La brújula del camaleón

El blog de Lua Soleil – cultura, viajes, fotografía, cine y literatura

El mercado de La Vega Central 19 de abril de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Las “Barbies” y su “Ken”

¿Un kilo de manzanas por 200 pesos (0,26 €)? ¿Tres kilos de naranjas por 300 (0,38 €)? Con estos precios no es de extrañar que casi nos lleváramos la

Foto de veganstraightedge, bajo licencia de creative commons

Foto de veganstraightedge, bajo licencia de creative commons

feria entera (como llaman aquí en Chile a los mercados de frutas y verduras). Volvimos hasta con una sandía redondota y grande, que va estar riquísima cuando le haya dado tiempo a madurar.

En el mercado de la Vega Central (Santiago), había de todo: porotos (judías/frijoles), ajís (chiles), zapallos (calabazas), zapallos italianos (calabacines), zanahorias, huevos, uvas, duraznos (melocotones)… Sí, qué cantidad de nombres distintos, ¿verdad? Aquí uno nunca sabe qué pedir porque, diga lo que diga, seguro que se llama de otra forma. Menos las lentejas o los garbanzos… las patatas son papas, los guisantes son arvejas, las tortillas no son de huevo sino de harina  y el aguacate se llama palta. El pimiento es pimentón, los albaricoques son damascos (si, como si vinieran de Siria) y la remolacha, betarraga.

Para morirse de hambre, vaya. Por lo menos las dos primeras semanas. Luego te avispas.

Al principio era como un juego, un reto, eso de ir al supermercado. Me miraban raro cuando preguntaba por la lombarda, porque aquí se llama repollo morado, o por los puerros, porque en Chile los llaman porrones. Era como si me hubiera ido a otro planeta. Pero me resultaba muy divertido, así que me los aprendí enseguida.

fot de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons

foto de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons

 Sin embargo, a lo que no me acostumbro es a la picardía de los hombres chilenos. No hay lugar en que no te miren o piropeen de forma notoria. No escandalosa, como los Argentinos, pero hablarte, te hablan, cosa que en España sólo es común si una pasa cerca de una obra.

Aunque hay piropos y piropos. En estos 9 meses que llevo en Chile he oído de todo, desde las ordinarieces más absolutas que le dijeron a una amiga, hasta lo más chistoso. En este último grupo se cataloga lo que nos ocurrió ayer a mi amiga y a mí.

Lo cierto es que me daba algo de “nervio” ir al mercado. Iba con un amigo chileno (al que, por cierto, llamamos Pícaro) y una amiga medio chilena medio “gringa” (de EEUU), y cuando salimos por la boca de metro de Patronato, el Pícaro se encogió y soltó un “ihhh” aspirado. “¿Qué pasa?” Le preguntamos. Y nos miró con una sonrisa de excusa: “Oh… Ustedes me dijeron que les incomodaban los piropos… ¡Y yo las he traido al sitio donde más las van a piropear de todo Chile!” Me mordí el labio inferior, pero me reí, y mi amiga también. El pobre Pícaro se había tomado demasiado en serio nuestro temor. Es un caballero. Y es que, aunque nos diera “cosa”, como se suele decir, eso no iba a impedir que dos chicas extranjeras y medio rubias dieran un paseo por un mercado típico… Aunque eso nos costara alguna que otra mirada indiscreta.

“Si quieren volvemos a casa”, nos ofreció nuestro amigo. “No, no. Si no pasa nada. Tú sólo ve con nostras y ya está. Si hay algún problema, nos agarras de la mano”. Porque es así, los chilenos son muy machistas, y para que te dejen de “molestar” tiene que haber un hombre al lado que te marque como “suya”, bien tomándote de la mano, bien abrazándote de un costado. Eso deja claro al resto de machos que esa “mina* está ocupada”.

 En fin, de esta guisa caminamos hacia el mercado, el cual se abría enorme delante de nosotros. Dentro había mucha gente, entre la que nos escurrimos, vigilando siempre nuestros bolsos (por si acaso). Los tenderos gritaban los precios y nombres de sus verduras y los gatos trepaban a los puestos y se sentaban sobre las frutas. El mercado está lleno de gatos. Los vegetales se apilan en cajas de madera y se venden al peso a precios ridículos. Mirando alrededor vi que a la Vega Central va todo tipo de gente, tanto de “clase alta” como baja. Sin embargo, me di cuenta de que llamábamos un poco la atención cuando me separé la primera vez de mi grupo. De repente vi cómo los ojos de cuatro tenderos diferentes me observaban de manera extraña e insistente, así que rápidamente volví al lado de  mis compañeros. En España nadie me observa, así que no estoy acostumbrada para nada.

Sin embargo, lo más gracioso de la  mañana fue el piropo de un tendero en concreto (la picardía chilena de la que hablaba). Casi nos íbamos del mercado y sólo estábamos pasando por delante de los últimos puestos por si queríamos algo más. Como había mucha gente y la mayoría llevaba carritos, tuvimos que caminar en fila de a uno, y el Pícaro, nuestro amigo, como un caballero, nos dejó pasar delante a mi amiga y a mí. ¿Qué ocurrió? Nos vieron a las dos supuestamente solas y de repente oímos: “¡¿Y esas dos Barbies a dónde van sin su Ken?!” Nos giramos y vimos a un tendero gordo y sonriente agitar sus manos desde detrás de sus canastos con frutas:  “¡Acá está su Ken! ¡Acá está su Ken!”, gritó señalándose a sí mismo.

Nos fuimos del mercado riéndonos y agarradas a nuestro Pícaro. Otra vez será, pero, sintiéndolo mucho… esta vez nosotras ya traíamos un “Ken”.

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*(mina = mujer, chica, en Chile y Argentina)

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Puro chilensis 23 de marzo de 2009

Filed under: Chile,Chilenadas,Cuaderno de viaje,Desde el extranjero — Marga Lua Soleil @ 15:23

CUADERNO DE VIAJE – El “coñito” y el “torpedo”

Caminando por la América hipanohablante, uno puede toparse con más de una situación chistosa. Porque… hablamos el mismo idioma, pero, ¿cómo lo usamos? Muchas veces creemos que lo que decimos es lo más normal e inocente del mundo y,

Ilustraciones: Jimena Tello edición: Carina Kosel, publicado en educ.ar (con licencia cc)

Ilustración: Jimena Tello edición: Carina Kosel, publicado en educ.ar (con licencia cc)

de repente, vemos cómo la cara de nuestro interlocutor se torna roja, se ensancha en una mueca de escándalo o rompe a carcajadas en una explosión de risa.

De estas situaciones he tenido muchas en estos 8 meses de vivir en Chile. Como cuando oí que, de una sala en la que estaban mis compañeros de clase, salía un grito que decía: “¡COÑO!” Me frené en seco, petrificada, y di tres pasos atrás para asomar mi cara atónita. Mis compañeros se giraron, sonrientes pero tranquilos, y yo logré decir: “¡¿Qué ha sido eso?!”

– ¿El qué? – me contestó una de las chicas como si nada.

– ¿Qué le has llamado? – me refería al compañero que la niña en cuestión tenía enfrente

– ¡AHH!! ¡¡LO DE COÑO!!! – exclamó.

Yo no pude menos que sonreírme, sin poder creer que una chilena (en general las chilenas son bastante modositas… En general) estuviera diciendo semejante taco tan alegremente, cuando otros menos fuertes solían escandalizarla.

– Sí – dije -. ¡¿Por qué le llamas eso?!

– Porque es un coñito, po*. ¿No lo ves?

– ¿Ehhh? ¡¡No!! – exclamé, cada vez más muerta de la risa y sin poder creerlo -. ¿Cómo va a ser eso?

– Sí, po. Porque es pequeñito… ¡Es un coñito! ¿No lo vei?** – y miró al muchacho con ternura.

El otro, aunque sonriente, meneó la cabeza, y después miró mi cara, aún risueña y extrañada.

– ¿Por qué te resulta tan raro, Margarita? – me preguntó.

– Sí, ¿qué tiene? – dijo la chica -. ¿Significa otra cosa en España?

– No sé… ¿Qué significa aquí? – respondí.

– Un coño es algo pequeño. Por eso él es un coñito, porque es pequeñito.

Al ver que me seguía riendo, y ahora más fuerte, se hicieron para adelante para pedirme que les explicara:

– ¿Qué es un coño en España? ¡¿Qué es un coño?!

– ¡Ahhh! ¡Dejad de repetirlo! – exclamé, muerta de la risa.

Aunque al final lo expliqué, claro, y entendieron la causa de mi hilaridad.


(foto de agvnono, bajo licencia de creative commons)

Pero más gracioso que esto fue la situación que se dio la semana pasada en mi clase de Derecho de la Información. Los giros del lenguaje volvieron a hacer de las suyas. Estaba yo tan tranquila, pintarrajeando una hoja mientras el profe hablaba en su soporífero tono monocorde, cuando oí que soltaba una de esas frases célebres que no pueden ser olvidadas. Hablaba de las típicas “chuletas” y de que nadie las usara para copiar en sus exámenes, cuando escuché: “Un día tuve un alumno que se la jodió con un torpedo”

“¡¿Que… QUÉ?!”, saltó mi mente, “¡¿Quién hizo qué con qué?! ¡Qué bestialidad!”

Pero resulta que el profe sólo se refería a que un alumno suyo había suspendido al sacar una chuleta en un examen. O sea, que se fastidió una prueba con una chuleta. Tiene narices la cosa. Pero es que “joder”, con perdón, no tiene en Chile ninguna connotación sexual, sólo se usa con el significado que también nosotros le damos de “fastidiar” (aunque saben perfectamente lo que puede significar para nosotros en su uso más obsceno y pueden entender que ciertas cosas nos hagan gracia, como le haría gracia a un mexicano si le dijéramos “vamos coger el bus”***) (O como me hace gracia a mí que mi amiga Nicole me diga: “Es que si no entregamos el trabajo… ¡jodemos!” A lo que yo le contesto: “Entonces bien, ¿no?”). Y un “torpedo” es lo que una “chuleta” para nosotros.

Pero mi mente figuró algo muy distinto… ¡Los giros que puede tener el lenguaje!

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*(po: viene de “pues” – monosílabo utilizado después de casi toda oración pronunciada en Chile. La mayoría de veces no tiene el significado de “pues” ni ningún otro fin que no sea redondear el fin de la frase)

**(vei=ves. En Chile existe una suerte de voseo que utiliza el tú pero con las formas verbales del vos antiguo. Ej: “¿Cómo estais (tú)?” (hablado sería: /¿Cómo estai?/  o simplemente /¿Co’ stai?/) por: “¿Cómo estás(tú)?”)

***(“coger” en México es lo mismo que “joder” o “follar” en España. Por si acaso a alguien se le escapa aún este dato)

 

El Mechoneo 22 de marzo de 2009

Filed under: Chile,Chilenadas,Cuaderno de viaje,Desde el extranjero — Marga Lua Soleil @ 15:23

CUADERNO DE VIAJE – “Los mechones rebeldes” o  “Besando al chancho” – Mechoneo 2009

¿Imaginas que para entrar a la universidad tuvieras que revolcarte por excrementos, dejar que te bañaran en salsa podrida, te pintaran el cuerpo con espray y te cortaran la ropa y el pelo? ¿No? Se nota que no has tenido que estudiar en Chile. 

(Foto de vaca_maldita, bajo licencia creative commons)

(Foto de vaca_maldita, bajo licencia creative commons)

Los “mechones” son los “novatos” y el “mechoneo”, por tanto, son las “novatadas”. ¿Y por qué se llaman así? Porque la costumbre es que, cuando llegan los alumnos nuevos, los antiguos, entre otras cosas, les cortan mechones de pelo como novatada.

Pero hacen más que eso. Un día secreto de la primera o la segunda semana de clases*, los estudiantes antiguos esperan a los novatos, preparados para arrastrarlos (si hace falta) hasta un parque donde tienen listo el martirio. Allí han dispuesto una alfombra hecha de bolsas de basura sobre la que han echado toda clase de comida podrida o hedionda: verduras y frutas pochas, pescado pasado, basura, salsas asquerosas, huevos, etc. Y por ahí los hacen rodar uno por uno. Les cortan la ropa de mala manera y los dejan en harapos, les cortan el pelo o incluso les meten la maquinilla por el centro de la cabeza para obligarlos a raparse (a los hombres principalmente). También les rompen huevos en la cabeza y revuelven la mezcla con harina, caramelo, dulce de leche, chicle, pegamento… Vamos que los dejan hechos un pastel.

Y cuando les han hecho todo esto, no creáis que la cosa acaba. Además los pintan con aerosoles de distintos colores y les hacen besar caretas de cerdo o los mandan a la calle, pringosos, apestosos y con la ropa rota, a pedir una suma casi imposible de dinero. Diez “lucas” normalmente, o sea, 10.000 pesos (unos 13/14 €). En euros podría parecer poco, pero teniendo en cuenta que casi todo el mundo les va a entregar de 10 a 50 pesos por vez (o sea, de 0,013 € a 0,065 €), conseguir el monto requerido se hace un poco cuesta arriba. Y las órdenes son que no te puedes ir hasta que lo consigas. ¿Qué hacen luego con ese dinero? Lo suelen utilizar para hacer una verdadera fiesta de bienvenida.

La pregunta que puede surgirle al lector ingenuo es: ¿Y no te puedes escapar o negarte a que te hagan esto? La respuesta es directamente: no. Si corres, te persiguen y te arrastran hasta el centro de la tortura, y si te revuelves y te resistes, te otorgan el título de “Mechón rebelde”… y ahí sí que estás perdido. El mechón rebelde se lleva lo mismo que los demás pero duplicado y con una mayor saña por parte de sus torturadores. ¿Moraleja? ¡Casi es mejor dejarse!

Otro dato curioso es que existe una rivalidad muy fuerte entre las dos universidades más importantes del país, que son la U.Católica y la U. de Chile. Y si entras en la Chile pero habías puesto como primera opción la Católica… ¡eres peor que un traidor! (preferías a la competencia) así que te nombran “Mechón PUC” (PUC=Pontificia Universidad Católica) y te escriben esas siglas por el cuerpo para que los compañeros que te están mechoneando te reconozcan y recibas un trato peor que el del resto.

(Foto de dongraft, bajo licencia creative commons)

(Foto de dongraft, bajo licencia creative commons)

Así que, si quieres venir a estudiar a Chile, por lo menos en primer curso, ya sabes lo que te toca.

¡Ánimo mechones!

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(*Estamos a principio de curso porque en Chile éste empieza en Marzo, cuando entra el otoño en el hemisferio sur).
 

Cuaderno de viaje – Tomando contacto 10 de noviembre de 2008

Filed under: Chile,Chilenadas,Cuaderno de viaje,Culturas,viajes — Marga Lua Soleil @ 00:29
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LOS COLECTIVOS -julio 2008

Después de varios años de conocer a gente de Latinoamérica yo tenía bastante claro que un colectivo era un autobús… Lo que no sabía es que los chilenos pensaban de otra manera y que iban a seguir sorprendiéndome con cada paso que diera.

Bien, me enteré de la gran diferencia entre mi idea de colectivo y la de los chilenos cuando la amiga en casa de la cual me estaba quedando hasta encontrar casa propia me dijo que tomaríamos uno para llegar hasta la estación de metro más cercana (ella vivía en la precordillera. Para que nos entendamos, muy lejos del centro de Santiago, en lo que podríamos denominar un barrio residencial alto. Por eso el camino hacia Santiago centro era muy largo). Íbamos caminando frente a la imponente cordillera repleta de nieve cuando veo torcer la esquina a un taxi negro con un cartelito sobre el techo. Mi amiga levantó la mano y yo le pregunté: “¿Es que vamos a ir en taxi? Pensé que íbamos a coger un colectivo”. Ella se giró y me miró, muy seria: “Claro, ése es el colectivo…” “¿Éseee??”

¿¿EIN??? E fin, si ella lo decía, era mejor no discutir. Otra cosa quizá no, pero los chilenos siempre tienen razón…  Así que me subí medio confundida, medio curiosa y

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

me quedé callada, pensando. Entonces, ¿los chilenos llamaban colectivos a los taxis?? A lo mejor era porque como los usaba mucha gente pues no eran “privados”, sino colectivos, por esa razón (je,je, que  ilusa). Mi amiga, entretanto, abrió su bolso y pagó directamente al conductor… Me extrañó. En España, en los taxis se paga cuando has llegado a tu destino, nunca antes… Entre otras cosas porque no sabes lo que va a marcar el taxímetro. Pero aquí no parecía haberlo. Saqué otra conclusión errónea. Quizá aquí no se usaban los taxímetros (luego descubrí que poco, pero sí se usan). Pero cuando ya por fin logré darle cierta coherencia a las cosas fue cuando vi que otra persona, en la acera, elevaba la mano. Mi reacción fue creer que el coche iba a pasar de largo… ¡pero se paró! ¡Y la mujer entró al coche y se sentó en el asiento de delante! Pero eso no fue todo. Un trecho más tarde, una mujer con una niña se subió también y se apretujó junto a mi amiga en el asiento de detrás, sentando a la niña en sus rodillas. A mí aquello me recordaba a los anuncios de Malibú (sí, los del famoso “me estás estresaaaandooo”) no por lo pintoresco, pero sí por lo achuchados que íbamos todos. Lo encontré bastante cómico.

Otra cualidad de los chilenos es que se ofenden con mucha facilidad. Así que cuando salí del “colectivo” y, un poco alucinada, le empecé a preguntar cosas a mi amiga, tuve la sensación de que se enfadó (por mi alucine). Le comenté que yo antes pensaba que un colectivo era un bus y me respondió justo después: “No, po. Son como los taxis, sólo que pueden usarlo cuatro personas distintas. Y siguen un recorrido establedido, como los buses. Y según lo lejos que quede la parada a la que quieres ir, hay un precio”. “Qué curioso”. “¿Por qué?” Es que yo no sabía eso”. “¿Nunca te habías subido a un colectivo?” Otra cualidad más de los chilenos, creen que lo que hay en Chile existe en todas partes. “Pues no.., respondí “En España los taxis no se comparten”. “Es que no es un taxi, es un colectivo”. ¿Estaba mosqueada? “Ya…” “Así que en España no hay colectivos? “No”. “En mi opinión son mucho mejores que los taxis porque no contaminan tanto y llevan a mucha más gente”. Cuarta característica chilena: todo lo que se hace en Chile es un ejemplo para la humanidad, ya sea para bien o para mal. Chile es un modelo a seguir o a evitar en cualquier tema que se trate. En fin, también, si pusieran buses, estos contaminarían menos que los colectivos y llevarían a más del doble de gente… ¿Para qué ponerse a justificar algo si nadie lo ha criticado? Bueno, es algo que muchos chilenos suelen hacer. Uno pregunta por qué se hace tal cosa en Chile, por simple curiosidad, y ellos empiezan a justificarse, como si fuera vergonzoso que las cosas se hicieran así… Es extraño porque, igual que tienen un gran orgullo de su país, por otro lado también se lamentan de él. Los españoles siempre se lamentan y ya está, ja,ja. Cero admiración. (Salvo que se trate de españoles en el extranjero. Entonces, en general, nos exaltamos. Paradojas de la vida…)

Ah, aquí está la causa de mi confusión:

colectivo a la argentina

colectivo a la argentina

colectivo a la chilena

colectivo a la chilena

P.D. Por si alguien pudiera sentirse ofendido, quiero aclarar que no son críticas lo que hago acerca de Chile. A mí casi todas sus cualidades me sorprenden, me hacen gracia y mantienen vivo mi amor por este país. Espero que quienes lean esto lo entiendan igual que yo. ¡Saludos!

 

Cuaderno de viaje: El dilema 9 de noviembre de 2008

Filed under: Chile,Chilenadas,Cuaderno de viaje,viajes — Marga Lua Soleil @ 21:55
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LA PRIMERA CHILENADA – julio 2008

Una de las primeras cosas que hice al llegar a Santiago fue ir al supermercado. Con el tiempo, me he ido acostumbrando y me he dado cuenta de que soy capaz de nombrar una por una todas (o casi todas) las cadenas de supermercados que hay por aquí, pero por aquel entonces (un entonces no muy lejano aunque así lo parezca) no tenía ni idea de qué tiendas habría ni qué encontraría en ellas. La madre de mi amiga chilena me dijo que una de las cosas que más le gustaban de viajar a otros sitios era entrar en los supermercados y ver qué marcas existían allí y en su país no, o qué productos había que en Chile no.
Realmente, nunca he viajado para mirar lo que hay en los supermercados, pero reconocí que sí tenía cierta gracia. Fue la primera vez que me topé con Soprole (marca de lácteos archiconocida y tipiquísima por estos lares) y Colun (más de lo mismo), sin saber que serían unas de mis más fieles compañeras hasta hoy (y lo que me queda).

Pero , ¿algo que me llamara realmente la atención? La cantidad de botes de manjar (dulce de leche a la

Productos de Soprole

Productos de Soprole

chilena) que había junto a las mantequillas (en España nunca veo el dulce de leche en las estanterías comunes. Está más escondido. Y, si lo veo, sólo hay una marca o dos bastante exquisitas y caras). Aquí la filosofía es distinta: manjar para regalar al mundo. En cajas enormes y por pocos pesos. A engordar se ha dicho (porque además es riquísimo :3).
También me fijé en los vinos. Al venir de un país vinícola, estoy acostumbrada a que la mayoría de las botellas pongan “Rioja” o “Jerez”, y aquí todos los vinos eran chilenos. Pero, ¡cómo no! Si Chile es vinícola también y sus vinos son de las cosas que más los enorgullecen. Y empecé a leer con interés los curiosos nombres de las botellas: Concha y Toro, Casillero del Diablo… uuuuhhh…

Pero lo que me mató de risa fue lo siguiente. Al llegar a la parte de las bebidas*, mi amiga empezó a buscar. “A ver… Coca Cola Zero, Coca Cola Zero…” Y yo: “Pero si la tienes delante…” Me mira y me dice: “No, es que esas no nos sirven”. “¿Por qué?”, pregunté yo. “Es que no son desechables”
-Segundos de intensa actividad cerebral por mi parte- “¿Cómo que no son desechables?” (No encontré nada en mi memoria que me recordara algo parecido en un supermercado español). “Pues que ésas no se pueden botar”** Yo esbocé media sonrisa: “¿Cómo que no? Abres la basura y las tiras”. Mi amiga me miró como si hablara con un extraterrestre: “No, no, ésas hay que devolverlas” “¿A dónde?” “¡A la tienda, po!”***

Anuncio de Coca Cola

Anuncio de Coca Cola

“Para que las vuelvan a usar”. “Sí po”. “Qué asco… ¿¿Y si uno bebe a morro??”, respondí yo bromeando. Mi amiga meneó la cabeza: “¿Es que en tu país no hay eso?” “¿El qué?” “Botellas desechables y retornables, po”. -Momentos de incredulidad- “Eh, ¿qué? A ver, a ver, ¿repite eso?” Y mi amiga: “Botellas desechables y retornables” “Ah… Pues no. ¿Y en qué se diferencian unas de otras?” “Con las desechables tú compras la botella y con las retornables no” “O sea, que te llevas la Coca Cola gratis” xD “¡No, po!”, respondió mi amiga, “Gratis, no. Tú pagai la bebida y una parte del envase y luego te devuelven la plata cuando regresas la botella” – Yo cada vez más confundida-: “A ver, a ver… O sea, ¿que si tú devuelves la botella a la tienda te devuelven el dinero? Otra vez te sale gratis” Todo me lo estaba tomando a broma, pero, en serio, ¡es que me parecía muy absurdo! Con lo fácil que es hacer todas las botellas iguales, o sea, poco contaminantes, por si a la gente le da por tirarlas, que no sea tan malo el impacto. Mi amiga con la mirada en el techo: “¡No, no!” Bueno, nos llevó un rato entendernos. Y el resumen de todo es que por la desechable pagas todo el dinero (900 pesos por ejemplo) y te la llevas y cuando la acabas la tiras. Por la retornable pagas todo (los 900) pero cuando devuleves la botella te devuelven 200 pesos (así que en realidad pagas 700). “¿¿Y para qué todo ese rollo???”, pregunté yo con una sonrisa justo después. “Pues para que la gente recicle”, me contestó mi amiga. Ahí comprendí que en Chile no se separan basuras. Por lo menos, no como algo más o menos normal. Para nosotros todas las botellas son iguales, y si tienes conciencia acológica, las reciclas y, sino, desgraciadamente las tiras a la basura.

Aunque yo tenía más dudas “Pero si las dos botellas son iguales…” “No, po, mira: la retornable es más dura que la desechable”, me responde mientras las aprieta para que yo haga lo mismo. -Segundos en los que intento doblegar alguna de las botellas a la presión de mis dedos y en los que nada ocurre- “Pa´mí que son iguales, ¿eh?” “Que no, que no, que ésta es más dura. Tócala” -La toco- “Pero, en serio, ¡que yo la siento igual!” “Que no, que ésta es un poquito más dura que la otra” “Pues será muy, muy poquito…” “Pero es distinta” Y ahí sí que ya me dio la risa floja. Tanto lío para luego hacer dos botellas que son iguales… salvo que una es un pelín más dura que la otra. Qué ganas de complicarse la vida. En fin, comprendo que para ellos quizá funcione bien todo este sistema, pero no deja de ser una manera de comerse la cabeza…

Como diría Obélix: “¡Están locos estos chilenos!” ;]

*En Chile se les llama “bebidas” única y exclusivamente a los refrescos. Nada de agua. El agua no es una bebida aunque se beba. (Chilenadas ;D)
**Para quien no entienda: En América “botar” es “tirar (a la basura)”
***AH! Ya salió el famoso “po”. Palabra insustituible, sin la cual la mayoría de los chilenos no podría vivir ;] y que completa casi todas las frases pronunciadas en este país. “Po” = “pues”, para quien no sepa chilensis.

 

Cuaderno de viaje: Los chilenos no respiran

Filed under: Chile,Chilenadas,Culturas,viajes — Marga Lua Soleil @ 19:49
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ESA DIVERTIDA FORMA DE HABLAR – 21 de julio de 2008

Al salir del aeropuerto con un frío que pelaba (¡y yo que venía de los 40 ºC del verano de mi tierra!), yo no podía dejar de mirar por la ventana el cielo gris y la cordillera, que se adivinaba al fondo. Era enorme, mucho más de lo que la recordaba (de mi anterior viaje a Perú).

Mientras, mi amiga y su madre iban preguntándome cosas acerca de mis planes y de la universidad. Era la primera vez en mucho tiempo que escuchaba hablar a dos chilenas en directo y empecé a parpadear mientras me echaba cada vez más para adelante. Lo que cualquier persona no chilena y sin experiencia en el tema habría captado ahí habría sido un chorro de palabras sin espacios y un montón de galimatías que mejor denominaremos “chilenismos”. ¡Era increíble! ¡¡Cómo podía una persona hablar tan rápido!! “Es como si no respiraran”, se me pasó por la cabeza. Me sonreí al recordar que ésta era una de las mayores características de este acento que amé desde que lo escuché por primera vez. Además, estaban todos esos chilenismos, palabros sin los cuales este país no sería ni la mitad de divertido.

Pero nos queda tiempo para descubrirlos. Son tantos y tan variados que no os vais a aburrir.

Más tarde me preguntarían mis compañeros de la universidad: “¿Es que hablamos rápido?” Nooo, sólamente os falta respirar un poco, pero nada más… Je.

Y para que tengáis una muestra de cómo se habla por aquí, este anuncio de Super 8, en el que no se entiende ni jota (a menos que seas chileno, claro ;D) Si alguien lo descifra entero, ¡que lo haga saber!

¡Suerte!

– Hay cosas que sólo entienden los chilenos (comercial de Súper8) –

 

 
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