Después de la desesperación más absoluta la lluvia me trae un poco de tranquilidad aquí en París. Empiezo esta etapa parisina con grandes esfuerzos tanto sentimentales, como mentales y económicos. Nadie dijo que mudarse fuera sencillo, ¡¡aunque nunca pensé que fuera tan complicado!! Bueno, así que aquí estoy, en la Ciudad de la Luz, esperando a que se encienda una para mí.
Durante el tiempo que me quede aquí he pensado contar cómo es la vida parisina en este blog ya que para mí es muy interesante conocer cuál es el verdadero París lejos de ceñirme a los clichés más extendidos o a las cosas más turísticas. Incluso los sitios más conocidos quiero explorarlos y dar una visión de ellos quizá distinta o, sino, por lo menos propia.

Empiezo bastante mal, la verdad, pero si es lo que hay, lo contaré, jeje. Sin casa, desubicada, viviendo sola en un albergue mientras que los demás Erasmus que conozco ya han encontrado todos un piso más que aceptable. Pero no me va eso de ser víctima, así que hoy estuve buscando junto con mi amiga MRL (que lleva ya unos cuantos años aquí en París) muchas ofertas para compartir piso. Ha sido una tarde muy agradable a pesar del trabajo, en la que nos hemos reído y bromeado. MRL es rutera también (es decir, que ha participado en la Ruta Quetzal). Me siento realmente bendecida por haber ido a la Ruta Quetzal y poder contar con una especie de “red de ayuda Quetzal”, que está ahí cuando más lo necesitas. La acogida rutera siempre es la más calurosa y cariñosa y tener eso en París, donde la gente me ha tratado con tanta antipatía (a mí y a cualquiera) desde que llegué, es un alivio grandísimo. ¡Gracias MRL!!
Y, como digo, llueve. Las aceras de las calles se han convertido en cristales que reflejan las luces de la noche y la gente se cierra las chaquetas para resguardarse de este frío prematuro de principios de otoño. Y bajo el sonido de las gotas sobre mi paraguas he recordado la música de esta preciosa canción de Luar Na Lubre: “Chove en Santiago”, cuyas notas acompasan esta noche a la perfección. Cerrad los ojos y escuchad… imaginando, por ejemplo, una noche lluviosa en París.
Llueve en París septiembre 26, 2010
Ciudad de Panamá, Crónica de Viaje enero 27, 2010
TURBULENCIAS EN UN DIABLO ROJO Y AGUACEROS BAJO SOMBRILLAS
- Una crónica de Margarita Ruiz Temprano -
En Panamá no chispea. En Panamá se cierra el cielo en un instante y, después de tres ó cuatro goterones como pelotas, las nubes arrojan sus cubos de agua y ya está montado el aguacero. Pero no es una lluvia fina y furiosa, como la que acostumbramos a ver en nuestra Península, sino pesada y redonda, como si toda la parsimonia y el calor del Caribe estuvieran encerrados en sus gotas y su peso las hiciera engordar y caer.
Bajo la sombrilla roja de una cafetería callejera, mis amigos y yo nos apiñamos, agarrados unos a nuestras mochilas y otro, al mástil de nuestro improvisado paraguas como si fuera un monillo gigante. Bien podía ser ésta una lluvia fría, que refrescara el ambiente. Pero no. Al caer al suelo, sobre el asfalto caliente, el agua se evapora creando un clima aún más sofocante que el anterior. Si te mojas, sabes que así te quedarás por lo menos un buen rato, debido a la agobiante humedad que a veces incluso te cala un poco los pulmones. Y lejos de sentirte más fresco… cuando te dé el sol te notarás aún más sudado. En Panamá, la lógica común al resto del hemisferio norte parece no funcionar.
Pegada a mis compañeros de aventuras y con una interesante mezcla de transpiración y humedad en la piel, observo desde nuestra sombrilla la plaza a la que acabábamos de llegar justo antes del chaparrón. Lo más curioso lo encuentro en un edificio circundante. Ahora tiene una peluquería en la planta baja, pero antaño había sido un prostíbulo en cuyo balcón, se dice, bailaban las señoritas, enfundadas en telas poco decentes y enseñando pantorrillas y muslos de una forma muy indecorosa. Y los dueños actuales, para hacer honor al pasado del lugar y recordar lo que fue, tienen una pierna de maniquí saliendo de entre las enredaderas del balcón (además de un muñeco de trapo y paja como los que quema toda familia panameña al llegar el año nuevo para simbolizar el fin del año anterior y festejar que todo lo malo de ese período ya pasó). Chocante.
En verdad, todo en la Ciudad de Panamá es bastante chocante a la par que llamativo. Desde los rascacielos a borde de playa a los que los gringos ricos vienen de vacaciones y que permanecen apagadísimos durante la noche, como si aquello fuera un barrio fantasma; pasando por los animales gigantes estilo cartón piedra de Albrook (el centro comercial más famoso de la capital), hasta los peligrosísimos Diablos Rojos. Éstos últimos constituyen el transporte público de la ciudad y son, básicamente, los famosos “School Bus” amarillos de los estadounidenses que, en su versión chatarrera, vieja y descuajeringada, vienen a parar aquí. Para que no se les note lo cascao, en Panamá les maquillan las arrugas pintándolos de colores chillones y con mensajes tipo “¡viva mi dueño!”, con dibujos de tigres, de Bugs Bunny y de su tropa de la Warner ¡y hasta con fotos de la parienta y de los chiquillos! Pero, aunque es, cuando menos, divertido, usar los Diablos Rojos es, como digo, francamente un peligro, porque, con eso de que cada bus pertenece al conductor (es decir, como si fuera un taxi, sólo que cobrando un precio fijo de 0,25 $ por subir), cada uno de ellos quiere ir a toda pastilla para quedarse con la mayor cantidad posible de resignados usuarios y así quitárselos a la competencia. Total, que vas dando tantos tumbos que es casi imposible no comerte con el estómago, o con alguna parte peor del cuerpo, el respaldo de un asiento roto o la rodilla de un pasajero. Si yo no me caí por una ventana fue porque no encontré una tan grande, y si no tuve que correr agarrada a los asideros de la puerta mientras el Diablo Rojo aceleraba por el centro de la ciudad fue porque mis amigos chillaron al conductor y éste frenó lo justo la máquina para que pudiera terminar de subir.
Pero bueno, dejando aparte la adrenalina que generan estos insólitos cacharros, los animales gigantes de Albrook de los que hablaba también son dignos de una excursión. El centro comercial está dividido en sectores y la idea es que cada animal represente un sector. En el sector E está el elefante, en el H, el hipopótamo, en el G, no sólo un gorila, ¡sino el gran King Kong!, y en el D, el dinosaurio, ¡por supuesto! Así que, al final, uno va ahí incluso más de safari que a otra cosa. Viajando de mochilero, por lo menos, es un buen plan, porque como no vas a comprar tanto porque mucho no puedes cargar y tampoco es que tu bolsillo rebose dinero… pues ya está, ¿el plan ideal? Un tour turístico de fotos con los bichos de Albrook.
Sin embargo, no es la única cosa curiosa de dicho centro comercial. En este lugar, de nuevo, la fría lógica no funciona, y mientras en el resto del hemisferio los maniquíes de los escaparates son como palos escurridos que dan vergüenza debido a la moda de espaguetis que nos invade, los maniquíes panameños son un elogio a la silicona. Par de pechugas más grandes no vi en mi vida. ¡Ah!, y, por supuesto, en muchos casos vestidos a la moda europea y norteamericana, apta sólo para fashion victims y masoquistas de la temperatura. Porque con estos calores, a buenas horas puede ponerse nadie unas botas altas con vaqueros.
Lo dicho, la lógica no tiene cabida en este lugar del planeta en el que los rascacielos conviven con las casas bajas de la gente corriente, en que la chatarra de Norteamérica se reutiliza hasta reventar, en donde no se sabe si la selva de palmeras se adentra en la ciudad o la ciudad en la selva y donde conviven la clase humilde y el exceso de una manera tan brusca como ésta. Pero justo éste es el encanto de recorrer la jungla de plantas, tráfico y edificios que es la Ciudad de Panamá.
El mercado de La Vega Central abril 19, 2009
CUADERNO DE VIAJE – Las “Barbies” y su “Ken”
¿Un kilo de manzanas por 200 pesos (0,26 €)? ¿Tres kilos de naranjas por 300 (0,38 €)? Con estos precios no es de extrañar que casi nos lleváramos la

Foto de veganstraightedge, bajo licencia de creative commons
feria entera (como llaman aquí en Chile a los mercados de frutas y verduras). Volvimos hasta con una sandía redondota y grande, que va estar riquísima cuando le haya dado tiempo a madurar.
En el mercado de la Vega Central (Santiago), había de todo: porotos (judías/frijoles), ajís (chiles), zapallos (calabazas), zapallos italianos (calabacines), zanahorias, huevos, uvas, duraznos (melocotones)… Sí, qué cantidad de nombres distintos, ¿verdad? Aquí uno nunca sabe qué pedir porque, diga lo que diga, seguro que se llama de otra forma. Menos las lentejas o los garbanzos… las patatas son papas, los guisantes son arvejas, las tortillas no son de huevo sino de harina y el aguacate se llama palta. El pimiento es pimentón, los albaricoques son damascos (si, como si vinieran de Siria) y la remolacha, betarraga.
Para morirse de hambre, vaya. Por lo menos las dos primeras semanas. Luego te avispas.
Al principio era como un juego, un reto, eso de ir al supermercado. Me miraban raro cuando preguntaba por la lombarda, porque aquí se llama repollo morado, o por los puerros, porque en Chile los llaman porrones. Era como si me hubiera ido a otro planeta. Pero me resultaba muy divertido, así que me los aprendí enseguida.

foto de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons
Sin embargo, a lo que no me acostumbro es a la picardía de los hombres chilenos. No hay lugar en que no te miren o piropeen de forma notoria. No escandalosa, como los Argentinos, pero hablarte, te hablan, cosa que en España sólo es común si una pasa cerca de una obra.
Aunque hay piropos y piropos. En estos 9 meses que llevo en Chile he oído de todo, desde las ordinarieces más absolutas que le dijeron a una amiga, hasta lo más chistoso. En este último grupo se cataloga lo que nos ocurrió ayer a mi amiga y a mí.
Lo cierto es que me daba algo de “nervio” ir al mercado. Iba con un amigo chileno (al que, por cierto, llamamos Pícaro) y una amiga medio chilena medio “gringa” (de EEUU), y cuando salimos por la boca de metro de Patronato, el Pícaro se encogió y soltó un “ihhh” aspirado. “¿Qué pasa?” Le preguntamos. Y nos miró con una sonrisa de excusa: “Oh… Ustedes me dijeron que les incomodaban los piropos… ¡Y yo las he traido al sitio donde más las van a piropear de todo Chile!” Me mordí el labio inferior, pero me reí, y mi amiga también. El pobre Pícaro se había tomado demasiado en serio nuestro temor. Es un caballero. Y es que, aunque nos diera “cosa”, como se suele decir, eso no iba a impedir que dos chicas extranjeras y medio rubias dieran un paseo por un mercado típico… Aunque eso nos costara alguna que otra mirada indiscreta.
“Si quieren volvemos a casa”, nos ofreció nuestro amigo. “No, no. Si no pasa nada. Tú sólo ve con nostras y ya está. Si hay algún problema, nos agarras de la mano”. Porque es así, los chilenos son muy machistas, y para que te dejen de “molestar” tiene que haber un hombre al lado que te marque como “suya”, bien tomándote de la mano, bien abrazándote de un costado. Eso deja claro al resto de machos que esa “mina* está ocupada”.
En fin, de esta guisa caminamos hacia el mercado, el cual se abría enorme delante de nosotros. Dentro había mucha gente, entre la que nos escurrimos, vigilando siempre nuestros bolsos (por si acaso). Los tenderos gritaban los precios y nombres de sus verduras y los gatos trepaban a los puestos y se sentaban sobre las frutas. El mercado está lleno de gatos. Los vegetales se apilan en cajas de madera y se venden al peso a precios ridículos. Mirando alrededor vi que a la Vega Central va todo tipo de gente, tanto de “clase alta” como baja. Sin embargo, me di cuenta de que llamábamos un poco la atención cuando me separé la primera vez de mi grupo. De repente vi cómo los ojos de cuatro tenderos diferentes me observaban de manera extraña e insistente, así que rápidamente volví al lado de mis compañeros. En España nadie me observa, así que no estoy acostumbrada para nada.
Sin embargo, lo más gracioso de la mañana fue el piropo de un tendero en concreto (la picardía chilena de la que hablaba). Casi nos íbamos del mercado y sólo estábamos pasando por delante de los últimos puestos por si queríamos algo más. Como había mucha gente y la mayoría llevaba carritos, tuvimos que caminar en fila de a uno, y el Pícaro, nuestro amigo, como un caballero, nos dejó pasar delante a mi amiga y a mí. ¿Qué ocurrió? Nos vieron a las dos supuestamente solas y de repente oímos: “¡¿Y esas dos Barbies a dónde van sin su Ken?!” Nos giramos y vimos a un tendero gordo y sonriente agitar sus manos desde detrás de sus canastos con frutas: ”¡Acá está su Ken! ¡Acá está su Ken!”, gritó señalándose a sí mismo.
Nos fuimos del mercado riéndonos y agarradas a nuestro Pícaro. Otra vez será, pero, sintiéndolo mucho… esta vez nosotras ya traíamos un “Ken”.
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*(mina = mujer, chica, en Chile y Argentina)
Santiago “hot” marzo 25, 2009
CUADERNO DE VIAJE – MINIREPORTAJE – Artículos eróticos en Santiago de Chile.
Los Sex Shops: ¿populares en Chile o no? ¿Son los chilenos muy modositos en este sentido y no van? ¿Van más los hombres que las mujeres? ¿Qué podemos comprar allí? En la brújula del camaleón dimos un paseo para enterarnos -
Anillos, vibradores, películas y muñecas hinchables para todos los gustos y bolsillos esperan en las tiendas eróticas de Santiago. Un placer culpable para muchos, es para otros algo normal y tan cotidiano como ir a comprar el pan.

foto de rageforst, bajo licencia cc
Tatiana Martínez (41) es la copropietaria de un sex shop cercano al Cerro Santa Lucía, en la comuna de Santiago Centro. Sentada muy correctamente detrás de un mostrador azul chillón, rodeada de DVDs con títulos sobre “Historias anales y cachondas” o de “Ángeles Depravadas”, pasa tranquilamente las páginas de Las Ultimas Noticias* mientras espera a que lleguen los primeros clientes del día. Cuando levanta la mirada, sus ojos oscuros delineados de azul se centran en nosotros entre las dos cortinas de cabello castaño que caen a ambos lados de su cara. Sin ningún problema accede a hablar con nosotros. “Mi marido y yo tenemos la tienda desde que salió la ley que nos lo permitía, hace nueve años, que fue cuando se retiró la censura”. Desde entonces, el negocio marcha bien. La dueña nos confiesa que tiene bastante clientela, aunque todavía pesa sobre la sociedad chilena el pensamiento de que “esto es algo sucio o para gente enferma… cuando no lo es. No hay depravación, yo veo a gente súper normal entrar acá”.
El mito callejero afirma que son los hombres los que más acuden a este tipo de locales, pero la señora Martínez disiente: Ahora no. Hace nueve años, cuando abrimos, sí. Pero ahora no. Ahora las mujeres la llevan**. Ellas se atreven a venir, entran con total normalidad y, cuando van en pareja, le dicen directamente a su pololo lo que quieren. Son muchas. Entran todo el rato, solas, con sus amigas…Y todavía hay más mujeres comprando por Internet, a través de nuestro servicio web, que te lleva el producto a casa en una hora. Sobre todo señoras de barrios altos”. Quién lo diría.
Sin embargo, aunque hombres y mujeres acuden casi por igual a los sex shops, aún hay cierto reparo a la hora de pedir los productos. “Siempre está lo típico de que nadie compra para sí mismo. Siempre compran porque se lo han encargado, porque es para un amigo… Pero por eso tenemos todo expuesto, porque la gente quiere hacer su trámite lo más rápido posible y marcharse. Además no tenemos vitrinas, porque ley lo dice y porque la gente se siente más cómo sin ser vista desde fuera”. Tatiana se sonríe y nos mira con picardía: “También ha habido actores o gente pública, que nos ha pedido que les abramos la tienda en un domingo sólo para ellos, para comprar en privado. Y obviamente no lo vamos a hacer si sólo van a gastar 20 lucas***…A parte, hay cosas que me sorprenden, porque hay hombres, actores, que se ven regios, varoniles… ¡y luego llegan y se llevan películas de travestis!”
En su tienda, Tatiana vende, videos, juguetes eróticos, bromas para las despedidas de solteros y hasta juegos de mesa. Las películas porno (todas originales) tienen una gran acogida entre el público santiaguino. Tatiana las vende en ofertas de tres por $ 19.900 (unos 25 € ). “Tenemos de todo: películas de gays, de lesbianas, de gordas, de viejas, de travestis, de orientales… Lo que no tenemos es pedofilia ni zoofilia… Aunque hay gente que, de repente, llega preguntando por ellas, ¿ah?”
Los videos, según la dueña, interesan más a los hombres. Las mujeres prefieren los juguetes. “Lo que más se vende”, cuenta el ayudante de Tatiana, un tipo moreno y de ojos tristones, de unos 30 años, mirando hacia una pared cubierta de penes falsos de los más extraños colores, “son los vibradores y los anillos con vibración”. Y asiente.”Los vibradores los piden más que los consoladores. La diferencia es que los primeros van a pilas y los segundos son manuales, los maneja uno mismo”. También hay una diferencia de precio. Mientras que los consoladores están en los $ 17.000 (unos 22 €), los vibradores cuestan alrededor de los $ 25.000 (unos 33 €). Los hay azules, rosados, color carne, de pura silicona o que imitan la piel humana. El otro producto estrella son los anillos, los cuales “se colocan en la base del pene y ayudan a mantener la erección y a controlar la eyaculación. Además, los que vienen con vibrador, a parte estimulan también el clítoris y el ano de la mujer”. En cuanto a la comodidad de este aparato, el dependiente nos contó que a la larga puede no ser muy cómodo para el hombre, pero sirve como juguete al menos durante un rato. El precio no es muy alto: unos 7.000 pesos (9 €).
Anillos para doble penetración, prótesis de pene para lesbianas u hombres con disfunciones, bombas de vacío para alargar el pene o engrosar la vulva (aparatos que el ayudante de la tienda nos aseguró que funcionan), bolitas para la dilatación y estimulación anal, e incluso packs de disfraces y juguetitos para cada festividad o estación (como Navidad o San Valentín), todo vale a la hora de pasar un buen rato en la cama. Al final, los chilenos parecen no tener tanto miedo a este mundo como pensábamos en un principio, pero ¿y tú? ¿Te atreves a probar?
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* Las Últimas Noticias es un periódico chileno que pertenece a la misma editorial que El Mercurio, el periódico más importante de Chile junto con La Tercera (su opositor), pero que, a diferencia de estos, en lugar de entregar información “seria” se dedica a la prensa amarilla y a la farándula.
**(la llevan – Cuando alguien la lleva, significa más o menos que es lo máximo. Es un elogio a alguien por lo que hace porque se cree que su actitud es la mejor, la más sobresaliente. P.ej. en una conversación: -A Javier lo contrataron nada más salir de la universidad. Y no me extraña, porque era buenísimo en su trabajo. – Sí, es que ese tipo la lleva).
*** (20 mil pesos chilenos, es decir, unos 26 €).
Puro chilensis marzo 23, 2009
CUADERNO DE VIAJE - El “coñito” y el “torpedo”
Caminando por la América hipanohablante, uno puede toparse con más de una situación chistosa. Porque… hablamos el mismo idioma, pero, ¿cómo lo usamos? Muchas veces creemos que lo que decimos es lo más normal e inocente del mundo y,

Ilustración: Jimena Tello edición: Carina Kosel, publicado en educ.ar (con licencia cc)
de repente, vemos cómo la cara de nuestro interlocutor se torna roja, se ensancha en una mueca de escándalo o rompe a carcajadas en una explosión de risa.
De estas situaciones he tenido muchas en estos 8 meses de vivir en Chile. Como cuando oí que, de una sala en la que estaban mis compañeros de clase, salía un grito que decía: “¡COÑO!” Me frené en seco, petrificada, y di tres pasos atrás para asomar mi cara atónita. Mis compañeros se giraron, sonrientes pero tranquilos, y yo logré decir: “¡¿Qué ha sido eso?!”
- ¿El qué? – me contestó una de las chicas como si nada.
- ¿Qué le has llamado? – me refería al compañero que la niña en cuestión tenía enfrente
- ¡AHH!! ¡¡LO DE COÑO!!! – exclamó.
Yo no pude menos que sonreírme, sin poder creer que una chilena (en general las chilenas son bastante modositas… En general) estuviera diciendo semejante taco tan alegremente, cuando otros menos fuertes solían escandalizarla.
- Sí – dije -. ¡¿Por qué le llamas eso?!
- Porque es un coñito, po*. ¿No lo ves?
- ¿Ehhh? ¡¡No!! – exclamé, cada vez más muerta de la risa y sin poder creerlo -. ¿Cómo va a ser eso?
- Sí, po. Porque es pequeñito… ¡Es un coñito! ¿No lo vei?** – y miró al muchacho con ternura.
El otro, aunque sonriente, meneó la cabeza, y después miró mi cara, aún risueña y extrañada.
- ¿Por qué te resulta tan raro, Margarita? – me preguntó.
- Sí, ¿qué tiene? – dijo la chica -. ¿Significa otra cosa en España?
- No sé… ¿Qué significa aquí? – respondí.
- Un coño es algo pequeño. Por eso él es un coñito, porque es pequeñito.
Al ver que me seguía riendo, y ahora más fuerte, se hicieron para adelante para pedirme que les explicara:
- ¿Qué es un coño en España? ¡¿Qué es un coño?!
- ¡Ahhh! ¡Dejad de repetirlo! – exclamé, muerta de la risa.
Aunque al final lo expliqué, claro, y entendieron la causa de mi hilaridad.

(foto de agvnono, bajo licencia de creative commons)
Pero más gracioso que esto fue la situación que se dio la semana pasada en mi clase de Derecho de la Información. Los giros del lenguaje volvieron a hacer de las suyas. Estaba yo tan tranquila, pintarrajeando una hoja mientras el profe hablaba en su soporífero tono monocorde, cuando oí que soltaba una de esas frases célebres que no pueden ser olvidadas. Hablaba de las típicas “chuletas” y de que nadie las usara para copiar en sus exámenes, cuando escuché: “Un día tuve un alumno que se la jodió con un torpedo”
“¡¿Que… QUÉ?!”, saltó mi mente, “¡¿Quién hizo qué con qué?! ¡Qué bestialidad!”
Pero resulta que el profe sólo se refería a que un alumno suyo había suspendido al sacar una chuleta en un examen. O sea, que se fastidió una prueba con una chuleta. Tiene narices la cosa. Pero es que “joder”, con perdón, no tiene en Chile ninguna connotación sexual, sólo se usa con el significado que también nosotros le damos de “fastidiar” (aunque saben perfectamente lo que puede significar para nosotros en su uso más obsceno y pueden entender que ciertas cosas nos hagan gracia, como le haría gracia a un mexicano si le dijéramos ”vamos coger el bus”***) (O como me hace gracia a mí que mi amiga Nicole me diga: “Es que si no entregamos el trabajo… ¡jodemos!” A lo que yo le contesto: “Entonces bien, ¿no?”). Y un “torpedo” es lo que una “chuleta” para nosotros.
Pero mi mente figuró algo muy distinto… ¡Los giros que puede tener el lenguaje!
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*(po: viene de “pues” – monosílabo utilizado después de casi toda oración pronunciada en Chile. La mayoría de veces no tiene el significado de “pues” ni ningún otro fin que no sea redondear el fin de la frase)
**(vei=ves. En Chile existe una suerte de voseo que utiliza el tú pero con las formas verbales del vos antiguo. Ej: “¿Cómo estais (tú)?” (hablado sería: /¿Cómo estai?/ o simplemente /¿Co’ stai?/) por: “¿Cómo estás(tú)?”)
***(“coger” en México es lo mismo que “joder” o “follar” en España. Por si acaso a alguien se le escapa aún este dato)
El Mechoneo marzo 22, 2009
CUADERNO DE VIAJE – “Los mechones rebeldes” o “Besando al chancho” – Mechoneo 2009
¿Imaginas que para entrar a la universidad tuvieras que revolcarte por excrementos, dejar que te bañaran en salsa podrida, te pintaran el cuerpo con espray y te cortaran la ropa y el pelo? ¿No? Se nota que no has tenido que estudiar en Chile.
Los “mechones” son los “novatos” y el “mechoneo”, por tanto, son las “novatadas”. ¿Y por qué se llaman así? Porque la costumbre es que, cuando llegan los alumnos nuevos, los antiguos, entre otras cosas, les cortan mechones de pelo como novatada.
Pero hacen más que eso. Un día secreto de la primera o la segunda semana de clases*, los estudiantes antiguos esperan a los novatos, preparados para arrastrarlos (si hace falta) hasta un parque donde tienen listo el martirio. Allí han dispuesto una alfombra hecha de bolsas de basura sobre la que han echado toda clase de comida podrida o hedionda: verduras y frutas pochas, pescado pasado, basura, salsas asquerosas, huevos, etc. Y por ahí los hacen rodar uno por uno. Les cortan la ropa de mala manera y los dejan en harapos, les cortan el pelo o incluso les meten la maquinilla por el centro de la cabeza para obligarlos a raparse (a los hombres principalmente). También les rompen huevos en la cabeza y revuelven la mezcla con harina, caramelo, dulce de leche, chicle, pegamento… Vamos que los dejan hechos un pastel.
Y cuando les han hecho todo esto, no creáis que la cosa acaba. Además los pintan con aerosoles de distintos colores y les hacen besar caretas de cerdo o los mandan a la calle, pringosos, apestosos y con la ropa rota, a pedir una suma casi imposible de dinero. Diez “lucas” normalmente, o sea, 10.000 pesos (unos 13/14 €). En euros podría parecer poco, pero teniendo en cuenta que casi todo el mundo les va a entregar de 10 a 50 pesos por vez (o sea, de 0,013 € a 0,065 €), conseguir el monto requerido se hace un poco cuesta arriba. Y las órdenes son que no te puedes ir hasta que lo consigas. ¿Qué hacen luego con ese dinero? Lo suelen utilizar para hacer una verdadera fiesta de bienvenida.
La pregunta que puede surgirle al lector ingenuo es: ¿Y no te puedes escapar o negarte a que te hagan esto? La respuesta es directamente: no. Si corres, te persiguen y te arrastran hasta el centro de la tortura, y si te revuelves y te resistes, te otorgan el título de “Mechón rebelde”… y ahí sí que estás perdido. El mechón rebelde se lleva lo mismo que los demás pero duplicado y con una mayor saña por parte de sus torturadores. ¿Moraleja? ¡Casi es mejor dejarse!
Otro dato curioso es que existe una rivalidad muy fuerte entre las dos universidades más importantes del país, que son la U.Católica y la U. de Chile. Y si entras en la Chile pero habías puesto como primera opción la Católica… ¡eres peor que un traidor! (preferías a la competencia) así que te nombran “Mechón PUC” (PUC=Pontificia Universidad Católica) y te escriben esas siglas por el cuerpo para que los compañeros que te están mechoneando te reconozcan y recibas un trato peor que el del resto.
Así que, si quieres venir a estudiar a Chile, por lo menos en primer curso, ya sabes lo que te toca.
¡Ánimo mechones!
Pateándome Bariloche febrero 26, 2009
CUADERNO DE VIAJE - ”Como una gamba…”
Cuando salí a dar una vuelta por Bariloche me di cuenta de que la ciudad era bastante más grande de lo que pensaba. Hacía un frío que pelaba, y eso que estábamos en verano, pero era por la cordillera de los Andes y por que a estas lalitudes del globo, pensé en ese momento, no se podía pedir otra cosa. El viento es una cosa mala al parecer en ese lugar. En la Patagonia los árboles están todos “volados” hacia un lado por este hecho, y hay zonas en las que no pueden crecer plantas demasiado altas, por el viento también.
“¿Y de dónde viene este viento?”, le pregunté yo, curiosa, a una de las guías que tuve durante una excursión. Y resulta que viene del océano. “¡Pero si está la cordillera! ¡Y mide más de 2000 metros!”, exclamé. Pero ella me hizo ver que yo había venido desde Chile por un camino, ¿no?, el cual es un camino para nosotros y para el viento también, un abertura en la cordillera… Eso me impresionó.
Al menos en Bariloche no llovía tanto como en los lugares que hay a la misma altura, pero en Chile. La cordillera al menos sí frenaba eso en estas fechas. Por esa razón tuve dos semanas de mucho sol. Y aquí el sol, cuando pega, pega de verdad. A esas alturas, quema muchísimo, y si, encima, la capa de ozono está hecha un asco… pues los efectos son peores todavía.
Conocí a una chica israelí en el albergue y con ella y con otra chica holandesa nos fuimos a la playa (en realidad la playa de Bariloche es de piedras y da a un lago, el Nahuel-Huapi, que es enorme. Tiene unos 530 Km de superficie y llega a los 438 de profundidad máxima). Y allí me puse inocentemente al sol… Una hora después estaba roja. ¡Y eso que me puse crema unas 7 veces!
Bueno, pero fue divertido. Acostarse blanca como un vampiro y levantarse roja como una gamba. No deja de tener su gracia. Al menos soy de esas personas a la que no le duele mucho cuando se queman…
Al otro lado de los Andes febrero 21, 2009
CUADERNO DE VIAJE – La chilena que hay en mí
Descubrí un lugar llamado La Bolsa, el cual me ofrecía cama por 40 pesos argentinos (unos 10 euros) y tenía pinta de ser un lugar bastante divertido, mejor que los otros albergues a los que entré a mirar. Era una casa pequeña, toda de madera, con una cocina común llena de utensilios y un saloncito con tele por cable muy agradable. Me acomodaron en un dormitorio común con cuatro camas dispuestas en literas y después salí para el registro.
“Bueno, veamos… ¿Nombre?… ¿Apeshidos?… ¿País? Chile, ¿no?” ¡¿QUÉ?! Me eché a reír y le dije a la chica: “¡No, no, España, soy española!” Ella me miró un poco sorprendida. “¿De veras? Mirá vos. No sé por qué pensé que eras chilena… Como que te oí alguna palabra… ¿o fue el asento? Qué se sho, algo fue que me hizo pensar…”
Me reí mucho con esta anécdota. Mira que yo pensé que era capaz de controlarlo… pero parece ser que no… El acento chileno se ha apoderado de mí como un germen divertido. Primero me lo pasaba bien dejando que éste invadiera mi charla (a decir verdad, aún lo paso bien) a ratos, mientras hablaba con mis amigos chilenos o extranjeros, riéndome de que ellos también imitaran mis palabras y mi cadencia española. ¡Pero ahora va a resultar que le di la mano al acento y él se tomó el brazo entero!
En realidad no sé en qué medida me he fundido con mi actual casa chilena porque nunca he tenido un acento fortísimo o “españolísimo” como dicen por aquí para referirse a nuestro castellano. Siempre me han dicho, incluso con mi acento más puro, recién salida de mi casa, que no tengo mucho acento de española. Y siempre doy la misma explicación. Quizá sea porque soy un híbrido. Mis padres son de Madrid, así que mi forma de hablar es bastante correcta sobre todo en cuanto a pronunciación, pero no tengo la fuerte cadencia que muestran en las películas porque me crié en el sur, y en el sur nuestro idioma se canta… Así que obviamente no hablo como ellos esperarían (un acentazo fuerte, casi de mala leche y lleno de palabrotas), como las chicas que ven en la tele.
Entonces, ¿qué acento tengo? En este momento uno bien divertido. Chileno, español, mexicano, argentino… Y, bueno, mientras sea correcto ¿qué más dará si es, en definitiva, español?
Hacia Argentina febrero 20, 2009
CUADERNO DE VIAJE - Cruzando los Andes
Por esas casualidades de la vida, de repente resurgió la maldad intrínseca de las cosas y tuve varias desgracias en una semana: mi tía se puso enferma y no pude viajar a Brasil como tenía planeado, se me rompió el ordenador y me caducó la visa. Todo un panorama…
Incomunicada con el resto del mundo, anclada en Santiago, pero a la vez obligada a marcharme porque si no el Estado iba a echarme de una patada en el trasero, agarré una bolsa con lo básico y decidí de sopetón pirarme a la Argentina. (De ahí q haya dejado de escribir las crónicas del otro viaje de sopetón).
Así de fácil son a veces las cosas, ¿no? Hasta me vinieron bien las contrariedades. Tenía dudas entre ir a Mendoza, casi en línea recta desde Santiago o bajar hasta Bariloche, en la Patagonia. Y con todo el sentido, pensé que Mendoza siempre estaría lo suficientemente cerca como para visitarla un fin de semana, pero Bariloche no. Otro factor fue el calor. Estaba más que harta del de Santiago y sabía que sólo en Bariloche podría descansar de él.
Salí a las 11 de la noche, el 16, y al llegar a la terminal pedí un billete a Valdivia. Quería pasar un día por la capital de la Región de los Ríos para no hacer todo el viaje de una a Bariloche. ¿Sorpresa? No quedaban pasajes… “¿Y a Osorno?” pregunté (Osorno está muy al sur, casi en línea recta con Bariloche). Tampoco… “Bueno, ¿y a Temuco?” (Mucho más al norte, pero sólo a 4 horas de Valdivia). Lo único que sabí aes que ya no me volvía a casa. Y ¡sí! Encontré billete a Temuco, pasé la noche dormitando en el bus y llegué a las 8 a.m a Temuco. Esperé una hora y salí hacia Valdivia.
Por 9 euros (11 US$) pasé la noche en un albergue y quise encontrar un pasaje a Bariloche para el día siguiente. Pero me dijeron que estaba todo agotado y que era muy difícil encontrar, ¡¡que había turistas que habían tenido que quedarse una semana en Valdivia porque no habían encontrado billetes antes!! No me conformé con la idea y me fui para la terminal.
Allí me dijeron casi en confidencia que quedaban muy pocos lugares pero que había un bus que salía desde Osorno, no había director desde Valdivia. ¡Bueno! Áhora sólo tenía que irme a Osorno al día siguente, esperar allí dos horas y después atravesar los Andes. ¡Magnífico! Sólo esperaba que no me detuvieran en la frontera por llegar con el visado medio caduco…
Día 19 – Por fin iba a salir de Chile. A decir verdad me estaba aburriendo en Valdivia yo sola, a pesar de que es un ciudad que me gusta mucho, y además me estaba poniendo nerviosa porque tenía que salir cuanto antes… Pero ya estaba en ruta. Iban a ser casi 6 horas pensé que no muy divertidas… pero el camino me encantó. El paso de la frontera es más que un trámite, más que algo inevitable, es un espectáculo. Los Andes se presentan antes tus ojos en todo su esplendor, con bosques verdes y altos riscos.
En la forntera chilena hacía frío, bajamos, me sellaron el pasaporte y listo. En 48 horas, si quería, podría volver a entrar sin problema. Uuufff… Genial. Pasamos al lado argentino, hacía más frío aún, pero después vi unos paisajes de quitar el hipo. Lagos, montañas, bosque… En este lado el cielo no estaba tan nublado… y pronto hizo hasta sol… Y así hasta que llegué a Bariloche, por fin, entre las 8 y media y las 9 pm. Buscando albergue…
Las pingüineras y el pingüino de Humboldt febrero 13, 2009
CUADERNO DE VIAJE – Camino a las pingüineras – 14 de septiembre 2008
De haber viajado por mi cuenta, habría investigado más La Serena, pero al estar dentro de un viaje organizado, tuve que comerme la curiosidad y montarme en el bus, rumbo a Punta de Choros. Entonces no lo sabía, pero un choro, es un mejillón. Así que el lugar queda con un nombre bastante divertido: “punta de mejillones”.
El camino para llegar allí es muy bonito. Todo un valle verde con montañas altas, donde pastan los guanacos* y crecen los cactus. Esto último me sorprendió mucho porque uno siempre suele asociar los cactus con el desierto y, sin embargo, los hay que crecen el valles verdes y fértiles como los chilenos. Había flores de color blanco y lila, el cielo estaba nublado, dándole un aspecto más íntimo, como de cuento, al gran valle, y los cactus crecían con sus formas graciosas.
Este tipo de vegetación (valles verdes mezclados con cactus) se da así dentro de una zona por lo demás semidesértica porque la corriente fría de Humboldt (en el océano) entra en contacto con la tibieza del continente y crea una neblina denominada “camanchaca”, que sube y cubre las montañas y el valle. Esta neblina proporciona a la tierra la humedad necesaria para que las plantas no necesiten lluvia para crecer. De esta forma se crea un microclima que da lugar a un hábitat peculiar.

Valle hacia Punta de Choros, IV Región, CHILE

Guanacos pastando
Nos montamos de nuevo en la buseta para seguir avanzando por el camino de tierra y piedras hasta llegar al mar y allí tomamos un bote rumbo a la Reserva del Pingüino de Humboldt. El precio para entrar a la reserva es de 1.600 $ chilenos – 2 € – 2,6 US$. Y el precio del viaje en bote es de 6.000 pesos/persona – 7,6 € – 9,7 US$.
Bien, pues con todo listo y el salvavidas atado al cuerpo nos subimos a una lancha camino de las pingüineras (y loberas). Si uno ya tenía frío en tierra, seco y parado, imaginaos yendo a velocidad, por el mar, con el viento helándote las orejas y el agua salada salpicándote a cada rato. En el trayecto confieso que lo pasamos realmente mal en cuanto a la temperatura, así que recomiendo visitar este lugar, no en verano, porque cuando sale el sol hace mucho calor , pero sí en primavera o, si vais en invierno como yo, en un día soleado. Lo vereis todo mucho mejor si no tenéis que esconderos debajo de una capucha para soportar las frías temperatura.
Me parece que el paseo hasta Isla Choros, sobre la que caminan cientos de pingüinillos de Humboldt y rechonchos lobos marinos, dura unos 15/20 minutos. Pero una vez allí, haga frío o calor, todo ha merecido la pena.

Leones marinos descansando en Isla Choros, Chile, dentro de la Reserva Nacional del Pingüino de Humboldt
Los leones marinos, con sus pieles oscuras, te miran perezosamente desde las alturas, pensando quizá qué diantres haces metiendo las narices en su hábitat o qué hace una curiosa isla flotante (tu bote) llena de especímenes sin aletas dando tumbos por allí. Más allá, los pingüinos te observan de reojo con esa graciosa mirada de resabios con la que suelen ir castigando a los demás mortales.
En la reserva también hay cormoranes y gaviotas, aparte de delfines nariz de botella (los cuales no vi aunque dicen que suelen aparecer).

Loco (Concholepas concholepas)
Después de dar la vuelta a Isla Choros y también a Isla Gaviota, nuestra lancha paró en Isla Damas, la única en la que se puede desembarcar. Es una isla bonita, de arena muy blanca y llena de enormes conchas de loco. Los locos son unos moluscos carnívoros (devoran otros moluscos) cuya concha blanca o grisácea tiene el tamaño de una mano. Lo malo es que hacía mucho frío y de esa manera no se podía disfrutar de la playa. Una excursión de este tipo merece un día soleado.
En Isla Damas comimos y caminamos un rato entre rocas y arena antes de volver al bote.
El agua, como se puede ver, es de un precioso color turquesa oscuro, más azul en las zonas más profundas. El viento es frío porque procede de la corriente de Humboldt, que viene del Pacífico y el sol calienta mucho, cuando aparece, porque en esta zona la capa de ozono está muy deteriorada. Por eso recomiendo llevar protector solar en un día muy despejado. Uno se quema con facilidad en esta zona porque el sol es mucho más dañino.
Bueno, ¡nos vemos recorriendo Chile en la siguiente crónica!
*(El guanaco es un camélido de la familia de la llama y de la alpaca, con la diferencia de que no es doméstico, sino salvaje).











