La brújula del camaleón

Un weblog acerca de la experiencia vital de un camaleón ibérico…

Entrevista a Laura Lee-Georgescu Febrero 3, 2010

Archivado en: Entrevistas — labrujuladelcamaleon @ 1:17 am
Tags: , ,

“Con cuatro años me encantaba dibujar y empecé a usar ¡la pared del comedor!”

- Una entrevista de Margarita Ruiz Temprano, 4° de Periodismo -

De madre rumana y de padre americano de ascendencia china, Laura Lee-Georgescu representa en sí misma el carácter multicultural de la ciudad en que nació, Nueva York, donde en estos momentos muestra al público algunas de sus obras junto a otros artistas en una exposición titulada “Rites of passage”.

Al abrir la portezuela de la verja y subir las escaleras de piedra hasta la puerta de la casa, me siento como si de repente Woody Allen fuera a salir de detrás de un arbusto con una cámara, listo para llevar esta escena a la gran pantalla. Me quito un guante y toco el timbre justo segundos antes de que Laura abra la puerta de la típica casa neoyorquina y me salude abriendo sus ojos castaños con un simpático “¡hey!”.

   Sus padres están en la cocina y, después de dejar que me obsequien con un capuchino bien espumoso, las dos caminamos escaleras arriba haciendo chirriar la madera del suelo.

   En el segundo piso, el cuarto de Laura es una mezcla extraña pero inteligente de dormitorio y estudio, lleno a rebosar de libros, rollos de cartulina, lápices, pinceles en botes, témperas y dibujos colgados por las paredes. Pero lo que más me sorprende es no ver una cama por ningún lado. “¡Oh! Sí… Bueno, antes mi habitación era normal. Tenía una cama y todo eso”, se ríe, “pero como no tengo dinero para pagar un estudio ahora duermo en un colchón sobre el suelo y después lo quito y uso el espacio para pintar. Es más fácil”.

   Recuerdo que unos días antes, con su coleta de cabellos negros moviéndose de un lado a otro y vestida con unos pantalones a cuadros, me mostraba un gran lienzo con colores vivos aposentado entre las dos ventanas de su habitación. “Por el momento mi estilo, digamos, es pintura abstracta, que es lo que estoy investigando ahora. Pero esto es algo muy nuevo, que empecé a hacer hace tan sólo un año. Antes hacía pintura figurativa. Muchos, muchos retratos. Y quizá eso es más típico de mí. Pero, bueno, lo que me gusta del arte es que puedes cambiar tu estilo cuando quieras”. Ahora sus lienzos ya están en la exposición “Rites of passage” y ella se ha cortado el pelo. “Me alegro de estar en esta exhibición de grupo para así ver cómo mi pintura reacciona con las creaciones de los demás. Las obras tienen una vida diferente cuando están juntas. Cuando observas una obra con otras alrededor, se ve distinta, cambia su personalidad. Y creo que es importante observar cómo viven tus pinturas en unos u otros lugares”. Los ojos de Laura, redondos y delicadamente rasgados al mismo tiempo, vagan en su mundo, concentrados, mientras ella me cuenta todo esto. Sólo cuando vuelve a la realidad y me mira, esboza una sonrisa, algo avergonzada por las ideas tan profundas que acaba de revelar. “En realidad, normalmente  nunca hablo a nadie de estas cosas”. Confiesa antes de que le devuelva la sonrisa y la invite a continuar.

   Comento que me parece muy especial lo que dice. Laura ve el arte como algo vivo que nace, crece y después abandona el nido del artista para recorrer el mundo y relacionarse con él. “Durante el tiempo que estás creando una obra, ésta está en tu estudio y no hay otro arte a tu alrededor. Pero cuando ya has terminado y pones tu lienzo en la exposición, deja de ser algo directamente conectado a ti y tiene su propia vida. Empieza a existir solo, sin ti, y comienza a tener conversaciones con las obras que están alrededor de ella. Eso es interesante, porque descubres aspectos de tu trabajo que antes no habías visto y que no sabías que existían. Y sólo después de terminar la obra, después de exponerla, empiezas a ver cosas nuevas”.

    Sentadas junto a su escritorio, totalmente inundado de cosas, me atrevo a hacer una broma, pues dicen que los artistas suelen ser desordenados y en su caso es verdad. Ella se ríe. “Bueno, no todos nosotros somos así. Tengo compañeros de la universidad que son muy, muy, muy ordenados…”, y abre los ojos, “¡quizás demasiado!”. Y se vuelve a reír. “Depende de cómo trabajas, de cómo es tu estilo. Pero puede que sí haya un estereotipo… Aunque entre nosotros los artistas vemos otros estereotipos acerca de quién es desordenado y quién no. Por ejemplo, la mayor parte del tiempo veo que la gente que hace diseño gráfico o fotografía, son muy ordenados porque en estas artes el proceso (de creación) es muy limpio y hay que prestar atención a los detalles. Lo opuesto a ellos son los escultores, que siempre tienen montañas de cosas en sus estudios. Como hacen figuras de una gran variedad de materiales, veo que les gusta coleccionar cualquier cosa (que se encuentran) por la calle”. Hace un gesto de examinar algo e imita una voz de asombro: “¡Oh, quizá esto pueda usarlo en mi escultura!”. Y continúa: “Entonces, empiezan a coleccionar objetos y luego tienen unos estudios tan desordenados que no se puede caminar por el suelo”. Miro con una sonrisa alrededor y le tengo que conceder que, al menos por la mitad de su habitación, sí se puede caminar.  “Pero yo tengo que tener, por lo menos, parte del estudio ordenado, limpio”, sigue ella,“y las paredes blancas para que pueda concentrarme. Si todo mi estudio fuera un desastre por el desorden, no podría pensar en lo que quiero hacer. Así que… sí, hay partes desordenadas pero también necesito mi pared blanca para poder pensar bien”.

   ¿Y qué música le gusta escuchar a Laura para inspirarse mientras pinta? “¡Ah, sí!”, exclama, “siempre tengo que poner música cuando pinto. Es la manera de bloquear el mundo exterior y de entrar en el mío, no sé. Casi siempre escucho cosas con mucha vida, con mucha energía, como a Michael Jackson, a Prince, a James Brown, a Aretha Franklin. Me encanta la música soul. Y la afrobeat, que es como mezcla de jazz y música africana, con un montón de ritmo. Sí, necesito música así, para tener energía y más ganas de pintar. Ohhh, y mucha salsa. Celia Cruz. Eso también me encanta”. Me sorprendo y parpadeo repetidamente antes de asentir. Qué inusual para una artista. ¡Y yo que pensaba que ese gremio era más de música clásica! “Es que si pongo algo muy tranquilo es porque voy a descansar o a ver mis libros de arte o a leer. Cuando pinto estoy siempre muy activa, de pie, moviéndome. Cuando se trabaja en un tamaño de lienzo tan grande, de dos metros, y no puedes sentarte, tienes que estar activa”.

Laura hace una pausa en la que toma un sorbo del té que trajo con ella desde la cocina en un jarrito azul. Sólo entonces me percato de que la luz que entraba por las ventanas ha menguado considerablemente desde que entré en su habitación y su cara se ve ahora también algo azulada. Entonces, sonríe. “Me gusta mucho tener la libertad de expresar un montón de cosas diferentes, tener la oportunidad de crear objetos nuevos que nunca antes han existido”.

   Con esto recuerdo que hace muy poco Laura estuvo en Panamá, donde tuvo una de esas oportunidades creativas. En la plaza de un pequeño pero turístico pueblo del Caribe panameño, llamado Bocas del Toro, una pared blanca esperaba el ingenio de la artista neoyorquina. “Nosotros éramos un grupo muy grande de estudiantes de Norteamérica, Sudamérica y Europa y queríamos hacer un proyecto que sirviera a esa comunidad. Entonces, hablamos con el alcalde de Bocas, que nos dio esta pared, y yo ideé un diseño que tenía elementos representativos del multiculturalismo. Hay una escena de diferentes bailes latinos, que tiene el mapa del mundo y que expresa la idea de que todos somos iguales; que tenemos diferentes culturas, distintas maneras de expresar cómo somos, pero al final, bueno, de alguna manera bailar es algo humano, da igual de dónde seas. Pero, no sólo fue llegar y decir: vamos a poner esto en esta comunidad sin estar en contacto con ellos. El día que pintamos el mural trabajamos con los niños (de allí) y fue una mezcla muy linda de nosotros y ellos. Me alegro de que hayamos dejado algo nuestro en este lugar en el que estuvimos. Es como hacer historia, dejar una marca propia y también dar un regalo al pueblo. Ojalá haya mejorado un poco el ambiente de ese parque en el que está… Aunque pienso que a los niños ya les encanta el mural”, ríe, “porque, bueno, justo después de terminarlo estaban todos bailando y corriendo alrededor de él”.

   Hablando de niños, aprovecho para preguntarle sobre su infancia y si siempre le apasionó tanto el arte. Sonríe mucho. Se ve que hablar de paredes le ha recordado viejos tiempos: “Sí, sí. Es muy gracioso porque recuerdo que teníamos unos cuatro o cinco años y a mi hermano y a mí nos encantaba dibujar. Y empezamos no sólo a dibujar en el papel ¡sino también en la pared del comedor! Y nos gustaba muchísimo hacer esto, tanto que nuestros padres dijeron: bueno, vamos a dejarlos dibujar porque no van a parar”. Laura se ríe con ganas. “Y por varios años las paredes estuvieron llenas de manchas de lápiz desde el suelo hasta un metro, porque, claro, no éramos muy altos”. De sus palabras deduzco que, si sus padres dejaron que ella les pintarrajeara la casa de esa forma, seguramente también la apoyaron en su decisión de ser artista. “Sí, sí, ¡desde que tenía cuatro años!”, responde de manera divertida. “Bueno, mis padres son arquitectos, así que ya de primera mano conocen lo que es una carrera creativa. Creo que no fue nada diferente ni difícil para ellos apoyarme”.

   Pero (la pregunta del millón), ¿se puede vivir del arte o hay que buscarse la vida en otro lado? ¿Pintaría Laura Lee-Georgescu retratos en la calle para sacarse unos pavos? “¡Quizá! ¡Depende de en qué calle!”, responde entre risas. “Me gusta la idea pero quizá me generaría bastante estrés hacer un dibujo muy rápido que tenga que parecerse muchísimo a la persona. Por eso, en la calle creo que no, pero sí que haría muchos retratos”. Y reflexiona. “Bueno, no sé muy bien cómo es en Europa, pero por lo menos en los Estados Unidos es muy difícil ser artista y ganarte la vida sólo por hacer tu arte. Es muy común que los artistas tengan otro trabajo que esté conectado (a su vocación). A mí me encanta enseñar a niños, a estudiantes, a adultos… Me gusta mucho ver que el arte puede dar una gran confianza en uno mismo, ganas de trabajar en una persona, ganas de ser creativo… Entonces, me gustaría contribuir a la diversión e intentar ser profesora, ¡por lo menos, dentro de unos años!”.

En la foto: Laura Lee-Georgescu, por: © Margarita Ruiz Temprano

 

Ciudad de Panamá, Crónica de Viaje Enero 27, 2010

Archivado en: Crónicas, Cuaderno de viaje, Prácticas — labrujuladelcamaleon @ 5:20 am
Tags: , , ,

TURBULENCIAS EN UN DIABLO ROJO Y AGUACEROS BAJO SOMBRILLAS

- Una crónica de Margarita Ruiz Temprano -

   En Panamá no chispea. En Panamá se cierra el cielo en un instante y, después de tres ó cuatro goterones como pelotas, las nubes arrojan sus cubos de agua y ya está montado el aguacero. Pero no es una lluvia fina y furiosa, como la que acostumbramos a ver en nuestra Península, sino pesada y redonda, como si toda la parsimonia y el calor del Caribe estuvieran encerrados en sus gotas y su peso las hicieran engordar y caer.

    Bajo la sombrilla roja de una cafetería callejera, mis amigos y yo nos apiñamos, agarrados unos a nuestras mochilas y otro, al mástil de nuestro improvisado paraguas como si fuera un monillo gigante. Bien podía ser ésta una lluvia fría, que refrescara el ambiente. Pero no. Al caer al suelo, sobre el asfalto caliente, el agua se evapora creando un clima aún más sofocante que el anterior. Si te mojas, sabes que así te quedarás por lo menos un buen rato, debido a la agobiante humedad que a veces incluso te cala un poco los pulmones. Y lejos de sentirte más fresco… cuando te dé el sol te notarás aún más sudado. En Panamá, la lógica común al resto del hemisferio norte parece no funcionar.

   Pegada a mis compañeros de aventuras y con una interesante mezcla de transpiración y humedad en la piel, observo desde nuestra sombrilla la plaza a la que acabábamos de llegar justo antes del chaparrón. Lo más curioso lo encuentro en un edificio circundante. Ahora tenía una peluquería en la planta baja, pero antaño había sido un prostíbulo en cuyo balcón, se dice, bailaban las señoritas, enfundadas en telas poco decentes y enseñando pantorrillas y muslos de una forma muy indecorosa. Y los dueños actuales, para hacer honor al pasado del lugar y recordar lo que fue, tenían una pierna de maniquí saliendo de entre las enredaderas del balcón (además de un muñeco de trapo y paja como los que quema toda familia panameña al llegar el año nuevo para simbolizar el fin del año anterior y festejar que todo lo malo de ese período ya pasó). Chocante.

   En verdad, todo en la Ciudad de Panamá es bastante chocante a la par que llamativo. Desde los rascacielos a borde de playa a los que los gringos ricos vienen de vacaciones y que permanecen apagadísimos durante la noche, como si aquello fuera un barrio fantasma; pasando por los animales gigantes estilo cartón piedra de Albrook (el centro comercial más famoso de la capital), hasta los peligrosísimos Diablos Rojos. Éstos últimos constituyen el transporte público de la ciudad y son, básicamente, los famosos “School Bus” amarillos de los estadounidenses que, en su versión chatarrera, vieja y descuajeringada, vienen a parar aquí. Para que no se les note lo cascao, en Panamá les maquillan las arrugas pintándolos de colores chillones y con mensajes tipo “¡viva mi dueño!”, con dibujos de tigres, de Bugs Bunny y de su tropa de la Warner ¡y hasta con fotos de la parienta y de los chiquillos! Pero, aunque es, cuando menos, divertido, usar los Diablos Rojos es, como digo, francamente un peligro, Porque, con eso de que cada bus pertenece al conductor (es decir, como si fuera un taxi, sólo que cobrando un precio fijo de 0,25 $ por subir), cada uno de ellos quiere ir a toda pastilla para quedarse con la mayor cantidad posible de resignados usuarios y así quitárselos a la competencia. Total, que vas dando tantos tumbos que es casi imposible no comerte con el estómago, o con alguna parte peor del cuerpo, el respaldo de un asiento roto o la rodilla de un pasajero. Si yo no me caí por una ventana fue porque no encontré una tan grande, y si no tuve que correr agarrada a los asideros de la puerta mientras el Diablo Rojo aceleraba por el centro de la ciudad fue porque mis amigos chillaron al conductor y éste frenó lo justo la máquina para que pudiera terminar de subir.

   Pero bueno, dejando aparte la adrenalina que generan estos insólitos cacharros, los animales gigantes de Albrook de los que hablaba también son dignos de una excursión. El centro comercial está dividido en sectores y la idea es que cada animal represente un sector. En el sector E está el elefante, en el H, el hipopótamo, en el G, no sólo un gorila, ¡sino el gran King Kong!, y en el D, el dinosaurio, ¡por supuesto! Así que, al final, uno va ahí incluso más de safari que a otra cosa. Viajando de mochilero, por lo menos, es un buen plan, porque como no vas a comprar tanto porque mucho no puedes cargar y tampoco es que tu bolsillo rebose dinero… pues ya está, ¿el plan ideal? Un tour turístico de fotos con los bichos de Albrook.

   Sin embargo, no es la única cosa curiosa de dicho centro comercial. En este lugar, de nuevo, la fría lógica no funciona, y mientras en el resto del hemisferio los maniquíes de los escaparates son como palos escurridos que dan vergüenza debido a la moda de espaguetis que nos invade, los maniquíes panameños son un elogio a la silicona. Par de pechugas más grandes no vi en mi vida. ¡Ah!, y, por supuesto, en muchos casos vestidos a la moda europea y norteamericana, apta sólo para fashion victims y masoquistas de la temperatura. Porque con estos calores, a buenas horas puede ponerse nadie unas botas altas con vaqueros.

Lo dicho, la lógica no tiene cabida en este lugar del planeta en el que los rascacielos conviven con las casas bajas de la gente vulgar, en que la chatarra de Norteamérica se reutiliza hasta reventar, en donde no se sabe si la selva de palmeras se adentra en la ciudad o la ciudad en la selva y donde conviven la clase humilde y el exceso de una manera tan brusca como ésta. Pero justo éste es el encanto de recorrer la jungla de plantas, tráfico y edificios que es la Ciudad de Panamá.

Diablo Rojo

Maniquí en el centro comercial Albrook

Ciudad de Panamá

 

Murcia en la noche Diciembre 2, 2009

Archivado en: Ciudades, Murcia — labrujuladelcamaleon @ 12:53 pm
Tags: , , ,

Hacía mucho tiempo que no caminaba por mi ciudad simplemente por el placer de pasear. La prisa o la desgana siempre cohartan cualquier deseo de caminar por caminar. Además, el tiempo alejada de ella también me lo había impedido. Pero ayer, sin una razon clara, simplemente bajé a Murcia y me puse a pasear por sus calles.

Creo que necesitaba respirarla, sentirla, fundirme con ella para que me regalara su paz histórica y ancestral, sus aires de invierno y sus luces nocturnas.

Esto fue lo que salió de esta expedición por las luces antiguas de mi ciudad:

La torre de la Catedral y la luna llena de diciembre (© Margarita Ruiz Temprano)

Fachada de la Catedral de Murcia (© Margarita Ruiz Temprano)

Plaza del Cardenal Belluga (© Margarita Ruiz Temprano)

Catedral de Murcia (© Margarita Ruiz Temprano)

"San Antonio" del escultor Salzillo, Catedral de Murcia (© Margarita Ruiz Temprano)

"Quiero amarte cada día", graffiti en la Plaza Belluga (© Margarita Ruiz Temprano)

Detalle de la fachada de la catedral de Murcia (© Margarita Ruiz Temprano)

 

Luna Nueva – El crepúsculo de la libertad Noviembre 18, 2009

Archivado en: Comentarios*Cine* — labrujuladelcamaleon @ 7:11 pm
Tags: , ,

Una cola enorme, kilos de palomitas rechinando y crujiendo en los dientes de ciento y tantas jovencitas (y no tan jovencitas) murcianas…

Sí, ayer acompañé a una amiga a ver la nueva de Crepúsculo: Luna Nueva… Con un poco de escepticismo tras la cursilada de la primera película y con el estómago ya  hecho a tanto empacho de amor culpable (porque no hay momento en la saga Crepúsculo en el que uno de los dos de la parejita no se esté disculpando por una cosa o por otra). Pero hay que ver primero para opinar, ¿no?.

En general la película no está mal, es fiel al libro y de mejor calidad que la primera, en mi opinión. Los personajes son mucho más cercanos al espectador, aunque no niego que en eso el personaje de Jacob tiene mucho que ver. El actor que lo interpreta, Taylor Lautner, ha resultado ser, a parte de otro mazas fornido (esta chica no puede relacionarse con tíos normales), un chico que transmite muy bien en cámara. Mientras que la inexpresiva Kristen Stewart cada día me parece más sosa (cuando su personaje no es “tan” languido en realidad) (cursi sí, pero eso es otra cosa). En esta saga no acierta en su actuación.

Pero entrando en materia dura… No niego que la saga Crepúsculo constituye una historia entretenida, no una gran lectura, pero algo suficientemente ameno como pasar el rato (no en vano es un fenómeno de masas), pero aún así hay muchas cosas que me han hecho torcer la boca de disgusto en más de una ocasión mientras leía Crepúsculo, Luna Nueva, etc. (en muchas ocasiones en verdad). (Pero hay que leer para conocer…).

 

Me extraña que a nadie le llame la atención la cantidad de valores anticuados, posesivos y sexistas que nos están haciendo tragar con embudo Stephenie Meyer y sus vampiros relamidos. La relación de los protagonistas tiene todo el perfil de una relación enfermiza en la que una persona hace sombra a la otra. Vale, la historia tiene gancho por aquello del amor prohibido y el morbo de la sangre… Pero, ¿por qué nadie se para a analizar un poco a los personajes principales?

Para empezar está Bella, una chica a la que todo el mundo a su alrededor considera una inútil y desvalida doncella. ¿Reconocemos la imagen? Totalmente medieval: la de la típica damisela en apuros que necesita un hombre que, como dice textualmente Edward, la mantenga “a salvo de sí misma” y de los grandes peligros del mundo, como son los vampiros, las motos, los bordillos de las aceras, las piedras del campo, el propio suelo… En pocas palabras, la tratan como si fuera estúpida. Y lo peor es que ella se deja.

Pero a ver, ningún hombre ni niguna otra persona es tan fabulosa como para que la vida de su pareja se reduzca a nada para estar con ella. Edward será muy maravilloso, escultural y perfecto pero, en cuanto él aparece, esta chica deja de tener vida propia. Toda su vida es Edward. la gente de su alrededor le da igual y podría prescindir hasta de sus padres si él se lo pidiera. De hecho, para estar con él tiene que morir y dejar toda su vida y lo que hay en ella de lado para siempre. ¿Hay renuncia mayor? ¿Hay una posesividad mayor que ésta? Pensémoslo… Estar con Edward significa no ser nadie… Nadie más que la señora de Cullen. Y me tenéis que perdonar pero creía que las mujeres ya habíamos superado esto hace al menos un siglo.

 

Edward es el perfil de chico posesivo y controlador. Su paternalismo, de verdad, me da náuseas. Resulta que en Luna Nueva decide (él solito) que él es malo para Bella (cosa que debería decidir ella, no él) y se va y la deja tirada… ¡Bueno, qué perfecto caso de Maquiavelo! “Sí, sí, el fin justifica los medios”  Y aquí el fin es el bien de Bella, ¿no? Pues entonces no le importa hacerle la puñeta yéndose con tal de llegar al fin que él decide que es correcto (o sea, que Bella esté a salvo y que haga una vida normal). Pero, ¿alguien tiene en cuenta en algún momento qué es lo que quiere Bella? El chico hace lo que se le antoja con ella y encima ella siempre estará ahí para aguantarlo: que decide que se va, pues se va, que decide que vuelve, ¡ah!, pues vuelve, si total, Bella no se queja, siempre lo entiende todo. 

Pero a ver, si en teoría quiere lo mejor para Bella, que la deje hacer lo que quiera con su vida, y no se comportarse como su padre. “No hagas esto”, “no saltes”, “Para”, “no puedes valerte por ti misma”… Con razón la chica que estaba a mi lado en el cine dijo: “¡Pero bueno! Es que este chico no le deja hacer nada!”. Exacto. Bella hace lo que él quiere y no hace lo que él no quiere (él decide que tiene que ir al baile, pues ella va; a ella le da fobia el matrimonio, da igual porque Edward se saldrá con la suya… Es así).

Y luego, resulta que Edward, El Perfecto, decide sin consultar a nadie que a parte de irsa va a desaparecer y que sea como si nunca hubiera existido. Y la deja sin fotos y sin los regalos que le hizo. Pero, ¿quién es este chico para decidir que la deja sin recuerdos? Irse es cosa de él, pero los recuerdos son de ella.

Pero lo peor es que Bella está tan enamorada… o más bien, tan obsesionada que traga con todo, porque, claro, Edward es tan perfecto que él tiene la razón… Ella es la patosa, la inútil, la poca cosa, la que no es merecedora de que ÉL se haya fijado en una niña tan poco atractiva como ella se cree. En serio, es preocupante… Este perfil coincide con el de las mujeres que, muchas veces sin darse cuenta, caen en manos de chicos absorbentes y posesivos que las cohiben y las reducen hasta que se encuentran en una situación de maltrato psicológico.  

Pero las chicas que han leído y han adorado esta historia se lo han tragado todo, como Bella. Porque se identifican con el personaje. Han aceptado las ideas retrógradas de Stephenie Meyer en cuanto a lo que es el amor, la pareja y la vida. Y de repente, chicas que conozco y que veo que son para todo independientes, trabajadoras, mujeres de su tiempo, etc., luego resulta que se derretirían por un Edward que las “protegiera” (o que las poseyera, mejor dicho). O sea, en el fondo, ¿qué? Muy echadas para adelante pero, ¿lo único que quieren todas las chicas es casarse y tener un maridito perfecto por el que dejarlo todo?

Qué decepción. Y qué pena. En fin. Yo sigo pensando que que a mí no me tiene que mantener ni proteger nadie. Y si pensar en tener un compañero de vida más que un novio perfecto, controlador y sobreprotector es poco romántico… Bueno, allá las demás, yo soy así.

 

Voces por la igualdad Noviembre 8, 2009

Archivado en: Crónicas — labrujuladelcamaleon @ 1:03 pm
Tags: , , ,

     Crónica de Margarita Ruiz Temprano

      Eran las cuatro de la tarde de ayer y el viento no se rendía, seguía incordiando de manera incesante a todos los transeúntes y a aquellos que deseaban dar comienzo al Festival Enter Cultura Joven. La plaza de La Merced de Murcia se empezó a llenar de colores, de razas, de comida del mundo y de música para celebrar la diversidad de nuestra cada vez más multicultural región y para fomentar la inserción de los inmigrantes. Era una gran oportunidad para que gente venida de África o de Latinoamérica mostrara a los españoles sus bailes tradicionales y sus comidas típicas y también para que los nacionales mostraran algo a cambio. Un lugar de entendimiento.

     Uno de los grupos de murcianos participantes en el festival era el Coro de la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia. Los chicos y chicas universitarios se encontraban un poco nerviosos, pero contentos, esperando a que llegara su turno para actuar mientras ensayaban con alegría en el Jardín de La Fama, con el viento revolviéndoles la melena. Su actuación era tan llamativa (llena de alegría y de sones tanto de África como de Cuba o Macedonia) que los niños comenzaron a rodearlos y a bailar con ellos. Uno de los más atrevidos incluso se les unió mientras Jorge Losana, el joven director del coro, dirigía a las cuatro voces (dos femeninas y dos masculinas) con entusiasmo. Jorge cuenta con mucho orgullo a todo el que se lo pida que este grupo comenzó hace seis meses, cuando la Facultad de Educación se comunicó con él y le pidió que se encargara de dirigirlo. “¡E invito a todo el que quiera a unirse!”, agregó con una sonrisa. El ambiente entre los jóvenes coristas era, sin duda, alegre y distendido. Se notaba que se divertían cantando y que disfrutaban enseñando a otros el repertorio de sones que ensayan todos los martes por la tarde. “Lo más importante es que todos lo pasemos bien”, contó el director.

     El viento no cesaba pero las señoras africanas de dientes blanquísimos que bailaban con sus niñas vestidas de rosa moviendo mucho el trasero estaban a punto de acabar su función. Se acercaba la hora, así que  los chicos y chicas del Coro de Educación, vestidos estratégicamente con camisetas de distintos colores en señal de multiculturalidad, se convirtieron realmente en verdaderos bajos, tenores, contraltos y sopranos y se dispusieron en un semicírculo en el centro de la plaza de La Merced. Jaime Belmonte, el pianista del grupo, agarró su piano y se sentó en un lado mientras Jorge, el director, animaba al público, tanto inmigrante como patrio, a acercarse e incluso a cantar con ellos canciones tan populares como el “I get around” de los Beach Boys o el famoso estribillo de En la jungla, la negra jungla, dormido está el león. Fue un rato muy agradable a pesar del viento, que imposibilitó el uso de los micrófonos ambientales y que obligó a los estudiantes a cantar a pelo. “Ha sido una pena porque no se nos oía bien”, se lamentaba una de las sopranos. A pesar de lo cual, el público aplaudió agradecido y los niños lo pasaron en grande, corriendo alrededor del director del coro, que más de una vez tuvo que esquivar a algún que otro infante que se había sentado en su posición. Una tarde para recordar que la música es un lenguaje universal y que a través de ella podemos comunicar sensaciones como la alegría o el amor, que van más allá de la cultura.

 

El mercado de La Vega Central Abril 19, 2009

CUADERNO DE VIAJE – Las “Barbies” y su “Ken”

¿Un kilo de manzanas por 200 pesos (0,26 €)? ¿Tres kilos de naranjas por 300 (0,38 €)? Con estos precios no es de extrañar que casi nos lleváramos la

Foto de veganstraightedge, bajo licencia de creative commons

Foto de veganstraightedge, bajo licencia de creative commons

feria entera (como llaman aquí en Chile a los mercados de frutas y verduras). Volvimos hasta con una sandía redondota y grande, que va estar riquísima cuando le haya dado tiempo a madurar.

En el mercado de la Vega Central (Santiago), había de todo: porotos (judías/frijoles), ajís (chiles), zapallos (calabazas), zapallos italianos (calabacines), zanahorias, huevos, uvas, duraznos (melocotones)… Sí, qué cantidad de nombres distintos, ¿verdad? Aquí uno nunca sabe qué pedir porque, diga lo que diga, seguro que se llama de otra forma. Menos las lentejas o los garbanzos… las patatas son papas, los guisantes son arvejas, las tortillas no son de huevo sino de harina  y el aguacate se llama palta. El pimiento es pimentón, los albaricoques son damascos (si, como si vinieran de Siria) y la remolacha, betarraga.

Para morirse de hambre, vaya. Por lo menos las dos primeras semanas. Luego te avispas.

Al principio era como un juego, un reto, eso de ir al supermercado. Me miraban raro cuando preguntaba por la lombarda, porque aquí se llama repollo morado, o por los puerros, porque en Chile los llaman porrones. Era como si me hubiera ido a otro planeta. Pero me resultaba muy divertido, así que me los aprendí enseguida.

fot de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons

foto de: lo que percibo, bajo licencia de creative commons

 Sin embargo, a lo que no me acostumbro es a la picardía de los hombres chilenos. No hay lugar en que no te miren o piropeen de forma notoria. No escandalosa, como los Argentinos, pero hablarte, te hablan, cosa que en España sólo es común si una pasa cerca de una obra.

Aunque hay piropos y piropos. En estos 9 meses que llevo en Chile he oído de todo, desde las ordinarieces más absolutas que le dijeron a una amiga, hasta lo más chistoso. En este último grupo se cataloga lo que nos ocurrió ayer a mi amiga y a mí.

Lo cierto es que me daba algo de “nervio” ir al mercado. Iba con un amigo chileno (al que, por cierto, llamamos Pícaro) y una amiga medio chilena medio “gringa” (de EEUU), y cuando salimos por la boca de metro de Patronato, el Pícaro se encogió y soltó un “ihhh” aspirado. “¿Qué pasa?” Le preguntamos. Y nos miró con una sonrisa de excusa: “Oh… Ustedes me dijeron que les incomodaban los piropos… ¡Y yo las he traido al sitio donde más las van a piropear de todo Chile!” Me mordí el labio inferior, pero me reí, y mi amiga también. El pobre Pícaro se había tomado demasiado en serio nuestro temor. Es un caballero. Y es que, aunque nos diera “cosa”, como se suele decir, eso no iba a impedir que dos chicas extranjeras y medio rubias dieran un paseo por un mercado típico… Aunque eso nos costara alguna que otra mirada indiscreta.

“Si quieren volvemos a casa”, nos ofreció nuestro amigo. “No, no. Si no pasa nada. Tú sólo ve con nostras y ya está. Si hay algún problema, nos agarras de la mano”. Porque es así, los chilenos son muy machistas, y para que te dejen de “molestar” tiene que haber un hombre al lado que te marque como “suya”, bien tomándote de la mano, bien abrazándote de un costado. Eso deja claro al resto de machos que esa “mina* está ocupada”.

 En fin, de esta guisa caminamos hacia el mercado, el cual se abría enorme delante de nosotros. Dentro había mucha gente, entre la que nos escurrimos, vigilando siempre nuestros bolsos (por si acaso). Los tenderos gritaban los precios y nombres de sus verduras y los gatos trepaban a los puestos y se sentaban sobre las frutas. El mercado está lleno de gatos. Los vegetales se apilan en cajas de madera y se venden al peso a precios ridículos. Mirando alrededor vi que a la Vega Central va todo tipo de gente, tanto de “clase alta” como baja. Sin embargo, me di cuenta de que llamábamos un poco la atención cuando me separé la primera vez de mi grupo. De repente vi cómo los ojos de cuatro tenderos diferentes me observaban de manera extraña e insistente, así que rápidamente volví al lado de  mis compañeros. En España nadie me observa, así que no estoy acostumbrada para nada.

Sin embargo, lo más gracioso de la  mañana fue el piropo de un tendero en concreto (la picardía chilena de la que hablaba). Casi nos íbamos del mercado y sólo estábamos pasando por delante de los últimos puestos por si queríamos algo más. Como había mucha gente y la mayoría llevaba carritos, tuvimos que caminar en fila de a uno, y el Pícaro, nuestro amigo, como un caballero, nos dejó pasar delante a mi amiga y a mí. ¿Qué ocurrió? Nos vieron a las dos supuestamente solas y de repente oímos: “¡¿Y esas dos Barbies a dónde van sin su Ken?!” Nos giramos y vimos a un tendero gordo y sonriente agitar sus manos desde detrás de sus canastos con frutas:  ”¡Acá está su Ken! ¡Acá está su Ken!”, gritó señalándose a sí mismo.

Nos fuimos del mercado riéndonos y agarradas a nuestro Pícaro. Otra vez será, pero, sintiéndolo mucho… esta vez nosotras ya traíamos un “Ken”.

———————————————–

*(mina = mujer, chica, en Chile y Argentina)

 

Santiago “hot” Marzo 25, 2009

Archivado en: Chile, Crónicas, Cuaderno de viaje, Desde el extranjero — labrujuladelcamaleon @ 5:16 pm
Tags: , ,

CUADERNO DE VIAJE – MINIREPORTAJE – Artículos eróticos en Santiago de Chile.

Los Sex Shops: ¿populares en Chile o no? ¿Son los chilenos muy modositos en este sentido y no van? ¿Van más los hombres que las mujeres? ¿Qué podemos comprar allí? En la brújula del camaleón dimos un paseo para enterarnos -

Anillos, vibradores, películas y muñecas hinchables para todos los gustos y bolsillos esperan en las tiendas eróticas de Santiago. Un placer culpable para muchos, es para otros algo normal y tan cotidiano como ir a comprar el pan.

foto de rageforst, bajo licencia cc

foto de rageforst, bajo licencia cc

Tatiana Martínez (41) es la copropietaria de un sex shop cercano al Cerro Santa Lucía, en la comuna de Santiago Centro. Sentada muy correctamente detrás de un mostrador azul chillón, rodeada de DVDs con títulos sobre “Historias anales y cachondas” o de “Ángeles Depravadas”, pasa tranquilamente las páginas de Las Ultimas Noticias* mientras espera a que lleguen los primeros clientes del día. Cuando levanta la mirada, sus ojos oscuros delineados de azul se centran en nosotros entre las dos cortinas de cabello castaño que caen a ambos lados de su cara. Sin ningún problema accede a hablar con nosotros. “Mi marido y yo tenemos la tienda desde que salió la ley que nos lo permitía, hace nueve años, que fue cuando se retiró la censura”. Desde entonces, el negocio marcha bien. La dueña nos confiesa que tiene bastante clientela, aunque todavía pesa sobre la sociedad chilena el pensamiento de que “esto es algo sucio o para gente enferma… cuando no lo es. No hay depravación, yo veo a gente súper normal entrar acá”.

El mito callejero afirma que son los hombres los que más acuden a este tipo de locales, pero la señora Martínez disiente: Ahora no. Hace nueve años, cuando abrimos, sí. Pero ahora no. Ahora las mujeres la llevan**. Ellas se atreven a venir, entran con total normalidad y, cuando van en pareja, le dicen directamente a su pololo lo que quieren. Son muchas. Entran todo el rato, solas, con sus amigas…Y todavía hay más mujeres comprando por Internet, a través de nuestro servicio web, que te lleva el producto a casa en una hora. Sobre todo señoras de barrios altos”. Quién lo diría.

Sin embargo, aunque hombres y mujeres acuden casi por igual a los sex shops, aún hay cierto reparo a la hora de pedir los productos. “Siempre está lo típico de que nadie compra para sí mismo. Siempre compran porque se lo han encargado, porque es para un amigo… Pero por eso tenemos todo expuesto, porque la gente quiere hacer su trámite lo más rápido posible y marcharse. Además no tenemos vitrinas, porque ley lo dice y porque la gente se siente más cómo sin ser vista desde fuera”. Tatiana se sonríe y nos mira con picardía: “También ha habido actores o gente pública, que nos ha pedido que les abramos la tienda en un domingo sólo para ellos, para comprar en privado. Y obviamente no lo vamos a hacer si sólo van a gastar 20 lucas***…A parte, hay cosas que me sorprenden, porque hay hombres, actores, que se ven regios, varoniles… ¡y luego llegan y se llevan películas de travestis!”

En su tienda, Tatiana vende, videos, juguetes eróticos, bromas para las despedidas de solteros y hasta juegos de mesa. Las películas porno (todas originales) tienen una gran acogida entre el público santiaguino. Tatiana las vende en ofertas de tres por $ 19.900 (unos 25 € ). “Tenemos de todo: películas de gays, de lesbianas, de gordas, de viejas, de travestis, de orientales… Lo que no tenemos es pedofilia ni zoofilia… Aunque hay gente que, de repente, llega preguntando por ellas, ¿ah?”

Los videos, según la dueña, interesan más a los hombres. Las mujeres prefieren los juguetes. “Lo que más se vende”, cuenta el ayudante de Tatiana, un tipo moreno y de ojos tristones, de unos 30 años, mirando hacia una pared cubierta de penes falsos de los más extraños colores, “son los vibradores y los anillos con vibración”. Y asiente.”Los vibradores los piden más que los consoladores. La diferencia es que los primeros van a pilas y los segundos son manuales, los maneja uno mismo”. También hay una diferencia de precio. Mientras que los consoladores están en los $ 17.000 (unos 22 €), los vibradores cuestan alrededor de los $ 25.000 (unos 33 €). Los hay azules, rosados, color carne, de pura silicona o que imitan la piel humana. El otro producto estrella son los anillos, los cuales “se colocan en la base del pene y ayudan a mantener la erección y a controlar la eyaculación. Además, los que vienen con vibrador, a parte estimulan también el clítoris y el ano de la mujer”. En cuanto a la comodidad de este aparato, el dependiente nos contó que a la larga puede no ser muy cómodo para el hombre, pero sirve como juguete al menos durante un rato. El precio no es muy alto: unos 7.000 pesos (9 €).

Anillos para doble penetración, prótesis de pene para lesbianas u hombres con disfunciones, bombas de vacío para alargar el pene o engrosar la vulva (aparatos que el ayudante de la tienda nos aseguró que funcionan), bolitas para la dilatación y estimulación anal, e incluso packs de disfraces y juguetitos para cada festividad o estación (como Navidad o San Valentín), todo vale a la hora de pasar un buen rato en la cama. Al final, los chilenos parecen no tener tanto miedo a este mundo como pensábamos en un principio, pero ¿y tú? ¿Te atreves a probar?

——————————————————————————

* Las Últimas Noticias es un periódico chileno que pertenece a la misma editorial que El Mercurio, el periódico más importante de Chile junto con La Tercera (su opositor), pero que, a diferencia de estos, en lugar de entregar información “seria” se dedica a la prensa amarilla y a la farándula.

**(la llevan – Cuando alguien la lleva, significa más o menos que es lo máximo. Es un elogio a alguien por lo que hace porque se cree que su actitud es la mejor, la más sobresaliente. P.ej. en una conversación: -A Javier lo contrataron nada más salir de la universidad. Y no me extraña, porque era buenísimo en su trabajo. – Sí, es que ese tipo la lleva).

*** (20 mil pesos chilenos, es decir, unos 26 €).

 

Puro chilensis Marzo 23, 2009

Archivado en: Chile, Chilenadas, Crónicas, Cuaderno de viaje, Desde el extranjero — labrujuladelcamaleon @ 3:23 pm

CUADERNO DE VIAJE - El “coñito” y el “torpedo”

Caminando por la América hipanohablante, uno puede toparse con más de una situación chistosa. Porque… hablamos el mismo idioma, pero, ¿cómo lo usamos? Muchas veces creemos que lo que decimos es lo más normal e inocente del mundo y, 

Ilustraciones: Jimena Tello edición: Carina Kosel, publicado en educ.ar (con licencia cc)

Ilustración: Jimena Tello edición: Carina Kosel, publicado en educ.ar (con licencia cc)

de repente, vemos cómo la cara de nuestro interlocutor se torna roja, se ensancha en una mueca de escándalo o rompe a carcajadas en una explosión de risa.

De estas situaciones he tenido muchas en estos 8 meses de vivir en Chile. Como cuando oí que, de una sala en la que estaban mis compañeros de clase, salía un grito que decía: “¡COÑO!” Me frené en seco, petrificada, y di tres pasos atrás para asomar mi cara atónita. Mis compañeros se giraron, sonrientes pero tranquilos, y yo logré decir: “¡¿Qué ha sido eso?!”

- ¿El qué? – me contestó una de las chicas como si nada.

- ¿Qué le has llamado? – me refería al compañero que la niña en cuestión tenía enfrente

- ¡AHH!! ¡¡LO DE COÑO!!! – exclamó.

Yo no pude menos que sonreírme, sin poder creer que una chilena (en general las chilenas son bastante modositas… En general) estuviera diciendo semejante taco tan alegremente, cuando otros menos fuertes solían escandalizarla.

- Sí – dije -. ¡¿Por qué le llamas eso?!

- Porque es un coñito, po*. ¿No lo ves?

- ¿Ehhh? ¡¡No!! – exclamé, cada vez más muerta de la risa y sin poder creerlo -. ¿Cómo va a ser eso?

- Sí, po. Porque es pequeñito… ¡Es un coñito! ¿No lo vei?** – y miró al muchacho con ternura.

El otro, aunque sonriente, meneó la cabeza, y después miró mi cara, aún risueña y extrañada.

- ¿Por qué te resulta tan raro, Margarita? – me preguntó.

- Sí, ¿qué tiene? – dijo la chica -. ¿Significa otra cosa en España?

- No sé… ¿Qué significa aquí? – respondí.

- Un coño es algo pequeño. Por eso él es un coñito, porque es pequeñito.

Al ver que me seguía riendo, y ahora más fuerte, se hicieron para adelante para pedirme que les explicara:

- ¿Qué es un coño en España? ¡¿Qué es un coño?!

- ¡Ahhh! ¡Dejad de repetirlo! – exclamé, muerta de la risa.

Aunque al final lo expliqué, claro, y entendieron la causa de mi hilaridad.


(foto de agvnono, bajo licencia de creative commons)

Pero más gracioso que esto fue la situación que se dio la semana pasada en mi clase de Derecho de la Información. Los giros del lenguaje volvieron a hacer de las suyas. Estaba yo tan tranquila, pintarrajeando una hoja mientras el profe hablaba en su soporífero tono monocorde, cuando oí que soltaba una de esas frases célebres que no pueden ser olvidadas. Hablaba de las típicas “chuletas” y de que nadie las usara para copiar en sus exámenes, cuando escuché: “Un día tuve un alumno que se la jodió con un torpedo”

“¡¿Que… QUÉ?!”, saltó mi mente, “¡¿Quién hizo qué con qué?! ¡Qué bestialidad!”

Pero resulta que el profe sólo se refería a que un alumno suyo había suspendido al sacar una chuleta en un examen. O sea, que se fastidió una prueba con una chuleta. Tiene narices la cosa. Pero es que “joder”, con perdón, no tiene en Chile ninguna connotación sexual, sólo se usa con el significado que también nosotros le damos de “fastidiar” (aunque saben perfectamente lo que puede significar para nosotros en su uso más obsceno y pueden entender que ciertas cosas nos hagan gracia, como le haría gracia a un mexicano si le dijéramos ”vamos coger el bus”***) (O como me hace gracia a mí que mi amiga Nicole me diga: “Es que si no entregamos el trabajo… ¡jodemos!” A lo que yo le contesto: “Entonces bien, ¿no?”). Y un “torpedo” es lo que una “chuleta” para nosotros.

Pero mi mente figuró algo muy distinto… ¡Los giros que puede tener el lenguaje!

——————————————————–

*(po: viene de “pues” – monosílabo utilizado después de casi toda oración pronunciada en Chile. La mayoría de veces no tiene el significado de “pues” ni ningún otro fin que no sea redondear el fin de la frase)

**(vei=ves. En Chile existe una suerte de voseo que utiliza el tú pero con las formas verbales del vos antiguo. Ej: “¿Cómo estais (tú)?” (hablado sería: /¿Cómo estai?/  o simplemente /¿Co’ stai?/) por: “¿Cómo estás(tú)?”)

***(“coger” en México es lo mismo que “joder” o “follar” en España. Por si acaso a alguien se le escapa aún este dato)

 

El Mechoneo Marzo 22, 2009

Archivado en: Chile, Chilenadas, Crónicas, Cuaderno de viaje, Desde el extranjero — labrujuladelcamaleon @ 3:23 pm

CUADERNO DE VIAJE – “Los mechones rebeldes” o  “Besando al chancho” – Mechoneo 2009

 ¿Imaginas que para entrar a la universidad tuvieras que revolcarte por excrementos, dejar que te bañaran en salsa podrida, te pintaran el cuerpo con espray y te cortaran la ropa y el pelo? ¿No? Se nota que no has tenido que estudiar en Chile.  

(Foto de vaca_maldita, bajo licencia creative commons)

(Foto de vaca_maldita, bajo licencia creative commons)

Los “mechones” son los “novatos” y el “mechoneo”, por tanto, son las “novatadas”. ¿Y por qué se llaman así? Porque la costumbre es que, cuando llegan los alumnos nuevos, los antiguos, entre otras cosas, les cortan mechones de pelo como novatada.

Pero hacen más que eso. Un día secreto de la primera o la segunda semana de clases*, los estudiantes antiguos esperan a los novatos, preparados para arrastrarlos (si hace falta) hasta un parque donde tienen listo el martirio. Allí han dispuesto una alfombra hecha de bolsas de basura sobre la que han echado toda clase de comida podrida o hedionda: verduras y frutas pochas, pescado pasado, basura, salsas asquerosas, huevos, etc. Y por ahí los hacen rodar uno por uno. Les cortan la ropa de mala manera y los dejan en harapos, les cortan el pelo o incluso les meten la maquinilla por el centro de la cabeza para obligarlos a raparse (a los hombres principalmente). También les rompen huevos en la cabeza y revuelven la mezcla con harina, caramelo, dulce de leche, chicle, pegamento… Vamos que los dejan hechos un pastel.

Y cuando les han hecho todo esto, no creáis que la cosa acaba. Además los pintan con aerosoles de distintos colores y les hacen besar caretas de cerdo o los mandan a la calle, pringosos, apestosos y con la ropa rota, a pedir una suma casi imposible de dinero. Diez “lucas” normalmente, o sea, 10.000 pesos (unos 13/14 €). En euros podría parecer poco, pero teniendo en cuenta que casi todo el mundo les va a entregar de 10 a 50 pesos por vez (o sea, de 0,013 € a 0,065 €), conseguir el monto requerido se hace un poco cuesta arriba. Y las órdenes son que no te puedes ir hasta que lo consigas. ¿Qué hacen luego con ese dinero? Lo suelen utilizar para hacer una verdadera fiesta de bienvenida.

La pregunta que puede surgirle al lector ingenuo es: ¿Y no te puedes escapar o negarte a que te hagan esto? La respuesta es directamente: no. Si corres, te persiguen y te arrastran hasta el centro de la tortura, y si te revuelves y te resistes, te otorgan el título de “Mechón rebelde”… y ahí sí que estás perdido. El mechón rebelde se lleva lo mismo que los demás pero duplicado y con una mayor saña por parte de sus torturadores. ¿Moraleja? ¡Casi es mejor dejarse!

Otro dato curioso es que existe una rivalidad muy fuerte entre las dos universidades más importantes del país, que son la U.Católica y la U. de Chile. Y si entras en la Chile pero habías puesto como primera opción la Católica… ¡eres peor que un traidor! (preferías a la competencia) así que te nombran “Mechón PUC” (PUC=Pontificia Universidad Católica) y te escriben esas siglas por el cuerpo para que los compañeros que te están mechoneando te reconozcan y recibas un trato peor que el del resto.

(Foto de dongraft, bajo licencia creative commons)

(Foto de dongraft, bajo licencia creative commons)

 Así que, si quieres venir a estudiar a Chile, por lo menos en primer curso, ya sabes lo que te toca.

¡Ánimo mechones!

————————————————————-
(*Estamos a principio de curso porque en Chile éste empieza en Marzo, cuando entra el otoño en el hemisferio sur).
 

Pateándome Bariloche Febrero 26, 2009

Archivado en: Argentina, Cuaderno de viaje, viajes — labrujuladelcamaleon @ 11:35 pm

CUADERNO DE VIAJE - ”Como una gamba…”

Cuando salí a dar una vuelta por Bariloche me di cuenta de que la ciudad era bastante más grande de lo que pensaba. Hacía un frío que pelaba, y eso que estábamos en verano, pero era por la cordillera de los Andes y por que a estas lalitudes del globo, pensé en ese momento, no se podía pedir otra cosa. El viento es una cosa mala al parecer en ese lugar. En la Patagonia los árboles están todos “volados” hacia un lado por este hecho, y hay zonas en las que no pueden crecer plantas demasiado altas, por el viento también.

“¿Y de dónde viene este viento?”, le pregunté yo, curiosa, a una de las guías que tuve durante una excursión. Y resulta que viene del océano. “¡Pero si está la cordillera! ¡Y mide más de 2000 metros!”, exclamé. Pero ella me hizo ver que yo había venido desde Chile por un camino, ¿no?, el cual es un camino para nosotros y para el viento también, un abertura en la cordillera… Eso me impresionó.

Al menos en Bariloche no llovía tanto como en los lugares que hay a la misma altura, pero en Chile. La cordillera al menos sí frenaba eso en estas fechas. Por esa razón tuve dos semanas de mucho sol. Y aquí el sol, cuando pega, pega de verdad. A esas alturas, quema muchísimo, y si, encima, la capa de ozono está hecha un asco… pues los efectos son peores todavía.

Conocí a una chica israelí en el albergue y con ella y con otra chica holandesa nos fuimos a la playa (en realidad la playa de Bariloche es de piedras y da a un lago, el Nahuel-Huapi, que es enorme. Tiene unos 530 Km de superficie y llega a los 438 de profundidad máxima). Y allí me puse inocentemente al sol… Una hora después estaba roja. ¡Y eso que me puse crema unas 7 veces!

Bueno, pero fue divertido. Acostarse blanca como un vampiro y levantarse roja como una gamba. No deja de tener su gracia. Al menos soy de esas personas a la que no le duele mucho cuando se queman…