La brújula del camaleón

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Entrevista a Laura Lee-Georgescu 3 de febrero de 2010

Filed under: Entrevistas — labrujuladelcamaleon @ 01:17
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“Con cuatro años me encantaba dibujar y empecé a usar ¡la pared del comedor!”

– Una entrevista de Margarita Ruiz Temprano, 4° de Periodismo –

De madre rumana y de padre americano de ascendencia china, Laura Lee-Georgescu representa en sí misma el carácter multicultural de la ciudad en que nació, Nueva York, donde en estos momentos muestra al público algunas de sus obras junto a otros artistas en una exposición titulada “Rites of passage”.

Al abrir la portezuela de la verja y subir las escaleras de piedra hasta la puerta de la casa, me siento como si de repente Woody Allen fuera a salir de detrás de un arbusto con una cámara, listo para llevar esta escena a la gran pantalla. Me quito un guante y toco el timbre justo segundos antes de que Laura abra la puerta de la típica casa neoyorquina y me salude abriendo sus ojos castaños con un simpático “¡hey!”.

   Sus padres están en la cocina y, después de dejar que me obsequien con un capuchino bien espumoso, las dos caminamos escaleras arriba haciendo chirriar la madera del suelo.

   En el segundo piso, el cuarto de Laura es una mezcla extraña pero inteligente de dormitorio y estudio, lleno a rebosar de libros, rollos de cartulina, lápices, pinceles en botes, témperas y dibujos colgados por las paredes. Pero lo que más me sorprende es no ver una cama por ningún lado. “¡Oh! Sí… Bueno, antes mi habitación era normal. Tenía una cama y todo eso”, se ríe, “pero como no tengo dinero para pagar un estudio ahora duermo en un colchón sobre el suelo y después lo quito y uso el espacio para pintar. Es más fácil”.

   Recuerdo que unos días antes, con su coleta de cabellos negros moviéndose de un lado a otro y vestida con unos pantalones a cuadros, me mostraba un gran lienzo con colores vivos aposentado entre las dos ventanas de su habitación. “Por el momento mi estilo, digamos, es pintura abstracta, que es lo que estoy investigando ahora. Pero esto es algo muy nuevo, que empecé a hacer hace tan sólo un año. Antes hacía pintura figurativa. Muchos, muchos retratos. Y quizá eso es más típico de mí. Pero, bueno, lo que me gusta del arte es que puedes cambiar tu estilo cuando quieras”. Ahora sus lienzos ya están en la exposición “Rites of passage” y ella se ha cortado el pelo. “Me alegro de estar en esta exhibición de grupo para así ver cómo mi pintura reacciona con las creaciones de los demás. Las obras tienen una vida diferente cuando están juntas. Cuando observas una obra con otras alrededor, se ve distinta, cambia su personalidad. Y creo que es importante observar cómo viven tus pinturas en unos u otros lugares”. Los ojos de Laura, redondos y delicadamente rasgados al mismo tiempo, vagan en su mundo, concentrados, mientras ella me cuenta todo esto. Sólo cuando vuelve a la realidad y me mira, esboza una sonrisa, algo avergonzada por las ideas tan profundas que acaba de revelar. “En realidad, normalmente  nunca hablo a nadie de estas cosas”. Confiesa antes de que le devuelva la sonrisa y la invite a continuar.

   Comento que me parece muy especial lo que dice. Laura ve el arte como algo vivo que nace, crece y después abandona el nido del artista para recorrer el mundo y relacionarse con él. “Durante el tiempo que estás creando una obra, ésta está en tu estudio y no hay otro arte a tu alrededor. Pero cuando ya has terminado y pones tu lienzo en la exposición, deja de ser algo directamente conectado a ti y tiene su propia vida. Empieza a existir solo, sin ti, y comienza a tener conversaciones con las obras que están alrededor de ella. Eso es interesante, porque descubres aspectos de tu trabajo que antes no habías visto y que no sabías que existían. Y sólo después de terminar la obra, después de exponerla, empiezas a ver cosas nuevas”.

    Sentadas junto a su escritorio, totalmente inundado de cosas, me atrevo a hacer una broma, pues dicen que los artistas suelen ser desordenados y en su caso es verdad. Ella se ríe. “Bueno, no todos nosotros somos así. Tengo compañeros de la universidad que son muy, muy, muy ordenados…”, y abre los ojos, “¡quizás demasiado!”. Y se vuelve a reír. “Depende de cómo trabajas, de cómo es tu estilo. Pero puede que sí haya un estereotipo… Aunque entre nosotros los artistas vemos otros estereotipos acerca de quién es desordenado y quién no. Por ejemplo, la mayor parte del tiempo veo que la gente que hace diseño gráfico o fotografía, son muy ordenados porque en estas artes el proceso (de creación) es muy limpio y hay que prestar atención a los detalles. Lo opuesto a ellos son los escultores, que siempre tienen montañas de cosas en sus estudios. Como hacen figuras de una gran variedad de materiales, veo que les gusta coleccionar cualquier cosa (que se encuentran) por la calle”. Hace un gesto de examinar algo e imita una voz de asombro: “¡Oh, quizá esto pueda usarlo en mi escultura!”. Y continúa: “Entonces, empiezan a coleccionar objetos y luego tienen unos estudios tan desordenados que no se puede caminar por el suelo”. Miro con una sonrisa alrededor y le tengo que conceder que, al menos por la mitad de su habitación, sí se puede caminar.  “Pero yo tengo que tener, por lo menos, parte del estudio ordenado, limpio”, sigue ella,“y las paredes blancas para que pueda concentrarme. Si todo mi estudio fuera un desastre por el desorden, no podría pensar en lo que quiero hacer. Así que… sí, hay partes desordenadas pero también necesito mi pared blanca para poder pensar bien”.

   ¿Y qué música le gusta escuchar a Laura para inspirarse mientras pinta? “¡Ah, sí!”, exclama, “siempre tengo que poner música cuando pinto. Es la manera de bloquear el mundo exterior y de entrar en el mío, no sé. Casi siempre escucho cosas con mucha vida, con mucha energía, como a Michael Jackson, a Prince, a James Brown, a Aretha Franklin. Me encanta la música soul. Y la afrobeat, que es como mezcla de jazz y música africana, con un montón de ritmo. Sí, necesito música así, para tener energía y más ganas de pintar. Ohhh, y mucha salsa. Celia Cruz. Eso también me encanta”. Me sorprendo y parpadeo repetidamente antes de asentir. Qué inusual para una artista. ¡Y yo que pensaba que ese gremio era más de música clásica! “Es que si pongo algo muy tranquilo es porque voy a descansar o a ver mis libros de arte o a leer. Cuando pinto estoy siempre muy activa, de pie, moviéndome. Cuando se trabaja en un tamaño de lienzo tan grande, de dos metros, y no puedes sentarte, tienes que estar activa”.

Laura hace una pausa en la que toma un sorbo del té que trajo con ella desde la cocina en un jarrito azul. Sólo entonces me percato de que la luz que entraba por las ventanas ha menguado considerablemente desde que entré en su habitación y su cara se ve ahora también algo azulada. Entonces, sonríe. “Me gusta mucho tener la libertad de expresar un montón de cosas diferentes, tener la oportunidad de crear objetos nuevos que nunca antes han existido”.

   Con esto recuerdo que hace muy poco Laura estuvo en Panamá, donde tuvo una de esas oportunidades creativas. En la plaza de un pequeño pero turístico pueblo del Caribe panameño, llamado Bocas del Toro, una pared blanca esperaba el ingenio de la artista neoyorquina. “Nosotros éramos un grupo muy grande de estudiantes de Norteamérica, Sudamérica y Europa y queríamos hacer un proyecto que sirviera a esa comunidad. Entonces, hablamos con el alcalde de Bocas, que nos dio esta pared, y yo ideé un diseño que tenía elementos representativos del multiculturalismo. Hay una escena de diferentes bailes latinos, que tiene el mapa del mundo y que expresa la idea de que todos somos iguales; que tenemos diferentes culturas, distintas maneras de expresar cómo somos, pero al final, bueno, de alguna manera bailar es algo humano, da igual de dónde seas. Pero, no sólo fue llegar y decir: vamos a poner esto en esta comunidad sin estar en contacto con ellos. El día que pintamos el mural trabajamos con los niños (de allí) y fue una mezcla muy linda de nosotros y ellos. Me alegro de que hayamos dejado algo nuestro en este lugar en el que estuvimos. Es como hacer historia, dejar una marca propia y también dar un regalo al pueblo. Ojalá haya mejorado un poco el ambiente de ese parque en el que está… Aunque pienso que a los niños ya les encanta el mural”, ríe, “porque, bueno, justo después de terminarlo estaban todos bailando y corriendo alrededor de él”.

   Hablando de niños, aprovecho para preguntarle sobre su infancia y si siempre le apasionó tanto el arte. Sonríe mucho. Se ve que hablar de paredes le ha recordado viejos tiempos: “Sí, sí. Es muy gracioso porque recuerdo que teníamos unos cuatro o cinco años y a mi hermano y a mí nos encantaba dibujar. Y empezamos no sólo a dibujar en el papel ¡sino también en la pared del comedor! Y nos gustaba muchísimo hacer esto, tanto que nuestros padres dijeron: bueno, vamos a dejarlos dibujar porque no van a parar”. Laura se ríe con ganas. “Y por varios años las paredes estuvieron llenas de manchas de lápiz desde el suelo hasta un metro, porque, claro, no éramos muy altos”. De sus palabras deduzco que, si sus padres dejaron que ella les pintarrajeara la casa de esa forma, seguramente también la apoyaron en su decisión de ser artista. “Sí, sí, ¡desde que tenía cuatro años!”, responde de manera divertida. “Bueno, mis padres son arquitectos, así que ya de primera mano conocen lo que es una carrera creativa. Creo que no fue nada diferente ni difícil para ellos apoyarme”.

   Pero (la pregunta del millón), ¿se puede vivir del arte o hay que buscarse la vida en otro lado? ¿Pintaría Laura Lee-Georgescu retratos en la calle para sacarse unos pavos? “¡Quizá! ¡Depende de en qué calle!”, responde entre risas. “Me gusta la idea pero quizá me generaría bastante estrés hacer un dibujo muy rápido que tenga que parecerse muchísimo a la persona. Por eso, en la calle creo que no, pero sí que haría muchos retratos”. Y reflexiona. “Bueno, no sé muy bien cómo es en Europa, pero por lo menos en los Estados Unidos es muy difícil ser artista y ganarte la vida sólo por hacer tu arte. Es muy común que los artistas tengan otro trabajo que esté conectado (a su vocación). A mí me encanta enseñar a niños, a estudiantes, a adultos… Me gusta mucho ver que el arte puede dar una gran confianza en uno mismo, ganas de trabajar en una persona, ganas de ser creativo… Entonces, me gustaría contribuir a la diversión e intentar ser profesora, ¡por lo menos, dentro de unos años!”.

En la foto: Laura Lee-Georgescu, por: © Margarita Ruiz Temprano

 

4 Responses to “Entrevista a Laura Lee-Georgescu”

  1. Laurie L-G Says:

    Gracias por subir la entrevista, Marga! Y las fotos son geniales! 😀

    http://lauraleegeorgescu.weebly.com
    http://laurieatwoodstock.weebly.com

    • labrujuladelcamaleon Says:

      ¡De nada!! ¡Gracias a ti por concedérmela!!
      😀 ¡Y gracias por lo de las fotos! Para mí fue un honor! 🙂
      Estoy deseando hacerte muchas entrevistas más!!!
      Besos!!

  2. Huascar Morales Says:

    Genial!!! muy buenas noticias, la determinación y pasión de Laura aseguran un brillante porvenir, siempre estaré al tanto de las noticias de esta gran artista =)


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