La brújula del camaleón

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El Camino hacia Santiago 6 – Comillas dulce y amarga (I) 2 de septiembre de 2012

Playa de Comillas
La playa de Comillas el día que amanecimos allí tras la noche toledana

02/agosto/2012La noche que pasamos en Comillas nada más llegar al Camino de la Costa nos dejó molidos. Cuando llegamos a la primera churrería que abrió, a eso de las 7.30 de la mañana, estábamos temblando de frío, con sueño y un poco cabreados. Sobre todo MG, que es a la que más le afectan este tipo de desbarajustes. No volvimos a ser personas hasta que nos pusieron un chocolate delante a cada uno y una bandeja de churros recién hechos, crujientes y calentitos. Aquello fue como resucitar.
Después, aunque seguíamos cansados y la noche de lluvia nos había tratado tan mal, algo más reconfortados por el chocolate nos dirigimos hacia la iglesia del pueblo para ver si podíamos hablar con el cura. Esto era porque, como muchas otras personas, habíamos oído el rumor de que en cualquier iglesia del Camino podían darte la credencial del peregrino, cuando no es verdad. Es una leyenda urbana y un bulo total. Pero aún no lo sabíamos, así que allá que fuimos.

Comillas, Cantabria, España
Comillas nublado y lluvioso, con la iglesia a la izquierda

La iglesia estaba todavía cerrada y el suelo de la entrada, frío y húmedo, pero nos sentamos ahí a esperar con nuestras mochilas. MG empezaba a estar un poco harta, quería dormir y lo quería ya (como digo, no es su culpa, es que le afecta sobremanera el no dormir) y tuvimos que razonar con ella que, seguramente, si nos dieran la credencial, podríamos ir aunque fuera a ducharnos al albergue de peregrinos de Comillas o incluso estar allí a las 12 para cuando abrieran y dormir. Ella se conformó con esa idea, aunque en ese momento me dio la sensación de que abría estado dispuesta a lo que fuera por una cama; de hecho dijo que no le importaba ir a cualquier hotel y pagar una habitación. El problema era que Miguel y yo teníamos mucho menos dinero ahorrado y no podíamos empezar el Camino gastando así. Por eso, mientras hubiera una opción más asequible, debíamos buscarla. Además, las credenciales eran imprescindibles y, de eso sí que MG era totalmente consciente, cuanto antes las tuviéramos, mejor.
Nos pusimos a jugar una partida de cartas para no dormirnos y, a la hora creo recordar, apareció una señora bastante mayor que nos dijo que qué hacíamos ahí y que nos retirásemos de la puerta porque tenía que abrir la iglesia. Tenía bastantes malas pulgas, pero le preguntamos por el cura. Nos dijo que ella era la que abría siempre la iglesia y preparaba todo y que el sacerdote llegaba más tarde, como si eso fuera lo más normal y estuviéramos haciendo preguntas un poco tontas. La misa era a las 10 y el cura llegaba un cuarto de hora antes, así que podíamos esperar y hablar con él después de la misa.

Credencial del peregrino
Detalle de la credencial de peregrino

Mis opiniones en cuanto a todo esto se vieron intensificadas por el malestar del momento. Pensé en la señora que se levantaba seguramente a las 7 para abrir la iglesia a las 8 y en el cura que llegaba a las 9.45 y me dije que, lo mirase por donde lo mirase, esto era injusto. Si uno es cura es para hacer todo lo que implica, ¿no? Lo cual seguramente incluye abrir tu iglesia y ocuparte de ella, pero eso de que una señora, seguramente por fe y sin cobrar, lo haga todo por ti… No sé, yo es que eso de las feligresas que hacen todo por el cura nunca lo he entendido. Para mí es aprovecharse. Porque, entonces, ¿ellos qué hacen? ¿Van a mesa puesta y dan la misa nada más? En fin. De todas formas sólo fue la primera decepción que nos dio la Iglesia en este Camino (a mi pesar, pues qué más quisiéramos todos que todo fuera perfecto, ¿no? Y más cuando estás en el Camino).
Señoras a parte, me empezó a preocupar MG. Todo esto suponía que no iríamos pronto al albergue ni a ningún lado y comenzó a ponerse nerviosa. Miguel la tranquilizó diciéndole que en cuanto viera al cura iría a preguntarle para ver si podía atendernos antes de la misa, así no esperaríamos tanto.

Nos acomodamos bajo los soportales del antiguo ayuntamiento, haciendo caso a la señora que nos había dicho que nos moviéramos, y seguimos jugando hasta que pasó por allí el sacerdote. Miguel se apresuró a entrar en la iglesia y salió al rato con malas noticias. Como comentaba un poco antes en este mismo post, no es verdad que se puedan hacer las credenciales en cualquier iglesia del Camino. Aunque tampoco era verdad lo que nos dijo el cura, a pesar de que nos lo creímos porque no teníamos otra fuente de información en ese momento: según él, sólo se podía pedir la credencial en la propia parroquia, en la ciudad en la que uno reside, porque en teoría el sacerdote que te la daba tenía que conocerte bien, ya que estaban intentando rebajar el número de peregrinos en el Camino puesto que iba demasiada gente, etc. Pues…MG, era belga y no iba a volver a Lieja para que le hicieran el carnet, digo yo; sobre todo, cuando a ella en su ciudad le habían dicho lo mismo, que en España y en el Camino, lo podía sacar sin problemas.
Al final, resultó que la credencial se podía obtener en el Camino, pero sólo en albergues que pertenecieran a la Asociación de Amigos del Camino de Santiago (de lo cual hablaremos en otro post, puesto que nos enteramos más tarde).

Comillas, Cantabria, España
Señal junto al albergue de peregrinos de Comillas.

En ese momento, pensábamos que nos habíamos quedado sin posibilidad de peregrinar y, un tanto enfadados por la noticia, empezamos a pensar otras opciones. Era un gran contratiempo eso de no poder tener las credenciales. ¿Ibamos a poder hacer el Camino? Y se nos ocurrió una solución que, en teoría, es válida: comprar unos cuadernos en los que acumular los sellos. En la práctica, eso de que te los den por válidos es otra cosa, pero en los derechos del peregrino está escrito que, a efectos de uso, es igual que llevar una credencial y como tal debe ser aceptada. Bueno, ya veríamos qué pasaba.
Nos dirijimos de nuevo a la churrería para tener al menos un sello en nuestros cuadernos y, con eso hecho, anduvimos hacia el albergue. Estaba cerrado a cal y canto y lloviznaba. Hasta las 4pm no abría (eran las 11:30h) y no podíamos esperar, sobre todo porque ese día llegaban dos amigos a encontrarse con nosotros y nuestro plan era dormir antes de que llegaran para poder pasar bien el tiempo con ellos y no muertos de sueño y medio enfadados. La última opción, la del hotel, volvió a surgir. MG estaba harta y dijo que todo le daba el igual, el precio, el lugar, pero que necesitaba dormir y haría lo que fuera. Ya no quería esperar más, estaba muy cansada.
Pues nada, puestos a pagar, los llevé a un hotel muy bonito, que está al borde del mar. Por preguntar el precio no iba a pasar nada. Nos dijeron 75€ los tres. No era lo mejor para nuestra economía, pero la verdad es que el sitio lo valía y al final no era tan caro para lo que era, un hotel en primera línea de playa. Así que, allá que entramos.
Las sábanas blancas y crujientes nos estaban esperando, al igual que la impresionante vista del mar. Allí abajo los surfistas eran los únicos que ocupaban la playa helada bajo el cielo gris plomizo. Qué pena que no hiciera sol para bañarnos después de dormir.

 

MG se duchó y eso pretendíamos también Miguel y yo pero, para cuando ella salió, nosotros ya estábamos fritos…Un descanso, por fin.

 

Continuará…

Playa de Comillas
Los surfistas en la playa de Comillas.

SIGUE LEYENDO:

Capítulo 6 – Comillas dulce y amarga (II)

O LEE  LA  AVENTURA  DESDE  EL  PRINCIPIO:

Capítulo 1 – Un comienzo accidentado

Capítulo 2 – Carretera, manta y… Cagaditas

Capítulo 3 (Parte 1) – Hacia Palencia, una noche movidita (I)

Capítulo 3 (Parte 2) – Hacia Palencia, una noche movidita (II)

Capítulo 4 (Parte 1) – Palencia la bella no quiere dejarnos marchar

Capítulo 4 (Parte 2) – Anexo de fotos, Palencia

Capítulo 5 (Parte 1) – Palencia, Santander, Comillas… y una noche toledana

Capítulo 5 (Parte 2) – Anexo de fotos de Santander

 

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