La brújula del camaleón

Un weblog acerca de la experiencia vital de un camaleón ibérico…

Curiosidades del Año Chino en Paris abril 3, 2011

Quería aprovechar este post para mostraros algunas de las fotos más divertidas o curiosas del desfile que hubo en París para el Año Nuevo Chino y contaros algunas de las cosas que aprendí.

Por ejemplo, este señor repartía mandarinas a la gente para desearles suerte en el Nuevo Año 4709:

Suerte para el nuevo año

Y éste también, aunque me dio la sensación de que sólo se las daba a quien era chino…hum!

Mandarinas para la suerte // Mandarines for luck

Y para tener igualmente suerte en el año que entra hay que tocarle las barbas al dragón. Pero hay que tener cuidado porque ¡pasan muy rápido por encima de tu cabeza!!
¡Ah! ¡Y más suerte aún tienes si te escupe! (lo cual es en realidad algo de agua que lanzan desde el desfile) (pero es gracioso decir que tendrás suerte porque un dragón te ha escupido) ;D

Dragón de colores // Coloured dragon

Las flores simbolizan la primavera que está al llegar y por tanto el renacimiento y el crecimiento. Además, las flores representan para los chinos la felicidad y la alegría, por eso estas señoras enseñaban flores de colores a todos los presentes, deseándonos esas energías para el año que entraba.

Mujeres chinas con flores / Chinese women with flowers

Y, por último, me hicieron mucha gracia los chicos y chicas vestidos de conejitos y aquí os los dejo:

¡Conejitos!

Para ver las otras fotos del Año Nuevo Chino 4709 (es decir, 2011), mira aquí:
1. El Año del Conejo: http://labrujuladelcamaleon.wordpress.com/2011/02/07/el-ano-del-conejo/
2. Dragones en París: http://labrujuladelcamaleon.wordpress.com/2011/03/31/dragones-en-paris/
3. Dragones en París 2: http://labrujuladelcamaleon.wordpress.com/2011/04/01/dragones-en-paris-2/
4. Dragones en París 3: http://labrujuladelcamaleon.wordpress.com/2011/04/01/dragones-en-paris-3/

 

Las pingüineras y el pingüino de Humboldt febrero 13, 2009

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CUADERNO DE VIAJE – Camino a las pingüineras – 14 de septiembre 2008

De haber viajado por mi cuenta, habría investigado más La Serena, pero al estar dentro de un viaje organizado, tuve que comerme la curiosidad y montarme en el bus, rumbo a Punta de Choros. Entonces no lo sabía, pero un choro, es un mejillón. Así que el lugar queda con un nombre bastante divertido: “punta de mejillones”.

El camino para llegar allí es muy bonito. Todo un valle verde con montañas altas, donde pastan los guanacos* y crecen los cactus. Esto último me sorprendió mucho porque uno siempre suele asociar los cactus con el desierto y, sin embargo, los hay que crecen el valles verdes y fértiles como los chilenos. Había flores de color blanco y lila, el cielo estaba nublado, dándole un aspecto más íntimo, como de cuento, al gran valle, y los cactus crecían con sus formas graciosas.

Este tipo de vegetación (valles verdes mezclados con cactus) se da así dentro de una zona por lo demás semidesértica porque la corriente fría de Humboldt (en el océano) entra en contacto con la tibieza del continente y crea una neblina denominada “camanchaca”, que sube y cubre las montañas y el valle. Esta neblina proporciona a la tierra la humedad necesaria para que las plantas no necesiten lluvia para crecer. De esta forma se crea un microclima que da lugar a un hábitat peculiar.

Valle

Valle hacia Punta de Choros, IV Región, CHILE

Guanacos pastando

Guanacos pastando

Nos montamos de nuevo en la buseta para seguir avanzando por el camino de tierra y piedras hasta llegar al mar y allí tomamos un bote rumbo a la Reserva del Pingüino de Humboldt. El precio para entrar a la reserva es de 1.600 $ chilenos – 2 € – 2,6 US$. Y el precio del viaje en bote es de 6.000 pesos/persona – 7,6 € – 9,7 US$.

Bien, pues con todo listo y el salvavidas atado al cuerpo nos subimos a una lancha camino de las pingüineras (y loberas). Si uno ya tenía frío en tierra, seco y parado, imaginaos yendo a velocidad, por el mar, con el viento helándote las orejas y el agua salada salpicándote a cada rato. En el trayecto confieso que lo pasamos realmente mal en cuanto a la temperatura, así que recomiendo visitar este lugar, no en verano, porque cuando sale el sol hace mucho calor , pero sí en primavera o, si vais en invierno como yo, en un día soleado. Lo vereis todo mucho mejor si no tenéis que esconderos debajo de una capucha para soportar las frías temperatura.

Me parece que el paseo hasta Isla Choros, sobre la que caminan cientos de pingüinillos de Humboldt y rechonchos lobos marinos, dura unos 15/20 minutos. Pero una vez allí, haga frío o calor, todo ha merecido la pena.

 

Leones marinos

Leones marinos descansando en Isla Choros, Chile, dentro de la Reserva Nacional del Pingüino de Humboldt

 Los leones marinos, con sus pieles oscuras, te miran perezosamente desde las alturas, pensando quizá qué diantres haces metiendo las narices en su hábitat o qué hace una curiosa isla flotante (tu bote) llena de especímenes sin aletas dando tumbos por allí. Más allá,  los pingüinos te observan de reojo con esa graciosa mirada de resabios con la que suelen ir castigando a los demás mortales.

 humboldt por belgianchocolate.

Pingüino de Humboldt, foto de belgianchocolate (flickr)

 En la reserva también hay cormoranes y gaviotas, aparte de delfines nariz de botella (los cuales no vi aunque dicen que suelen aparecer).

Loco (Concholepas concholepas)

Loco (Concholepas concholepas)

Después de dar la vuelta a Isla Choros y también a Isla Gaviota, nuestra lancha paró en Isla Damas, la única en la que se puede desembarcar. Es una isla bonita, de arena muy blanca y llena de enormes conchas de loco. Los locos son unos moluscos carnívoros (devoran otros moluscos) cuya concha blanca o grisácea tiene el tamaño de una mano. Lo malo es que hacía mucho frío y de esa manera no se podía disfrutar de la playa. Una excursión de este tipo merece un día soleado.

En Isla Damas comimos y caminamos un rato entre rocas y arena antes de volver al bote.

 

Boat Ride to Isla Damas por palegoldenrod.

Isla Damas (foto de palegoldenrod, Flickr)

El agua, como se puede ver, es de un precioso color turquesa oscuro, más azul en las zonas más profundas. El viento es frío porque procede de la corriente de Humboldt, que viene del Pacífico y el sol calienta mucho, cuando aparece, porque en esta zona la capa de ozono está muy deteriorada. Por eso recomiendo llevar protector solar en un día muy despejado. Uno se quema con facilidad en esta zona porque el sol es mucho más dañino.

 Bueno, ¡nos vemos recorriendo Chile en la siguiente crónica!

 

 *(El guanaco es un camélido de la familia de la llama y de la alpaca, con la diferencia de que no es doméstico, sino salvaje).

 

¿Recorremos Chile? febrero 1, 2009

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CUADERNO DE VIAJE – “Nos vamos” - 13 de septiembre de 2008

Hasta ahora os he hablado de Santiago de Chile y de la forma de ser de los chilenos, y me propongo seguir haciéndolo, pero creo que es hora de que salgamos un rato de la capital.

¿Os apetece dar un paseo? Me propongo mostraros Chile y sus maravillas. Desde lo más al norte que he llegado hasta lo más al sur.

¿Os subís a mi mochila? Pues agarraos porque nos vamos.

Nuestro viaje comienza el septiembre pasado, a bordo de un microbús (o buseta) blanco.  Mis amigos y yo nos habíamos propuesto viajar al norte y conocer el desierto más seco del planeta, el desierto de Atacama, durante las Fiestas Patrias chilenas. En nuestro recorrido visitaríamos 3 de las 15 regiones en que se divide el país: la IV Región de Coquimbo, la III Región de Atacama y la II Región de Antofagasta.

Empezamos subiendo hasta la IV Región. Íbamos rumbo a un pueblito llamado Pichidangui, cuyo nombre en mapudungún significa “balsa pequeña”.

 

Pichidangui

Costa de Pichidangui con el pueblo al fondo

Pichidangui es un pueblito costero muy, muy pequeño, sin demasiado atractivo de no ser por su curiosa iglesia empotrada en la roca de la costa y por una inesperada playa en la que se pueden dar paseos a caballo.

El día que llegamos, la iglesia estaba cerrada, pero a través de una ventanita rectangular pude espiar y ver el interior.Estaba toda hecha de madera y el altar estaba repleto de plantas. La encontré muy exótica.

Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

Interior de la Iglesia de Pichidangui

Iglesia de Pichidangui

  Allí comimos, en un pequeño restarurante junto a la costa. Allí uno podía pedir mariscos de la zona o las típicas empanadas chilenas. Yo me decanté por estas últimas y pedí una de marisco mientras que mis amigos optaron por unas cazuelas de almejas y otros bivalvos.

Como digo, pocas cosas más había para ver en Pichidangui: unas cuantas artesanías y una playa, eso sí, muy bonita, donde la arena hacía reflejos dorados. A parte de eso, hay pocas casas, poca gente, un único y diminuto súper mercado (si es que se le puede llamar así) y dos bares.  Aunque en las vacaciones tengo entendido que llega gente a veranear, me pareció un sitio curioso pero no muy entretenido. Una tarde estuvo bien.

Playa de Pichidangui

Playa de Pichidangui

 

Mirando al horizonte

Yo sobre las rocas de la costa de Pichidangui

Después de eso, volvimos a meternos en la buseta,  lo cual agradecimos ya que el viento de la costa empezaba a ser cada vez más frío y seguimos rumbo a La Serena.

La Serena es la capital de la IV Región de Coquimbo. Llegamos allí de noche y sólo la vi entonces, ya que por la mañana temprano salimos de viaje otra vez, pero su arquitectura antigua me pareció muy bonita, con sus iglesias de piedra. Esa parte, a esas horas, es bastante silenciosa, pero según uno se va acercando al puerto va encontrando restaurantes, bullicio y mucha actividad nocturna.

Mapa de la IV Región de Coquimbo

Mapa de la IV Región de Coquimbo

La Serena es un destino de vacaciones en los meses de verano (enero y febrero) para los chilenos, que llegan atraídos por el encanto de esta capital, sus playas y sus alrededores.

Yo viajaba con una agencia, pero los viajeros independientes podéis encontrar hostales muy baratos (7.ooo $ chilenos/ noche = 8,8 € = 11$). En Internet se encuentran muy fácilmente buscando “hostales” y la ciudad en la que quieres hacer noche.

En cuanto a las agencias, también las hay buenas y baratas en Santiago, que ofrecen viajes asequibles desde la capital (al norte y al sur) para jóvenes y no tan jóvenes mochileros.

Nos vemos en la siguiente crónica, recorriendo Chile.

 

Cuaderno de viaje – Reportaje – Un Semestre Inolvidable noviembre 15, 2008

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Una mexicana y una francesa nos cuentan su experiencia como estudiantes de intercambio en nuestro país

- Un reportaje de Margarita Ruiz Temprano -
Ly Sia Tho en su viaje al sur de Chile a las Torres del Paine

Ly Sia Tho en su viaje al sur de Chile a las Torres del Paine

Brenda vive en una habitación pequeña pero acogedora en una residencia de estudiantes de la comuna de Providencia (Santiago). Las paredes color crema de su cuarto están decoradas con algunas fotos de carteles antiguos de Coca Cola, de esos tipo años cincuenta. También hay una hoja crujiente y seca del ya pasado invierno santiaguino y un póster de una sensual Marlilyn Monroe que hace ojitos a quien la observa. Brenda ha convertido una botella de pisco Fuegos en un alargado florero que ahora contiene un hermoso girasol dorado. Otra botella la tiene llena de brillantina y lentejuelas que nadan en el agua cuando giras el recipiente. Divertida y concentrada, esta mexicana de cabello corto y liso como una tabla, deja a un lado sus conversaciones de messenger para servirse una enorme taza de cereales con leche. “Acabo de volver en un viaje de 5 días a la Patagonia y estoy cansadísima”, cuenta, aún ilusionada. “Fue magnífico. Hubo mal tiempo, pero fue fenomenal. En las Torres del Paine, los paisajes te dejan sin habla, y los pingüinos son tan hermosos… Todo eso te deja sin palabras”.

Brenda de León es una de los muchos alumnos extranjeros de intercambio que cada año llegan a Chile cambio que cada año llegan a Chile para estudiar en nuestras universidades durante un semestre. Pero

de julio (2008) a enero (2009)

Nombre: Brenda de León Becerra / País: México / Edad: 20 / Carrera: Procesos Educativos / Universidad: Católica / Estadía: de julio (2008) a enero (2009)

no es la única. Ly Sia Tho, una francesa de ascendencia asiática, de pícaros ojos rasgados y larga cabellera negra, cambió su Francia natal por un semestre en Chile. “Quise venir aquí porque en Francia siempre me dijeron que Chile era un lugar muy agradable y que la gente era muy cariñosa”, confiesa, arrastrando las erres, como buena gala. “Y también me gustaba el hecho de que hubiera multitud de paisajes diferentes en un mismo país”.

Ly Sia: “Quise venir a Chile porque en

Francia siempre me dijeronque era un

lugar muy agradable y que la gente

era muy cariñosa”

Algunos de esos paisajes ya los han visitado. Brenda, enumera con orgullo todos los lugares de Chile en los que ha estado: “He viajado a La Serena, Pucón, Arica, Viña del Mar, Puerto Natales y Punta Arenas.

de julio (2008) a enero (2009)

Nombre: Ly Sia Tho / País: Francia / Edad: 19 / Carrera: Comercio Exterior / Universidad: Instituto Esucomex / Estadía: de julio (2008) a enero (2009)

He tenido la gran oportunidad de viajar mucho. Pero me ocurre una cosa contradictoria y es que por un lado quiero ‘comerme América del Sur a mordidas’ y por el otro lado tengo la universidad… Obviamente yo vine aquí a rendir, pero estar en otro país, con otras costumbres… distrae demasiado. Vine pensando en viajar y en estudiar… sobre todo en estudiar mucho e incluirme en las actividades de la universidad, como hago en México, pero luego la tentación de visitar y descubrir el país ha sido demasiado grande. Estudio, pero no tanto como solía porque me merece más la pena conocer Chile.”

“Los chilenos viajan poco por su propio país”, opina Ly Sia. “Cada vez que les decimos que nos acompañen nos dicen que no. Nunca quieren. Y no lo comprendo, ¡porque tienen un país muy bonito! Todos deberían conocerlo”. Ly Sia sonríe bajo las dos grandes mariposas de tela roja que adornan la pared de su habitación mientras recuerda todo lo que ha visto aquí: “Ya he estado en la Patagonia para ver los glaciares…¡El fin del Mundo! …Y los pingüinos”, termina, justo antes de echarse a reír. “Todo esto es tan diferente de Santiago… Y a una distancia de tan sólo 3 horas en avión. ¡Increíble! Quería ver los glaciares porque en Francia soñaba con el Mont Blanc pero… ¡no es nada en comparación a esto!”, bromea. “Y también me fascina el desierto del norte. Así que ahora quiero ir allí… ¡cuando tenga dinero!”, ríe, divertida. “También he ido a Viña del Mar y es un buen sitio para visitar porque es como una postal: un lugar idílico. Y es

un sitio donde se puede ir con amigos y pasarlo muy bien… Ir a la playa…, al casino”. Su sonrisa se torna pícara de nuevo y se carcajea una vez más.                                                             

Ly Sia: “Los chilenos viajan

poco por su propio país

y no lo comprendo ¡porque

tienen un país muy bonito!

Todos deberían conocerlo

Sin embargo, ambas chicas viven y estudian en Santiago, la capital de la que los chilenos se quejan todo el tiempo, la ciudad que critican de ruidosa y de sucia entre otras cosas. Pero, ¿qué opinan ellas? Brenda gira la cabeza y pone los labios en forma de u mientras piensa: “Cuando llegué a Santiago creía que iba a encontrar un Chile más típico, en el que se notara más su cultura. Pensaba que la vería en la vida normal de la gente, no sólo en sus Fiestas Patrias. Creí que encontraría gente vestida de mapuche… o, por lo Menos, pensé que hallaría sin esfuerzo  restaurantes de comida típica. No toparme con estas cosas fue un poco decepcionante, pero paseé mucho por la ciudad, para conocerla, y fui al Museo de Bellas Artes, al Cerro Santa Lucía, a La Moneda… Y todo me encantó. Aunque no puedas ver la cultura en la calle, los lugares específicos están muy buenos. Todo está súper arreglado y además es barato. Hay buenas exposiciones, con buenos temas. Y Santiago en sí me ha parecido muy, muy limpio y con una educación vial excelente. Hay respeto por los carabineros, mientras que en México se los pasan por el arco del triunfo“. Ly Sia, por su parte, opina algo parecido: “Para mí, Santiago no es la parte más interesante de Chile, porque no hay muchas cosas típicas. Por eso me interesaba mucho ir al sur, porque ahí es donde está lo más típicamente chileno. Pero me gusta porque las calles son muy limpias, los edificios tienen un modelo casi estadounidense, moderno, y la gente es muy simpática. Para mí, Santiago es una buena ciudad para vivir en ella. No para visitarla, pero sí para vivir”. “Creí que los chilenos serían más familiares”, comenta Brenda, “como en México, donde la familia se junta los domingos y pasa el día reunida. Sin embargo, aquí la gente

Brenda: “Creo que los chilenos

no son muy fieles. Aunque los

que yo he conocido son ¡hermosos!”

es más independiente. Además, los  hombres chilenos… Bueno, siento que no son muy fieles, que sólo quieren una noche contigo y ya…” Entonces, esta mexicana de ojos redondos y avispados se sonríe de oreja a oreja: “Aunque, por lo menos los que yo he conocido, son ¡hermosos!… Qué hombres…” Y al decir esto se queda mirando a través de la ventana con cara de felicidad. “A los chilenos les gustan las rubias y de piel muy blanca… eso les parece muy sensual”, sonríe Ly Sia, acerca de su idea de los hombres de nuestro país. La opinión de Brenda no es muy distinta en ese sentido: “Acá les pones piel blanca y pelo rubio y, ¡bueno!, te tratan mejor que a Madonna… Pero ese vocabulario…” La mexicana no puede dejar de sonreírse al hablar de este tema: “Si yo, que hablo español, a veces no los entiendo, imagínate los extranjeros… Tienen un vocabulario tan raro… Yo clasificaría Chile como uno de los peores países para aprender español…

Ly Sia: Santiago no es lo más

interesante de Chile. Pero es

una buena ciudad para vivir”

Su vocabulario agarra de todos los lugares de habla hispana, pero ellos lo colocan y lo usan a su manera.Hablan súper rápido y con un montón de palabras suyas que nadie más entiende fuera de aquí. Es gracioso. Incluso, no me gusta cómo se ven las mujeres hablando chileno pero  me gusta cómo les queda el acento a los hombres. Eso sí, ¡me tienen  que repetir las cosas como dos veces porque no los entiendo!”

Ly Sia: “Vine a perfeccionar

mi español, creyendo que

así sería más fácil, ¡y me

tuve que encontrar con

‘¿cachai?’ y ‘weona’ !

Para la atípica francesa de ojos rasgados, nuestro acento también es un tema curioso: “Es que los chilenos hablan muy rápido y antes no los entendía. Además, me estancaba con las palabras como “¿cachai?” o “weona” , que nunca las había oído. En clase de español no las enseñan. Así que ha sido muy divertido. Estudio español desde hace casi 6 años, pero como no era muy buena en ello decidir venir a perfeccionar, creyendo que así sería más fácil, ¡y me tuve que encontrar con “cachai ” y “weona“!”, termina Ly Sia, riendo.

Sin embargo, la francesa tiene muy claro que, a pesar de las dificultades que ha podido encontrar con nuestra particular forma de usar el idioma, volvería a Chile: “Estoy segura de que voy a regresar a Chile un día. Tengo que hacerlo. Tengo que ver el norte y… también está el pisco. ¡Viva el pisco!”, ríe. “Oh, no… Creo que voy a llorar cuando regrese a Francia porque allí no hay… Y ya me es imposible vivir sin él. Una vez lo pruebas ya no lo puedes dejar. ¡Va a ser horrible!”

Brenda, por su parte, también tiene claro lo que este semestre de intercambio a supuesto para ella: “Mi estancia acá ha sido inolvidable. Es más de lo que yo pude haber pedido. Cómo me he relacionado con todos… Cómo me tratan las personas de acá… Es estupendo. Esto lo voy a recordar toda la vida. No cambiaría esta experiencia por nada”.

Brenda de León en un paseo por barrio Yungay, Santiago

Brenda de León en un paseo por barrio Yungay, Santiago

Ly Sia en su habitación, en la residencia en la que vive

Ly Sia en su habitación, en la residencia en la que vive

 

Cuaderno de viaje – Tomando contacto noviembre 10, 2008

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LOS COLECTIVOS -julio 2008

Después de varios años de conocer a gente de Latinoamérica yo tenía bastante claro que un colectivo era un autobús… Lo que no sabía es que los chilenos pensaban de otra manera y que iban a seguir sorprendiéndome con cada paso que diera.

Bien, me enteré de la gran diferencia entre mi idea de colectivo y la de los chilenos cuando la amiga en casa de la cual me estaba quedando hasta encontrar casa propia me dijo que tomaríamos uno para llegar hasta la estación de metro más cercana (ella vivía en la precordillera. Para que nos entendamos, muy lejos del centro de Santiago, en lo que podríamos denominar un barrio residencial alto. Por eso el camino hacia Santiago centro era muy largo). Íbamos caminando frente a la imponente cordillera repleta de nieve cuando veo torcer la esquina a un taxi negro con un cartelito sobre el techo. Mi amiga levantó la mano y yo le pregunté: “¿Es que vamos a ir en taxi? Pensé que íbamos a coger un colectivo”. Ella se giró y me miró, muy seria: “Claro, ése es el colectivo…” “¿Éseee??”

¿¿EIN??? E fin, si ella lo decía, era mejor no discutir. Otra cosa quizá no, pero los chilenos siempre tienen razón…  Así que me subí medio confundida, medio curiosa y

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

Peñalolén, comuna de Santiago situada en la Precordillera

me quedé callada, pensando. Entonces, ¿los chilenos llamaban colectivos a los taxis?? A lo mejor era porque como los usaba mucha gente pues no eran “privados”, sino colectivos, por esa razón (je,je, que  ilusa). Mi amiga, entretanto, abrió su bolso y pagó directamente al conductor… Me extrañó. En España, en los taxis se paga cuando has llegado a tu destino, nunca antes… Entre otras cosas porque no sabes lo que va a marcar el taxímetro. Pero aquí no parecía haberlo. Saqué otra conclusión errónea. Quizá aquí no se usaban los taxímetros (luego descubrí que poco, pero sí se usan). Pero cuando ya por fin logré darle cierta coherencia a las cosas fue cuando vi que otra persona, en la acera, elevaba la mano. Mi reacción fue creer que el coche iba a pasar de largo… ¡pero se paró! ¡Y la mujer entró al coche y se sentó en el asiento de delante! Pero eso no fue todo. Un trecho más tarde, una mujer con una niña se subió también y se apretujó junto a mi amiga en el asiento de detrás, sentando a la niña en sus rodillas. A mí aquello me recordaba a los anuncios de Malibú (sí, los del famoso “me estás estresaaaandooo”) no por lo pintoresco, pero sí por lo achuchados que íbamos todos. Lo encontré bastante cómico.

Otra cualidad de los chilenos es que se ofenden con mucha facilidad. Así que cuando salí del “colectivo” y, un poco alucinada, le empecé a preguntar cosas a mi amiga, tuve la sensación de que se enfadó (por mi alucine). Le comenté que yo antes pensaba que un colectivo era un bus y me respondió justo después: “No, po. Son como los taxis, sólo que pueden usarlo cuatro personas distintas. Y siguen un recorrido establedido, como los buses. Y según lo lejos que quede la parada a la que quieres ir, hay un precio”. “Qué curioso”. “¿Por qué?” Es que yo no sabía eso”. “¿Nunca te habías subido a un colectivo?” Otra cualidad más de los chilenos, creen que lo que hay en Chile existe en todas partes. “Pues no.., respondí “En España los taxis no se comparten”. “Es que no es un taxi, es un colectivo”. ¿Estaba mosqueada? “Ya…” “Así que en España no hay colectivos? “No”. “En mi opinión son mucho mejores que los taxis porque no contaminan tanto y llevan a mucha más gente”. Cuarta característica chilena: todo lo que se hace en Chile es un ejemplo para la humanidad, ya sea para bien o para mal. Chile es un modelo a seguir o a evitar en cualquier tema que se trate. En fin, también, si pusieran buses, estos contaminarían menos que los colectivos y llevarían a más del doble de gente… ¿Para qué ponerse a justificar algo si nadie lo ha criticado? Bueno, es algo que muchos chilenos suelen hacer. Uno pregunta por qué se hace tal cosa en Chile, por simple curiosidad, y ellos empiezan a justificarse, como si fuera vergonzoso que las cosas se hicieran así… Es extraño porque, igual que tienen un gran orgullo de su país, por otro lado también se lamentan de él. Los españoles siempre se lamentan y ya está, ja,ja. Cero admiración. (Salvo que se trate de españoles en el extranjero. Entonces, en general, nos exaltamos. Paradojas de la vida…)

Ah, aquí está la causa de mi confusión:

colectivo a la argentina

colectivo a la argentina

colectivo a la chilena

colectivo a la chilena

P.D. Por si alguien pudiera sentirse ofendido, quiero aclarar que no son críticas lo que hago acerca de Chile. A mí casi todas sus cualidades me sorprenden, me hacen gracia y mantienen vivo mi amor por este país. Espero que quienes lean esto lo entiendan igual que yo. ¡Saludos!

 

Cuaderno de viaje: El dilema noviembre 9, 2008

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LA PRIMERA CHILENADA – julio 2008

Una de las primeras cosas que hice al llegar a Santiago fue ir al supermercado. Con el tiempo, me he ido acostumbrando y me he dado cuenta de que soy capaz de nombrar una por una todas (o casi todas) las cadenas de supermercados que hay por aquí, pero por aquel entonces (un entonces no muy lejano aunque así lo parezca) no tenía ni idea de qué tiendas habría ni qué encontraría en ellas. La madre de mi amiga chilena me dijo que una de las cosas que más le gustaban de viajar a otros sitios era entrar en los supermercados y ver qué marcas existían allí y en su país no, o qué productos había que en Chile no.
Realmente, nunca he viajado para mirar lo que hay en los supermercados, pero reconocí que sí tenía cierta gracia. Fue la primera vez que me topé con Soprole (marca de lácteos archiconocida y tipiquísima por estos lares) y Colun (más de lo mismo), sin saber que serían unas de mis más fieles compañeras hasta hoy (y lo que me queda).

Pero , ¿algo que me llamara realmente la atención? La cantidad de botes de manjar (dulce de leche a la

Productos de Soprole

Productos de Soprole

chilena) que había junto a las mantequillas (en España nunca veo el dulce de leche en las estanterías comunes. Está más escondido. Y, si lo veo, sólo hay una marca o dos bastante exquisitas y caras). Aquí la filosofía es distinta: manjar para regalar al mundo. En cajas enormes y por pocos pesos. A engordar se ha dicho (porque además es riquísimo :3).
También me fijé en los vinos. Al venir de un país vinícola, estoy acostumbrada a que la mayoría de las botellas pongan “Rioja” o “Jerez”, y aquí todos los vinos eran chilenos. Pero, ¡cómo no! Si Chile es vinícola también y sus vinos son de las cosas que más los enorgullecen. Y empecé a leer con interés los curiosos nombres de las botellas: Concha y Toro, Casillero del Diablo… uuuuhhh…

Pero lo que me mató de risa fue lo siguiente. Al llegar a la parte de las bebidas*, mi amiga empezó a buscar. “A ver… Coca Cola Zero, Coca Cola Zero…” Y yo: “Pero si la tienes delante…” Me mira y me dice: “No, es que esas no nos sirven”. “¿Por qué?”, pregunté yo. “Es que no son desechables”
-Segundos de intensa actividad cerebral por mi parte- “¿Cómo que no son desechables?” (No encontré nada en mi memoria que me recordara algo parecido en un supermercado español). “Pues que ésas no se pueden botar”** Yo esbocé media sonrisa: “¿Cómo que no? Abres la basura y las tiras”. Mi amiga me miró como si hablara con un extraterrestre: “No, no, ésas hay que devolverlas” “¿A dónde?” “¡A la tienda, po!”***

Anuncio de Coca Cola

Anuncio de Coca Cola

“Para que las vuelvan a usar”. “Sí po”. “Qué asco… ¿¿Y si uno bebe a morro??”, respondí yo bromeando. Mi amiga meneó la cabeza: “¿Es que en tu país no hay eso?” “¿El qué?” “Botellas desechables y retornables, po”. -Momentos de incredulidad- “Eh, ¿qué? A ver, a ver, ¿repite eso?” Y mi amiga: “Botellas desechables y retornables” “Ah… Pues no. ¿Y en qué se diferencian unas de otras?” “Con las desechables tú compras la botella y con las retornables no” “O sea, que te llevas la Coca Cola gratis” xD “¡No, po!”, respondió mi amiga, “Gratis, no. Tú pagai la bebida y una parte del envase y luego te devuelven la plata cuando regresas la botella” – Yo cada vez más confundida-: “A ver, a ver… O sea, ¿que si tú devuelves la botella a la tienda te devuelven el dinero? Otra vez te sale gratis” Todo me lo estaba tomando a broma, pero, en serio, ¡es que me parecía muy absurdo! Con lo fácil que es hacer todas las botellas iguales, o sea, poco contaminantes, por si a la gente le da por tirarlas, que no sea tan malo el impacto. Mi amiga con la mirada en el techo: “¡No, no!” Bueno, nos llevó un rato entendernos. Y el resumen de todo es que por la desechable pagas todo el dinero (900 pesos por ejemplo) y te la llevas y cuando la acabas la tiras. Por la retornable pagas todo (los 900) pero cuando devuleves la botella te devuelven 200 pesos (así que en realidad pagas 700). “¿¿Y para qué todo ese rollo???”, pregunté yo con una sonrisa justo después. “Pues para que la gente recicle”, me contestó mi amiga. Ahí comprendí que en Chile no se separan basuras. Por lo menos, no como algo más o menos normal. Para nosotros todas las botellas son iguales, y si tienes conciencia acológica, las reciclas y, sino, desgraciadamente las tiras a la basura.

Aunque yo tenía más dudas “Pero si las dos botellas son iguales…” “No, po, mira: la retornable es más dura que la desechable”, me responde mientras las aprieta para que yo haga lo mismo. -Segundos en los que intento doblegar alguna de las botellas a la presión de mis dedos y en los que nada ocurre- “Pa´mí que son iguales, ¿eh?” “Que no, que no, que ésta es más dura. Tócala” -La toco- “Pero, en serio, ¡que yo la siento igual!” “Que no, que ésta es un poquito más dura que la otra” “Pues será muy, muy poquito…” “Pero es distinta” Y ahí sí que ya me dio la risa floja. Tanto lío para luego hacer dos botellas que son iguales… salvo que una es un pelín más dura que la otra. Qué ganas de complicarse la vida. En fin, comprendo que para ellos quizá funcione bien todo este sistema, pero no deja de ser una manera de comerse la cabeza…

Como diría Obélix: “¡Están locos estos chilenos!” ;]

*En Chile se les llama “bebidas” única y exclusivamente a los refrescos. Nada de agua. El agua no es una bebida aunque se beba. (Chilenadas ;D)
**Para quien no entienda: En América “botar” es “tirar (a la basura)”
***AH! Ya salió el famoso “po”. Palabra insustituible, sin la cual la mayoría de los chilenos no podría vivir ;] y que completa casi todas las frases pronunciadas en este país. “Po” = “pues”, para quien no sepa chilensis.

 

Cuaderno de viaje: Los chilenos no respiran noviembre 9, 2008

Archivado en: Chile,Chilenadas,Culturas,viajes — labrujuladelcamaleon @ 7:49 pm
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ESA DIVERTIDA FORMA DE HABLAR – 21 de julio de 2008

Al salir del aeropuerto con un frío que pelaba (¡y yo que venía de los 40 ºC del verano de mi tierra!), yo no podía dejar de mirar por la ventana el cielo gris y la cordillera, que se adivinaba al fondo. Era enorme, mucho más de lo que la recordaba (de mi anterior viaje a Perú).

Mientras, mi amiga y su madre iban preguntándome cosas acerca de mis planes y de la universidad. Era la primera vez en mucho tiempo que escuchaba hablar a dos chilenas en directo y empecé a parpadear mientras me echaba cada vez más para adelante. Lo que cualquier persona no chilena y sin experiencia en el tema habría captado ahí habría sido un chorro de palabras sin espacios y un montón de galimatías que mejor denominaremos “chilenismos”. ¡Era increíble! ¡¡Cómo podía una persona hablar tan rápido!! “Es como si no respiraran”, se me pasó por la cabeza. Me sonreí al recordar que ésta era una de las mayores características de este acento que amé desde que lo escuché por primera vez. Además, estaban todos esos chilenismos, palabros sin los cuales este país no sería ni la mitad de divertido.

Pero nos queda tiempo para descubrirlos. Son tantos y tan variados que no os vais a aburrir.

Más tarde me preguntarían mis compañeros de la universidad: “¿Es que hablamos rápido?” Nooo, sólamente os falta respirar un poco, pero nada más… Je.

Y para que tengáis una muestra de cómo se habla por aquí, este anuncio de Super 8, en el que no se entiende ni jota (a menos que seas chileno, claro ;D) Si alguien lo descifra entero, ¡que lo haga saber!

¡Suerte!

- Hay cosas que sólo entienden los chilenos (comercial de Súper8) -

 

Cuaderno de viaje: Y por fin… Santiago de Chile noviembre 9, 2008

Archivado en: Aventura,Chile,viajes — labrujuladelcamaleon @ 6:37 pm
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Santiago con la cordillera al fondo

Santiago con la cordillera al fondo

EL PRINCIPIO – 21 de julio de 2008

Llegué a Santiago de Chile con los nervios y la incertidumbre que da el emprender algo nuevo, sobre todo una aventura. Y ésta iba a ser mi aventura más larga hasta la fecha. Me esperaban 6 meses en Chile. Seis meses de estudio, de aprendizaje, de diversión, de amistad y de viajes. Meses en los que no tenía la menor idea de lo que me iba a pasar, o de lo que me iba a encontrar, pero que tenía la impresión de que iban a ser increíbles. Aunque aún nada había comenzado…  Ante mí se abría el excitante mar de lo desconocido.

Iba repitiéndome a mí misma mientras dábamos una vuelta en el aire para aterrizar en el aeropuerto Arturo Merino Benítez: “Sólo un beso. Sólo un beso. Sólo un beso…” Los chilenos y los americanos (hispanohablantes) en general sólo dan un beso como saludo. A no ser que quisiera quedarme con la cara en el aire y la boca de piñón, en definitiva, con aspecto de boba, mientras esperaba tozudamente otro beso que no se produciría, debería recordarlo bien. No quería sentirme como una tonta mientras la mamá de mi amiga me miraba pensando “¿A ésta qué le pasa? ¿Por qué sigue ahí mirando al horizonte con esa expresión de angustia y los morros fruncidos?”

Pero yo iba pensando sólo en la amiga que iba a venir a recogerme y en su madre. No me esperaba que, al bajar del avión, mi compañera de asiento fuera a querer despedirse con un beso. Y como ambas veníamos de España, aunque ella era americana, me colé, lo hice a la española… ¡Y me quedé volando con cara de besugo y con mi 2º beso frustrado! AHHH!!!

Bueno, menos mal que ella se dio la vuelta y se fue… Pero en ese momento me convencí de que sólo la práctica lograría que me acostumbrara a esa forma tan corta de saludar. Sólo esperaba que fuera pronto. Con toda mi fuerza de voluntad , porque, ¡aviso!, ¡es difícil no volver de nuevo la cara después del primer beso cuando uno está tan habituado!, logré saludar correctamente a mi amiga y a su madre y salí airosa del apuro.

Primera prueba superada. Pero ahí fuera estaba el helado Santiago con sus cumbres nevadas, aguardando como un gigante de hielo para intentar asustarme. ¿Lo conseguiría?

 

¿¿A dónde dices que te vas ahora?? julio 16, 2008

Archivado en: viajes — labrujuladelcamaleon @ 7:35 pm
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De nuevo me encuentro cara a cara con la aventura, aunque esta vez el reto es diferente. No me voy de expedición, no voy a internarme en selvas tupidas o a explorar pasadizos subterráneos, como las minas de Perú (aunque quién sabe). Esta vez voy a estudiar. Aunque mis amigos me siguen haciendo la misma pregunta: ¿¿A dónde dices que te vas ahora?? De tanto ajetreo (España – Iberoamérica – vuelta a España- de nuevo Iberoamérica…), ya me llaman La Sudamericana y con el lío de países que traigo, la mitad de la gente no sabe a dónde voy, así que facilitaré las cosas y comenzaré mi aventura abriendo boca con un vídeo sobre el maravilloso país que me espera… Chile…

 

Con la mochila al hombro me voy a… Costa Rica febrero 21, 2008

Esta vez, las agujas del destino me han llevado de vuelta a mi querida América y, en concreto, a Costa Rica.

mapa de Costa Rica en abc.es

Realmente uno nunca sabe dónde estará en uno o dos años, pero cuando aquél grupo de compañeros elegimos, allá en el Uruguay (en 2005), Costa Rica como sede para encontrarnos de nuevo en América, supe que no podría faltar. Y me vi allí. Me vi compartiendo suelo (la mejor cama) una vez más con mis colegas de aventuras, pateándome la geografía con mi mochila a la espalda, compartiendo por unas semanas la vida cotidiana de las gentes de otras tierras.

El 26 de diciembre, hace escasamente dos meses, mi mochila y yo aterrizamos en el aeropuerto de San José de Costa Rica, donde la temperatura era amable y el paisaje te llenaba el corazón de vida. En ese momento tuve la certeza de que mis días allí serían inolvidables. Las montañas, de un verde intenso, rodeaban el hermoso valle que llega hasta los volcanes Poás e Irazú, dos monumentos naturales que, como buenos aventureros, nos atrevimos a remontar.

Pero eso vino más tarde. En ese momento en concreto, nuestros fantásticos anfitriones nos esperaban a la salida del aeropuerto. Se trataba de los miembros de Kabékwak (o lo que es lo mismo, la asociación costarricense de expedicionarios de Ruta Quetzal), entre los que se encontraban nuestros “jefes”: el siempre ocupado y trabajador Arturo y la diligente Anouk y también la que sería monitora de mi grupo: Paloma, también conocida como “la monitora de pelo rojo”, pues ése era el eléctrico color que lucía su cabello. Ellos anotaron a los que habíamos llegado y nos montaron en un taxi que, por un dólar cada uno, nos llevaría a los 9 que hicimos grupo hasta el sitio que habían preparado para que los aventureros pasáramos la primera noche.

En el primer intento, el taxista nos llevó a un centro de beneficencia en el que salió un propio a preguntarnos a qué se debía la visita. En fin, tras las risas por la equivocación (pues, evidentemente, aquél no era nuestro sitio), pusimos rumbo al club deportivo en el que encontraríamos una cómoda pista de césped artificial para dormir. Fue allí donde pude reencontrarme con viejos amigos y donde conocí a uno de esos personajes entrañables que nunca olvidaré: Gabi, una argentina dulce y dicharachera que al principio se resistió a dejar que la grabara con mi cámara pero que poco después corría a ponerse delante del objetivo para contarme, con su acento acaramelado, todo lo que veían sus ojos. Como ella misma dijo una vez, esa niña era “puro amor“, a pesar de que, como siempre le recordaba la voz de su conciencia (es decir, Saris, una muchacha peruana de ojos chocolate y una gran amiga), nunca supiera dónde nos encontrábamos.

Realmente no sé si dentro de unos años adivinaré a dónde fui o no, porque la primera vez que me dijo a cámara por dónde andábamos soltó que aquello era “El Salvador de Costa Rica“… Momento en el cual todos nos quedamos en blanco, dándole vueltas al asunto con estrañeza, hasta que ella misma dio el grito de alarma: “¡¡Noooo, dije El Salvador!! ¡¡Dije El Salvador!!

Tengo buenos recuerdos de aquel día. Era el segundo que pasábamos ya en el país y nos fuimos a patear los alrededores en San Antonio de Belén, en el cantón de Belén de la provincia de Heredia.

img_1420.jpg

(Mis amigos Manu y Gabi conmigo en Heredia, haciendo un fingido autostop)

San Antonio de Belén era un pueblo pequeño pero con bastante tráfico, un lugar de casas bajas y con una iglesia de color rosa palo. Fue el primer lugar donde tuve contacto con el gran pueblo tico (costarricense). Hablamos con los viejos a la puerta de la iglesia, cuatro hombres de piel morena y cuarteada que nos preguntaron de dónde éramos, nos dieron la bienvenida y nos explicaron un poco cómo era la vida allí: Costa Rica, un país tranquilo y pacífico, sin ejército, al que cruzan muchos emigrantes nicaraguenses para trabajar en épocas de cosecha. También fue el lugar en el que compré dos adaptadores, pues al llegar al país pude comprobar que mis enchufes europeos no podrían meter sus patas redondas en los tomacorrientes ticos, que son para patas planas y un voltaje de 120V.

No nos costó mucho encontrar la tienda adecuada porque, como allí todo el mundo se conocía, podías perfectamente entrar a una tienda de fruta y preguntar allí, que ellos te enviaban al sitio preciso y además te decían que dijeras a los tenderos del otro lado que ibas de su parte. Así conseguí mis nuevos enchufes que harían que mis aparatos eléctricos se cargaran a velocidad de hormiga pero, al menos, vivieran. ;)

Ese día todavía faltaba por llegar la mitad de los ruteros que constituiría, junto con los que ya estábamos, el V Encuentro Latinoamericano de Ruteros (si aún no sabes qué es la Ruta Quetzal, puedes informarte aquí). La espera se hizo larga pero pronto quedó completa la que sería nuestra familia en los 15 días siguientes, una familia compuesta por miembros de 32 países diferentes.

Nos mudamos de alojamiento a un polideportivo dependiente de la Universidad Metodista en San Pedro Montes de Oca, un cantón de la provincia de San José, al este de la capital.

San Pedro Montes de Oca, Costa Rica
(San Pedro Montes de Oca – Wikipedia)

De aquel sitio recuerdo el frío que pasaba por las noches, ya que en el techo había una rendija que dejaba pasar tanto la luz como el viento nocturno (lleno de humedad), y las gélidas, gélidas duchas cuya agua te cortaba la respiración. Aún oigo los gritos de Gabi cuando el primer chorro le cayó justo en la coronilla. Lo gracioso fue que la chica que se había duchado antes que ella había estado gritando igual y ella había estado fuera diciéndole con una sonrisa y cara despreocupada “pero ¿por qué tres leches, bizcocho t�pico de Costa Rica - photo by chotda on Flickrgritás? No hase falta que grités, ¿no ves que todo es psicológico? Tu mente te está engañando, no está tan fría… Es todo psicológico.” Así que todas le dijimos a Gabi lo mismo minutos más tarde muertas de risa, aunque creo que temblaba tanto que ni nos escuchó la broma.

Bueno, y con esto y un bizcocho (un tres leches para ser exactos) —> os dejo hasta la siguiente crónica tica.

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(Foto por: chotda, en Flickr)

Besiticos, aventureros.

 

 

 
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