La brújula del camaleón

Un weblog acerca de la experiencia vital de un camaleón ibérico…

Con la mochila al hombro me voy a… Costa Rica Febrero 21, 2008

Esta vez, las agujas del destino me han llevado de vuelta a mi querida América y, en concreto, a Costa Rica.

mapa de Costa Rica en abc.es

Realmente uno nunca sabe dónde estará en uno o dos años, pero cuando aquél grupo de compañeros elegimos, allá en el Uruguay (en 2005), Costa Rica como sede para encontrarnos de nuevo en América, supe que no podría faltar. Y me vi allí. Me vi compartiendo suelo (la mejor cama) una vez más con mis colegas de aventuras, pateándome la geografía con mi mochila a la espalda, compartiendo por unas semanas la vida cotidiana de las gentes de otras tierras.

El 26 de diciembre, hace escasamente dos meses, mi mochila y yo aterrizamos en el aeropuerto de San José de Costa Rica, donde la temperatura era amable y el paisaje te llenaba el corazón de vida. En ese momento tuve la certeza de que mis días allí serían inolvidables. Las montañas, de un verde intenso, rodeaban el hermoso valle que llega hasta los volcanes Poás e Irazú, dos monumentos naturales que, como buenos aventureros, nos atrevimos a remontar.

Pero eso vino más tarde. En ese momento en concreto, nuestros fantásticos anfitriones nos esperaban a la salida del aeropuerto. Se trataba de los miembros de Kabékwak (o lo que es lo mismo, la asociación costarricense de expedicionarios de Ruta Quetzal), entre los que se encontraban nuestros “jefes”: el siempre ocupado y trabajador Arturo y la diligente Anouk y también la que sería monitora de mi grupo: Paloma, también conocida como “la monitora de pelo rojo”, pues ése era el eléctrico color que lucía su cabello. Ellos anotaron a los que habíamos llegado y nos montaron en un taxi que, por un dólar cada uno, nos llevaría a los 9 que hicimos grupo hasta el sitio que habían preparado para que los aventureros pasáramos la primera noche.

En el primer intento, el taxista nos llevó a un centro de beneficencia en el que salió un propio a preguntarnos a qué se debía la visita. En fin, tras las risas por la equivocación (pues, evidentemente, aquél no era nuestro sitio), pusimos rumbo al club deportivo en el que encontraríamos una cómoda pista de césped artificial para dormir. Fue allí donde pude reencontrarme con viejos amigos y donde conocí a uno de esos personajes entrañables que nunca olvidaré: Gabi, una argentina dulce y dicharachera que al principio se resistió a dejar que la grabara con mi cámara pero que poco después corría a ponerse delante del objetivo para contarme, con su acento acaramelado, todo lo que veían sus ojos. Como ella misma dijo una vez, esa niña era “puro amor“, a pesar de que, como siempre le recordaba la voz de su conciencia (es decir, Saris, una muchacha peruana de ojos chocolate y una gran amiga), nunca supiera dónde nos encontrábamos.

Realmente no sé si dentro de unos años adivinaré a dónde fui o no, porque la primera vez que me dijo a cámara por dónde andábamos soltó que aquello era “El Salvador de Costa Rica“… Momento en el cual todos nos quedamos en blanco, dándole vueltas al asunto con estrañeza, hasta que ella misma dio el grito de alarma: “¡¡Noooo, dije El Salvador!! ¡¡Dije El Salvador!!

Tengo buenos recuerdos de aquel día. Era el segundo que pasábamos ya en el país y nos fuimos a patear los alrededores en San Antonio de Belén, en el cantón de Belén de la provincia de Heredia.

img_1420.jpg

(Mis amigos Manu y Gabi conmigo en Heredia, haciendo un fingido autostop)

San Antonio de Belén era un pueblo pequeño pero con bastante tráfico, un lugar de casas bajas y con una iglesia de color rosa palo. Fue el primer lugar donde tuve contacto con el gran pueblo tico (costarricense). Hablamos con los viejos a la puerta de la iglesia, cuatro hombres de piel morena y cuarteada que nos preguntaron de dónde éramos, nos dieron la bienvenida y nos explicaron un poco cómo era la vida allí: Costa Rica, un país tranquilo y pacífico, sin ejército, al que cruzan muchos emigrantes nicaraguenses para trabajar en épocas de cosecha. También fue el lugar en el que compré dos adaptadores, pues al llegar al país pude comprobar que mis enchufes europeos no podrían meter sus patas redondas en los tomacorrientes ticos, que son para patas planas y un voltaje de 120V.

No nos costó mucho encontrar la tienda adecuada porque, como allí todo el mundo se conocía, podías perfectamente entrar a una tienda de fruta y preguntar allí, que ellos te enviaban al sitio preciso y además te decían que dijeras a los tenderos del otro lado que ibas de su parte. Así conseguí mis nuevos enchufes que harían que mis aparatos eléctricos se cargaran a velocidad de hormiga pero, al menos, vivieran. ;)

Ese día todavía faltaba por llegar la mitad de los ruteros que constituiría, junto con los que ya estábamos, el V Encuentro Latinoamericano de Ruteros (si aún no sabes qué es la Ruta Quetzal, puedes informarte aquí). La espera se hizo larga pero pronto quedó completa la que sería nuestra familia en los 15 días siguientes, una familia compuesta por miembros de 32 países diferentes.

Nos mudamos de alojamiento a un polideportivo dependiente de la Universidad Metodista en San Pedro Montes de Oca, un cantón de la provincia de San José, al este de la capital.

San Pedro Montes de Oca, Costa Rica
(San Pedro Montes de Oca - Wikipedia)

De aquel sitio recuerdo el frío que pasaba por las noches, ya que en el techo había una rendija que dejaba pasar tanto la luz como el viento nocturno (lleno de humedad), y las gélidas, gélidas duchas cuya agua te cortaba la respiración. Aún oigo los gritos de Gabi cuando el primer chorro le cayó justo en la coronilla. Lo gracioso fue que la chica que se había duchado antes que ella había estado gritando igual y ella había estado fuera diciéndole con una sonrisa y cara despreocupada “pero ¿por qué tres leches, bizcocho t�pico de Costa Rica - photo by chotda on Flickrgritás? No hase falta que grités, ¿no ves que todo es psicológico? Tu mente te está engañando, no está tan fría… Es todo psicológico.” Así que todas le dijimos a Gabi lo mismo minutos más tarde muertas de risa, aunque creo que temblaba tanto que ni nos escuchó la broma.

Bueno, y con esto y un bizcocho (un tres leches para ser exactos) —> os dejo hasta la siguiente crónica tica.

.

..

(Foto por: chotda, en Flickr)

Besiticos, aventureros.

 

 

Ruta Quetzal - El Amazonas (Tercera Parte) Diciembre 25, 2007

Archivado en: Aventura, Culturas, Ruta Quetzal, viajes — labrujuladelcamaleon @ 5:55 pm
Tags: , , ,



El cuarto día de Ruta nos levantaron a las 4 de la mañana. Era aún de noche y nada parecía moverse al otro lado de las ventanas del barco… aunque sabíamos que la selva bullía de vida a nuestro alrededor…
Nos bajamos de la embarcación junto con nuestras mochilas, mirando hacia la espesura con inquietud y curiosidad, pisando el barro de la selva con cierta incertidumbre y con bastante

ilusión. En las dos horas que estuvimos esperando, vimos amanecer en el Amazonas y también hubo tiempo de que nos cayera un cálido chaparrón… La única vez, creo, que usé la capa de agua en la Ruta (por suerte).

María (de Madrid), y yo con la capa de agua en la selva.

Fue a eso de las 6 cuando vimos aparecer unas curiosas barcas, los peque-peques, en teoría llamados así por el ruido que hace su motor: “peque-peque-peque-peque…”
Para algunos, el viaje en peque-peque, fue lo más aburrido de la Ruta, o lo más desagradable (pues hubo gente que se mareó y vomitó durante el trayecto). Yo lo pasé genial en esas 14 horas, que se me pasaron volando.

El amanecer en el Amazonas, con los peque-peques aparcados en las orillas.

La travesía comenzó por aquellos pequeños afluentes del Amazonas, serpenteantes, donde tan pronto el lecho del río puede medir varios metros como tan sólo unos pocos. En esos momentos, dependíamos totalmente de la pericia de nuestros conductores para no encallar. De hecho, a mitad de camino uno de los peque-peques quedó varado a un lado del río y los que lo ocupaban tuvieron que esperar durante varias horas a que otros los rescataran. Así, otro peque-peque tuvo que llevar al doble de la gente que podía portar y en alguna ocasión estuvo a punto de volcar… Pero Jaime (Belmonte) sigue vivo, así que eso no ocurrió, xD.

En aquella fantástica travesía por el río más caudaloso del mundo pudimos maravillarnos con la belleza de esta selva tan increíble, ese pulmón del mundo. Vimos y oímos llover a nuestro alrededor, a indígenas pescando y observamos libélulas, garzas y monos que nos aullaron desde lejos.

Lluvia.

Peque-peque.

Ale, mi amiga de Guatemala, y yo en el peque-peque, bebiendo de las famosas bolsas de agua.

Fue una jornada increíble en la que tuvimos la oportunidad de conectar al máximo con la naturaleza y de conocernos los unos a los otros. De hecho, aquel día conocí a algunos de mis mejores amigos.

Nos rondaba algún que otro mosquito y el calor, pegajoso, se veía aumentado por los salvavidas que teníamos obligación de llevar, cuando pasó Jesús Luna (jefe de campamento de la expedición) en una lancha más rápida diciéndonos por su megáfono: “Policía de Pacaya Samiria, ¿tienen los pasaportes y los papeles en regla?” Al principio, antes de verle, creímos que la cosa iba en serio y nos quedamos sin habla porque no llevábamos encima ninguna documentación, pero luego lo vimos y nos echamos a reír.

A la hora de comer, los peque-peques se aparcaron a un lado del río y pudimos bajar a tierra a un claro rodeado de selva. El sitio estaba bastante embarrado, pero pudimos comer y escuchar una conferencia sobre las pirañas y los delfines rosados del Amazonas. Estos últimos, cuando los vimos, nos sorprendieron a todos mucho. Eran hermosos. Pero después de oír las palabras de los biólogos que nos acompañaban acerca de las pirañas todavía hubo quien navegó en nuestras barquitas con la mano metida en el agua como si estuviera en un paraíso idílico de película… Yo siempre pienso que es un milagro que nadie saliera de allí con una mano menos…

Fiesta en el Peque-peque.

 

En el camino de vuelta, muchos grupos se aburrían dentro de sus peque-peques, pero nosotros organizamos una fiesta de padre y muy señor mío y cada vez que pasábamos a otra barca le cantábamos el himno de la Ruta o el famoso “Acelera, acelera…para ser conductor de primera…” y “Adiós con el corazón…” =] . El resto del tiempo lo pasamos bailando y cantando… y también contando historias de miedo de nuestros respectivos países de origen cuando nos envolvió la noche y no nos podíamos ver (si encendíamos la luz, acudían los mosquitos).

Y así, a la hora de la cena, divisamos las luces de nuestros barcos y nos subimos a ellos para comer… ¡pollo con arroz!

Fue un día y una experiencia inolvidable.

De esta manera, chicos, llega a su fin la historia de hoy… ¿Continuará la expedición por la Amazonía? ¿Y el viaje entero por Perú?


 

Ruta Quetzal - El Amazonas (Segunda Parte) Diciembre 15, 2007

Archivado en: Aventura, Culturas, Ruta Quetzal, viajes — labrujuladelcamaleon @ 4:47 pm
Tags: , , ,


Aquella primera noche en el barco, creo que pude acostarme a las doce o la una y recuerdo que me desperté a las cuatro de la mañana, por mi cuenta, y miré hacia delante con ojos adormilados. Tardé un momento en comprender qué estaba pasando y sonreír. Me recorrió un escalofrío de emoción cuando, a la tenue luz de los farolillos, contemplé todas esas hamacas llenas de ruteros y las ventanas sin cristal por las que se veía todo negro… Y aquello negro era la selva…, estábamos navegando por el Amazonas… Fue increíble. Me asomé y vi el agua oscura bajo nosotros y escuché el ruido de los motores ronroneando.

Anduve hasta el baño y descubrí que cada retrete tenía una pequeña duchita encima… Me pregunté si alguien la utilizaría aunque creí el sentido común nos diría a todos que no… (hombre, unas 400 personas entre ruteros, monitores, ayudantes y demás, podíamos dejar aquello como un bebedero de patos…)Después de eso, volví a mi hamaca y me acurruqué tan feliz… hasta que me despertó el grupo Libélula al amanecer. (En el vídeo que enlazo al final de mi última crónica podéis ver de qué forma más original nos avisaron a primera hora).

Los Libélula son los titiriteros que nos acompañan durante toda la Ruta amenizando con su música cualquier ocasión. Ése fue el primer día que nos levantaron y resultó una juerga.

El Amazonas al amanecer del día 20 de junio de 2005

Tras el desayuno, mis compañeros y yo hicimos una de las cosas más extrañas que he hecho nunca… aeróbic en la proa de un barco a través de la selva

Hizo mucho calor muy húmedo durante el día, y con esa atmósfera tan cargada nos metieron a todos en la parte superior del barco, donde no corría el aire, para darnos una conferencia sobre biodiversidad en el Amazonas. Estuvo muy interesante, pero en el vídeo anterior y en el mío propio (el de mi último post) podéis comprobar que el pobre profesor estaba empapado, así que podéis imaginar que más o menos nos sentíamos todos igual, como pollos en un horno. (Pollos con arroz por supuesto ;) ).

Los ruteros en la primera conferencia (web de la Ruta Quetzal BBVA)Aprendimos que en la Amazonía viven 23 millones de personas y que su extensión es de 3400 Km este-oeste y de 2000 Km norte-sur. Además, pudimos saber la verdad acerca de falsos mitos como aquel que dice que el Amazonas es un bosque uniforme, cuando en realidad hay 100 tipos distintos de bosque; el mito del “vacío amazónico”, que asegura que está deshabitado (lo cual no es cierto, pues hay muchos pueblos indígenas), y el más extendido, que habla de la riqueza y fertilidad del suelo amazónico. En realidad ese suelo no es fértil, se mantiene por el reciclaje de hojas y restos de plantas, pero si se tala o se queman los árboles, la tierra se vuelve yerma. Por eso es tan importante que la selva no desaparezca. Lo que más me impresionó de lo que nos dijo el biólogo D. José Álvarez Alonso fue “Ese bosque lo veis sano, pero está herido de muerte, agonizando“. Me pareció realmente terrible pensar que algo tan hermoso esté corriendo a pasos agigantados hacia la extinción… (con nosotros detrás).

Ese día comencé a conocer gente de todas partes, por ejemplo, a Lenka, la chica checa de mi grupo, con la que me senté a escribir mi diario mientras contemplábamos la Amazonía por la ventana… ¿Se podía pedir algo más?

Lenka (a la izda.) y yo (dcha.) admirando la naturaleza mientras elaborabamos nuestras crónicas.
Por la tarde tuvimos otra conferencia, en la que la bióloga Dña. Elsa Reginfo nos habló de las plantas medicinales de la Amazonía. Estuvo genial, pero perdí mi cuaderno de apuntes poco después, así que mis notas se fueron al traste.Y después, conocí a Jaime, jaja, cuando los monitores intentaron prepar un festival de la canción y dijeron que los españoles nos agruparíamos por comunidades. Oí a mi amigo decir: “¿Cantamos La Parranda? A ver… ¿cómo era?” Y yo, ni corta ni perezosa, empecé con la primera estrofa. Se giró y me miró sorprendido… Creo que pensó que estaba loca, con todas aquellas trenzas de colores con las que yo iba…, jaja.Y más tarde, al anochecer, hicimos talleres, y a mi grupo y a mí nos tocó hacer otra de las cosas más extravagantes que he visto… saltar a la comba en la popa del barco:

No tenéis mal los altavoces, no, es que mi cámara es muda, así que el vídeo no tiene sonido.

Por la noche, recuerdo que me seguían dando miedo los mosquitos, pero no me acechó ninguno en toda la travesía, la verdad. Cenamos la comida más rutera: Arroz con pollo, acompañado en esa ocasión de papaya y plátano, mmm…
Y después de aquello, cuando nos íbamos a dormir, nos dijeron que nos despertarían a las 5 de la mañana para ir a la reserva natural de Pacaya Samiria, lo cual suponía que debíamos meter 6 litros de agua y 4 paquetes de comida del ejército para estar dos días en la selva… ¿Cómo iba a entrar todo eso en nuestras mochilas? El resultado fue que muchas bolsas de agua (que eran de plástico), reventaron, el suelo se embarró y a muchos se les empapó por dentro la mochila (no quiero ni pensarlo… esa ropa seguramente ya no se secó).

La crónica de hoy llega a su fin, aventureros. El próximo día… La reserva narutal de Pacaya Samiria. No os lo perdáis… :)