La brújula del camaleón

El blog de Lua Soleil – cultura, viajes, fotografía, cine y literatura

El mercado de La Vega Central 19 de abril de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Las “Barbies” y su “Ken”

¿Un kilo de manzanas por 200 pesos (0,26 €)? ¿Tres kilos de naranjas por 300 (0,38 €)? Con estos precios no es de extrañar que casi nos lleváramos la

Foto de veganstraightedge, bajo licencia de creative commons

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feria entera (como llaman aquí en Chile a los mercados de frutas y verduras). Volvimos hasta con una sandía redondota y grande, que va estar riquísima cuando le haya dado tiempo a madurar.

En el mercado de la Vega Central (Santiago), había de todo: porotos (judías/frijoles), ajís (chiles), zapallos (calabazas), zapallos italianos (calabacines), zanahorias, huevos, uvas, duraznos (melocotones)… Sí, qué cantidad de nombres distintos, ¿verdad? Aquí uno nunca sabe qué pedir porque, diga lo que diga, seguro que se llama de otra forma. Menos las lentejas o los garbanzos… las patatas son papas, los guisantes son arvejas, las tortillas no son de huevo sino de harina  y el aguacate se llama palta. El pimiento es pimentón, los albaricoques son damascos (si, como si vinieran de Siria) y la remolacha, betarraga.

Para morirse de hambre, vaya. Por lo menos las dos primeras semanas. Luego te avispas.

Al principio era como un juego, un reto, eso de ir al supermercado. Me miraban raro cuando preguntaba por la lombarda, porque aquí se llama repollo morado, o por los puerros, porque en Chile los llaman porrones. Era como si me hubiera ido a otro planeta. Pero me resultaba muy divertido, así que me los aprendí enseguida.

fot de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons

foto de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons

 Sin embargo, a lo que no me acostumbro es a la picardía de los hombres chilenos. No hay lugar en que no te miren o piropeen de forma notoria. No escandalosa, como los Argentinos, pero hablarte, te hablan, cosa que en España sólo es común si una pasa cerca de una obra.

Aunque hay piropos y piropos. En estos 9 meses que llevo en Chile he oído de todo, desde las ordinarieces más absolutas que le dijeron a una amiga, hasta lo más chistoso. En este último grupo se cataloga lo que nos ocurrió ayer a mi amiga y a mí.

Lo cierto es que me daba algo de “nervio” ir al mercado. Iba con un amigo chileno (al que, por cierto, llamamos Pícaro) y una amiga medio chilena medio “gringa” (de EEUU), y cuando salimos por la boca de metro de Patronato, el Pícaro se encogió y soltó un “ihhh” aspirado. “¿Qué pasa?” Le preguntamos. Y nos miró con una sonrisa de excusa: “Oh… Ustedes me dijeron que les incomodaban los piropos… ¡Y yo las he traido al sitio donde más las van a piropear de todo Chile!” Me mordí el labio inferior, pero me reí, y mi amiga también. El pobre Pícaro se había tomado demasiado en serio nuestro temor. Es un caballero. Y es que, aunque nos diera “cosa”, como se suele decir, eso no iba a impedir que dos chicas extranjeras y medio rubias dieran un paseo por un mercado típico… Aunque eso nos costara alguna que otra mirada indiscreta.

“Si quieren volvemos a casa”, nos ofreció nuestro amigo. “No, no. Si no pasa nada. Tú sólo ve con nostras y ya está. Si hay algún problema, nos agarras de la mano”. Porque es así, los chilenos son muy machistas, y para que te dejen de “molestar” tiene que haber un hombre al lado que te marque como “suya”, bien tomándote de la mano, bien abrazándote de un costado. Eso deja claro al resto de machos que esa “mina* está ocupada”.

 En fin, de esta guisa caminamos hacia el mercado, el cual se abría enorme delante de nosotros. Dentro había mucha gente, entre la que nos escurrimos, vigilando siempre nuestros bolsos (por si acaso). Los tenderos gritaban los precios y nombres de sus verduras y los gatos trepaban a los puestos y se sentaban sobre las frutas. El mercado está lleno de gatos. Los vegetales se apilan en cajas de madera y se venden al peso a precios ridículos. Mirando alrededor vi que a la Vega Central va todo tipo de gente, tanto de “clase alta” como baja. Sin embargo, me di cuenta de que llamábamos un poco la atención cuando me separé la primera vez de mi grupo. De repente vi cómo los ojos de cuatro tenderos diferentes me observaban de manera extraña e insistente, así que rápidamente volví al lado de  mis compañeros. En España nadie me observa, así que no estoy acostumbrada para nada.

Sin embargo, lo más gracioso de la  mañana fue el piropo de un tendero en concreto (la picardía chilena de la que hablaba). Casi nos íbamos del mercado y sólo estábamos pasando por delante de los últimos puestos por si queríamos algo más. Como había mucha gente y la mayoría llevaba carritos, tuvimos que caminar en fila de a uno, y el Pícaro, nuestro amigo, como un caballero, nos dejó pasar delante a mi amiga y a mí. ¿Qué ocurrió? Nos vieron a las dos supuestamente solas y de repente oímos: “¡¿Y esas dos Barbies a dónde van sin su Ken?!” Nos giramos y vimos a un tendero gordo y sonriente agitar sus manos desde detrás de sus canastos con frutas:  “¡Acá está su Ken! ¡Acá está su Ken!”, gritó señalándose a sí mismo.

Nos fuimos del mercado riéndonos y agarradas a nuestro Pícaro. Otra vez será, pero, sintiéndolo mucho… esta vez nosotras ya traíamos un “Ken”.

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*(mina = mujer, chica, en Chile y Argentina)

 

Santiago “hot” 25 de marzo de 2009

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CUADERNO DE VIAJE – MINIREPORTAJE – Artículos eróticos en Santiago de Chile.

Los Sex Shops: ¿populares en Chile o no? ¿Son los chilenos muy modositos en este sentido y no van? ¿Van más los hombres que las mujeres? ¿Qué podemos comprar allí? En la brújula del camaleón dimos un paseo para enterarnos –

Anillos, vibradores, películas y muñecas hinchables para todos los gustos y bolsillos esperan en las tiendas eróticas de Santiago. Un placer culpable para muchos, es para otros algo normal y tan cotidiano como ir a comprar el pan.

foto de rageforst, bajo licencia cc

foto de rageforst, bajo licencia cc

Tatiana Martínez (41) es la copropietaria de un sex shop cercano al Cerro Santa Lucía, en la comuna de Santiago Centro. Sentada muy correctamente detrás de un mostrador azul chillón, rodeada de DVDs con títulos sobre “Historias anales y cachondas” o de “Ángeles Depravadas”, pasa tranquilamente las páginas de Las Ultimas Noticias* mientras espera a que lleguen los primeros clientes del día. Cuando levanta la mirada, sus ojos oscuros delineados de azul se centran en nosotros entre las dos cortinas de cabello castaño que caen a ambos lados de su cara. Sin ningún problema accede a hablar con nosotros. “Mi marido y yo tenemos la tienda desde que salió la ley que nos lo permitía, hace nueve años, que fue cuando se retiró la censura”. Desde entonces, el negocio marcha bien. La dueña nos confiesa que tiene bastante clientela, aunque todavía pesa sobre la sociedad chilena el pensamiento de que “esto es algo sucio o para gente enferma… cuando no lo es. No hay depravación, yo veo a gente súper normal entrar acá”.

El mito callejero afirma que son los hombres los que más acuden a este tipo de locales, pero la señora Martínez disiente: Ahora no. Hace nueve años, cuando abrimos, sí. Pero ahora no. Ahora las mujeres la llevan**. Ellas se atreven a venir, entran con total normalidad y, cuando van en pareja, le dicen directamente a su pololo lo que quieren. Son muchas. Entran todo el rato, solas, con sus amigas…Y todavía hay más mujeres comprando por Internet, a través de nuestro servicio web, que te lleva el producto a casa en una hora. Sobre todo señoras de barrios altos”. Quién lo diría.

Sin embargo, aunque hombres y mujeres acuden casi por igual a los sex shops, aún hay cierto reparo a la hora de pedir los productos. “Siempre está lo típico de que nadie compra para sí mismo. Siempre compran porque se lo han encargado, porque es para un amigo… Pero por eso tenemos todo expuesto, porque la gente quiere hacer su trámite lo más rápido posible y marcharse. Además no tenemos vitrinas, porque ley lo dice y porque la gente se siente más cómo sin ser vista desde fuera”. Tatiana se sonríe y nos mira con picardía: “También ha habido actores o gente pública, que nos ha pedido que les abramos la tienda en un domingo sólo para ellos, para comprar en privado. Y obviamente no lo vamos a hacer si sólo van a gastar 20 lucas***…A parte, hay cosas que me sorprenden, porque hay hombres, actores, que se ven regios, varoniles… ¡y luego llegan y se llevan películas de travestis!”

En su tienda, Tatiana vende, videos, juguetes eróticos, bromas para las despedidas de solteros y hasta juegos de mesa. Las películas porno (todas originales) tienen una gran acogida entre el público santiaguino. Tatiana las vende en ofertas de tres por $ 19.900 (unos 25 € ). “Tenemos de todo: películas de gays, de lesbianas, de gordas, de viejas, de travestis, de orientales… Lo que no tenemos es pedofilia ni zoofilia… Aunque hay gente que, de repente, llega preguntando por ellas, ¿ah?”

Los videos, según la dueña, interesan más a los hombres. Las mujeres prefieren los juguetes. “Lo que más se vende”, cuenta el ayudante de Tatiana, un tipo moreno y de ojos tristones, de unos 30 años, mirando hacia una pared cubierta de penes falsos de los más extraños colores, “son los vibradores y los anillos con vibración”. Y asiente.”Los vibradores los piden más que los consoladores. La diferencia es que los primeros van a pilas y los segundos son manuales, los maneja uno mismo”. También hay una diferencia de precio. Mientras que los consoladores están en los $ 17.000 (unos 22 €), los vibradores cuestan alrededor de los $ 25.000 (unos 33 €). Los hay azules, rosados, color carne, de pura silicona o que imitan la piel humana. El otro producto estrella son los anillos, los cuales “se colocan en la base del pene y ayudan a mantener la erección y a controlar la eyaculación. Además, los que vienen con vibrador, a parte estimulan también el clítoris y el ano de la mujer”. En cuanto a la comodidad de este aparato, el dependiente nos contó que a la larga puede no ser muy cómodo para el hombre, pero sirve como juguete al menos durante un rato. El precio no es muy alto: unos 7.000 pesos (9 €).

Anillos para doble penetración, prótesis de pene para lesbianas u hombres con disfunciones, bombas de vacío para alargar el pene o engrosar la vulva (aparatos que el ayudante de la tienda nos aseguró que funcionan), bolitas para la dilatación y estimulación anal, e incluso packs de disfraces y juguetitos para cada festividad o estación (como Navidad o San Valentín), todo vale a la hora de pasar un buen rato en la cama. Al final, los chilenos parecen no tener tanto miedo a este mundo como pensábamos en un principio, pero ¿y tú? ¿Te atreves a probar?

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* Las Últimas Noticias es un periódico chileno que pertenece a la misma editorial que El Mercurio, el periódico más importante de Chile junto con La Tercera (su opositor), pero que, a diferencia de estos, en lugar de entregar información “seria” se dedica a la prensa amarilla y a la farándula.

**(la llevan – Cuando alguien la lleva, significa más o menos que es lo máximo. Es un elogio a alguien por lo que hace porque se cree que su actitud es la mejor, la más sobresaliente. P.ej. en una conversación: –A Javier lo contrataron nada más salir de la universidad. Y no me extraña, porque era buenísimo en su trabajo. – Sí, es que ese tipo la lleva).

*** (20 mil pesos chilenos, es decir, unos 26 €).

 

Puro chilensis 23 de marzo de 2009

Filed under: Chile,Chilenadas,Cuaderno de viaje,Desde el extranjero — Marga Lua Soleil @ 15:23

CUADERNO DE VIAJE – El “coñito” y el “torpedo”

Caminando por la América hipanohablante, uno puede toparse con más de una situación chistosa. Porque… hablamos el mismo idioma, pero, ¿cómo lo usamos? Muchas veces creemos que lo que decimos es lo más normal e inocente del mundo y,

Ilustraciones: Jimena Tello edición: Carina Kosel, publicado en educ.ar (con licencia cc)

Ilustración: Jimena Tello edición: Carina Kosel, publicado en educ.ar (con licencia cc)

de repente, vemos cómo la cara de nuestro interlocutor se torna roja, se ensancha en una mueca de escándalo o rompe a carcajadas en una explosión de risa.

De estas situaciones he tenido muchas en estos 8 meses de vivir en Chile. Como cuando oí que, de una sala en la que estaban mis compañeros de clase, salía un grito que decía: “¡COÑO!” Me frené en seco, petrificada, y di tres pasos atrás para asomar mi cara atónita. Mis compañeros se giraron, sonrientes pero tranquilos, y yo logré decir: “¡¿Qué ha sido eso?!”

– ¿El qué? – me contestó una de las chicas como si nada.

– ¿Qué le has llamado? – me refería al compañero que la niña en cuestión tenía enfrente

– ¡AHH!! ¡¡LO DE COÑO!!! – exclamó.

Yo no pude menos que sonreírme, sin poder creer que una chilena (en general las chilenas son bastante modositas… En general) estuviera diciendo semejante taco tan alegremente, cuando otros menos fuertes solían escandalizarla.

– Sí – dije -. ¡¿Por qué le llamas eso?!

– Porque es un coñito, po*. ¿No lo ves?

– ¿Ehhh? ¡¡No!! – exclamé, cada vez más muerta de la risa y sin poder creerlo -. ¿Cómo va a ser eso?

– Sí, po. Porque es pequeñito… ¡Es un coñito! ¿No lo vei?** – y miró al muchacho con ternura.

El otro, aunque sonriente, meneó la cabeza, y después miró mi cara, aún risueña y extrañada.

– ¿Por qué te resulta tan raro, Margarita? – me preguntó.

– Sí, ¿qué tiene? – dijo la chica -. ¿Significa otra cosa en España?

– No sé… ¿Qué significa aquí? – respondí.

– Un coño es algo pequeño. Por eso él es un coñito, porque es pequeñito.

Al ver que me seguía riendo, y ahora más fuerte, se hicieron para adelante para pedirme que les explicara:

– ¿Qué es un coño en España? ¡¿Qué es un coño?!

– ¡Ahhh! ¡Dejad de repetirlo! – exclamé, muerta de la risa.

Aunque al final lo expliqué, claro, y entendieron la causa de mi hilaridad.


(foto de agvnono, bajo licencia de creative commons)

Pero más gracioso que esto fue la situación que se dio la semana pasada en mi clase de Derecho de la Información. Los giros del lenguaje volvieron a hacer de las suyas. Estaba yo tan tranquila, pintarrajeando una hoja mientras el profe hablaba en su soporífero tono monocorde, cuando oí que soltaba una de esas frases célebres que no pueden ser olvidadas. Hablaba de las típicas “chuletas” y de que nadie las usara para copiar en sus exámenes, cuando escuché: “Un día tuve un alumno que se la jodió con un torpedo”

“¡¿Que… QUÉ?!”, saltó mi mente, “¡¿Quién hizo qué con qué?! ¡Qué bestialidad!”

Pero resulta que el profe sólo se refería a que un alumno suyo había suspendido al sacar una chuleta en un examen. O sea, que se fastidió una prueba con una chuleta. Tiene narices la cosa. Pero es que “joder”, con perdón, no tiene en Chile ninguna connotación sexual, sólo se usa con el significado que también nosotros le damos de “fastidiar” (aunque saben perfectamente lo que puede significar para nosotros en su uso más obsceno y pueden entender que ciertas cosas nos hagan gracia, como le haría gracia a un mexicano si le dijéramos “vamos coger el bus”***) (O como me hace gracia a mí que mi amiga Nicole me diga: “Es que si no entregamos el trabajo… ¡jodemos!” A lo que yo le contesto: “Entonces bien, ¿no?”). Y un “torpedo” es lo que una “chuleta” para nosotros.

Pero mi mente figuró algo muy distinto… ¡Los giros que puede tener el lenguaje!

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*(po: viene de “pues” – monosílabo utilizado después de casi toda oración pronunciada en Chile. La mayoría de veces no tiene el significado de “pues” ni ningún otro fin que no sea redondear el fin de la frase)

**(vei=ves. En Chile existe una suerte de voseo que utiliza el tú pero con las formas verbales del vos antiguo. Ej: “¿Cómo estais (tú)?” (hablado sería: /¿Cómo estai?/  o simplemente /¿Co’ stai?/) por: “¿Cómo estás(tú)?”)

***(“coger” en México es lo mismo que “joder” o “follar” en España. Por si acaso a alguien se le escapa aún este dato)

 

El Mechoneo 22 de marzo de 2009

Filed under: Chile,Chilenadas,Cuaderno de viaje,Desde el extranjero — Marga Lua Soleil @ 15:23

CUADERNO DE VIAJE – “Los mechones rebeldes” o  “Besando al chancho” – Mechoneo 2009

¿Imaginas que para entrar a la universidad tuvieras que revolcarte por excrementos, dejar que te bañaran en salsa podrida, te pintaran el cuerpo con espray y te cortaran la ropa y el pelo? ¿No? Se nota que no has tenido que estudiar en Chile. 

(Foto de vaca_maldita, bajo licencia creative commons)

(Foto de vaca_maldita, bajo licencia creative commons)

Los “mechones” son los “novatos” y el “mechoneo”, por tanto, son las “novatadas”. ¿Y por qué se llaman así? Porque la costumbre es que, cuando llegan los alumnos nuevos, los antiguos, entre otras cosas, les cortan mechones de pelo como novatada.

Pero hacen más que eso. Un día secreto de la primera o la segunda semana de clases*, los estudiantes antiguos esperan a los novatos, preparados para arrastrarlos (si hace falta) hasta un parque donde tienen listo el martirio. Allí han dispuesto una alfombra hecha de bolsas de basura sobre la que han echado toda clase de comida podrida o hedionda: verduras y frutas pochas, pescado pasado, basura, salsas asquerosas, huevos, etc. Y por ahí los hacen rodar uno por uno. Les cortan la ropa de mala manera y los dejan en harapos, les cortan el pelo o incluso les meten la maquinilla por el centro de la cabeza para obligarlos a raparse (a los hombres principalmente). También les rompen huevos en la cabeza y revuelven la mezcla con harina, caramelo, dulce de leche, chicle, pegamento… Vamos que los dejan hechos un pastel.

Y cuando les han hecho todo esto, no creáis que la cosa acaba. Además los pintan con aerosoles de distintos colores y les hacen besar caretas de cerdo o los mandan a la calle, pringosos, apestosos y con la ropa rota, a pedir una suma casi imposible de dinero. Diez “lucas” normalmente, o sea, 10.000 pesos (unos 13/14 €). En euros podría parecer poco, pero teniendo en cuenta que casi todo el mundo les va a entregar de 10 a 50 pesos por vez (o sea, de 0,013 € a 0,065 €), conseguir el monto requerido se hace un poco cuesta arriba. Y las órdenes son que no te puedes ir hasta que lo consigas. ¿Qué hacen luego con ese dinero? Lo suelen utilizar para hacer una verdadera fiesta de bienvenida.

La pregunta que puede surgirle al lector ingenuo es: ¿Y no te puedes escapar o negarte a que te hagan esto? La respuesta es directamente: no. Si corres, te persiguen y te arrastran hasta el centro de la tortura, y si te revuelves y te resistes, te otorgan el título de “Mechón rebelde”… y ahí sí que estás perdido. El mechón rebelde se lleva lo mismo que los demás pero duplicado y con una mayor saña por parte de sus torturadores. ¿Moraleja? ¡Casi es mejor dejarse!

Otro dato curioso es que existe una rivalidad muy fuerte entre las dos universidades más importantes del país, que son la U.Católica y la U. de Chile. Y si entras en la Chile pero habías puesto como primera opción la Católica… ¡eres peor que un traidor! (preferías a la competencia) así que te nombran “Mechón PUC” (PUC=Pontificia Universidad Católica) y te escriben esas siglas por el cuerpo para que los compañeros que te están mechoneando te reconozcan y recibas un trato peor que el del resto.

(Foto de dongraft, bajo licencia creative commons)

(Foto de dongraft, bajo licencia creative commons)

Así que, si quieres venir a estudiar a Chile, por lo menos en primer curso, ya sabes lo que te toca.

¡Ánimo mechones!

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(*Estamos a principio de curso porque en Chile éste empieza en Marzo, cuando entra el otoño en el hemisferio sur).
 

Las pingüineras y el pingüino de Humboldt 13 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – Camino a las pingüineras – 14 de septiembre 2008

De haber viajado por mi cuenta, habría investigado más La Serena, pero al estar dentro de un viaje organizado, tuve que comerme la curiosidad y montarme en el bus, rumbo a Punta de Choros. Entonces no lo sabía, pero un choro, es un mejillón. Así que el lugar queda con un nombre bastante divertido: “punta de mejillones”.

El camino para llegar allí es muy bonito. Todo un valle verde con montañas altas, donde pastan los guanacos* y crecen los cactus. Esto último me sorprendió mucho porque uno siempre suele asociar los cactus con el desierto y, sin embargo, los hay que crecen el valles verdes y fértiles como los chilenos. Había flores de color blanco y lila, el cielo estaba nublado, dándole un aspecto más íntimo, como de cuento, al gran valle, y los cactus crecían con sus formas graciosas.

Este tipo de vegetación (valles verdes mezclados con cactus) se da así dentro de una zona por lo demás semidesértica porque la corriente fría de Humboldt (en el océano) entra en contacto con la tibieza del continente y crea una neblina denominada “camanchaca”, que sube y cubre las montañas y el valle. Esta neblina proporciona a la tierra la humedad necesaria para que las plantas no necesiten lluvia para crecer. De esta forma se crea un microclima que da lugar a un hábitat peculiar.

Valle

Valle hacia Punta de Choros, IV Región, CHILE

Guanacos pastando

Guanacos pastando

Nos montamos de nuevo en la buseta para seguir avanzando por el camino de tierra y piedras hasta llegar al mar y allí tomamos un bote rumbo a la Reserva del Pingüino de Humboldt. El precio para entrar a la reserva es de 1.600 $ chilenos – 2 € – 2,6 US$. Y el precio del viaje en bote es de 6.000 pesos/persona – 7,6 € – 9,7 US$.

Bien, pues con todo listo y el salvavidas atado al cuerpo nos subimos a una lancha camino de las pingüineras (y loberas). Si uno ya tenía frío en tierra, seco y parado, imaginaos yendo a velocidad, por el mar, con el viento helándote las orejas y el agua salada salpicándote a cada rato. En el trayecto confieso que lo pasamos realmente mal en cuanto a la temperatura, así que recomiendo visitar este lugar, no en verano, porque cuando sale el sol hace mucho calor , pero sí en primavera o, si vais en invierno como yo, en un día soleado. Lo vereis todo mucho mejor si no tenéis que esconderos debajo de una capucha para soportar las frías temperatura.

Me parece que el paseo hasta Isla Choros, sobre la que caminan cientos de pingüinillos de Humboldt y rechonchos lobos marinos, dura unos 15/20 minutos. Pero una vez allí, haga frío o calor, todo ha merecido la pena.

 

Leones marinos

Leones marinos descansando en Isla Choros, Chile, dentro de la Reserva Nacional del Pingüino de Humboldt

 Los leones marinos, con sus pieles oscuras, te miran perezosamente desde las alturas, pensando quizá qué diantres haces metiendo las narices en su hábitat o qué hace una curiosa isla flotante (tu bote) llena de especímenes sin aletas dando tumbos por allí. Más allá,  los pingüinos te observan de reojo con esa graciosa mirada de resabios con la que suelen ir castigando a los demás mortales.

 humboldt por belgianchocolate.

Pingüino de Humboldt, foto de belgianchocolate (flickr)

 En la reserva también hay cormoranes y gaviotas, aparte de delfines nariz de botella (los cuales no vi aunque dicen que suelen aparecer).

Loco (Concholepas concholepas)

Loco (Concholepas concholepas)

Después de dar la vuelta a Isla Choros y también a Isla Gaviota, nuestra lancha paró en Isla Damas, la única en la que se puede desembarcar. Es una isla bonita, de arena muy blanca y llena de enormes conchas de loco. Los locos son unos moluscos carnívoros (devoran otros moluscos) cuya concha blanca o grisácea tiene el tamaño de una mano. Lo malo es que hacía mucho frío y de esa manera no se podía disfrutar de la playa. Una excursión de este tipo merece un día soleado.

En Isla Damas comimos y caminamos un rato entre rocas y arena antes de volver al bote.

 

Boat Ride to Isla Damas por palegoldenrod.

Isla Damas (foto de palegoldenrod, Flickr)

El agua, como se puede ver, es de un precioso color turquesa oscuro, más azul en las zonas más profundas. El viento es frío porque procede de la corriente de Humboldt, que viene del Pacífico y el sol calienta mucho, cuando aparece, porque en esta zona la capa de ozono está muy deteriorada. Por eso recomiendo llevar protector solar en un día muy despejado. Uno se quema con facilidad en esta zona porque el sol es mucho más dañino.

 Bueno, ¡nos vemos recorriendo Chile en la siguiente crónica!

 

 *(El guanaco es un camélido de la familia de la llama y de la alpaca, con la diferencia de que no es doméstico, sino salvaje).

 

¿Recorremos Chile? 1 de febrero de 2009

CUADERNO DE VIAJE – “Nos vamos” – 13 de septiembre de 2008

Hasta ahora os he hablado de Santiago de Chile y de la forma de ser de los chilenos, y me propongo seguir haciéndolo, pero creo que es hora de que salgamos un rato de la capital.

¿Os apetece dar un paseo? Me propongo mostraros Chile y sus maravillas. Desde lo más al norte que he llegado hasta lo más al sur.

¿Os subís a mi mochila? Pues agarraos porque nos vamos.

Nuestro viaje comienza el septiembre pasado, a bordo de un microbús (o buseta) blanco.  Mis amigos y yo nos habíamos propuesto viajar al norte y conocer el desierto más seco del planeta, el desierto de Atacama, durante las Fiestas Patrias chilenas. En nuestro recorrido visitaríamos 3 de las 15 regiones en que se divide el país: la IV Región de Coquimbo, la III Región de Atacama y la II Región de Antofagasta.

Empezamos subiendo hasta la IV Región. Íbamos rumbo a un pueblito llamado Pichidangui, cuyo nombre en mapudungún significa “balsa pequeña”.

 

Pichidangui

Costa de Pichidangui con el pueblo al fondo

Pichidangui es un pueblito costero muy, muy pequeño, sin demasiado atractivo de no ser por su curiosa iglesia empotrada en la roca de la costa y por una inesperada playa en la que se pueden dar paseos a caballo.

El día que llegamos, la iglesia estaba cerrada, pero a través de una ventanita rectangular pude espiar y ver el interior.Estaba toda hecha de madera y el altar estaba repleto de plantas. La encontré muy exótica.

Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

Interior de la Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

  Allí comimos, en un pequeño restarurante junto a la costa. Allí uno podía pedir mariscos de la zona o las típicas empanadas chilenas. Yo me decanté por estas últimas y pedí una de marisco mientras que mis amigos optaron por unas cazuelas de almejas y otros bivalvos.

Como digo, pocas cosas más había para ver en Pichidangui: unas cuantas artesanías y una playa, eso sí, muy bonita, donde la arena hacía reflejos dorados. A parte de eso, hay pocas casas, poca gente, un único y diminuto súper mercado (si es que se le puede llamar así) y dos bares.  Aunque en las vacaciones tengo entendido que llega gente a veranear, me pareció un sitio curioso pero no muy entretenido. Una tarde estuvo bien.

Playa de Pichidangui

Playa de Pichidangui

 

Mirando al horizonte

Yo sobre las rocas de la costa de Pichidangui

Después de eso, volvimos a meternos en la buseta,  lo cual agradecimos ya que el viento de la costa empezaba a ser cada vez más frío y seguimos rumbo a La Serena.

La Serena es la capital de la IV Región de Coquimbo. Llegamos allí de noche y sólo la vi entonces, ya que por la mañana temprano salimos de viaje otra vez, pero su arquitectura antigua me pareció muy bonita, con sus iglesias de piedra. Esa parte, a esas horas, es bastante silenciosa, pero según uno se va acercando al puerto va encontrando restaurantes, bullicio y mucha actividad nocturna.

Mapa de la IV Región de Coquimbo

Mapa de la IV Región de Coquimbo

La Serena es un destino de vacaciones en los meses de verano (enero y febrero) para los chilenos, que llegan atraídos por el encanto de esta capital, sus playas y sus alrededores.

Yo viajaba con una agencia, pero los viajeros independientes podéis encontrar hostales muy baratos (7.ooo $ chilenos/ noche = 8,8 € = 11$). En Internet se encuentran muy fácilmente buscando “hostales” y la ciudad en la que quieres hacer noche.

En cuanto a las agencias, también las hay buenas y baratas en Santiago, que ofrecen viajes asequibles desde la capital (al norte y al sur) para jóvenes y no tan jóvenes mochileros.

Nos vemos en la siguiente crónica, recorriendo Chile.

 

Cuaderno de viaje – Reportaje – Un Semestre Inolvidable 15 de noviembre de 2008

Filed under: Chile,Culturas,Reportajes,viajes — Marga Lua Soleil @ 01:09
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Una mexicana y una francesa nos cuentan su experiencia como estudiantes de intercambio en nuestro país

– Un reportaje de Margarita Ruiz Temprano –
Ly Sia Tho en su viaje al sur de Chile a las Torres del Paine

Ly Sia Tho en su viaje al sur de Chile a las Torres del Paine

Brenda vive en una habitación pequeña pero acogedora en una residencia de estudiantes de la comuna de Providencia (Santiago). Las paredes color crema de su cuarto están decoradas con algunas fotos de carteles antiguos de Coca Cola, de esos tipo años cincuenta. También hay una hoja crujiente y seca del ya pasado invierno santiaguino y un póster de una sensual Marlilyn Monroe que hace ojitos a quien la observa. Brenda ha convertido una botella de pisco Fuegos en un alargado florero que ahora contiene un hermoso girasol dorado. Otra botella la tiene llena de brillantina y lentejuelas que nadan en el agua cuando giras el recipiente. Divertida y concentrada, esta mexicana de cabello corto y liso como una tabla, deja a un lado sus conversaciones de messenger para servirse una enorme taza de cereales con leche. “Acabo de volver en un viaje de 5 días a la Patagonia y estoy cansadísima”, cuenta, aún ilusionada. “Fue magnífico. Hubo mal tiempo, pero fue fenomenal. En las Torres del Paine, los paisajes te dejan sin habla, y los pingüinos son tan hermosos… Todo eso te deja sin palabras”.

Brenda de León es una de los muchos alumnos extranjeros de intercambio que cada año llegan a Chile cambio que cada año llegan a Chile para estudiar en nuestras universidades durante un semestre. Pero

de julio (2008) a enero (2009)

Nombre: Brenda de León Becerra / País: México / Edad: 20 / Carrera: Procesos Educativos / Universidad: Católica / Estadía: de julio (2008) a enero (2009)

no es la única. Ly Sia Tho, una francesa de ascendencia asiática, de pícaros ojos rasgados y larga cabellera negra, cambió su Francia natal por un semestre en Chile. “Quise venir aquí porque en Francia siempre me dijeron que Chile era un lugar muy agradable y que la gente era muy cariñosa”, confiesa, arrastrando las erres, como buena gala. “Y también me gustaba el hecho de que hubiera multitud de paisajes diferentes en un mismo país”.

Ly Sia: “Quise venir a Chile porque en

Francia siempre me dijeronque era un

lugar muy agradable y que la gente

era muy cariñosa”

Algunos de esos paisajes ya los han visitado. Brenda, enumera con orgullo todos los lugares de Chile en los que ha estado: “He viajado a La Serena, Pucón, Arica, Viña del Mar, Puerto Natales y Punta Arenas.

de julio (2008) a enero (2009)

Nombre: Ly Sia Tho / País: Francia / Edad: 19 / Carrera: Comercio Exterior / Universidad: Instituto Esucomex / Estadía: de julio (2008) a enero (2009)

He tenido la gran oportunidad de viajar mucho. Pero me ocurre una cosa contradictoria y es que por un lado quiero ‘comerme América del Sur a mordidas’ y por el otro lado tengo la universidad… Obviamente yo vine aquí a rendir, pero estar en otro país, con otras costumbres… distrae demasiado. Vine pensando en viajar y en estudiar… sobre todo en estudiar mucho e incluirme en las actividades de la universidad, como hago en México, pero luego la tentación de visitar y descubrir el país ha sido demasiado grande. Estudio, pero no tanto como solía porque me merece más la pena conocer Chile.”

“Los chilenos viajan poco por su propio país”, opina Ly Sia. “Cada vez que les decimos que nos acompañen nos dicen que no. Nunca quieren. Y no lo comprendo, ¡porque tienen un país muy bonito! Todos deberían conocerlo”. Ly Sia sonríe bajo las dos grandes mariposas de tela roja que adornan la pared de su habitación mientras recuerda todo lo que ha visto aquí: “Ya he estado en la Patagonia para ver los glaciares…¡El fin del Mundo! …Y los pingüinos”, termina, justo antes de echarse a reír. “Todo esto es tan diferente de Santiago… Y a una distancia de tan sólo 3 horas en avión. ¡Increíble! Quería ver los glaciares porque en Francia soñaba con el Mont Blanc pero… ¡no es nada en comparación a esto!”, bromea. “Y también me fascina el desierto del norte. Así que ahora quiero ir allí… ¡cuando tenga dinero!”, ríe, divertida. “También he ido a Viña del Mar y es un buen sitio para visitar porque es como una postal: un lugar idílico. Y es

un sitio donde se puede ir con amigos y pasarlo muy bien… Ir a la playa…, al casino”. Su sonrisa se torna pícara de nuevo y se carcajea una vez más.                                                             

Ly Sia: “Los chilenos viajan

poco por su propio país

y no lo comprendo ¡porque

tienen un país muy bonito!

Todos deberían conocerlo

Sin embargo, ambas chicas viven y estudian en Santiago, la capital de la que los chilenos se quejan todo el tiempo, la ciudad que critican de ruidosa y de sucia entre otras cosas. Pero, ¿qué opinan ellas? Brenda gira la cabeza y pone los labios en forma de u mientras piensa: “Cuando llegué a Santiago creía que iba a encontrar un Chile más típico, en el que se notara más su cultura. Pensaba que la vería en la vida normal de la gente, no sólo en sus Fiestas Patrias. Creí que encontraría gente vestida de mapuche… o, por lo Menos, pensé que hallaría sin esfuerzo  restaurantes de comida típica. No toparme con estas cosas fue un poco decepcionante, pero paseé mucho por la ciudad, para conocerla, y fui al Museo de Bellas Artes, al Cerro Santa Lucía, a La Moneda… Y todo me encantó. Aunque no puedas ver la cultura en la calle, los lugares específicos están muy buenos. Todo está súper arreglado y además es barato. Hay buenas exposiciones, con buenos temas. Y Santiago en sí me ha parecido muy, muy limpio y con una educación vial excelente. Hay respeto por los carabineros, mientras que en México se los pasan por el arco del triunfo“. Ly Sia, por su parte, opina algo parecido: “Para mí, Santiago no es la parte más interesante de Chile, porque no hay muchas cosas típicas. Por eso me interesaba mucho ir al sur, porque ahí es donde está lo más típicamente chileno. Pero me gusta porque las calles son muy limpias, los edificios tienen un modelo casi estadounidense, moderno, y la gente es muy simpática. Para mí, Santiago es una buena ciudad para vivir en ella. No para visitarla, pero sí para vivir”. “Creí que los chilenos serían más familiares”, comenta Brenda, “como en México, donde la familia se junta los domingos y pasa el día reunida. Sin embargo, aquí la gente

Brenda: “Creo que los chilenos

no son muy fieles. Aunque los

que yo he conocido son ¡hermosos!”

es más independiente. Además, los  hombres chilenos… Bueno, siento que no son muy fieles, que sólo quieren una noche contigo y ya…” Entonces, esta mexicana de ojos redondos y avispados se sonríe de oreja a oreja: “Aunque, por lo menos los que yo he conocido, son ¡hermosos!… Qué hombres…” Y al decir esto se queda mirando a través de la ventana con cara de felicidad. “A los chilenos les gustan las rubias y de piel muy blanca… eso les parece muy sensual”, sonríe Ly Sia, acerca de su idea de los hombres de nuestro país. La opinión de Brenda no es muy distinta en ese sentido: “Acá les pones piel blanca y pelo rubio y, ¡bueno!, te tratan mejor que a Madonna… Pero ese vocabulario…” La mexicana no puede dejar de sonreírse al hablar de este tema: “Si yo, que hablo español, a veces no los entiendo, imagínate los extranjeros… Tienen un vocabulario tan raro… Yo clasificaría Chile como uno de los peores países para aprender español…

Ly Sia: Santiago no es lo más

interesante de Chile. Pero es

una buena ciudad para vivir”

Su vocabulario agarra de todos los lugares de habla hispana, pero ellos lo colocan y lo usan a su manera.Hablan súper rápido y con un montón de palabras suyas que nadie más entiende fuera de aquí. Es gracioso. Incluso, no me gusta cómo se ven las mujeres hablando chileno pero  me gusta cómo les queda el acento a los hombres. Eso sí, ¡me tienen  que repetir las cosas como dos veces porque no los entiendo!”

Ly Sia: “Vine a perfeccionar

mi español, creyendo que

así sería más fácil, ¡y me

tuve que encontrar con

‘¿cachai?’ y ‘weona’ !

Para la atípica francesa de ojos rasgados, nuestro acento también es un tema curioso: “Es que los chilenos hablan muy rápido y antes no los entendía. Además, me estancaba con las palabras como “¿cachai?” o “weona” , que nunca las había oído. En clase de español no las enseñan. Así que ha sido muy divertido. Estudio español desde hace casi 6 años, pero como no era muy buena en ello decidir venir a perfeccionar, creyendo que así sería más fácil, ¡y me tuve que encontrar con “cachai ” y “weona“!”, termina Ly Sia, riendo.

Sin embargo, la francesa tiene muy claro que, a pesar de las dificultades que ha podido encontrar con nuestra particular forma de usar el idioma, volvería a Chile: “Estoy segura de que voy a regresar a Chile un día. Tengo que hacerlo. Tengo que ver el norte y… también está el pisco. ¡Viva el pisco!”, ríe. “Oh, no… Creo que voy a llorar cuando regrese a Francia porque allí no hay… Y ya me es imposible vivir sin él. Una vez lo pruebas ya no lo puedes dejar. ¡Va a ser horrible!”

Brenda, por su parte, también tiene claro lo que este semestre de intercambio a supuesto para ella: “Mi estancia acá ha sido inolvidable. Es más de lo que yo pude haber pedido. Cómo me he relacionado con todos… Cómo me tratan las personas de acá… Es estupendo. Esto lo voy a recordar toda la vida. No cambiaría esta experiencia por nada”.

Brenda de León en un paseo por barrio Yungay, Santiago

Brenda de León en un paseo por barrio Yungay, Santiago

Ly Sia en su habitación, en la residencia en la que vive

Ly Sia en su habitación, en la residencia en la que vive

 

 
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