en una situación de maltrato psicológico.  

Pero las chicas que han leído y han adorado esta historia se lo han tragado todo, como Bella. Porque se identifican con el personaje. Han aceptado las ideas retrógradas de Stephenie Meyer en cuanto a lo que es el amor, la pareja y la vida. Y de repente, chicas que conozco y que veo que son para todo independientes, trabajadoras, mujeres de su tiempo, etc., luego resulta que se derretirían por un Edward que las “protegiera” (o que las poseyera, mejor dicho). O sea, en el fondo, ¿qué? Muy echadas para adelante pero, ¿lo único que quieren todas las chicas es casarse y tener un maridito perfecto por el que dejarlo todo?

Qué decepción. Y qué pena. En fin. Yo sigo pensando que que a mí no me tiene que mantener ni proteger nadie. Y si pensar en tener un compañero de vida más que un novio perfecto, controlador y sobreprotector es poco romántico… Bueno, allá las demás, yo soy así.

 

Cuaderno de Viaje – Crítica 3 de diciembre de 2008

Filed under: Comentarios*Cine*,Prácticas — Marga Lua Soleil @ 20:13
Arráncame la vida (2008), de Roberto Sneider
Arráncame la vida (2008) de Roberto Sneider

Arráncame la vida (2008) de Roberto Sneider

Arráncame la vida nos lleva al México de los años 30, en concreto, a la hermosa ciudad de Puebla, donde Catalina (Ana Claudia Tarancón) vive tranquilamente junto a su familia. Tan sólo cuenta 15 años cuando, un día de paseo, se topa con el general Andrés Ascencio (Daniel Giménez Cacho), un hombre mucho mayor que ella, poderoso y con mala fama. Él, con sus continuos chistes, sus historias y su buen humor, la engatusa de tal forma que ella comienza a seguir sus pasos con curiosidad, sin darse cuenta de los comentarios machistas y de las actitudes prepotentes del general. Catalina, joven, inexperta y con ganas de que le pasen cosas, cae en sus redes como un gatito, y, como tal, casi ni se queja cuando Ascencio llega poco después a su casa para decirle, sin más, que viene para que se vayan a casar. De esta manera tan rápida e inconsciente, Catalina liga su vida a la de un hombre machista y ávido de poder que nunca la dejará ser libre.

La película está muy lograda. Los actores protagonistas imprimen toda su fuerza a la historia y la dotan de una gran vida. El papel de Giménez Cacho (el general Ascencio en la ficción) nos repele desde el principio. Se trata de un hombre sinvergüenza, ambicioso, cínico y malhumorado que desespera al espectador con cada frase. Sobre todo cuando el espectador está viendo que Catalina, por el contrario, no parece darse cuenta de todos los vicios y crímenes del general, por lo menos durante un tiempo. Aunque ella también llama la atención desde el comienzo por su genio y su viveza. Tan cándida en un principio y tan luchadora después, crea en el público una ilusión y un ansia por la autorrealización y la libertad. El tercer personaje importante es el del músico Carlos Vives (José María de Tavira), un hombre que llega a la vida de Catalina para brindarle un amor de verdad, lejos de los menosprecios a los que la tiene acostumbrada su marido. Su sencillez y su sonrisa transmiten toda esa calma que el general siempre se encarga de alterar después. Los escenarios, magníficos, sumergen al espectador de lleno en la historia, con sus iglesias antiguas, sus casas con patios de luz y sus amplios campos repletos de pasto. El ritmo es bueno y mantiene al espectador pegado a la pantalla. Además, los temas que trata la película, siguen siendo muy actuales, por lo que conectan directamente con el público. Hablamos del machismo y de la corrupción política, asuntos que siguen perjudicando a la sociedad mexicana.

Arráncame la vida es el retrato fiel de una época difícil para la mujer, de la sociedad mexicana de la época y del despertar forzoso de una niña a la que le toca ver la realidad (que se ha casado con un delincuente sin escrúpulos) y luchar por su libertad.

 

Pardon me, but your teeth are in my neck!! 30 de octubre de 2007


Como no podía ser de otra manera, qué menos que celebrar la víspera de Halloween siguiendo con la temática vampírica y rememorando una de las películas más divertidas que recuerdo sobre estos fascinantes seres de la noche: El Baile de los Vampiros (1967), de Roman Polanski.

La película se rodó en una época en la que la productora Hammer vivía un momento de esplendor con el lanzamiento de aclamadas películas de terror como La maldición de Frankenstein (1957), Drácula (1958) y La momia (1959), así que El baile de los vampiros surgió como una parodia a ese cine y como un espléndido homenaje a la vez.

Los protagonistas: el profesor Abronsius (Jack McGowran) y su ayudante Alfred (interpretado por el propio Polanski) constituyen una pareja de ineptos cazadores de vampiros que viajan al país del conde Drácula para acabar con la maldición de estos seres chupasangre a pesar de que les fascinan. Sólo que en este caso, el conde Drácula es en realidad el conde von Krolok.

Cierto es que ésta no es una de las películas mejor valoradas de Roman Polanski, pero reconozco que me ha fascinado desde pequeñita (creo que la primera vez que la vi tendría unos cinco años… ¡y eso que era de vampiros!). Es original, sobre todo en lo referente a los personajes, que son llamativos en todos los sentidos (el profesor flaucho y chiflado, el ayudante miedoso, el vampiro homosexual, la chica inocente pero explosiva, el conde sediento pero educado…)

(Aquí lo vemos más sediento que educado… ejem)

El uso de la cámara rápida para acentuar los movimientos temblorosos del escuálido cuerpo del profesor es genial. Y lo que me encanta es el aspecto de los vampiros: hermosos, aterradores y decadentes al mismo tiempo. Eso está muy, muy conseguido.
Los decorados son inquietantes y espléndidos, con lo que consigue una puesta en escena impactante y muy atractiva.
Y otro de los puntos fuertes es la música (compuesta por Christopher Komeda). Ahí va la prueba:

Lo de la conversión del león en vampiro siempre me hace sonreír. ¡Pero lo de las gotas de sangre me pone muy nerviosa, jaja! Cayendo y cayendo con esa parsimonia, ¡ahh!
Por cierto, es genial cuando en el minuto 1:37 pone: “Fangs by: Dr. Ludwig Von Krankheit” (Colmillos por: el doctor Ludwig). Me hace gracia. ¡Sobre todo porque Ludwig también me suena a un nombre típico para un vampiro!

Para terminar, he de recomendaros que aprovechéis para verla en cuanto podáis (y, si os gusta, me lo contáis, =] ).
También os dejo con algún dato curioso y con una de mis escenas favoritas.

Datos curiosos:
– El personaje de Sarah, el objeto de amor de Alfred (Roman Polanski), es interpret
ado por Sharon Tate, actriz que un año después contrajo matrimonio con el director polaco.
– El título original de la película es: “The Fearless Vampire Killers or Pardon me, but your teeths are in my neck” que viene a ser: Los temerarios asesinos de vampiros o Perdone, pero sus dientes están en mi cuello.
El baile de los vampiros fue la primera película en color que rodó Polanski y la cuarta
en su filmografía.

Mi escena. Siento no haberla encontrado es español, pero de todas formas es hilarante. ¡Disfrutadla!

 

 
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